Hebreos 7 El sumo sacerdote de la orden de Melquisedec

Hebreos 7 : El sumo sacerdote de la orden de Melquisedec

Llegamos ahora a un pasaje de tal importancia para el autor de Hebreos, y tan difícil de entender para nosotros, que tenemos que tratarlo con especial atención. El capítulo 6 terminaba con la afirmación de que Jesús había sido establecido como Sumo Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec. Este sacerdocio de la orden de Melquisedec es la idea más característica de Hebreos. Detrás de ella subyacen formas de pensamiento, de razonamiento y de utilización de la Escritura que nos resultan extrañas, pero que debemos tratar de entender. El mejor punto de partida será reunir todo lo que el autor de Hebreos tiene que decir sobre el sacerdocio de la orden de Melquisedec, y leerlo en conjunto antes de dividirlo en pasajes más cortos para su estudio en detalle. Así es que ahora trataremos de entender adónde se dirige el autor de Hebreos, antes de estudiar este capítulo en detalle.

Así pues, reunimos primero los pasajes que tratan de esta idea. El primero es Hebreos 5:1-10. El sumo sacerdote se elige entre los hombres para que los represente en las cosas que tienen relación con Dios. Su cometido consiste en presentar ofrendas y sacrificios por los pecados, ya que él mismo puede sentir compasión de los ignorantes y de los descarriados, puesto que él también está revestido de debilidad humana. A causa de esta misma debilidad, le corresponde, de la misma manera que ofrece sacrificios por los demás, hacerlo también en su propio favor por sus propios pecados. Nadie se apropia esta honorable posición por su cuenta, sino es llamado por Dios a ocuparla, como sucedió con Aarón. Exactamente de la misma manera, no fue Cristo el que se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que fue el Dios Que le había dicho: « Tú eres mi amado Hijo; hoy Te comunico Mi propia vida y naturaleza», ese mismo Dios Le dijo también en otro pasaje: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec. » En los días que vivió esta nuestra vida humana, ofreció oraciones y súplicas con mucho clamor y muchas lágrimas al Dios Que Le podía sacar de la muerte a salvo; y cuando fue escuchado por Dios por el santo temor que mostró, aunque era Hijo, aprendió lo que cuesta la obediencia por los sufrimientos que tuvo que pasar; y cuando llegó a estar perfectamente capacitado para la misión que se Le había encomendado, llegó a ser el Autor de la Salvación eterna de todos los que Le obedecen, porque había sido designado por Dios Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec.

El segundo pasaje que trata de esta idea es todo el capítulo 7; así que vamos a leerlo seguido, recordando que en el último versículo del capítulo 6 ya se ha dicho que Jesús es Sumo Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.

