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Introducción a la primera carta de Pedro

Las epístolas universales 0 católicas

Primera de Pedro forma parte del grupo de cartas del Nuevo Testamento que se conocen como las Epístolas universales o católicas. Se han propuesto dos explicaciones a ese título.

(i) Se ha sugerido que estas cartas recibieron ese nombre porque van dirigidas a la Iglesia en general, al contrario que las cartas paulinas, que iban dirigidas a iglesias o personas individuales. Pero no es así. Santiago iba dirigido a una comunidad determinada, aunque muy extendida: las doce tribus de la diáspora (Santiago 1:1). No. admite discusión que la Segunda y Tercera de Juan iban dirigidas a comunidades determinadas; y, aunque Primera de Juan no tiene ningún encabezamiento específico, está claro que fue dirigida a una comunidad que tenía ciertos peligros y necesidades. Primera de Pedro misma se les escribió a los extranjeros diseminados por todo el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 Pedro 1:1). Es verdad que estas epístolas universales tienen una audiencia más amplia que las cartas de Pablo; pero también que tienen presente a una comunidad determinada.

(ii) Así es que debemos pasar a la segunda explicación: la de que estas cartas se llamaron universales o católicas porque fueron aceptadas como Sagrada Escritura por toda la Iglesia, en contraposición a ese extenso número de cartas que gozaron de un reconocimiento local y temporal, pero nunca fueron consideradas Escritura universalmente. Cuando se estaban escribiendo estas cartas, había una floración de correspondencia en la Iglesia. Todavía se conservan muchas de las cartas que se escribieron por aquel entonces: la carta de Clemente de Roma a los Corintios, la de Bernabé, las cartas de Ignacio de Antioquía y la de Policarpo. Todas eran muy apreciadas en las iglesias a las que iban dirigidas, pero nunca se les reconoció autoridad en toda la Iglesia; por otra parte, las Epístolas universales o católicas se introdujeron gradualmente en la Sagrada Escritura y fueron reconocidas por toda la Iglesia. Esa es la verdadera explicación de su título.

Una carta preciosa

De todas las Epístolas universales, la Primera de Pedro es probablemente la más apreciada y leída. Nadie ha tenido nunca la menor duda en cuanto a su encanto. Moffatt escribió de ella: «El espíritu hermoso de la pastoral irradia en cualquiera de las traducciones del original. «Afectiva, amable, sencilla y humilde» fueron los cuatro adjetivos con los que Izaak Walton describió las epístolas de Santiago, Juan y Pedro; pero es Primera de Pedro la que los merece preeminentemente.» Es la producción del amor del corazón de un pastor para ayudar a los que están pasando dificultades, y aún les esperan peores.

« La clave -sigue diciendo Moffatt es el aliento constante a la resistencia en la conducta y la inocencia del carácter.» Se ha dicho que su característica distintiva es el calor. E. J. Goodspeed escribió: «Primera de Pedro es una de las piezas más conmovedoras de la literatura de la persecución.» Hasta hoy en día es una de las cartas del Nuevo Testamento que nos resultan más fáciles de leer, porque no ha perdido su encanto conquistado para el corazón humano.

La duda moderna

Hasta hace comparativamente poco tiempo nadie habría suscitado ninguna duda en cuanto a la autoría de Primera de Pedro.

Renan, que era todo menos conservador, escribió de ella: «La Primera Epístola es uno de los escritos del Nuevo Testamento que se han citado como genuinos desde siempre y unánimemente.» Pero en tiempos recientes, la autoría petrina de esta carta se ha cuestionado ampliamente. El comentario de F. W. Beare, publicado en 1947, llega hasta a decir: « No cabe la menor duda de que Pedro es un seudónimo.» Es decir, que Beare no tiene la menor duda de que algún otro escribió esta carta bajo el nombre de Pedro. Procederemos a investigar honradamente esa opinión; pero empezaremos por exponer el punto de vista tradicional -que aceptamos sin la menor duda- de que Primera de Pedro fue escrita desde Roma por el mismo Pedro hacia el año 67, es decir, en los días que siguieron inmediatamente a la primera persecución de los cristianos por Nerón, e iba dirigida a los cristianos de las partes de Asia Menor que se mencionan en el encabezamiento. ¿Cuál es la evidencia que tenemos para esa fecha temprana y, por consiguiente, para la autoría petrina?

La segunda venida

En esta carta nos encontramos con que la esperanza de la Segunda Venida aparece en primera fila. Los cristianos son guardados para la Salvación que se revelará en el tiempo postrero (1:5). Los que se mantengan firmes en la fe estarán a salvo del juicio venidero (1:7). Los cristianos tienen que esperar la gracia que vendrá con la revelación de Jesucristo (1:13). Se espera el día de la visitación (2:12). El final de todas las cosas está cerca (4:7). Los que sufran con Cristo se regocijarán con Él cuando se revele Su gloria (4:13). El juicio ha de comenzar por la casa de Dios (4:17). El mismo autor está seguro de que participará de la gloria por venir (5: l). Cuando el Pastor Supremo aparezca, el cristiano fiel recibirá una corona de gloria (5:4).

En toda esta carta es evidente que se espera la Segunda Venida. Es la razón para mantenerse firmes en la fe, y vivir lealmente la vida cristiana, y resistir noblemente en medio de los sufrimientos que han venido y que vendrán después.

Sería inexacto decir que la Segunda Venida desapareció alguna vez de la fe cristiana; pero sí dejó de estar en primera línea conforme fueron pasando los años y Cristo no volvió. Es significativo, por ejemplo, que en Efesios, una de las últimas cartas de Pablo, ni siquiera se menciona. Sobre esta base es razonable suponer que Primera de Pedro es temprana, y procede del tiempo cuando los cristianos esperaban ansiosamente la vuelta de su Señor en cualquier momento.

Sencillez de la organización

Está claro que Primera de Pedro representa un tiempo en el que la organización de la iglesia era muy sencilla. No se citan los diáconos; ni el epískopos, el obispo, que empieza a aparecer en las Epístolas pastorales, y llega a ser prominente en las cartas de Ignacio de Antioquía, en la primera mitad del siglo II. Los únicos ministros que se mencionan son los ancianos: « Exhorto a los ancianos que haya entre vosotros, como compañero de ministerio…» (5:1). Por esta razón también es lógico suponer que Primera de Pedro surgió en una época temprana.

La teología de la iglesia primitiva

Lo más significativo es que la teología de Primera de Pedro es la de la Iglesia en sus orígenes. E. G. Selwyn ha hecho un estudio detallado. de este punto, y ha demostrado incuestionablemente que las ideas teológicas de Primera de Pedro son exactamente las mismas que las que nos encontramos en los sermones de Pedro en los primeros capítulos de Hechos.

