Isaías 8 Nueva profecía del final de la coalición de Siria e Israel

Isaías 8: Nueva profecía del final de la coalición de Siria e Israel

Isaías 8:1 Sea Jehová vuestro temor[a] Me dijo Jehová: –Toma una tabla grande y escribe en ella con caracteres legibles tocante a Maher-salal-hasbaz.[b]

Isaías vuelve al tema del juicio contra Siria e Israel. Véase la nota a 7.3, 4. Por medio de una biografía profética, el Señor hace énfasis en que Asiria pondrá fin al asedio de Judá.

Isaías 8:2 Y junté conmigo por testigos fieles al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.[c]

Dos testigos se requerían según la ley. Parece que Urías era el jefe de los sacerdotes, y Zacarías el suegro del rey Acaz, el cual representaba a la alta jerarquía.

Isaías 8:3 Me llegué a la profetisa,[d] la cual concibió y dio a luz un hijo. Y me dijo Jehová: «Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.

Y me llegué : Frecuentemente alude a la unión sexual, por lo que la profetIsaías se convirtió en mujer de Isaías. El nombre que se le puso al niño constituía una profecía de que pronto Asiria saquearía a Siria e Israel, enemigos de Judá.

Isaías 8:4 Porque antes que el niño sepa decir “padre mío” y “madre mía”, será quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria».

Estos versículos predicen la caída de Siria e Israel. Siria cayó ante Asiria en 732 a.C. e Israel la siguió en el año 722 a.C. Isaías colocó su mensaje en una tabla en un lugar público con letras grandes para que todos lo leyeran. Dios quería advertir a todo su pueblo.

Isaías 8:5 Otra vez volvió Jehová a hablarme, diciendo:

Isaías 8:6 «Por cuanto desechó este pueblo[e] las aguas de Siloé,[f] que corren mansamente, y se regocijó con[g] Rezín y con el hijo de Remalías,[h]

Este pueblo (Israel) se enfrentaba a una alternativa: coexistencia pacífica con Asiria ( las aguas . . . que corren mansamente ) , o la rebelión de Rezín y Peka. La segunda opción contrariaba la voluntad de Dios y atraía el juicio.

Siloé: Una referencia a las aguas purificadoras de un estanque cercano a Jerusalén, símbolo del consejo de Dios, las cuales se comparan con las aguas del éufrates. Como Judá rechazó la Palabra de Dios, la furia de Asiria caerá sobre ella.

Isaías 8:7 he aquí, por tanto, que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y abundantes: al rey de Asiria con todo su poder. Él rebasará todos sus ríos y desbordará sobre todas sus riberas;

Isaías 8:8 y, pasando por Judá, inundará y seguirá creciendo hasta llegar a la garganta. Luego, extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, Emanuel.[i]

«Las aguas de Siloé, que corren mansamente» se refiere al cuidado tierno y constante de Dios. Debido a que Judá rechazó la protección amorosa de Dios al buscar la ayuda de otras naciones, Dios la castigaría. Vemos dos atributos distintos de Dios: amor e ira. Olvidar su amor y dirección trae como resultado el pecado y provoca su ira. Debemos reconocer las consecuencias de nuestras elecciones. Dios quiere protegernos de las malas decisiones, pero nos sigue dando la libertad para tomarlas.

El corazón del Imperio Asirio estaba localizado entre los ríos Tigris y Eufrates. Este desbordamiento del río es una forma poética de describir la fuerza arrolladora del ejército asirio.

Isaías 8:9 »Reuníos,[j] pueblos, y seréis quebrantados. Oíd, todos los que sois de lejanas tierras: ceñíos, y seréis quebrantados; preparaos, y seréis quebrantados.

Dios está con nosotros : La palabra hebrea es Emanuel. A pesar del juicio que ha emitido, Dios advierte a las naciones, aun a aquellas que como Asiria fueron utilizadas como instrumentos del juicio divino, que los hebreos son su pueblo y que su futuro está en sus manos.

Ser «quebrantados» significa perder valor ante la presión que ejerce el temor repentino.

Isaías 8:10 Haced planes, y serán anulados; proferid palabra, y no será firme, porque Dios está con nosotros».[k],[l]

Isaías 8:11 Porque Jehová me habló de esta manera con mano fuerte y me advirtió que no caminara por el camino de este pueblo, diciendo:

Isaías 8:12 «No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración, ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.

