Introducción a la primera carta de Juan

Categorías: Nuevo Testamento y Primera de Juan.

Una carta personal y su trasfondo

Primera de Juan se llama una carta, aunque no tiene nombre de destinatarios ni acaba con saludos como las cartas de Pablo. Y hasta nuestros días nadie puede leerla sin percibir su carácter intensamente personal. No cabe la menor duda que el que la escribió tenía presente una situación concreta y a un grupo definido de personas. Tanto la forma como el carácter personal de Primera de Juan se explican si la consideramos como lo que ha llamado alguien « un sermón cariñoso y preocupado» escrito por un pastor que amaba a su pueblo y enviado a las iglesias que tenía a su cargo.

Una carta de estas características se escribe en relación con una situación puntual fuera de la cual no se puede entender totalmente. Entonces, si queremos entender Primera de Juan, tenemos antes que tratar de reconstruir la situación en que se produjo, recordando que se escribió en Éfeso algo después del año 100 d.C.

La deserción

Hacia el año 100 d.C. habían ocurrido ciertas cosas en la Iglesia, sobre todo en una ciudad como Éfeso.

(i) Muchos de los miembros de la Iglesia eran ya cristianos de la segunda o la tercera generación. La ilusión de los primeros días había pasado, por lo menos hasta cierto punto. Wordsworth dijo de uno de los grandes momentos de la historia moderna: Fue una bendición estar vivo en aquella aurora. En los primeros días del Cristianismo había gloria y esplendor; pero hacia el año 100 d.C. el Cristianismo se había convertido en una costumbre «tradicional, medio sincera, nominal.» Los cristianos se habían acostumbrado al Evangelio, y algo de su maravilla se había perdido. Jesús conocía a las personas, y había dicho: « El amor de muchos se enfriará» (Mateo 24:12). Juan estaba escribiendo en un tiempo cuando, por lo megos para algunos, la primera emoción había pasado, y el pábilo de la devoción humeaba pero no iluminaba.

(ii) Una de las consecuencias era que había miembros de la iglesia que encontraban los estándares que exigía el Cristianismo pesados y fatigosos. No querían ser santos en el sentido del Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento la palabra para santo es haguios, que se traduce corrientemente por santo, pero su verdadero sentido es diferente. El Templo era haguios porque era diferente de los otros edificios; el Sábado era haguios porque era diferente de los demás días; el pueblo judío era haguios porque era diferente de los otros pueblos, y el , cristiano es haguios porque es llamado a ser diferente de las ` demás personas. Siempre hubo una separación indudable entre el cristiano y el mundo. En el Cuarto Evangelio Jesús nos dice: « Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que Yo os elegí separándoos del mundo, por eso os aborrece el mundo» (Juan 15:19). «Yo les he dado Tu Palabra, y el mundo les ha tomado odio porque no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo» (Juan 17:14). Todo esto conllevaba una demanda ética. Demandaba un nuevo estándar de pureza moral, una nueva amabilidad, un nuevo servicio, un nuevo perdón -y era difícil. Y una vez que pasaron la primera ilusión y el primer entusiasmo, se fue haciendo cada vez más difícil estar fuera del mundo y negarse a aceptar los estándares y prácticas en curso.

(iii) Se ha de notar que Primera de Juan no nos da ninguna indicación de que la iglesia a la que se dirigió fuera perseguida. El peligro, como ha dicho alguien, no era la persecución, sino la seducción; venía de dentro. También eso lo había previsto Jesús: «Surgirán muchos falsos profetas -dijo Jesús y descarriarán a muchos» (Mateo 24:11). Este era el peligro del que Pablo había advertido a los líderes de la iglesia de Éfeso cuando les dirigió sus palabras de despedida: «Yo sé -les digo que después de mi marcha se introducirán entre vosotros lobos rapaces que no tendrán compasión del rebaño; y de entre vosotros mismos surgirán hombres que hablarán cosas perversas para llevarse tras sí a los discípulos» (Hechos 20:29s).

El problema que trata de combatir Primera de Juan no vino de nadie que estuvieran fuera y que quisieran destruir la fe cristiana, sino de hombres que pretendían mejorarla. Venía de hombres cuya finalidad era hacer el Cristianismo intelectualmente respetable. Conocían las tendencias intelectuales prevalentes en su día, y creían que había llegado el momento de que el Cristianismo llegara a un acuerdo con la filosofía secular y con el pensamiento contemporáneo.

La filosofía contemporánea

¿Cuáles eran la filosofía y el pensamiento contemporáneos con los que los falsos profetas y los maestros equivocados querían armonizar la fe cristiana? Por todo el mundo griego había una tendencia de pensamiento a la que se ha dado el nombre general de gnosticismo. La idea básica de todo el pensamiento gnóstico era que sólo es bueno el espíritu, y la materia es esencialmente mala. Los gnósticos, por tanto, despreciaban olímpicamente el mundo, puesto que era materia. Y particularmente despreciaban el cuerpo, que, por ser material, era esencialmente malo. El espíritu del hombre estaba prisionero en este cuerpo. El espíritu era una simiente de Dios, que era totalmente buena. Así que la finalidad de la vida debía ser liberar esta semilla celestial prisionera en el cuerpo malo. Esto no se podía hacer más que por medio de un conocimiento secreto y un ritual elaborado que solamente los verdaderos gnósticos podían comunicar. Aquí había una tendencia de pensamiento que estaba enraizada inextricablemente en el pensamiento griego -y que no ha dejado nunca de existir. Su base es la convicción de que toda materia es mala, y sólo el espíritu es bueno; y que el único propósito de la vida es liberar el noble espíritu del hombre del vil cuerpo en que está prisionero.

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