La predicación de la Iglesia Primitiva se basaba en cinco ideas principales. Una de las mayores contribuciones de C. H. Dodd al estudio del Nuevo Testamento fue la formulación de ellas. Forman el esquema de todos los sermones de la Iglesia Primitiva como los encontramos en Hechos; y son el fundamento del pensamiento de los autores del Nuevo Testamento. Al sumario de estas ideas básicas se le ha dado el nombre de Kérygma, que quiere decir el anuncio o la proclamación de un heraldo.

Estas son las ideas fundamentales que proclamaba la Iglesia en sus comienzos. Vamos a tomarlas una a una, con las citas correspondientes en Hechos y en Primera de Pedro; y haremos el descubrimiento significativo de que las ideas básicas de los sermones de la Iglesia Primitiva y la teología de Primera de Pedro son exactamente las mismas. No decimos tanto como que los sermones de Hechos reproducen verbalmente lo que se predicó en cada ocasión; pero creemos que dan, en sustancia, el mensaje de los primeros predicadores.

(i) Ha amanecido la era del cumplimiento; la edad mesiánica ha comenzado. Esta es la última palabra de Dios. Se está inaugurando un orden totalmente nuevo, y se convoca a los elegidos a unirse a la nueva comunidad. Hechos 2:14-16; 3:12-26; 4:8-12; 10:34-43; 1 Pedro 1:3, 10-12; 4:7.

(ii) Esta nueva era ha venido por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, las cuales son el cumplimiento directo de las profecías del Antiguo Testamento y son, por tanto, el resultado del plan y del conocimiento anticipado de Dios. Hechos 2:20-31; 3:13-14; 10:43; 1 Pedro 1:20-21.

(iii) En virtud de Su resurrección, Jesús ha sido exaltado a la diestra de Dios y es el Cabeza mesiánico del nuevo Israel. Hechos 2:22-26; 3:13; 4: I1; 5:30-31; 10:39-42; 1 Pedro 1:21; 2:7; 2:24; 3:22.

(iv) Estos acontecimientos mesiánicos alcanzarán pronto su consumación con la vuelta de Cristo en gloria y el juicio de los vivos y los muertos. Hechos 3:19-23; 10:42; 1 Pedro 1:5,7,13;4:5,13,17,18;5:1,4.

(v) Estos hechos se presentan como la base para hacer una llamada al arrepentimiento, y el ofrecimiento del perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo y la promesa de la vida eterna. Hechos 2:38-39; 3:19; 5:31; 10:43; 1 Pedro 1:13-25; 2:1-3; 4:1-5.

Estas declaraciones son las cinco plantas del edificio de la predicación original cristiana como se encuentra en los sermones de Pedro en los primeros capítulos de Hechos. Son también las ideas dominantes de Primera de Pedro. La correspondencia es tan ajustada y constante entre ambas fuentes que podemos ver en ellas con un alto grado de probabilidad la misma mano y la misma mente.

Citas de los padres de la iglesia

Podemos añadir otro testimonio a la evidencia de que Primera de Pedro es temprana; desde muy al principio los padres y predicadores de la Iglesia Primitiva empezaron a citarla. El primero que la citó por nombre fue Ireneo, que vivió del 130 d.C. hasta bien entrado el siglo siguiente. Cita dos veces 1 Pedro 1:8: «Sin haberle visto, Le amáis; aunque ahora no Le veáis, creéis en Él y os regocijáis con una alegría indescriptible y gloriosa.» Y cita una vez 1 Pedro 2:16, con el mandamiento de no usar la libertad como tapadera para la malicia. Pero, aun antes, los padres de la Iglesia ya citaban Primera de Pedro, aunque sin citar su fuente. Clemente de Roma, que escribió hacia el año 95 d.C., habla de « la sangre preciosa de Cristo,» una frase entonces poco corriente que probablemente procedía de la afirmación de Pedro de que somos redimidos por la sangre preciosa de Cristo (1:19).

La excelencia del griego

Sin embargo, si defendemos la autoría petrina de esta carta, hay un problema con el que nos tenemos que enfrentar: el griego excelente en que está escrita. Parece imposible que sea la obra de un pescador galileo. Los investigadores del Nuevo Testamento son unánimes en su aprecio del griego de esta carta. F. W. Beare escribe: « La epístola es claramente la obra de un hombre de letras, hábil en el manejo de los recursos de la retórica, y en el de un vocabulario extenso y aun literario.. Es un estilista de capacidad nada ordinaria, y escribe algo del mejor griego de todo el Nuevo Testamento, mucho más suave, y literario que el del letrado Pablo.» Moffatt se refiere aU «lenguaje plástico y el gusto por la metáfora» de esta carta. Mayor dice que Primera de Pedro no tiene igual en el Nuevo Testamento por la «calidad sostenida de su ritmo.» Bigg ha comparado algunas de las frases de Primera de Pedro con los escritos de Tucídides. Selwyn habla de « la ternura euripidesca» y de la habilidad esquilesca de acuñar palabras compuestas de Primera de Pedro. El autor de Primera de Pedro no es indigno de figurar entre los maestros de esa lengua. Es difícil, si no imposible, imaginarse a Pedro escribiendo así en griego.

La misma carta ofrece una solución a este problema. En la breve sección final, Pedro mismo dice: «Por conducto de Silvano… os he escrito brevemente» (1 Pedro 5:12). Por conducto de Silvano -dia Siluanu- es una frase extraña. El original quiere decir que Silvano fue el agente de Pedro en la confección de la carta; fue más que el taquígrafo de Pedro.

Vamos a acercarnos a esto desde dos ángulos. Primero, veamos lo que sabemos de Silvano. (La evidencia se expone más detalladamente en el comentario de 1 Pedro 5:12). Muy probablemente se trata de la misma persona que el Silvano que aparece en las cartas de Pablo y que el Silas de Hechos, ya que Silas es una forma abreviada y familiar de Silvano.

Cuando examinamos los pasajes en que se le menciona descubrimos que Silas o Silvano no era ninguno del montón, sino una figura representativa de la vida y la actividad de la Iglesia original. Era profeta (Hechos 15:32); era uno de los «varones principales entre los hermanos» en el concilio de Jerusalén, y uno de los dos que fueron elegidos para llevar las decisiones del concilio a la iglesia de Antioquía (Hechos 15: 22, 27). Fue el compañero que Pablo escogió para su segundo viaje misionero, y estuvo con él en Filipos y en Corinto (Hechos 15:37-40; 16:19, 25, 29; 18:5; 2 Corintios 1:19). Se le menciona con Pablo en los saludos iniciales de 1 y 2 Tesalonicenses. Era ciudadano romano (Hechos 16:37).

Así es que Silvano era una persona notable en la Iglesia original; fue más el colega que el ayudante de Pablo; y, como era ciudadano romano, es por lo menos probable que fuera un hombre con una cultura que Pedro no habría podido obtener.

