Josué-18-La-herencia-de-Benjamín

Josué 18: La herencia de Benjamín

Jos 18:1 Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les fue sometida.

Silo era una ciudad de Efraín ubicada a unos 56 km al norte de Jerusalén. Este nuevo sitio fue escogido para la erección del tabernáculo, probablemente por su situación geográfica en el área central. El arca del pacto permaneció allí durante casi 100 años, hasta que fue capturada en una batalla con los filisteos.

Jos 18:2 Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión.

Con la mayoría de la conquista ya realizada, Israel trasladó su centro religioso de Gilgal a Silo. Probablemente, este fue el primer lugar donde el tabernáculo se estableció en forma permanente. El tabernáculo de reunión era parte del tabernáculo, y era el lugar donde Dios vivía entre su pueblo. Su ubicación central en la tierra prometida facilitaba la llegada de todas las personas a los cultos de adoración especiales y a las festividades anuales.

La familia de Samuel, un gran sacerdote y profeta, muchas veces viajó a Silo cuando Samuel era niño. El tabernáculo permaneció en Silo durante el período de los jueces (unos trescientos años). Aparentemente los filisteos destruyeron la ciudad cuando capturaron el arca del pacto. Silo nunca dio honor a su nombre como centro religioso de Israel, porque referencias posteriores en la Biblia indican la maldad e idolatría de la ciudad.

A siete de las tribus aún no se les habían asignado sus tierras. Se reunieron en Silo, en donde Josué echó suertes para determinar el territorio que se daría a las tribus restantes. Mediante el azar, Dios tomaría la decisión, no Josué ni ningún otro líder humano.

Para ese tiempo, los cananeos estaban, en la mayoría de los sitios, tan debilitados que ya no representaban ninguna amenaza. En vez de cumplir el mandato de Dios de destruir a los cananeos, estas siete tribus muchas veces siguieron el camino del menor esfuerzo. Como pueblo nómada, es posible que hayan sido reacios a poblar la tierra, prefiriendo depender económicamente de las personas que debían haber eliminado. Otros quizás tuvieron miedo del alto costo de seguir luchando. Era más fácil y lucrativo comerciar para obtener mercancías que destruir a los proveedores y tener que producir ellos mismos.

Jos 18:3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado Jehová el Dios de vuestros padres?

Siete tribus no recibieron sus parcelas. El rechazo de que fueron objeto por parte de Josué se explica por su negligencia y falta de iniciativa.

Jos 18:4 Señalad tres varones de cada tribu, para que yo los envíe, y que ellos se levanten y recorran la tierra, y la describan conforme a sus heredades, y vuelvan a mí.

Jos 18:5 Y la dividirán en siete partes; y Judá quedará en su territorio al sur, y los de la casa de José en el suyo al norte.

Jos 18:6 Vosotros, pues, delinearéis la tierra en siete partes, y me traeréis la descripción aquí, y yo os echaré suertes aquí delante de Jehová nuestro Dios.

Josué preguntó por qué algunas de las tribus estaban demorándose en poseer la tierra. Muchas veces dilatamos un trabajo que parece grande, difícil, aburrido o desagradable. Pero el seguir aplazándolo muestra una falta de disciplina, mala administración de nuestro tiempo y, en algunos casos, desobediencia a Dios. Las tareas que no nos gustan requieren concentración, trabajo de equipo, el doble de tiempo, mucho ánimo y rendir cuentas a alguien. Recuerde esto cuando se vea tentado a aplazar el cumplimiento de su deber.

Jos 18:7 Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros, porque el sacerdocio de Jehová es la heredad de ellos; Gad también y Rubén, y la media tribu de Manasés, ya han recibido su heredad al otro lado del Jordán al oriente, la cual les dio Moisés siervo de Jehová.

Jos 18:8 Levantándose, pues, aquellos varones, fueron; y mandó Josué a los que iban para delinear la tierra, diciéndoles: Id, recorred la tierra y delineadla, y volved a mí, para que yo os eche suertes aquí delante de Jehová en Silo.

Josué propuso que tres hombres, representando a cada una de las siete tribus, recorrieran las tierras que quedaban, hicieran una descripción de ellas y las dividieran en siete partes. Josué entonces echaría suertes para determinar qué parte deseaba el Señor que recibiera cada una de las siete tribus.

Echar suertes era una práctica común que empleaban los hebreos para tomar decisiones. Se sabe poco acerca del método utilizado en los tiempos de Josué. Es posible que hayan usado dados. Otra posibilidad es que hayan usado dos urnas, una con los nombres de las tribus y otra con las divisiones de la tierra. Al sacar un nombre de cada urna asignaba a una tribu una porción de tierra determinada. Quizás usaron el Urim y el Tumim. No importa cuál haya sido el método empleado, eliminaba el elemento humano del proceso de selección y permitía que Dios combinara las tribus con las tierras, según lo estimaba conveniente.

Jos 18:9 Fueron, pues, aquellos varones y recorrieron la tierra, delineándola por ciudades en siete partes en un libro, y volvieron a Josué al campamento en Silo.

Jos 18:10 Y Josué les echó suertes delante de Jehová en Silo; y allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel por sus porciones.

