Hebreos 7 : El sumo sacerdote de la orden de Melquisedec

Categorías: Hebreos y Nuevo Testamento.

Llegamos ahora a un pasaje de tal importancia para el autor de Hebreos, y tan difícil de entender para nosotros, que tenemos que tratarlo con especial atención. El capítulo 6 terminaba con la afirmación de que Jesús había sido establecido como Sumo Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec. Este sacerdocio de la orden de Melquisedec es la idea más característica de Hebreos. Detrás de ella subyacen formas de pensamiento, de razonamiento y de utilización de la Escritura que nos resultan extrañas, pero que debemos tratar de entender. El mejor punto de partida será reunir todo lo que el autor de Hebreos tiene que decir sobre el sacerdocio de la orden de Melquisedec, y leerlo en conjunto antes de dividirlo en pasajes más cortos para su estudio en detalle. Así es que ahora trataremos de entender adónde se dirige el autor de Hebreos, antes de estudiar este capítulo en detalle.

Así pues, reunimos primero los pasajes que tratan de esta idea. El primero es Hebreos 5:1-10. El sumo sacerdote se elige entre los hombres para que los represente en las cosas que tienen relación con Dios. Su cometido consiste en presentar ofrendas y sacrificios por los pecados, ya que él mismo puede sentir compasión de los ignorantes y de los descarriados, puesto que él también está revestido de debilidad humana. A causa de esta misma debilidad, le corresponde, de la misma manera que ofrece sacrificios por los demás, hacerlo también en su propio favor por sus propios pecados. Nadie se apropia esta honorable posición por su cuenta, sino es llamado por Dios a ocuparla, como sucedió con Aarón. Exactamente de la misma manera, no fue Cristo el que se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que fue el Dios Que le había dicho: « Tú eres mi amado Hijo; hoy Te comunico Mi propia vida y naturaleza», ese mismo Dios Le dijo también en otro pasaje: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec. » En los días que vivió esta nuestra vida humana, ofreció oraciones y súplicas con mucho clamor y muchas lágrimas al Dios Que Le podía sacar de la muerte a salvo; y cuando fue escuchado por Dios por el santo temor que mostró, aunque era Hijo, aprendió lo que cuesta la obediencia por los sufrimientos que tuvo que pasar; y cuando llegó a estar perfectamente capacitado para la misión que se Le había encomendado, llegó a ser el Autor de la Salvación eterna de todos los que Le obedecen, porque había sido designado por Dios Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec.

El segundo pasaje que trata de esta idea es todo el capítulo 7; así que vamos a leerlo seguido, recordando que en el último versículo del capítulo 6 ya se ha dicho que Jesús es Sumo Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.

Ahora bien, este Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Le salió al encuentro a Abraham, que volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo; y Abraham apartó para él una décima parte del botín. En primer lugar, la interpretación de su nombre es Rey de Justicia; y, en segundo lugar, Rey de Salem quiere decir Rey de Paz. No se mencionan los nombres de su padre y de su madre, ni hay ningún dato de su genealogía; tampoco se menciona cuándo empezó su vida, ni cuándo terminó; es exactamente como el Hijo de Dios, y queda como sacerdote para siempre. Fijaos ahora qué grande era este hombre, que Abraham le dio la décima parte del botín de la victoria, y Abraham era nada menos que el patriarca de nuestra nación. Ahora, fijaos en la diferencia: cuando los hijos de Leví reciben el sacerdocio, reciben también el mandamiento que establece la Ley de exigirle diezmos al pueblo. Es decir, que imponen los diezmos a sus hermanos, porque son todos descendientes de Abraham. Pero este hombre, cuya ascendencia no coincide con la de ellos en nada, recibió los diezmos de Abraham, y llegó a bendecir al que había recibido las promesas. Es indiscutible que es el menor el que recibe la bendición del mayor. Asimismo, por una parte, son hombres que mueren los que reciben los diezmos; pero en este caso se trata de un hombre que está demostrado que está vivo. Además, por decirlo de alguna manera, a través de Abraham también Leví, el mismo que recibe los diezmos, se los entregó, porque todavía estaba en el cuerpo de su padre cuando le salió al encuentro Melquisedec. Entonces, si se hubiera podido lograr el efecto deseado por el sacerdocio levítico porque fue sobre la base de ese sacerdocio como Israel llegó a ser el pueblo de la Ley-, ¿qué necesidad había de establecer otro sacerdote, y llamarle sacerdote de la orden de Melquisedec, y no de la orden de Aarón? Una vez que se alteraba el sacerdocio, se seguía por necesidad el alterar también la ley; porque la Persona a la que se hace referencia pertenece a una tribu totalmente diferente, de la que nadie estuvo nunca al servicio del altar. Es obvio que fue de la tribu de Judá de la que surgió nuestro Señor; y Moisés no dijo nunca nada de esa tribu en relación con el sacerdocio. Y hay cosas que están todavía más indiscutiblemente claras: si se instaura un Sacerdote diferente, un Sacerdote de la orden de Melquisedec, un Sacerdote que llegó a serlo, no según la ley de mera descendencia humana, sino según el poder de una vida que es indestructible porque el testimonio de la Escritura en relación con este punto es: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec»-, si así están las cosas, surgen dos conclusiones. Por una parte, se presenta la abrogación del anterior mandamiento por su propia insuficiencia e inutilidad (porque la Ley no consiguió nunca producir el efecto que se le había asignado) y, por otra parte, se presenta la introducción de una esperanza mejor por medio de la cual podemos acercarnos 2 Dios. Y como en todo esto intervino un juramento porque los sacerdotes levíticos se ordenaban sin juramento; pero Él con un juramento, como dice la Escritura refiriéndose a Él: «El Señor lo juró, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre»»-Jesús es el garante de un mejor Pacto. Además, había que seguir ordenando más y más sacerdotes levíticos porque la muerte les impedía seguir ejerciendo; mientras que Él tiene un sacerdocio que no se acabará jamás, porque Él permanece para siempre. Por eso mismo Le es posible en todas las circunstancias y en todo tiempo, ya que está vivo para siempre, salvar a los que vienen a Dios por medio de Él. ¡Ese era el Sumo Sacerdote que necesitábamos! Uno que es santo, que jamás ha hecho daño a nadie, que es sin mancha, distinto de los pecadores y que está por encima del mismo Cielo. Al contrario de lo que pasaba con los otros sumos sacerdotes, Él no tiene por qué ofrecer sacrificio todos los días en primer lugar por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo de una vez para siempre cuando se ofreció en Sacrificio a Sí mismo. Porque la Ley nombraba sumos sacerdotes a hombres sujetos a debilidades; pero la palabra del juramento que ha venido después de la Ley ha nombrado a Uno que es Hijo y que está totalmente capacitado para ejercer su Ministerio para siempre.

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