Ahora, añadamos una segunda idea. En una situación misionera, cuando el misionero puede hablar una lengua suficientemente bien pero no escribirla, es muy corriente que haga una de dos cosas para mandar un mensaje a su pueblo. O bien lo escribe lo mejor posible, y luego le pide a un nativo que corrija sus errores gramaticales y mejore el estilo; o, si tiene un colega nativo de su absoluta confianza, le dice lo que quiere decir, y le deja que ponga el mensaje en forma escrita, y firma el resultado.

Podemos imaginarnos fácilmente que eso fue lo que aportó Silvano a la edición de Primera de Pedro. O bien corrigió y embelleció el griego necesariamente inadecuado de Pedro, o escribió él mismo con sus propias palabras y estilo lo que Pedro quería decir, a lo que Pedro daría el visto bueno final y añadiría el último párrafo personal.

Los pensamientos son los de Pedro; pero el estilo es el de Silvano. Así pues, aunque el griego es tan excelente, no es necesario negar que la carta viene del mismo Pedro.

Los destinatarios de la carta

Los destinatarios de Primera de Pedro eran los exiliados (un cristiano es siempre un peregrino en el mundo) diseminados por todo el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.

Casi todas estas palabras tienen un doble significado. Representaban a reinos antiguos, y también a provincias romanas a las que se les había dado el nombre antiguo; y ambas comunidades no siempre cubrían el mismo territorio. Ponto no fue nunca una provincia. Había sido originalmente el reino de Mitrídates, parte del cual se incorporó a Bitinia y parte a Galacia. Esta había sido originalmente el reino de los galos en el área de las tres ciudades de Ancira, Pesino y Tavio; pero los romanos lo habían convertido en una zona administrativa mucho más amplia, que incluía secciones de Frigia, Pisidia, Licaonia e Isauria. El reino de Capadocia se había convertido en provincia romana el año 17 d.C. casi con sus límites originales. Asia no era lo que entendemos ahora por ese nombre. Había sido un reino independiente, cuyo último rey, Atalo III, se lo había regalado a Roma el año 133 a.C. Abarcaba el centro de Asia Menor, y limitaba al Norte con Bitinia, al Sur con Licia, y al Este con Frigia y Galacia. En lenguaje popular, era la parte de Asia Menor que se extendía por las costas del mar Egeo.

No sabemos por qué se escogieron estos distritos en particular; pero una cosa es cierta: abarcaban un área extensa con una población muy numerosa; y el hecho de que se los cite juntos es una de las pruebas supremas de la inmensa actividad misionera de la Iglesia original, aparte por supuesto de la actividad misionera de Pablo.

Todos estos distritos se encuentran en el extremo nororiental de Asia Menor. Por qué se nombran justos y precisamente en este orden, no lo sabemos. Pero una ojeada al mapa nos mostrará que, si el portador de esta carta -que puede haber sido el mismo Silvano- navegó desde Italia y desembarcó en Sinope, al Nordeste de Asia Menor, el viaje alrededor de estas provincias seguiría una ruta circular para terminar otra vez en Sinope, en Bitinia. Desde allí iría hacia el Sur a Galacia, luego más al Sur a Capadocia, al Oeste a Asia, Norte otra vez a Bitinia, y al Este luego para regresar a Sinope.

Está claro por la misma carta que los destinatarios eran principalmente gentiles. No se menciona ninguna cuestión de la ley de las que siempre surgían cuando había un trasfondo judío. La condición previa de aquellos cristianos había sido de pasiones carnales (1:14; 4:3-4), lo que corresponde más bien a paganos que a judíos. Antes no habían sido pueblo -gentiles fuera del pacto-, pero ahora eran el pueblo de Dios (2:9-10).

La forma de su nombre que usa Pedro también es señal de que se suponía que los lectores de su carta serían gentiles, porque usa el nombre de Pedro, que era su nombre griego. Pablo le llama Cefas (Kefá, 1 Corintios 1:12; 3:22; 9:5; 15:5; Gálatas 1:18; 2:9, 11, 14); entre sus compatriotas judíos se le conocía como Simón o Simeón (Hechos 15:14), que es el nombre que se usa en Segunda de Pedro 1:1. Puesto que usa aquí su nombre griego, parece lógico deducir que estaba escribiendo a los de cultura griega.

Las circunstancias detrás de la carta

Está suficientemente claro que esta carta se escribió cuando la Iglesia estaba en peligro de persecución.› Los destinatarios estaban en medio de diversas pruebas (1:6). Corrían peligro de que se les acusara de malhechores (3:16). Una prueba de fuego está a punto de sorprenderlos (4:12). Cuando sufran, deben encomendarse a Dios (4:19). Bien puede ser que sufran por causa de la justicia (3:14). Están compartiendo las aflicciones que la fraternidad cristiana es llamada a sufrir en todo el mundo (5:9).

Detrás de esta carta advertimos una prueba de fuego, una campaña de calumnias y un sufrimiento por causa de Cristo.

¿Podemos identificar esa situación?

Hubo un tiempo cuando los cristianos no tenían nada que temer del gobierno romano. En Hechos son muchas veces los magistrados, oficiales y soldados romanos los que le salvan la vida a Pablo de la furia tanto de los judíos como de los paganos.

Como decía Gibbon, el tribunal de los magistrados paganos demostró ser un refugio seguro contra la furia de la sinagoga. La razón era que en los primeros días el gobierno romano no sabía distinguir entre judíos y cristianos. En el imperio romano había lo que se llamaba religio licita, una religión permitida, y los judíos tenían plena libertad para celebrar sus cultos a su manera. Y no fue porque los judíos no intentaran informar a los romanos en cuanto a los hechos de la nueva situación; eso fue lo que hicieron en Corinto, por ejemplo (Hechos 18:12-17). Pero durante cierto tiempo los romanos sencillamente tomaron a los cristianos como una secta judía, y por tanto no los molestaron.

El cambio tuvo lugar en los días de Nerón, y podemos seguir casi todos los detalles de la historia. El 19 de julio del año 64 d.C. se declaró el gran fuego de Roma. Roma era una ciudad con muchas calles estrechas y edificios de madera, lo que hacía los incendios sumamente peligrosos. El gran fuego estuvo ardiendo tres días y tres noches, se controló, y otra vez volvió a declararse con violencia redoblada. El populacho romano no tenía la menor duda en cuanto al responsable, y le echó las culpas al emperador. Nerón tenía una verdadera adicción a construir; y la gente creía que había sido él el que había prendido fuego a Roma aposta para reconstruirla totalmente. La responsabilidad de Nerón debe quedar para siempre en el terreno de la conjetura; pero es seguro que él estuvo contemplando el furioso infierno desde la torre de Mecenas, y se confesó entusiasmado con la flor y la belleza de las llamas. Se aseguraba que se ponían dificultades intencionadamente a los que trataban de extinguir el fuego, y que se veían hombres prendiéndolo otra vez cuando parecía que ya se iba apagando. La gente estaba más que angustiada. Las antiguas particiones y los altares ancestrales habían desaparecido; los templos de la Luna, el Ara Máxima (el gran altar), el templo de Júpiter Stator, el altar de Vesta… sus dioses domésticos se habían desvanecido: Habían perdido sus hogares y no quedaba más que lo que ha llamado Farrar «una hermandad desesperada de desventurados.»