Isaías 8:13 A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.[m]

temor, morah: Miedo, reverencia, terror, pavor. Un objeto o persona que infunde miedo, respeto o reverencia. Morah deriva de yare que significa «tener miedo de, temer, reverenciar». Morah aparece una docena de veces en el Antiguo Testamento; Genesis 9:2 nos habla del temor y el espanto que los descendientes de Noé le inspirarían a todos los animales después del diluvio. El Señor también inspira temor, como en el Salmo 76:11.

Isaías 8:14 Entonces él será por santuario;[n] pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, por tropezadero para caer y por lazo y red al morador de Jerusalén.

Las dos casas de Israel : Los reinos del norte y el sur.

Isaías 8:15 Muchos de entre ellos tropezarán, caerán y serán quebrantados;[ñ] se enredarán y serán apresados.

Dios le asegura a Isaías que él se halla en medio de estos acontecimientos, a pesar de que un enemigo de Israel está siendo usado para juzgar a su pueblo. Ello le pareció al pueblo una conspiración; de hecho, se trataba de un plan de Jehová de los ejércitos.

Isaías 8:16 [o]»Ata el testimonio, sella la instrucción entre mis discípulos.

Transcurrirían unos 13 años antes que se cumplieran las palabras de Isaías. Mientras, debió aferrarse a su profecía, en tanto el escarnio público lo identificaba con los espiritualistas paganos,

«Ata el testimonio» y «sella la ley» significa que las palabras se escribirían y preservarían para futuras generaciones. Debido a que algunas personas trasmitieron fielmente estas palabras de generación en generación, hoy tenemos el libro de Isaías. Cada uno de nosotros necesita asumir la responsabilidad de trasmitir la Palabra de Dios a sus hijos y nietos, animándolos a amar la Biblia, a leerla y aprender de ella. Entonces ellos harán lo mismo, trasmitiendo la palabra fielmente a sus hijos y nietos.

Isaías 8:17 »Esperaré, pues, a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob. En él confiaré.

Isaías decidió esperar en Dios, aunque El «escondió su rostro de la casa de Jacob». Pasaron setecientos años para que se cumplieran muchas de las profecías que el Señor dio mediante los profetas, otras aún siguen sin cumplirse. ¿Está usted dispuesto a aceptar el tiempo de Dios y no el suyo?

Isaías 8:18 He aquí que yo y los hijos que me dio Jehová[p] somos por señales y presagios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el monte Sión.

Isaías 8:19 Si os dicen: “Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando”, responded: “¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”.[q]

El pueblo consultaría a los encantadores y adivinos para buscar respuestas de los muertos, en vez de consultar al Dios viviente. Solo El conoce el futuro y solo El es eterno. Podemos confiar en su dirección.

Isaías 8:20 ¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido.[r]

La gente de Judá clamaba burlonamente por un profeta «real» que fielmente proclamara las verdades de la ley y el testimonio .

Isaías 8:21 »Pasarán por la tierra fatigados y hambrientos, y acontecerá que, a causa del hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios,[s] levantando el rostro con altivez.

Después que rechazaron el plan de Dios, el pueblo de Judá lo culparía de sus tribulaciones. La gente culpa continuamente a Dios por los problemas que se busca. ¿Cómo responde usted a los resultados desagradables de sus propias decisiones? ¿A quién culpa? En vez de culpar a Dios, busque la manera de crecer a través de sus fracasos.

Isaías 8:22 Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y quedarán sumidos en las tinieblas».

Nueva profecía del final de la coalición de Siria e Israel

En esta sección tenemos una nueva profecía del comienzo del final de la coalición de Siria e Israel contra Judá, cuando “la riqueza de Damasco y el botín de Samaria serán llevados ante el rey de Asiria“. El acontecimiento que se vislumbra no tiene necesariamente que ser la destrucción de Samaria, lo cual no ocurrió en tan corto tiempo como el período de la gestación de un niño en el vientre de su madre y el tiempo cuando empieza a hablar. Parece, más bien, referirse a la captura de los territorios del reino de Israel por los asirios tras la campaña que Tiglatpileser llevó a cabo por aquel entonces.

La profecía de Isaías con respecto a este acontecimiento subraya el hecho de su inminencia, de su cercanía, cuando quizás los avezados políticos de Jerusalén no se lo podían imaginar.