Jos 18:11 Y se sacó la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín conforme a sus familias; y el territorio adjudicado a ella quedó entre los hijos de Judá y los hijos de José.

La tribu de Benjamín recibió una faja estrecha de tierra que sirvió como valla entre Judá y Efraín, las dos tribus que llegarían a dominar la tierra.

Jos 18:12 Fue el límite de ellos al lado del norte desde el Jordán, y sube hacia el lado de Jericó al norte; sube después al monte hacia el occidente, y viene a salir al desierto de Bet-avén.

Jos 18:13 De allí pasa en dirección de Luz, al lado sur de Luz (que es Bet-el), y desciende de Atarot-adar al monte que está al sur de Bet-horón la de abajo.

Jos 18:14 Y tuerce hacia el oeste por el lado sur del monte que está delante de Bet-horón al sur; y viene a salir a Quiriat-baal (que es Quiriat-jearim), ciudad de los hijos de Judá. Este es el lado del occidente.

Jos 18:15 El lado del sur es desde el extremo de Quiriat-jearim, y sale al occidente, a la fuente de las aguas de Neftoa;

Jos 18:16 y desciende este límite al extremo del monte que está delante del valle del hijo de Hinom, que está al norte en el valle de Refaim; desciende luego al valle de Hinom, al lado sur del jebuseo, y de allí desciende a la fuente de Rogel.

El valle de Hinom comenzó a asociarse con la adoración a Moloc (el dios amonita) en los tiempos de Jeremías. Estos terribles ritos incluían el sacrificio de niños. Más tarde, utilizaron este valle para quemar basura y cadáveres de criminales y animales. Por eso su nombre llegó a ser un sinónimo de infierno.

Jos 18:17 Luego se inclina hacia el norte y sale a En-semes, y de allí a Gelilot, que está delante de la subida de Adumín, y desciende a la piedra de Bohán hijo de Rubén,

Jos 18:18 y pasa al lado que está enfrente del Arabá, y desciende al Arabá.

Jos 18:19 Y pasa el límite al lado norte de Bet-hogla, y termina en la bahía norte del Mar Salado, a la extremidad sur del Jordán; este es el límite sur.

Jos 18:20 Y el Jordán era el límite al lado del oriente. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín por sus límites alrededor, conforme a sus familias.

Jos 18:21 Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, por sus familias, fueron Jericó, Bet-hogla, el valle de Casis,

Jos 18:22 Bet-arabá, Zemaraim, Bet-el,

Jos 18:23 Avim, Pará, Ofra,

Jos 18:24 Quefar-haamoni, Ofni y Geba; doce ciudades con sus aldeas;

Jos 18:25 Gabaón, Ramá, Beerot,

Jos 18:26 Mizpa, Cafira, Mozah,

Jos 18:27 Requem, Irpeel, Tarala,

Jos 18:28 Zela, Elef, Jebús (que es Jerusalén), Gabaa y Quiriat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín conforme a sus familias.

La porción de Benjamín estaba al norte de Judá y al sur de Efraín. Contenía 26 ciudades, incluyendo a Jerusalén. Aunque el territorio era pequeño, estaba estratégicamente localizado, tanto desde el punto de vista militar como comercial.

Exploración de la tierra

En medio del proceso de repartición de la tierra se hace una pausa para informar acerca del traslado, desde Gilgal hasta Silo, del centro de actividades directivas de Josué y los sacerdotes. Este conlleva un cambio que ya está ocurriendo en todo Israel: el paso de una sociedad seminómada a una sociedad sedentaria. Por eso el santuario también debe pasar de un lugar como el desierto donde había estado la mayor parte del tiempo desde su formación a una ciudad propiamente dicha en Canaán.

El lugar de Silo pertenecía al territorio asignado a Efraín pero no estaba lejos de la frontera con la tribu de Benjamín. Además, este lugar fue elegido porque estaba en el corazón de Canaán. La manera solemne de llevar a cabo este cambio por parte de la congregación de Israel era una señal de la presencia divina entre ellos. Esto mostraba que en el proceso de formación de este nuevo pueblo Jehová estaba en el centro de su vida. El establecimiento de su santuario tenía prioridad por encima del arreglo definitivo de todas las tribus en la tierra prometida. El arca estuvo aquí por unos 200 años, hasta que los pecados de los hijos de Elí dieron motivo para que se perdiese el arca y por esto sobrevino la destrucción a Silo, presumiblemente por los filisteos. Sus ruinas sirvieron posteriormente como amonestación severa a Jerusalén acerca de las consecuencias de la desobediencia.

Hay tres sentidos que puede tener la presencia estable del arca en un lugar determinado. Por una parte, es un símbolo de la presencia de Dios entre su pueblo. La idea del tabernáculo es que este era el lugar donde los hombres se reunían con Dios y donde pueden encontrar una respuesta a sus peticiones o interrogantes. Por otra parte, el tabernáculo era un memorial de las tradiciones del pasado. Allí se contenían objetos materiales que traían a la memoria inmediatamente aquellos momentos cumbres de la historia del pueblo durante su peregrinaje en el desierto. No se trataba simplemente de reliquias que siendo simulaciones o reproducciones de sus originales pretenden tener un poder mágico para bendecir a quienes los tocan o los miran. En este caso la vara de Moisés o las tablas de la ley no tenían ningún poder mágico sino que eran un punto de referencia para la memoria colectiva del pueblo. Finalmente, esta tienda de reunión era una indicación de que en aquel otro Silo, del que les había hablado a sus hijos Jacob tendrían cumplimiento en otro tabernáculo mayor y más perfecto.