El resentimiento de la gente era incontrolable. Nerón tenía que desviar de su propia persona las sospechas; había que buscar un chivo expiatorio, y ese papel se les asignó a los cristianos. Tácito, el historiador romano, cuenta así la historia (Anales 15.44): Ni la ayuda humana en forma de regalos imperiales, ni los intentos de apaciguar a los dioses, podían acallar el rumor siniestro de que el fuego se había debido a las órdenes del mismo Nerón. Así es que, con la esperanza de disipar el rumor, falsamente desvió la acusación a una clase de gente que se conocían vulgarmente como los cristianos, que eran aborrecidos por las abominaciones que perpetraban. El fundador de la secta, un tal Cristo, había sido ejecutado por Poncio Pilato en el reinado de Tiberio; y la nociva superstición, aunque sofocada de momento, brotó otra vez no sólo en Judea, cuna original de aquella peste, sino hasta en Roma, donde se recoge y practica todo lo vergonzoso y horrible que surja.

Está claro que Tácito no creía que los cristianos fueran los culpables del fuego, y que Nerón los había elegido y señalado como cabeza de turco que pagaran por el crimen de él.

¿Por qué escogió Nerón a los cristianos, y cómo es que era posible ni siquiera sugerir y que se creyera que fueran responsables del fuego de Roma? Hay dos posibles respuestas.

(i) Los cristianos ya eran víctimas de ciertas calumnias.

(a) La gente los identificaba o relacionaba con los judíos. El antisemitismo no es nada nuevo, y le era fácil al populacho romano el adscribirles crímenes a los judíos y, por tanto, a los cristianos.

(b) La Santa Cena era un rito secreto, por lo menos en cierto sentido. No podían participar nada más que los miembros de la Iglesia. Y algunas frases relacionadas con ella eran caldo de cultivo para las calumnias paganas, como las que hablaban de comer la carne de Alguno y beber Su sangre. Eso bastaba para suscitar el rumor de que los cristianos eran caníbales. Con el tiempo se fue desarrollando hasta convertirse en la historia de que los cristianos mataban y se comían a un gentil, o un niño recién nacido. En la Santa Cena, los cristianos se daban el beso de la paz (1 Pedro 5:14). Sus reuniones se llamaban ágapes, fiestas del amor. Eso bastaba para que se difundiera que las reuniones cristianas eran orgías de vicio.

(c) Siempre se acusaba a los cristianos de descomponer las familias. Tanto se extendió ese rumor que el Cristianismo llegó a ser sinónimo de familias divididas, cuando algunos miembros de una familia se hacían cristianos y los otros no. Una religión que producía esos efectos estaba condenada a ser impopular.

(d) El caso era que los cristianos hablaban del Día del Juicio, cuando el mundo se disolvería en llamas. Es probable que algunos predicadores cristianos describieran con colores tenebrosos la Segunda Venida y el fin de todas las cosas (Hechos 2:19-20). No sería difícil echarles las culpas del fuego de Roma a los que anunciaban tales desastres.

Había abundantes materiales que se podrían tergiversar a disposición de los que quisieran inculpar maliciosamente a los cristianos.

(ii) La religión judía siempre había atraído por su alto nivel moral, especialmente a las mujeres, en un mundo en el que la castidad no existía. Había, por tanto, muchas mujeres aristocráticas que habían abrazado la religión judía. Los judíos no dudaron en manipular a esas mujeres para que influyeran en sus maridos en contra de los cristianos. Tenemos un ejemplo claro de ello en lo que les sucedió a Pablo y su compañero en Antioquía de Pisidia. Fue allí donde los judíos suscitaron la oposición contra ellos utilizando la influencia de mujeres nobles (Hechos 13:50). Dos favoritos en la corte de Nerón eran prosélitos judíos: Aliturus, su actor favorito, y Popea, su querida. Es probable que los judíos influyeran en Nerón por medio de ellos para que tomara medidas contra los cristianos.

En cualquier caso, se les echó la culpa del fuego de Roma a los cristianos, y se desencadenó contra ellos una persecución salvaje. No se trataba simplemente de una persecución usando los medios legales. Lo que Tácito llamó una ingens multitudo, una multitud ingente, de cristianos perecieron por los medios más sádicos. Se embadurnaba a los cristianos de brea y se les prendía fuego para que sirvieran como antorchas vivientes en los jardines de Nerón. Se los vestía con pieles de animales sálvajes y se les echaban los perros de caza para que los descuartizaran vivos. Tácito escribe: Sadismo de- todas clases se añadía a su ejecución. Cubiertos con las pieles de animales, eran descuartizados por los perros hasta perecer; o se los clavaba a cruces; o se los condenaba a ser quemados vivos; o a servir de iluminación nocturna cuando se disipaba la luz del día. Nerón ofrecía sus jardines para el espectáculo, y exhibía una función de circo en la que él mismo se mezclaba entre la gente vestido de auriga o permanecía solo en un carruaje. Aun considerando que se trataba de criminales que merecieran un castigo extremado y ejemplar, surgía entre la gente un sentimiento de compasión; porque no se los destruía, como se pretendía, por el bien público, sino para saciar la crueldad de un hombre. (Tácito, Anales 15:44).

La misma terrible historia la cuenta el historiador cristiano posterior, Sulipio Severo en su Crónica: Mientras tanto, cuando el número de los cristianos era ya considerable, sucedió que Roma fue destruida por un incendio mientras Nerón estaba estacionado en Antio. Pero la opinión de todos le echó las culpas al Emperador, que se creía que lo había provocado para buscarse la gloria de construir una nueva ciudad. Y, de hecho, Nerón no consiguió, aunque lo procuró por todos los medios, deshacerse de la acusación de que el fuego se había producido cumpliendo sus órdenes. Por tanto él desvió la acusación contra los cristianos, y por consiguiente se les infligieron a los inocentes las más crueles torturas. Sí: hasta se inventaron nuevas formas de dar muerte, tales como, vistiéndolos de pieles de animales salvajes, hacer que los devoraran los perros, o crucificando a muchos, o haciéndolos morir en la hoguera, o, a la caída del día, sirviendo de antorchas vivientes durante la noche, suplicio que correspondió a no pocos de ellos. De esta manera empezó a desatarse la crueldad contra los cristianos. Luego, su religión fue prohibida con leyes que se promulgaron, y edictos proclamaron por doquier que los cristianos estaban fuera de la ley.