El Señor le mandó a Isaías tomar una tabla grande y escribir sobre ella ante testigos una profecía cuyo título era la expresión entrecortada: Mahersalaljasbaz. Estas palabras se traducen: El botín se acelera; el saqueo se apresura. La letra lámed que se antepone a esta frase, y que la RVA ha traducido con las palabras tocante a, indica que bajo este título Isaías escribió la profecía de una manera más explícita, que aunque no aparece en el versículo 1, pudo bien haber incluido las palabras de la segunda parte del versículo 4: “La riqueza de Damasco y el botín de Samaria serán llevados ante el rey de Asiria.“

La escritura de esta profecía parece haber tenido lugar en público, al juzgar por la presencia de conocidos y prestigiosos testigos como el sacerdote Urías y Zacarías hijo de Berequías. Lo mismo parece indicar la mención del tamaño de la tabla y la expresión con punzón de hombre, que la RVA explica en su nota: “Es decir, de manera inteligible”. La palabra que traducimos “punzón” puede también ser traducida “escritura” (hecha con punzón), y “hombre” puede aludir al público. En otras palabras, el profeta debía escribir con caracteres sencillos, demóticos, para que los reconozca y entienda la gente común. Es que el contenido de la profecía no era solamente para los de la clase dirigente y educada, sino para todo el pueblo.

La razón para tener testigos en un acto como éste sería que el documento quedaría custodiado bajo el poder de éstos y con conocimiento del público para que cuando suceda lo que predice, se corrobore que su contenido fue realmente inspirado por Dios al profeta Isaías.

En esta sección aparece intercalado un segundo acontecimiento que apunta en la misma dirección profética. El versículo 2 no indica que Isaías llamara a su lado fieles testigos para presenciar su unión sexual con la profetIsaías (así llamaba Isaías a su esposa). Los testigos fueron llamados para presenciar la escritura de la profecía a la cual nos referimos.

Isaías se unió a su esposa, y ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces el Señor le dijo que el nombre que llevaría dicho niño sería aquella extraña expresión que escribió ante el público y los testigos: Mahersalaljasbaz. Es que aquel niño constituiría también una profecía viviente, como sus hermanos Searyasuv y Emanuel. A partir de este nombre y de las palabras de Jehová, tanto Isaías como los que podían creer como él, esperarían la liberación de Judá de sus enemigos del norte, cuando escucharan al niño decir sus primeras palabras: “papá” y “mamá”. Ello ocurriría sólo dentro de unos meses, o a más tardar un año.

La ruina profetizada para Samaria, a la luz de la profecía, ocurriría por cuanto las tribus del norte rechazaron la centralidad de Jerusalén y de la dinastía de David (simbolizados por las aguas de Siloé).

Sin embargo, la ruina de Samaria y de Damasco sólo traería a Judá una liberación temporal porque sería resultado del pacto mediante el cual el rey Acaz, desatendiendo las palabras de Isaías, sometió a Judá bajo el yugo de Asiria (simbolizado en el versículo 7 por las aguas del Río, es decir, del Eufrates). Y esta potencia mundial que en esta vez quebrantaría a Siria y a Efraín, en el futuro también “pasará por Judá inundando y creciendo“ y llegaría “hasta el cuello“, es decir, hasta las puertas de Jerusalén, extendiendo sus alas imperiales sobre toda la tierra, la región del mar Mediterráneo. Esto ocurrió en los días de Senaquerib, rey de Asiria, y de Ezequías, rey de Judá.

El profeta termina esta sección con una interjección que constituye una oración ferviente que evoca las promesas del Señor para su pueblo fiel: ¡Oh Emanuel!, que se traduce “Dios está con nosotros”.

Samaria En el versículo 4 se menciona a Samaria. En 1 de Reyes 16:24 se habla de que Omri compró a un tal Semer el monte de Samaria. De Semer se deriva entonces el nombre de toda esta región, llamada en la Biblia Samaria, que llegó a ser la capital del reino del norte entre los años 870-721 a. de J.C.

Una expedición de la Universidad de Harvard halló en las ruinas de Samaria los cimientos del palacio de Omri, sobre roca maciza, reliquias y archivos suyos, pero nada anterior a Omri, lo cual señala a éste como fundador de la ciudad.