Ahora bien, este Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Le salió al encuentro a Abraham, que volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo; y Abraham apartó para él una décima parte del botín. En primer lugar, la interpretación de su nombre es Rey de Justicia; y, en segundo lugar, Rey de Salem quiere decir Rey de Paz. No se mencionan los nombres de su padre y de su madre, ni hay ningún dato de su genealogía; tampoco se menciona cuándo empezó su vida, ni cuándo terminó; es exactamente como el Hijo de Dios, y queda como sacerdote para siempre. Fijaos ahora qué grande era este hombre, que Abraham le dio la décima parte del botín de la victoria, y Abraham era nada menos que el patriarca de nuestra nación. Ahora, fijaos en la diferencia: cuando los hijos de Leví reciben el sacerdocio, reciben también el mandamiento que establece la Ley de exigirle diezmos al pueblo. Es decir, que imponen los diezmos a sus hermanos, porque son todos descendientes de Abraham. Pero este hombre, cuya ascendencia no coincide con la de ellos en nada, recibió los diezmos de Abraham, y llegó a bendecir al que había recibido las promesas. Es indiscutible que es el menor el que recibe la bendición del mayor. Asimismo, por una parte, son hombres que mueren los que reciben los diezmos; pero en este caso se trata de un hombre que está demostrado que está vivo. Además, por decirlo de alguna manera, a través de Abraham también Leví, el mismo que recibe los diezmos, se los entregó, porque todavía estaba en el cuerpo de su padre cuando le salió al encuentro Melquisedec. Entonces, si se hubiera podido lograr el efecto deseado por el sacerdocio levítico porque fue sobre la base de ese sacerdocio como Israel llegó a ser el pueblo de la Ley-, ¿qué necesidad había de establecer otro sacerdote, y llamarle sacerdote de la orden de Melquisedec, y no de la orden de Aarón? Una vez que se alteraba el sacerdocio, se seguía por necesidad el alterar también la ley; porque la Persona a la que se hace referencia pertenece a una tribu totalmente diferente, de la que nadie estuvo nunca al servicio del altar. Es obvio que fue de la tribu de Judá de la que surgió nuestro Señor; y Moisés no dijo nunca nada de esa tribu en relación con el sacerdocio. Y hay cosas que están todavía más indiscutiblemente claras: si se instaura un Sacerdote diferente, un Sacerdote de la orden de Melquisedec, un Sacerdote que llegó a serlo, no según la ley de mera descendencia humana, sino según el poder de una vida que es indestructible porque el testimonio de la Escritura en relación con este punto es: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec»-, si así están las cosas, surgen dos conclusiones. Por una parte, se presenta la abrogación del anterior mandamiento por su propia insuficiencia e inutilidad (porque la Ley no consiguió nunca producir el efecto que se le había asignado) y, por otra parte, se presenta la introducción de una esperanza mejor por medio de la cual podemos acercarnos 2 Dios. Y como en todo esto intervino un juramento porque los sacerdotes levíticos se ordenaban sin juramento; pero Él con un juramento, como dice la Escritura refiriéndose a Él: «El Señor lo juró, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre»»-Jesús es el garante de un mejor Pacto. Además, había que seguir ordenando más y más sacerdotes levíticos porque la muerte les impedía seguir ejerciendo; mientras que Él tiene un sacerdocio que no se acabará jamás, porque Él permanece para siempre. Por eso mismo Le es posible en todas las circunstancias y en todo tiempo, ya que está vivo para siempre, salvar a los que vienen a Dios por medio de Él. ¡Ese era el Sumo Sacerdote que necesitábamos! Uno que es santo, que jamás ha hecho daño a nadie, que es sin mancha, distinto de los pecadores y que está por encima del mismo Cielo. Al contrario de lo que pasaba con los otros sumos sacerdotes, Él no tiene por qué ofrecer sacrificio todos los días en primer lugar por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo de una vez para siempre cuando se ofreció en Sacrificio a Sí mismo. Porque la Ley nombraba sumos sacerdotes a hombres sujetos a debilidades; pero la palabra del juramento que ha venido después de la Ley ha nombrado a Uno que es Hijo y que está totalmente capacitado para ejercer su Ministerio para siempre.

Estos son los pasajes en los que el autor de Hebreos describe a Jesús como Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec.

Vamos a ver ahora lo que está tratando de decir cuando usa esa terminología.

Debemos empezar por entender la posición general en la que empieza. Empieza por la idea básica de que religión es acceso a Dios. Era para hacer posible ese acceso a Dios para lo que existían dos cosas. En primer lugar, la Ley. La idea básica de la Ley es que, siempre que el hombre cumpla fielmente sus mandamientos, está en una posición de amistad con Dios y tiene la puerta abierta a Su presencia. Pero los hombres no pueden cumplir la Ley y, por tanto, están interrumpidos el acceso a Dios y la amistad con Él. Y era precisamente para resolver esa situación de extrañamiento para lo que existía la segunda cosa: el sacerdocio y todo el sistema de sacrificios. La palabra latina para sacerdote es pontifex, que quiere decir el que establece un puente; el sacerdote era un hombre cuya función era construir un puente entre los hombres y Dios por medio del sistema de sacrificios. Una persona quebrantaba la Ley; su comunión con Dios quedaba interrumpida e impedido su acceso a Dios; mediante el ofrecimiento del sacrificio correcto se hacía expiación por esa ofensa, y así se restablecía la comunión y se quitaba la barrera.

Esa era la teoría del asunto. Pero, en práctica, la vida demostraba que eso era precisamente lo que no podían hacer el sacerdocio y los sacrificios. La separación de Dios que era la consecuencia del pecado del hombre no tenía salida; y el problema era que todos los esfuerzos del sacerdocio y todos los sacrificios del mundo no podían restablecer la relación perdida. Por tanto, el argumento del autor de Hebreos es que, lo que se necesita, es un nuevo y diferente sacerdocio y un Sacrificio nuevo y eficaz.

Y ve en Jesucristo el único Sumo Sacerdote que puede abrir el camino hacia Dios; y llama al sacerdocio de Jesús el sacerdocio de la orden de Melquisedec.

Esta idea la sacó de dos pasajes del Antiguo Testamento. El primero es el Salmo 110:4, donde está escrito: El Señor ha jurado, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.» El segundo es Génesis 14:17-20, donde se nos relata la historia del Melquisedec original: Y el rey de Sodoma le salió al encuentro (a Abraham) en el valle de Save (que es el valle del rey). Y Melquisedec, el rey de Salem, trajo pan y vino; era sacerdote del Dios Altísimo. Y bendijo a Abraham diciendo: «¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo, Creador del Cielo y de la Tierra, y bendito sea el Dios Altísimo que te ha entregado a tus enemigos en tus manos!» YAbram le dio una décima parte de todo.