Es verdad que esta persecución estuvo confinada originalmente a Roma; pero así se abrió la puerta de la persecución, y por todas partes fueron los cristianos víctimas del populacho. Moffatt escribe: Después de que la marea nerónica hubo pasado de la capital, su inundación alcanzó las últimas costas de las provincias; la dramática publicidad del castigo debe de haber extendido el nombre de cristiano urbi et orbi, a lo ancho y a lo largo de todo el imperio; las provincias recibirían pronto la noticia, y cuando desearan una conflagración similar a costa de los leales cristianos, todo lo que necesitarían sería un procónsul que quisiera gratificar sus deseos y algún discípulo sobresaliente que sirviera de víctima.

Porque, a partir de entonces, los cristianos habrían de vivir bajo esa amenaza. El populacho de las ciudades romanas sabía lo que había sucedido en Roma, y siempre habría malsines que hicieran su blanco a los cristianos. Había situaciones en las que la masa deseaba la sangre, y había gobernadores dispuestos a complacer su ansia sanguinaria. No era sólo la ley romana, sino también el deseo de linchar a quien fuera lo que amenazaba a los cristianos.

De entonces en adelante, los cristianos estaban en peligro de muerte. Podrían pasar años sin que sucediera nada; y, de pronto, una chispa podría provocar una explosión, y empezaría el terror. Esa era la situación de trasfondo de la Primera de Pedro; por eso Pedro llama a los suyos a la esperanza, y al valor, y a esa maravillosa vida cristiana que es lo único que puede dar el mentís a las calumnias con las que los atacaban, y que eran la razón para que se tomaran medidas contra ellos. Primera de Pedro no se escribió para salir al paso de ninguna herejía, sino para fortalecer a hombres y mujeres que estaban en constante peligro de muerte.

Las dudas

Hemos expuesto extensamente los argumentos a favor de que Pedro fue realmente el autor de la primera carta que lleva su nombre. Pero, como ya dijimos, no pocos comentaristas de primera clase han considerado que no puede haber sido así. Nosotros creemos que Pedro fue el autor de la carta; pero, honradamente, tenemos que presentar el otro punto de vista; y lo haremos siguiendo al capítulo que dedica B. H. Streeter a Primera de Pedro en su libro sobre La Iglesia Primitiva.

Extraños silencios

Bigg escribe en su introducción: «No hay otro libro en el Nuevo Testamento que tenga una confirmación más antigua, segura y mejor que Primera de Pedro. » Es verdad que Eusebio, el gran investigador e historiador de la Iglesia del siglo IV, incluye Primera de Pedro entre los libros aceptados universalmente en la Iglesia Primitiva como parte de la Sagrada Escritura (Eusebio, Historia eclesiástica 3:25.2). Pero hay que señalar algunas cosas.

(a) Eusebio aduce ciertas citas de autores anteriores para demostrar su convicción de que Primera de Pedro se aceptaba universalmente. Esto nunca lo hace en relación con los evangelios o las cartas de Pablo; y el mismo hecho de que se sienta llamado a presentar esta evidencia en el caso de Primera de Pedro podría indicar que aquí si tenía que demostrarlo, aunque no en relación con los otros libros mencionados. ¿Tenía Eusebio sus dudas? ¿O había otras personas a las que tenía que convencer?

¿O no era tan unánime la aceptación universal de Primera de Pedro después de todo?

(b) En su libro EL canon del Nuevo Testamento, Westcott notaba que, aunque nadie había cuestionado el derecho de Primera de Pedro a formar parte del Nuevo Testamento, sorprende que fueran pocos entre los primeros padres los que la citaran; y aún más sorprendente, muy pocos de los primeros padres occidentales y especialmente en Roma. Tertuliano citaba la Sagrada Escritura pródigamente. En sus escritos hay 7,258 citas del Nuevo Testamento, pero sólo dos de ellas son de Primera de Pedro. Si fue Pedro el que la escribió, y desde Roma, esperaríamos que allí se conociera bien, y que se usara ampliamente en la Iglesia de Occidente.

(c) La primera lista oficial de los libros del Nuevo Testamento que se conoce es el Canon de Muratori, del nombre del cardenal que la descubrió. Incluye los libros del Nuevo Testamento que se aceptaban en la iglesia de Roma hacia el año 170 d.C. Es un hecho sorprendente que Primera de Pedro no aparece. Se puede decir razonablemente que el Canon de Muratori tal como lo poseemos es defectuoso y que originalmente puede que incluyera una referencia a Primera de Pedro; pero esa objeción queda debilitada por lo siguiente.

(d) Es un hecho que Primera de Pedro no estaba todavía en el Nuevo Testamento de la iglesia siria hacia el año 373 d.C. No se incluyó hasta que se hizo la versión siríaca de la Biblia, Pesitta, hacia el 400 d.C. Sabemos que fue Taciano el que llevó los libros del Nuevo Testamento a la iglesia de habla siríaca; y los llevó a Siria desde Roma cuando fue a Edesa y fundó la iglesia allí en el año 172 d.C. Podría decirse, por tanto, que el Canon de Muratori es correcto tal como lo poseemos, y que Primera de Pedro todavía no formaba parte del Nuevo Testamento de la iglesia de Roma hacia el año 170 d.C. Esto es difícil de explicar si fue Pedro el que la escribió, y precisamente en Roma.

Cuando se agrupan todos estos hechos, parece que hay ciertos extraños silencios en relación con Primera de Pedro, y que su confirmación puede que no sea tan firme como se pensaba.

1 Pedro y Efesios

Se sugiere que Primera de Pedro está citando a Efesios. Aunque Efesios tiene que haberse escrito alrededor del año 64 d.C., las cartas de Pablo no se editaron hasta eso del año 90 d.C. Si Pedro estaba escribiendo hacia el año 64 d.C. también, ¿cómo podría conocer Efesios?

Este es un planteamiento al que se puede contestar de varias maneras. (a) Las exhortaciones a los esclavos, maridos y mujeres son parte de una enseñanza ética estandarizada que se daba a todos los conversos en todas las iglesias. Pedro no estaba tomándolo prestado de Pablo; los dos estaban usando fuentes comunes. (b) Todas las semejanzas citadas se pueden explicar fácilmente por el hecho de ser expresiones corrientes en la Iglesia Primitiva. Por ejemplo: «¡Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo!» era parte del lenguaje devocional universal de la Iglesia Primitiva, que tanto Pedro como Pablo conocerían y usarían sin tomarlo el uno del otro. (c) Aun en el caso de que hubiera préstamos personales, no es ni mucho menos cierto que Primera de Pedro lo tomara de Efesios; el préstamo podría haber sido a la inversa, que es lo más probable, porque Primera de Pedro es mucho más sencilla que Efesios. (d) Por último, aunque Primera de Pedro reprodujera algo de Efesios, si Pedro y Pablo estaban en Roma por el mismo tiempo, es perfectamente posible que Pedro pudiera haber visto una copia de Efesios antes que se enviara a Asia Menor, y puede que conversara con Pablo acerca de algunas de sus ideas.