Isaías y el testimonio de Jehová

Isaías era el portavoz de las instrucciones de Jehová en materia política (torah); ver nota de la RVA sobre “ley” en versículo 16) y del testimonio (edut), es decir, la constancia de los acontecimientos que Dios anunciaba por boca de Isaías, sea o no ante la presencia de testigos.

El rey, los magistrados y el pueblo en general no querían escuchar las instrucciones y el testimonio que Isaías les comunicaba. Por eso el profeta eleva a Dios esta oración: “Ata el testimonio y sella la ley [instrucción] entre mis discípulos“. El contenido de sus profecías sería preservado como evidencia por sus discípulos, ya que éstas se referían a acontecimientos, algunos de los cuales no tendrían lugar durante el período de su vida.

¿Cuál es el testimonio central de Isaías en esta fase de su ministerio profético? Isaías convoca a todos los pueblos para que lo sepan y para que le presten atención, ya que su mensaje no encuentra oídos en Israel y en Judá. Sus profecías anuncian acontecimientos que estremecerán a los pueblos, de tal manera que nada de lo que se haga para evitarlo tendrá valor.

Luego, el profeta trae a mención una palabra muy trillada en sus días, por unos y por otros en el pueblo de Judá. Es la palabra conspiración. Se refiere a los que apoyaban la política asiria; y éstos acusaban de conspiración a los que apoyaban a Siria y a Efraín. Y el profeta, sin identificarse ni con los unos ni con los otros, se dirige a sus discípulos para exhortarles a permanecer firmes en la posición profética que proclama que Jehová Dios de Israel tiene la primera y la última palabra con respecto a los acontecimientos de la historia universal: “¡A Jehová de los Ejércitos, a él tratad como santo! Y si él es vuestro temor, y si él es vuestro temblor, entonces él será vuestro santuario“. Aquí santuario significa “refugio seguro”. Pero para el resto del pueblo, tanto para Israel como para Judá, Jehová constituirá la ruina total.

Parece que tras el fracaso de las gestiones de Isaías ante el rey Acaz, que se registran vez tras vez en los capítulos 7 y 8, el profeta optó por apartarse de la escena política, al menos por el momento. Sin embargo, él se mantenía firme en la esperanza de que Dios cumpliría su promesa de que un remanente volverá. Pero aun en su retiro temporal él y su familia se consideraban mensajes vivos del testimonio histórico de Jehová.

Las circunstancias eran difíciles en extremo. Y a los que como Saúl optaban por acudir a los espiritistas para consultar a los muertos en lugar de obedecer a Dios, Isaías les dice: “¡A la ley y al testimonio! Si ellos no hablan de acuerdo con esta palabra, es porque no les ha amanecido“. Aquellos verán los resultados de su propia sabiduría política y de su indignidad y corrupción: “Mirarán a la tierra [de Israel y de Judá], y he allí tribulación y oscuridad de angustia“. A este pueblo blasfemo no les queda más que maldecir a su Dios y a su rey.

Consulta con los brujos Un industrial muy próspero en cierta ciudad es un asiduo concurrente a prácticas de espiritismo. Contó que, una vez al año, da vacaciones a todo su personal y comienza él a hacer consultas con brujos de la región, para saber si sus enemigos han hecho algo malo en su negocio. Según esta persona, los brujos le hacen una «limpieza» de todo su negocio, se despejan las acciones malas de sus competidores o de los que envidian la posición económica que él tiene.

Qué tremendo error! Esa actitud de consultar espiritistas, encantadores o aún consultar a los muertos, es falta de confianza en Dios. Es no saber depender del Creador.

Durante lo que va del presente siglo, el mundo ha pasado por varias guerras, dos de ellas de alcance mundial: las guerras de 1914-1917 y 1939-1945. También ha habido guerras de Corea, Vietnam, la de los judíos con los árabes y la del Golfo Pérsico. Además en los países del tercer mundo hay una constante lucha por el poder político que ha creado un estado de guerra civil.

No hay paz en los pueblos, si se consigue, ésta es efímera. Detrás está siempre el espectro de la guerra. ¿Por qué los pueblos no pueden alcanzar una paz duradera? Es una pregunta que nos inquieta. La respuesta es obvia. No conocen al «Príncipe de Paz», al «Consejero Admirable». Cuando lo logren, tendrán paz interior y paz con sus semejantes. La paz interior es duradera, la paz política es efímera.

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