El autor de Hebreos hace aquí lo que haría cualquier rabino judío experto, y sigue el método rabínico de interpretación de la Escritura. Para entender ese método tenemos que tener presentes dos cosas.

(i) Para un judío versado en las Escrituras, cualquier pasaje tenía cuatro sentidos, a cada uno de los cuales daba un nombre.

(a) El primero, peshat, que quiere decir el sentido literal y concreto. (b) Segundo, remaz, que es el sentido figurado que se sugiere. (c) Tercero, derush, que es el sentido al que se llega después de una seria investigación. (d) Cuarto, sod, que es el sentido alegórico o espiritual. El sentido más importante para los judíos era, con mucho, el sod, el sentido profundo. No estaban tan interesados en el sentido literal y material de un pasaje como en el sentido alegórico y místico que pudiera encerrar, aunque no tuviera nada que ver con el sentido literal. Eso es lo que hace aquí el autor de Hebreos.

(ii) En segundo lugar, debemos darnos cuenta de que los intérpretes judíos consideraban totalmente justificado el sacar conclusiones, no sólo de las palabras, sino también de los silencios de la Escritura; es decir, de lo que se dice y de lo que no se dice. De hecho, el autor de Hebreos basa su argumento por lo menos tanto en lo que no se dice en este pasaje como en lo que se dice acerca de Melquisedec.

Ahora vamos a ver en qué se diferencia el sacerdocio de la orden de Melquisedec del aarónico.

(i) Melquisedec no tiene genealogía; no tiene padre ni madre (versículo 3). Advertimos inmediatamente que este es un argumento sacado del silencio de la Escritura, porque no encontramos en ella la genealogía de Melquisedec. Esto resultaba extraño por dos razones.

(a) Es lo contrario de lo que encontramos corrientemente en Génesis, donde abundan las largas listas de los antepasados de los personajes. Pero Melquisedec aparece en escena como si no viniera de ninguna parte.

(b) Todavía más importante: esto es lo contrario de las reglas que regían el sacerdocio aarónico, que dependía totalmente de la ascendencia. Bajo la Ley judía nadie podía llegar al sacerdocio a menos que presentara un pedigrí certificando que se remontaba a Aarón. El carácter y la habilidad no tenían nada que ver; lo único importante era el pedigrí. Cuando los judíos volvieron a Jerusalén del exilio, algunas familias no pudieron presentar sus partidas generacionales, y fueron destituidas del sacerdocio para siempre (Esdras 2:61-63; Nehemías 7: 6365). Por otra parte, si un hombre podía presentar un pedigrí que se remontara a Aarón, excepto por ciertos defectos físicos que establecía la Ley, no había nada en el mundo que le impidiera ser sacerdote. La genealogía era, literalmente, el todo.

Así que la primera diferencia entre los dos sacerdocios era esta: el sacerdocio aarónico dependía de la descendencia generacional; el sacerdocio de Melquisedec dependía exclusivamente de las cualidades personales. El sacerdocio de Melquisedec se basaba en lo que se era, no en lo que se había heredado. Como ha dicho alguien, la diferencia estaba en que uno se basaba en la legalidad, y otro en la personalidad.

(ii) Hebreos 7.-1-3 recoge otras cualidades de Melquisedec. El nombre Melquisedec quiere decir literalmente Rey de Justicia, y la palabra Salem quiere decir Paz; por tanto era también Rey de Paz. Hemos visto que no tenía genealogía, y de nuevo el autor de Hebreos deduce su argumento del silencio de la Escritura. No se nos dice cuándo empezó o terminó su sacerdocio Melquisedec, ni la fecha de su nacimiento ni de su muerte: por tanto, de ahí se deduce que no tuvo principio ni fin, y que su sacerdocio es perpetuo. De aquí deducimos cinco grandes cualidades del sacerdocio de Melquisedec.

(a) Es un sacerdocio de justicia.

(b) Es un sacerdocio de paz.

(c) Es un sacerdocio real, porque Melquisedec era rey.

(d) Es personal y no heredado porque no tiene genealogía.

(e) Es eterno, porque no tiene nacimiento ni muerte, y su sacerdocio no tiene principio ni fin.

(iii) Suponiendo que todo esto sea históricamente cierto, ¿cómo se puede demostrar que el sacerdocio de Melquisedec es superior al aarónico? Hebreos resalta dos puntos de la historia de Melquisedec en Génesis.