La sugerencia de que Primera de Pedro tiene que ser posterior porque cita de Efesios nos parece muy poco segura, y probablemente equivocada.

Vuestro compañero en el ministerio de anciano

Se objeta que no es comprensible que Pedro escribiera la frase: «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos» (1 Pedro 5:1). Se mantiene que Pedro no podría llamarse sencillamente anciano; era apóstol, y como tal tenía un ministerio distinto del de los ancianos. El ministerio de apóstol se caracterizaba por tener una obra y una autoridad que no se limitaban a una congregación local como los ancianos, sino que se extendían por toda la Iglesia.

Eso es perfectamente cierto; pero conviene recordar que entre los judíos no había puesto más honrado universalmente que el de anciano, que tenía el respeto de toda la comunidad y de quien toda la comunidad buscaba dirección en sus problemas y decisión en sus disputas. Pedro, como judío, no consideraría que estaba diciendo nada inexacto al llamarse anciano; además, al hacerlo así estaba evitando la pretensión consciente de una autoridad que el título de apóstol conllevaría, e identificándose cortésmente con los destinatarios de su carta.

Testigo de los sufrimientos de Cristo

Se objeta que Pedro no podía atribuirse el ser testigo de la pasión de Cristo, porque huyó con los demás después del prendimiento en Getsemaní (Mateo 26:56); y, aparte del Discípulo amado, ningún otro fue testigo de la Cruz (Juan 19: 26s). Se podría llamar testigo de la resurrección, que era una de las características de los apóstoles (Hechos 1:22); pero no fue testigo de la Cruz. En cierto sentido, eso no se puede negar. Pero Pedro no pretende aquí haber sido testigo de la crucifixión, sino de los padecimientos de Cristo, y es cierto que él vio a Cristo sufrir al ser rechazado constantemente por los hombres, en los momentos angustiosos de la última Cena y de Getsemaní, y en aquel momento inolvidable para él cuando, después de negarle, Su Maestro se volvió hacia él y le miró (Lucas 22:61). Será una crítica pedestre e insensible la que le niegue a Pedro el derecho a decir que había sido testigo de los padecimientos de Cristo.

Persecución por el nombre

La principal razón para asignarle a Primera de Pedro una fecha tardía son sus referencias a la persecución. Se supone que en Primera de Pedro se implica que ya era un crimen ser cristiano, y que los cristianos eran llevados a los tribunales por el solo delito de su fe. Primera de Pedro habla de ser vituperados por el nombre de Cristo (4:14); y de sufrir como cristianos (4:16). Se dice que no se llegó a ese estado hasta después del año 100 d.C., ya que antes la persecución se hacía sobre la base de una supuesta culpabilidad, como en tiempos de Nerón.

No hay duda que esta era la ley hacia el año 112 d.C. Por entonces Plinio, gobernador de Bitinia y amigo personal del emperador Trajano, le escribió informándole y pidiéndole consejo sobre cómo debía tratar a los cristianos. Plinio se daba cuenta perfectamente de que eran ciudadanos leales a los que no se podía acusar de ningún crimen. Le decían que « tenían costumbre de reunirse ciertos días antes de salir el sol, y cantar alternadamente himnos a Cristo como Dios; que se habían comprometido mediante juramento, no para realizar ningún crimen, sino para no cometer fraude, ni robo, ni asalto, ni adulterio, ni a faltar a su palabra ni negar un depósito cuando se les demandara.» Plinio aceptaba todo eso; pero, cuando se los presentaban a juicio, él no les hacía más que una pregunta: « Les he preguntado si eran cristianos. A los que se confesaban tales, se lo preguntaba una segunda y una tercera vez, amenazándolos con castigarlos. A los que persistían, daba orden de que los condujeran a su ejecución.» Su único crimen era ser cristianos.

Trajano contestó a Plinio que eso era lo que había que hacer, y que el que negara ser cristiano y lo demostrara sacrificando a los dioses debía ser puesto en libertad inmediatamente. Por esa correspondencia sabemos que había muchas acusaciones contra los cristianos; y Trajano estableció que no había que tener en cuenta ni actuar sobre la base de cartas anónimas de acusación (Plinio, Cartas 96 y 97).

Se supone que esta etapa de la persecución no se presentó hasta el tiempo de Trajano; y que Primera de Pedro, por tanto, implica una situación que debe ser por lo menos de ese tiempo.

La única forma de zanjar esto es trazando el progreso de la persecución y las razones para ella en el imperio romano.

Podemos hacerlo exponiendo un hecho fundamental y tres desarrollos de él.

(i) Bajo el sistema romano, las religiones se dividían en dos clases. Estaban las que se llamaban religiones licitae, religiones permitidas; eran reconocidas por el estado, y cualquier persona las podía practicar. Y estaban las religiones illicitae, que estaban prohibidas por el estado y era ilegal su práctica bajo la ley penal. Se debe hacer constar que la tolerancia romana era muy considerable; y que cualquier religión que no afectara la moralidad ni el orden público podía permitirse.

(ii) El judaísmo era religio licita; y en un principio, los romanos, como es natural, no advertían la diferencia entre el judaísmo y el Cristianismo. El Cristianismo, por lo que podían comprender, no era más que una secta del judaísmo; y cualquier tensión que surgiera entre ambos era cuestión de rivalidad privada en la que no quería meterse el gobierno. Debido a esto, el Cristianismo no corrió peligro de ser perseguido en los primeros tiempos. Gozaba de la misma libertad de culto que el judaísmo, porque se suponía que era religio licita.

(iii) La intervención de Nerón cambió la situación. Se produjera como fuera, muy probablemente por la directa intervención de los judíos, el gobierno romano descubrió que el judaísmo y el Cristianismo eran diferentes. Es verdad que Nerón empezó a perseguir a los cristianos, no por ser cristianos, sino por atribuirles la autoría del fuego de Roma. Pero el hecho era que el gobierno había descubierto que el Cristianismo era otra religión distinta del judaísmo.

(iv) La consecuencia fue inmediata e inevitable: el Cristianismo se convirtió en una religión prohibida y los cristianos se encontraron fuera de la ley. En el escritor latino Suetonio tenemos evidencia directa de que eso fue exactamente lo que sucedió.

