Jesus anuncia su muerte nuevamente

Continuaban su viaje subiendo a Jerusalén, y Jesús se les adelantaba: y estaban sus discípulos como atónitos, y le seguían llenos de temor. Y tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a repetirles lo que había de sucederle, y les dijo: Mirad que vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre ha de ser entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas y ancianos, y le condenaran a muerte; y le entregarán a los gentiles para que sea escarnecido y escupido y azotado y crucificado; mas Él resucitará al tercer día. Mateo 20: 17-19; Marcos 10:32-34; Lucas 18: 31-34 

Hacia la cruz

Esta fue la tercera vez que Jesús anunció a Sus discípulos que iba de camino a la Cruz (Mateo 16:21; 17:22s). Tanto Marcos como Lucas añaden sus propios detalles al relato para mostrar que en esta ocasión había en el grupo apostólico una atmósfera tensa y un presagio de tragedia inminente.

Marcos dice que Jesús iba caminando solo por delante, y los discípulos estaban alucinados y atemorizados (Marcos 10:32-34). No comprendían lo que estaba sucediendo, pero podían ver en cada línea del cuerpo de Jesús la lucha de Su alma. Lucas también nos dice que Jesús Se llevó consigo aparte a los discípulos a solas para tratar de hacerles comprender lo que les esperaba más adelante (Lucas 18:31-34). Aquí tenemos el primer paso decisivo hacia el último acto de la inevitable tragedia. Jesús Se puso en camino hacia Jerusalén y la Cruz deliberadamente y con los ojos abiertos.

Había una extraña totalidad en el sufrimiento que Jesús Se anticipaba; era un sufrimiento en el que no faltaría ningún dolor de corazón o mente o cuerpo.

Había de ser entregado traidoramente a manos de los principales sacerdotes y los escribas; ahí vemos el sufrimiento del corazón quebrantado por la deslealtad de los amigos. Había de ser condenado a muerte; ahí vemos el sufrimiento de la injusticia, que es tan difícil de soportar. Había de ser objeto de burlas para los romanos; ahí vemos el sufrimiento de la humillación y de los insultos deliberados. Había de ser azotado; pocas torturas ha habido en el mundo que se pudieran comparar con el látigo romano, y aquí vemos el sufrimiento del dolor físico. Por último, había de ser crucificado; allí vemos el sufrimiento supremo de la muerte. Es como si Jesús hubiera de reunir en Sí mismo toda clase de sufrimiento físico, emocional y mental, que el mundo pudiera infligir.

Aun en tal momento Sus palabras no terminaron ahí, sino que Jesús pasó a anunciar confiadamente Su Resurrección. Al otro lado del telón del sufrimiento se encontraba la revelación de la gloria; al otro lado de la Cruz estaba la Corona; al otro lado de la derrota estaba la victoria, y al otro lado de la muerte, la vida.

Aquí tenemos un pasaje gráfico, tanto más gráfico cuanto es parco en palabras. Jesús y Sus hombres iban a entrar en la última escena. Jesús había decidido definitiva e irrevocablemente dirigirse a Jerusalén y a la Cruz. Marcos marca las etapas muy definidamente. Atrás quedó la retirada al Norte, al territorio en torno a Cesarea de Filipo. Luego había venido el viaje hacia el Sur, y la breve parada en Galilea. Después, el camino a Judea, y el tiempo en las montañas y en Transjordania. Y ahora nos presenta la etapa final, el camino a Jerusalén.

Este pasaje nos dice algo acerca de Jesús.

(i) Nos presenta la soledad de Jesús. Iban recorriendo el camino, y El iba delante de Sus discípulos -solo. Y ellos estaban tan apesadumbrados y perplejos, tan sensibilizados por el ambiente de tragedia inminente, que tenían miedo de acercársele. Hay ciertas decisiones que una persona debe toniar a solas. Si Jesús hubiera tratado de compartir esta decisión con los Doce, su única aportación posible habría sido tratar de impedírselo. Hay ciertas cosas que uno ha de encarar a solas. Hay ciertas decisiones que se han de tomar, y ciertos caminos que se han de recorrer en la terrible soledad de la propia alma de la persona. Y sin embargo, en el sentido más profundo, hasta en estos momentos, o especialmente en estos momentos, uno no está totalmente solo, porque es cuando Dios está más cerca de él.

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