Primero, se dice que Abraham le dio a Melquisedec los diezmos de todo. Los sacerdotes cobraban los diezmos; pero hay dos diferencias. Los sacerdotes se los cobraban a sus hermanos del pueblo de Israel, y en cumplimiento de un mandamiento de la Ley. Pero Melquisedec recibió los diezmos de Abraham, con el que no tenía ninguna relación de raza, y que era el patriarca y fundador del pueblo de Israel; y además, recibió los diezmos, no porque la Ley le daba ese derecho, sino por un incuestionable derecho personal. Está claro que todo esto le colocaba muy por encima del sacerdocio ordinario.

Segundo, se dice que Melquisedec bendijo a Abraham. Es siempre el superior el que bendice al inferior; por tanto, Melquisedec era superior a Abraham, aunque Abraham era el fundador del pueblo de Israel y el único recipiente de las promesas de Dios. Todo esto, sin duda, le da a Melquisedec una categoría que no podía ser más alta.

A. B. Bruce resume como sigue los puntos en los que Melquisedec era superior al sacerdocio levítico.

(a) Recibió los diezmos de Abraham, así es que era superior a él. Abraham fue el primero de los patriarcas; los patriarcas son superiores a sus descendientes; por tanto Melquisedec es más importante que los descendientes de Abraham; los sacerdotes ordinarios eran los descendientes de Leví, bisnieto de Abraham; por tanto, Melquisedec es mayor que ellos.

(b) Melquisedec es mayor que los hijos de Leví porque ellos reciben los diezmos de acuerdo con la Ley, pero él por un derecho personal que no le ha sido dado por ningún hombre.

(c) Los levitas recibían los diezmos como hombres mortales; él los recibió de Abraham como uno que vive para siempre (Hebreos 7:8).

(d) Leví, el patriarca de los sacerdotes a los que los israelitas dan los diezmos, puede decirse que pagó los diezmos a Melquisedec, porque fue el bisnieto de Abraham y estaba todavía en su cuerpo cuando le pagó los diezmos a Melquisedec.

(iv) Desde Hebreos 7:11 se nos muestra dónde radica la superioridad del nuevo sacerdocio.

(a) El mismo hecho de que se había prometido un nuevo sacerdocio (Hebreos 7:11) es señal de que el antiguo era inadecuado. Si éste.hubiera cumplido su misión de llevar a los hombres a la presencia de Dios, no habría habido necesidad de ningún otro. Además, la introducción de un nuevo sacerdocio era una revolución. Según la Ley, todos los sacerdotes tenían que ser de la tribu de Leví; pero Jesús era de la tribu de Judá. Esto es señal de que todo el antiguo sistema está superado. Algo más grande que la Ley ha ocupado su lugar.

(b) El nuevo sacerdocio es para siempre (Hebreos 7:15-19). Bajo el antiguo sistema, había que sustituir a los sacerdotes, porque se morían; pero este Sacerdote vive para siempre.

(c) El nuevo sacerdocio ha entrado en vigor por un juramento de Dios. El Salmo 110:4 dice: « El Señor ha jurado, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.»» Está claro que Dios no jura con ligereza. No introdujo así el antiguo sacerdocio. Esto es algo nuevo y de gran importancia.

(d) El nuevo Sacerdote no ofreció ningún sacrificio por Sí mismo (Hebreos 7:27). Los sacerdotes ordinarios siempre tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de poder hacerlo por los del pueblo. Pero Jesucristo, el nuevo Sumo Sacerdote, era sin pecado y no tenía necesidad de ofrecer sacrificio por Sí
mismo.

(e) El nuevo Sacerdote no tiene que repetir los sacrificios indefinidamente (Hebreos 7:27). Ofreció un Sacrificio perfecto que no hay necesidad de repetir porque ha abierto el camino a la presencia de Dios para siempre.

Ahora resumimos brevemente lo que estaba en la mente del autor de Hebreos cuando pensaba en Jesús como el prometido Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec. Tengamos presente que estas son sólo las ideas principales.

(i) Jesús es el Sumo Sacerdote Cuyo ministerio no depende de Su genealogía sino de Él mismo.

(ii) Jesús es el Sumo Sacerdote Que vive para siempre.

(iii) Jesús es el Sumo Sacerdote sin pecado, Que no tiene por tanto que ofrecer sacrificio por su propio pecado.

(iv) Jesús es el Sumo Sacerdote Que, al ofrecerse a Sí mismo, hizo el Sacrifcio perfecto que abrió de una vez para siempre el camino hacia Dios. Ya no hay que hacer más sacrificios.