Nos da una especie de lista de las reformas legislativas iniciadas por Nerón: Durante su reinado, se castigaron severamente y se suprimieron muchos abusos, y se promulgaron no pocas nuevas leyes. Se puso un límite a los gastos: los banquetes públicos se redujeron a distribución de alimentos; porque se prohibió la venta de cualquier tipo de comidas precocinadas en las tabernas a excepción de legumbres y verduras, mientras que antes se exponían a la venta toda clase de tapas. Se impusieron castigos a los cristianos, una clase de personas dadas a una nueva superstición malévola. Puso fin a las diversiones de los conductores de carrozas, que reclamaban el derecho adquirido de armar movidas y divertirse engañando y robando a la gente. Los actores de pantomimas y sus partidarios fueron desterrados de la ciudad.

Hemos citado este pasaje completo porque es la prueba de que en tiempos de Nerón el castigo de los cristianos había llegado a ser una cuestión policial como otra cualquiera. Está suficientemente claro que no tenemos que esperar hasta el tiempo de Trajano para que el solo ser cristiano fuera un crimen. En cualquier tiempo a partir de Nerón, un cristiano estaba expuesto a castigo y muerte simplemente por el nombre que llevaba.

Esto no quiere decir que la persecución fuera constante ni consecuente; pero sí que cualquier cristiano podía ser ejecutado en cualquier momento como un asunto policial. En un área, un cristiano podía acabar sus días en paz, mientras que en otra hábría~ brotes de persecúción cada pocos meses. Dependía principalmente de dos cosas: de que el gobernador dejara a los cristianos en paz, o que pusiera en movimiento la ley contra ellos. También dependía de los delatores. Podía ser que el gobierno no quisiera meterse con los cristianos; pero, si se presentaban acusaciones, tenía que hacerlo; y había tiempos en los que la gente quería sangre, se presentaban denuncias y se hacía una carnicería de cristianos para celebrar una fiesta romana.

Comparando la posición legal de los cristianos y la actitud de la ley romana hacia ellos con algo actual y de relativamente insignificante importancia diríamos que ahora y en los países modernos hay ciertas acciones que son ilegales -por ejemplo, aparcar un coche parcialmente en la acera-, pero que se pueden consentir muchas veces. Pero, si las autoridades deciden tomar acción contra esa costumbre, o si se convierte en un quebrantamiento abusivo de la ley, o si alguien se queja y presenta denuncia, la ley se pondrá en acción e impondrá las sanciones oportunas. Esa era la posición de los cristianos en el imperio romano, porque todos estaban técnicamente fuera de la ley. De hecho, no se podían tomar medidas contra ellos; pero tenían una especie de espada de Damocles suspendida sobre la cabeza. Ninguno sabía cuando se produciría la denuncia que le costara la vida. Y esa situación se había vuelto normal desde la acción de Nerón. Hasta entonces, las autoridades romanas no se habían dado cuenta de que el Cristianismo era una nueva religión; pero entonces quedó automáticamente fuera de la ley.

Veamos ahora la situación que se trasluce en Primera de Pedro. Los cristianos estaban pasando dificultades (1:6). Su fe tenía que ser probada como el metal que se pasa por el fuego (1:7). Está claro que se estaba llevando a cabo una campaña de calumnias en la que se les atribuían maliciosamente toda clase de acusaciones vulgares y denigrantes (2:12, 15; 3:16; 4:4). En aquel preciso momento estaban en medio de un brote de persecución por el crimen de ser cristianos (4: 12, 14, 16; 5:9). Ese sufrimiento era de esperar, y no debería sorprenderles (4:12). En cualquier caso, les aporta la bendición de sufrir por la causa de la justicia (3:14, 17), y de participar de los sufrimientos de Cristo (4:13).

No hay que adelantarse al tiempo de Trajano para encontrarse con una situación semejante. Los cristianos se encontraban diariamente en ella en todo lo ancho y largo del imperio una vez que se había descubierto por la acción de Nerón cuál era su situación ante la ley romana. La situación de persecución en Primera de Pedro no nos obliga de ninguna manera a fecharla en un tiempo posterior al de la vida de Pedro.

Honrad al Rey

Pero ahora tenemos que seguir con el razonamiento de los que no pueden aceptar la autoría petrina. Se afirma que, en la situación creada por la acción de Nerón, Pedro no podría haber escrito: «Por causa del Señor, someteos a toda institución humana, ya sea al Emperador como supremo magistrado, o a los gobernadores, como enviados suyos para castigar a los malhechores y premiar a los bienhechores… Temed a Dios. Honrad al emperador» (2:13-17). El hecho es que, a pesar de todo, esta es precisamente la enseñanza que se encuentra en Romanos 13:1-7. En todo el Nuevo Testamento -a excepción de Apocalipsis, donde se condena a Roina- se enseña unánimemente que el cristiano debe ser un ciudadano leal y demostrar con la excelencia de su conducta la falsedad de las acusaciones que se le hacen (1 Pedro 2:15). Hasta en tiempo de persecución, los cristianos reconocieron totalmente su obligación de ser buenos ciudadanos; y su sola defensa contra la persecución era dar muestras mediante su comportamiento de que no merecían tal trato. No es ni mucho menos imposible el que Pedro mismo hubiera escrito eso.

Un sermón y una pastoral

¿Qué opinión tienen los que no pueden aceptar que Primera de Pedro es obra del mismo Pedro?

En primer lugar, se sugiere que el encabezamiento (1:1-2) y la salutación final (5:12-14) son adiciones posteriores que no formaban parte de la carta original.

Se ha sugerido que Primera de Pedro tal como la tenemos ahora está formada por dos documentos completamente diferentes.

En 4:11 encontramos una doxología, lo que parece indicar que,,ahí terminaba algo; y se sugiere que 1:3 – 4:11 es la primera de las dos obras que componen Primera de Pedro. También se sugiere que esta primera parte era un sermón de bautismo. Es verdad que se hace referencia al Bautismo que nos salva (3:21); y la exhortación a los esclavos, los maridos y las mujeres (2:18 – 3:7) sería apropiada para los que entraban a formar parte de la Iglesia Cristiana procedentes del paganismo para vivir en novedad de vida.

Se sugiere que la segunda parte de Primera de Pedro, 4:12 – 5:11, contiene el resumen de una carta pastoral escrita para animar y confortar durante un. tiempo de persecución (4:12-19). Entonces los ancianos eran muy importantes; de ellos dependía la resistencia de la Iglesia. El autor de esta pastoral teme que se vayan introduciendo la codicia y la arrogancia (5:1-3), y los anima a cumplir fielmente su tarea (5:4).

Según este punto de vista, Primera de Pedro está formada por dos obras separadas y diferentes -un sermón bautismal y una carta pastoral escrita durante una persecución-,ninguna de los cuales se debe al apóstol Pedro.