Se desarrolla un diálogo de Josué con los representantes de otras tribus en el que les reprocha por el hecho de no haber tomado posesión de la tierra aún y, al parecer, por su desinterés en explorarla para dar lugar a la distribución. La tierra que quedaba por ocupar debía ser recorrida y descrita después de tomar nota de sus ciudades y de los territorios respectivos. Las heredades habían de dividirse en siete partes iguales, teniendo en cuenta que quedaban “siete tribus de los hijos de Israel, a las cuales todavía no se les había repartido heredad” y que los levitas no habían de poseer territorio tribal como tal.

Los supervisores de la tierra debían ser tres varones por cada tribu. Aunque la suerte, o el sorteo, determinó la parte del territorio que le pertenecía a cada tribu, ella no podía determinar la magnitud de cada heredad. Debido al descontento de los descendientes de José por lo pequeño del territorio que les tocó, el nombramiento de una comisión de veintiún representantes (“tres hombres de cada tribu”, v. 4a) parece una medida preventiva tendiente a evitar futuros reclamos de parte de otras tribus.

Los veintiún representantes dividirían la tierra, según el valor y el número de ciudades existentes delineándola en siete partes. Esta tarea no era fácil, exigía estudio e inteligencia, que al parecer ellos o sus instructores habían adquirido en Egipto. Josefo dice que este reconocimiento fue hecho por expertos en geometría, lo cual parece estar comprobado por el relato minucioso de los límites de estas tribus. La tarea se llevó a cabo y el informe fue presentado a Josué.

Algunos hacen notar, a manera de aplicación, que la actitud de los líderes de estas siete tribus parece ser semejante a la actitud de aquellos cristianos que piden y ruegan a Dios por soluciones a sus problemas. Piden recursos económicos y oportunidades de trabajo, pero cuando tienen los recursos, cuando las oportunidades se presentan y cuando las soluciones están delante de ellos, no asumen sus tareas y responsabilidades prácticas. Por esta negligencia “la tierra que… ha dado Jehová” queda sin poseer.

A veces no se valoran las bendiciones que Dios ha colocado a nuestro lado o no se aprecian los recursos humanos y materiales de que se disponen para llevar a cabo la misión de la iglesia o para alcanzar una plena realización en nuestras vidas.

Un joven rector al asumir su cargo en un Seminario de América Latina propuso como lema a los estudiantes, empleados y demás colaboradores la siguiente expresión: «No pidamos un Seminario mejor, hagámoslo». Al parecer muchos se quejaban y se preocupaban porque el Seminario estaba en crisis económica, pero se olvidaban que a su lado había suficientes recursos como para sacar de la crisis a la institución.

Al parecer, a los líderes de estas tribus también los había entretenido los logros provisionales y los botines de guerra alcanzados cuando lucharon por otras tribus. No pensaron más allá de donde estaban parados. Olvidaban a las generaciones posteriores y vivían de lo fácil, evitando el cultivo de la tierra y la domesticación de animales. No aprovecharon los recursos que Dios estaba colocando frente a ellos por su falta de visión del futuro. Cuando no hay una visión clara del futuro que Dios está forjando delante de nosotros, las oportunidades se desperdician y los obstáculos se sobreestiman.

La herencia de Benjamín

En esta sección se describe la heredad de Benjamín que fue ubicada cerca de la de José por uno de sus lados, y por el otro lado estaba cerca de la tribu de Judá. Más tarde Benjamín se uniría con Judá en su adhesión al trono de David y al templo de Jerusalén. El límite occidental, por la descripción que se hace en el v. 14, corría a cierta distancia del Mediterráneo. Las ciudades incluidas en el territorio benjaminita no son en verdad todas, pero sí un buen número que alcanza a las 26 más importantes.

Aparece a la cabeza Jericó, aun cuando ya estaba destruida y era prohibida su reconstrucción con portones y murallas. También estaba dentro de esta tribu Gilgal, donde acampó primero el pueblo después de atravesar el río Jordán, y donde más tarde se declaró rey a Saúl que era descendiente de esta tribu. Este lugar fue después considerado profano. También Betel, un lugar famoso, estaba dentro de esta tribu. Entre las ciudades se menciona a Jebús que es Jerusalén. Esta ciudad queda expresamente excluida de las fronteras de Judá y es incluida con la heredad de Benjamín, aunque fue el judaíta David quien finalmente conquistó la ciudad jebusea. Se puede advertir ciertas rivalidades entre las tribus de Judá y Benjamín por la posesión de esta ciudad. Quizá la reivindicación de Benjamín obedece a un intento posterior para restaurar el prestigio de la tribu.

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