Habiendo visto las ideas generales que tenía en mente el autor de Hebreos sobre Jesús como Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec, ahora vamos a estudiar este capítulo en más detalle por secciones.

El rey y sacerdote auténtico

Ahora bien, este Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Le salió al encuentro a Abraham, que volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo; y Abraham apartó para él una décima parte del botín. En primer lugar, la interpretación de su nombre es Rey de Justicia; y, en segundo lugar, Rey de Salem quiere decir Rey de Paz. No se mencionan los nombres de su padre y de su madre, ni hay ningún dato de su genealogía; tampoco se menciona cuándo empezó su vida, ni cuándo terminó; se nos presenta cómo una figura del Hijo de Dios, que queda como Sacerdote para siempre.

Como ya hemos visto, los dos pasajes en los que el autor de Hebreos basa su argumento son Salmo 110:4 y Génesis 14:18-20. En la historia del Génesis, Melquisedec es una figura extraña y casi misteriosa. Aparece como llovido del cielo; no se dice nada da su vida, nacimiento, muerte o genealogía. Sencillamente, aparece. Le da a Abraham pan y vino, cosa que, para nosotros que leemos la historia desde el Nuevo Testamento, tiene un matiz sacramental. Bendice a Abraham. Y seguidamente, se desvanece de la escena de la Historia tan repentinamente como había entrado. No nos sorprende que el autor de Hebreos haya encontrado en él un símbolo de Cristo.

Melquisedec era por su nombre Rey de Justicia, y por su reino Rey de Paz. El orden es tanto significativo como inevitable. La justicia debe siempre preceder a la paz. Sin justicia no puede haber verdadera paz. Como dice Pablo en Romanos 5:1: « Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (R-V). Y otra vez en Roma nos 14:17: « El Reino de Dios es… Justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. El orden es siempre el mismo: primero justicia, y luego paz (Cp. Salmos 72:7; 85:10; Isaías 32:17).

Podría decirse que toda la vida es -una búsqueda de la paz, y también que los hombres insisten en buscarla donde no puede encontrarse.

(i) Buscan la paz en el escape. Pero lo malo del escape es que siempre tenemos que volver al punto de partida. A. J. Gossip traza un cuadro de una mujer descuidada, que vivía en una casa destartalada. Salía una tarde de su casa, y se. iba al cine. Se escapaba una o dos horas al mundo del lujo y el encanto de las películas… y luego tenía que volver a casa. Es verdad que era un escape; pero tenía que volver ala realidad. W. M. Macgregor cuenta de una anciana que vivía en un suburbio terrible de Edimbugo que se llama Pans. Cada cierto tiempo se sentía tan asqueada de su barrio que hacía un recorrido por las casas de sus amigas, y les sacaba uno o dos peniques a cada una. Con el producto cogía una borrachera de muerte. Cuando se lo echaban en cara, contestaba: «¿Me vais a discutir la única oportunidad que tengo de salir de Pans con un sorbo de whisky?» Era un escape, pero tenía que volver. Siempre es posible encontrar una cierta clase de paz por la vía del escape, pero no dura mucho. El doctor Johnson solía insistir en que todas las personas debemos tener un «hobby», porque debemos poder apartarnos un poco de los quehaceres y problemas; pero ya se supone que es para volver a ellos con nuevo vigor. El escape no tiene por qué ser malo; puede qué sea hasta necesario para conservar la salud física y mental; pero es siempre un paliativo, y no una cura.

(ii) No hay paz en la evasión. Muchos buscan la paz huyendo de sus problemas, encerrándolos en el inconsciente o siguiendo la táctica del avestruz. Aquí hay que decir dos cosas. La primera es que está por darse el primer caso de que se resuelvan los problemas a menos que se asuman. Por más que tratemos de evadirlos, ahí están. Los problemas son como las enfermedades: cuanto más tardemos en tratarlos, más graves se harán. Así se llega a las enfermedades incurables y a los problemas insolubles. La segunda cosa puede que sea todavía más seria. La psicología nos dice que hay una parte del cerebro que no deja nunca de trabajar. Con la parte consciente de nuestra mente puede que estemos evadiendo un problema, pero nuestro subconsciente sigue dándole vueltas. Sigue ahí, como esos trocitos de metralla que van recorriendo el cuerpo; pueden destrozar la vida. Lejos de traer la paz, la evasión la destruye.

