Job 9: Tercer discurso de Job

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

Job 9:1 Al oír esto, Job respondió:
Job 9:2 «¡Ese cuento ya lo conozco! Yo sé bien que ante Dios nadie puede alegar inocencia,
Job 9:3 ni puede tampoco discutir con él. Dios puede hacer mil preguntas, y nadie puede responderle.
Job 9:4 ¿Quién puede desafiar a Dios y esperar salir victorioso? Su sabiduría es muy profunda, y su poder es muy grande.
Job 9:5 Cuando Dios se enoja, cambia de lugar las montañas sin que nadie se dé cuenta;
Job 9:6 también cambia de lugar a la tierra, y la hace temblar hasta sus bases.
Job 9:7 Reprende al sol, y el sol no sale; también apaga la luz de las estrellas.
Job 9:8 Con su poder extiende el cielo y calma las olas del mar.

Bildad no le dijo nada nuevo a Job. Job no ignoraba que finalmente, el malo perecería, pero su situación lo confundía. ¿Por qué, entonces, él estaba pereciendo? Job no creía que su vida mereciera tal sufrimiento, así que quería llevar su caso ante Dios (9.35). Reconoció, sin embargo, que discutir con Dios era fútil e improductivo. Job no pretendía ser perfecto, pero sí afirmaba ser bueno y fiel (6.29, 30). Aunque se mostró impaciente con Dios, nunca lo rechazó ni lo maldijo.

La Osa, el Orión y las Pléyades son constelaciones estelares.

Job 9:9 Dios creó todas las estrellas, y las agrupó en constelaciones: la Osa Mayor, la Cruz del Sur, Orión y las Siete Cabritas.
Job 9:10 »Dios hace cosas tan maravillosas que es muy difícil comprenderlas, y más aún, hablar de ellas.
Job 9:11 Si Dios pasara junto a mí, me sería imposible verlo; si se alejara de mí, no me daría cuenta.
Job 9:12 Si quisiera tomar algo, ¿quién podría ordenarle no hacerlo?
Job 9:13 Cuando Dios se enoja, hasta el mar y sus olas se rinden ante él.
Job 9:14 »Si esto es así, ¿cómo voy a poder responderle?
Job 9:15 A pesar de que soy inocente, ante Dios no me puedo defender; sólo puedo suplicarle que me tenga compasión.
Job 9:16 Si lo llamara, y él me respondiera, no creo que me prestaría atención.
Job 9:17 ¡Al contrario! ¡Por la cosa más simple aumentaría mis heridas y no me dejaría ni respirar! ¡Me llenaría de amargura y con una tormenta me despedazaría!
Job 9:19 Si de comparar fuerzas se trata, ¡Dios es más poderoso! Y si le abriera un juicio, ¿quién podría obligarlo a presentarse?
Job 9:20 ¡Aunque no he hecho nada malo, mi boca me condena y resulto culpable!
Job 9:21 »No tengo nada de qué arrepentirme, pero eso ya no importa; ¡estoy cansado de esta vida!

“¿Tiene que llegar al punto de un juicio legal?” Ahora el monólogo se convierte en un discurso a Dios. Comenzando con una reflexión sobre la miseria de sus días, Job reconoce que sus sufrimientos son un constante recordatorio de que Dios lo considera culpable (27, 28) y seguirá considerándolo así, a pesar de lo que pueda hacer Job para probar su inocencia. Entonces, ¿qué puede hacer? Puede tratar de desterrar de su mente el sufrimiento que siente (27), o puede tratar de demostrar que no es culpable declarando bajo juramento su inocencia (28-31). Pero ninguna de estas opciones ofrece esperanza de triunfo, y se ve obligado a volver a la idea de una disputa legal con Dios.

Job 9:22 En todo caso, da lo mismo. Por eso puedo afirmar que Dios destruye por igual a los buenos y a los malos.
Job 9:23 Y si alguna enfermedad provoca que la gente muera de pronto, Dios se burla de la angustia de los que nada malo hicieron.
Job 9:24 Cuando algún malvado se apodera de un terreno, es Dios mismo quien les tapa los ojos a los jueces.
Job 9:25 »La vida se me escapa con la rapidez del rayo. Mis días pasan como el águila cuando se lanza sobre su presa. El tiempo es como un barco que se pierde en la distancia, y yo aquí estoy, sin saber lo que es la felicidad.
Job 9:27 A veces pienso en olvidarlo todo, en cambiar de actitud y sonreír;
Job 9:28 pero me asusto de tanto sufrimiento, pues sé bien que ante Dios, no resulto inocente.
Job 9:29 Y si él me considera culpable, ¿qué caso tiene seguir luchando?
Job 9:30 Aunque me lave con jabón las manos y todo el cuerpo,
Job 9:31 Dios me arrojará al basurero, ¡y no habrá ropa que me cubra!
Job 9:32 »¿Cómo puedo atreverme a citar a Dios ante un tribunal, si soy un simple mortal?

El problema con el enfrentamiento legal con Dios es que las dos partes no pueden estar al mismo nivel. Lo que Job necesita es un árbitro que pueda mediar entre los dos, que ponga su mano sobre ambas partes en un gesto de reconciliación (o quizá, como símbolo de su poder sobre ambos). Pero, por supuesto, no existe tal árbitro. “Muy bien”, dice Job, “tendré que dirigir yo mismo la demanda. Pero no tengo la valentía de iniciar tal disputa con Dios a menos que me prometa no aterrorizarme con su fuerza superior”. En el capítulo 10 Job pronuncia las palabras que usaría (o más bien las palabras que efectivamente usa) en la disputa que aquí imagina.

Job 9:33 ¿Qué juez en este mundo podría dictar sentencia entre nosotros?
Job 9:34 Si alguien pudiera quitarme el miedo de sufrir el castigo divino,
Job 9:35 podría hablar sin temor; pero en verdad, tengo miedo.

“¿Tiene que llegar al punto de un juicio legal?” Ahora el monólogo se convierte en un discurso a Dios. Comenzando con una reflexión sobre la miseria de sus días, Job reconoce que sus sufrimientos son un constante recordatorio de que Dios lo considera culpable y seguirá considerándolo así, a pesar de lo que pueda hacer Job para probar su inocencia. Entonces, ¿qué puede hacer? Puede tratar de desterrar de su mente el sufrimiento que siente, o puede tratar de demostrar que no es culpable declarando bajo juramento su inocencia. Pero ninguna de estas opciones ofrece esperanza de triunfo, y se ve obligado a volver a la idea de una disputa legal con Dios.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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