Asia Menor, no Roma

Si Primera de Pedro es un sermón bautismal y una carta pastoral en tiempo de persecución, ¿cuál fue su lugar de origen? Si la carta no era de Pedro, no hay necesidad de relacionarla con Roma; y, en cualquier caso, parece que la iglesia de Roma no conocía ni usaba Primera de Pedro. Vamos a tomar algunos hechos en su conjunto.

(a) Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 :1) están en Asia Menor, centrados en Sinope.

(b) El primero que citó extensamente Primera de Pedro fue Policarpo, obispo de Esmirna, también en Asia Menor.

(c) Algunas frases de Primera de Pedro nos recuerdan inmediatamente frases paralelas de otras partes del Nuevo Testamento.

En 1 Pedro 5:13, la Iglesia se llama « la que ha. sido elegida,» y en 2 Juan 13 se la describe como « hermana elegida.»

1 Pedro 1:8 habla de Jesucristo « a Quien amáis sin haberle visto; y, aunque ahora no Le veáis, creéis en Él y os regocijáis con una alegría inexpresable y exaltada.» Esto nos dirige el pensamiento naturalmente al dicho de Jesús a Tomás en el Cuarto Evangelio: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Juan 20:29). Primera de Pedro exhorta a los ancianos a atender (es decir, a pastorear), el rebaño de Dios (1 Pedro 5: 2), que nos recuerda la encomienda de Jesús a Pedro de que apacentara Sus corderos y Sus ovejas (Juan 21:15-17), y el discurso de despedida de Pablo a los ancianos de Éfeso, encargándoles que se cuidaran del rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los había puesto como supervisores (Hechos 20:28). Todo esto es decir que las memorias que despierta Primera de Pedro son del Cuarto Evangelio, de las Cartas de Juan y de Pablo en Éfeso. El Cuarto Evangelio y las Cartas de Juan se escribieron probablemente en Éfeso, que también está en Asia Menor. Parece ser que en el caso de Primera de Pedro todas las carreteras conducen a Asia Menor.

Ocasión en que se publicó primera de pedro

Suponiendo que Primera de Pedro tuviera su origen en Asia Menor, ¿podemos sugerir alguna ocasión para que se escribiera? Fue en un tiempo de persecución. Sabemos por las cartas de Plinio que en Bitinia, hacia el año 112 d.C. hubo una seria persecución de cristianos, y Bitinia es una de las provincias que se mencionan en la dedicatoria de Primera de Pedro. Podemos suponer que se publicó para dar ánimo a los cristianos en aquel lugar y entonces. Puede ser que en aquel tiempo alguien de Asia Menor encontró esos dos documentos, y los envió con el nombre de Pedro: Eso no se consideraría un plagio. Era costumbre tanto entre los judíos como entre los griegos el adscribir escritos a los autores famosos del pasado.

El autor de primera de Pedro

Si no fue Pedro el que escribió Primera de Pedro, ¿podemos suponer quién fue el autor? Vamos a reconstruir algunas de sus cualificaciones esenciales. Nuestra primera sugerencia es que debe de haber sido de Asia Menor. Sobre la base de Primera de Pedro misma, tenía que ser un anciano y un testigo presencial de los sufrimientos de Cristo (1 Pedro 5:1). ¿Hay alguien que encaje en estos requisitos? Papías, obispo de Hierápolis -también en Asia Menor- hacia el año 140 d.C., que se pasó la vida recogiendo toda la información que pudo acerca de los primeros días de la Iglesia, dice acerca de sus métodos y fuentes: « Yo tampoco dudaría, juntamente con mis propias interpretaciones, en comunicarte todo lo que aprendí y recordé cuidadosamente de los ancianos garantes de la verdad… Más aún: si sucedía que llegaba alguien que de veras había sido seguidor de los ancianos, yo le preguntaba lo que ellos decían: lo que contaban Andrés o Pedro, o Felipe, o Tomás o Santiago, o Juan o Mateo, o cualquier otro de los discípulos del Señor, como también lo que decían Aristión o el anciano Juan, discípulos del Señor. Porque suponía que las cosas que se sacan de los libros no me serían de tanto provecho como los dichos de una viva voz que estaba todavía con nosotros.» Aquí tenemos a un cierto Aristión, discípulo del Señor y testigo de Sus sufrimientos. ¿Hay algo que le conecte con Primera de Pedro?

Aristión de Esmirna

Cuando volvemos a las Constituciones apostólicas nos encontramos con que uno de los primeros obispos de Esmirna se llamaba Aristón -que es el mismo nombre que Aristión. Volvamos a preguntarnos. ¿Quién fue el que citó más Primera de Pedro? Precisamente Policarpo, un obispo posterior de Esmirna. ¿Qué cosa podría ser más natural que el que Policarpo citara lo que debe de haber sido un clásico devocional de su propia iglesia?

Busquemos ahora las cartas a las Siete Iglesias de Asia en el Apocalipsis, y leamos la que iba dirigida a Esmirna: « No temas lo que estás a punto de padecer. He aquí que el diablo está para meter a algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba, y tendréis tribulación durante diez días. Sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10). ¿Puede ser esta la misma persecución que fue el trasfondo de Primera de Pedro? Y fue para esta persecución para la que Aristión, obispo de Esmirna, escribió la carta pastoral que después pasó a formar parte de Primera de Pedro?

Esta es la sugerencia que hace B. H. Streeter. Cree que Primera de Pedro consta de un sermón bautismal y de una carta pastoral de Aristión, obispo de Esmirna. Originalmente, la carta pastoral fue escrita para confortar y animar a los de Esmirna el año 90 d.C., cuando la persecución anunciada en Apocalipsis amenazaba la iglesia. Estos escritos de Aristión llegaron a ser clásicos devocionales y atesorados como preciosas posesiones por la iglesia de Esmirna. Algo más de veinte años después, una persecución más extensa e intensa se desencadenó en Bitinia y se extendió por todo el Norte de Asia Menor. Alguien se acordó de la carta pastoral y el sermón bautismal de Aristión, comprendió que eran precisamente lo que necesitaba la Iglesia en la hora de prueba, y los envió juntos bajo el nombre de Pedro, el gran apóstol.

La carta de un apóstol

Ya hemos expuesto extensamente los dos puntos de vista acerca del origen, fecha y autoría de Primera de Pedro. Es impresionante el ingenio de la teoría que propuso B. H. Streeter, o de las de los que sugieren una fecha posterior con razonamientos dignos de consideración. Por nuestra parte, sin embargo, no vemos razones para dudar de que la carta sea obra del mismo Pedro, que la escribiría no mucho después del gran fuego de Roma y la primera persecución de los cristianos para animar a los de Asia Menor a mantenerse firmes cuando les alcanzara la ola de la persecución que trataría de anegarlos y de deshacer su fe.

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