(iii) No hay paz en la .componenda. Es posible lograr algún tipo de paz llegando a un acuerdo forzoso. De hecho, es una de las formas más corrientes de «hacer las paces» en este mundo. Podemos buscar la paz matizando algún principio, o mediante una componenda en la que ninguna de las dos partes queda satisfecha. Kermit Eby dice que podemos mantener un acuerdo de esos por cierto tiempo, pero más tarde o más temprano llega el momento en que uno tiene que dar la cara y hablar claro si quiere dormir tranquilo. La componenda, por tanto, produce tensión, aunque no esté a la vista. Así es que la componenda es uno de los grandes enemigos de la paz.

(iv) Está el camino de la justicia, o, para decirlo de otra manera, de la voluntad de Dios. No puede haber verdadera paz hasta que digamos: «Hágase Tu voluntad.» Y una vez que se ha dicho de veras, la paz inunda el alma. Así Le sucedió a Jesús. Fue a Getsemaní con una tensión tal que le hacía sudar sangre. En aquel huerto aceptó la voluntad de Dios, y obtuvo la paz. Seguir el camino de la justicia, aceptar la voluntad de Dios es quitar la raíz de inquietud y encontrar el camino de la verdadera paz duradera.

El autor de Hebreos amontona palabras para demostrar que Melquisedec no tuvo ascendientes. Lo hace contrastando el nuevo sacerdocio de Jesucristo con el antiguo de Aarón. Ningún judío podía ser sacerdote a menos que sus ascendientes se remontaran ininterrumpidamente hasta Aarón; y, si cumplía esa condición, nada le podía impedir ser sacerdote, salvo que padeciera alguno de ciertos defectos físicos que enumeraba la Ley. Si se casaba con una hija de sacerdote, ella tenía que presentar su pedigrí por lo menos de cuatro generaciones; y, si no era hija de sacerdote, por lo menos de cinco generaciones. Es un hecho extraño y casi increíble que el sacerdocio judío dependiera hasta tal punto de la genealogía. Las cualidades personales no se tenían en cuenta. Pero Jesucristo era el verdadero Sacerdote, no por lo que había heredado de los hombres, sino por ser Quien era.

Algunas de las palabras que Hebreos amontona aquí son sorprendentes. Dice que Melquisedec no tenía genealogía (aguenealoguétos), palabra que no se encuentra en ningún otro texto griego y que es posible que nuestro autor inventara para hacer hincapié en que el ministerio de Jesús no dependía de sus antepasados. Probablemente se trata de una palabra nueva para representar una idea nueva. Dice que Melquisedec no tenía padre (apatór) ni madre (amétór). Estas palabras son muy interesantes. En griego corriente se usaban en relación con niños desamparados o con gente de baja estofa. Además, apatór tiene una acepción técnica legal en el griego contemporáneo de los papiros. Era la palabra que se usaba en documentos legales, especialmente en partidas de nacimiento, para de padre desconocido y, por tanto, ilegítimo. Hay, por ejemplo, un papiro que menciona a «Jairémón, apatór, padre desconocido, cuya madre es Thasés.» Es alucinante que el autor de Hebreos usara estas palabras para recalcar lo que quería decir. Los autores cristianos tenían una habilidad especial para redimir palabras, lo mismo que a hombre y mujeres. Ninguna expresión le parecía demasiado fuerte al autor de Hebreos para hacer resaltar el hecho de que la autoridad de Jesús dependía solamente de Su Persona, y no de ninguna otra.

La grandeza de Melquisedec

Fijaos ahora qué grande era este hombre, que Abraham le dio la décima parte del botín de la victoria, y Abraham era nada menos que el patriarca de nuestra nación. Ahora, fijaos en la diferencia: cuando los hijos de Leví reciben el sacerdocio, reciben también el mandamiento que establece la Ley de exigirle diezmos al pueblo. Es decir, que imponen los diezmos a sus hermanos, porque son todos descendientes de Abraham. Pero este hombre, cuya ascendencia no coincide con la de ellos en nada, recibió los diezmos de Abraham, y llegó a bendecir al que había recibido las promesas.

Es indiscutible que es el menor el que recibe la bendición del mayor. Asimismo, por una parte, son hombres que mueren los que reciben los diezmos; pero en este caso se trata de un hombre que está demostrado que vive. Además, por decirlo de alguna manera, a través de Abraham también Leví, el mismo que recibe los diezmos, se los entregó a Melquisedec; porque todavía estaba en el cuerpo de su antepasado cuando le salió al encuentro Melquisedec.

El autor de Hebreos va a demostrar la superioridad del sacerdocio de Melquisedec sobre el aarónico. Introduce el tema de los diezmos porque Abraham le dio a Melquisedec una décima parte del botín de la victoria. La Ley de los diezmos está en Números 18:20, 21. Allí se le dice a Aarón que a los levitas no se les darán tierras, pero recibirán la décima parte de todo por su servicio. «Y el Señor dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. YO soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel. Y he aquí Yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión» (R-V).

