Jesus nuestro abogado

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Desde el Centro Rockefeller de la ciudad de Nueva York puede apreciarse una vista aérea de la Plaza Lower y en ella una estatua de bronce de Prometeo robando el fuego sagrado para la humanidad. La historia de Prometeo es una de las más conocidas leyendas de los dioses griegos.
Cuenta que en los días cuando el fuego no era aún posesión del hombre, Prometeo tomó fuego desde el cielo y lo dio como un regalo al hombre. Zeus, el rey de los dioses, se enfadó muchísimo de que la humanidad recibiera este regalo. Así, cogió a Prometeo y lo encadenó a una roca en medio del Mar Adriático, donde fue torturado por el calor y la sed del día y el frío de la noche. Zeus incluso preparó a un buitre para que rasgara el hígado de Prometeo, el cual siempre volvía a crecer, para ser rasgado de nuevo.
Esta leyenda presenta el concepto de los dioses paganos, que prevaleció en el mundo antiguo, un grupo de dioses celosos y vengativos.
¡Cuánta diferencia con el título y mensaje de Cristo como nuestro Abogado defensor «Y si alguno hubiera pecado abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo».

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