Así que ahora, en una serie de contrastes, el autor de Hebreos elabora la superioridad de Melquisedec sobre los sacerdotes levíticos. Establece cinco puntos.

(i) Los levitas reciben diezmos de la gente, y es un derecho que sólo ellos tienen. Melquisedec recibió diezmos de Abraham aunque no era de la tribu de Leví, que no existía todavía. Se podría objetar que, aunque eso le puso al nivel de los levitas, no prueba que fuera superior a ellos; así es que nuestro autor añade otros cuatro puntos.

(ii) Los levitas reciben los diezmos de sus hermanos israelitas. Melquisedec no era israelita -todavía no existía el pueblo de Israel-, sino un extranjero; y no fue un israelita cualquiera el que le dio los diezmos, sino nada menos que Abraham, el fundador de la nación.

(iii) Era un mandamiento de la Ley lo que confería a los israelitas el derecho de recibir diezmos; pero Melquisedec los recibió por ser quien era. Tenía tal grandeza personal que no necesitaba de ningún mandamiento que le autorizara a recibir diezmos.

(iv) Los levitas reciben los diezmos como hombres mortales que son; pero Melquisedec porque vive para siempre.

(v) Finalmente presenta una razón tan curiosa que pide disculpas antes de mencionarla. Leví era descendiente directo de Abraham, su bisnieto, y el único legalmente autorizado para recibir diezmos en las personas de los otros descendientes. Ahora bien, si fue más tarde descendiente de Abraham, eso quiere decir que entonces aún estaba en el cuerpo de Abraham. Por tanto, cuando Abraham le dio los diezmos a Melquisedec, Leví también se los dio, porque estaba incluido en Abraham, y esta es la prueba final de que Melquisedec era superior a Leví. Es un razonamiento sumamente sorprendente, pero no cabe duda de que era convincente para los que lo leían.

Aunque nos parezca extraño, este argumento comporta la gran verdad de que lo que hace una persona revierte en sus descendientes. Si comete algún pecado, puede transmitir a sus descendientes la tendencia o alguna debilidad física que es su consecuencia. Si adquiere un carácter noble, transmite una buena herencia a sus sucesores. Leví, según este argumento, recibió el efecto de lo que había hecho Abraham. Ahí subyace, entre las aparentes fantasías del razonamiento rabínico, la verdad de que ninguna persona vive para sí sola, sino que transmite algo de sí misma a los que la siguen.

El nuevo sacerdote y el nuevo camino

Entonces, si se hubiera podido lograr el efecto deseado por medio del sacerdocio levítico porque fue sobre la base de ese sacerdocio como Israel llegó a ser el pueblo de la Ley-, ¿qué necesidad habría habido de establecer otro sacerdocio, y llamarle de la orden de Melquisedec, en vez dé de la orden de Aarón? Una vez que se alteraba el sacerdocio, se seguía por necesidad el alterar también la ley; porque la Persona a la que se hace referencia pertenece a una tribu totalmente diferente, de la que nadie estuvo nunca al servicio del altar. Es obvio que fue de la tribu de Judá de la que surgió nuestro Señor; y Moisés no dijo nunca nada de esa tribu en relación con el sacerdocio. Y hay cosas que están todavía más indiscutiblemente claras: si se instaura un Sacerdote diferente, un Sacerdote de la orden de Melquisedec, un Sacerdote que llegó a serlo, no según la ley de la mera descendencia humana, sino según el poder de una vida que es indestructible porque el testimonio de la Escritura en relación con este punto es: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec»-, si así están las cosas, surgen dos conclusiones: Por una parte, se presenta la abrogación del anterior mandamiento por su propia insuficiencia e inutilidad (porque la Ley no consiguió nunca producir el efecto para el que se había promulgado) y, por otra parte, se presenta la introducción de una esperanza mejor por medio de la cual podemos acercarnos a Dios.

Al leer este pasaje tenemos que recordar la idea básica de la religión que nunca se le va de la mente al autor de Hebreos: para él, religión es acceso a la presencia de Dios como amigos, sin ningún impedimento. La antigua religión judía estaba diseñada para producir esa relación de dos maneras. Primera, por la obediencia a la Ley; el que cumplía la Ley era amigo de Dios.

Segunda, se reconocía que esa obediencia perfecta estaba fuera de las posibilidades de cualquier persona; y ahí entraba el sistema sacrificial. Cuando una persona era culpable de haber quebrantado la Ley, se suponía que el sacrificio correspondiente remediaba esa ruptura. Cuando el autor de Hebreos dice que el pueblo de Israel llegó a ser el pueblo de la Ley sobre la base del sacerdocio levítico, quiere decir que sin los sacrificios levíticos que expiaban los pecados la Ley habría sido totalmente imposible. Pero, de hecho, estaba demostrado que el sistema levítico sacrificial era incapaz de restablecer la relación con Dios que el hombre había perdido. Así es que se necesitaba un nuevo sistema: el de la orden de Melquisedec.

Dice que ese sacerdocio difiere del antiguo en que no depende en absoluto de la estructura humana -carnal sería la palabra original-,sino del poder de una vida que es indestructible. Lo que quiere decir es que cada una de las reglas que regían el antiguo sistema tenía que ver con el cuerpo físico del sacerdote. Para serlo, tenía que ser descendiente directo de Aarón. Luego había ciento cuarenta y dos defectos físicos que le descalificarían si tuviera alguno de ellos. Algunos se detallan en Levítico 21:16-23. La ceremonia de ordenación se perfila en Levítico 8.

(i) Se le bañaba en agua para quedar ritualmente limpio.

(ii) Se le vestía con los cuatro artículos sacerdotales (los calzones de lino, la túnica tejida de una pieza, la tiara y el cinto).

(iii) Se le ungía con óleo.

(iv) Se le ponía en el lóbulo de la oreja derecha, en el dedo pulgar de la mano derecha y en el dedo gordo del pie derecho, sangre de ciertos sacrificios que se habían hecho. Cada detalle afectaba al cuerpo del sacerdote.

Una vez ordenado tenía que cumplir muchas abluciones con agua y unciones con óleo; tenía que cortarse el pelo de cierta manera. El sacerdocio aarónico dependía de cosas físicas desde el principio hasta el fin. El carácter, la habilidad y la personalidad no entraban para nada. Pero el nuevo sacerdocio dependía de una vida que es indestructible. El sacerdocio de Cristo no dependía de cosas físicas, sino de lo Que Él era en Sí mismo. Aquí tenemos una verdadera revolución; ya no eran las ceremonias ni las observancias externas lo que hacía al Sacerdote, sino el valor interior.

Además, había otro gran cambio de consecuencias fundamentales. La Ley era tajante en cuanto a que todos los sacerdotes tenían que ser de la tribu de Leví y descendientes de Aarón. Pero Jesús pertenecía a la tribu de Judá. Por tanto, el hecho de que Él es el nuevo Sumo Sacerdote implica que la Ley se ha cambiado; se ha suprimido. La palabra que se usa para la cancelación es athetésis; es la que se usa para la anulación de un tratado, la abrogación de una promesa, la supresión de un nombre del registro y para dejar una ley o regla sin efecto. Toda la parafernalia de la ley ceremonial quedó borrada en el sacerdocio de Jesús.

Por último, Jesús puede hacer lo que el antiguo sacerdocio no podía: puede darnos acceso a Dios. ¿Cómo? ¿Qué es lo que le impide al hombre el acceso a Dios?

(i) El miedo. Mientras Dios le inspire terror al hombre, éste no puede confiar en Dios. Jesús vino para mostrarles a los hombres el amor infinito y tierno del Dios cuyo Nombre es Padre… ¡y el horrible terror desapareció! Ahora sabemos que Dios quiere que volvamos a casa, no para castigarnos, sino para recibirnos con los brazos abiertos.

(ii) El pecado. Jesús ofreció en la Cruz el Sacrificio perfecto que expía el pecado. El miedo ha desaparecido; el pecado ha sido conquistado; el camino hacia Dios está abierto para todos.

El sacerdocio supremo

Y como en todo esto se interpuso un juramento porque los sacerdotes levíticos se ordenaban sin juramento, pero Él con un juramento, como dice la Escritura refiriéndose a Él: «El Señor lo juró, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre «»-Jesús es el garante de un mejor Pacto. Además, en el Antiguo Pacto había que seguir ordenando más y más sacerdotes levíticos porque la muerte les impedía seguir ejerciendo; mientras que Él tiene un sacerdocio que no se acabará nunca, porque Él permanece para siempre. Por eso mismo Le es posible en todas las circunstancias y en todo tiempo, ya que está vivo para siempre, salvar a los que vienen a Dios por medio de Él.

El autor de Hebreos acumula pruebas de la superioridad del sacerdocio de la orden de Melquisedec, el de Jesús, sobre el antiguo sacerdocio levítico. Aquí aduce otras dos pruebas.

Primera: hace hincapié en el hecho de que la institución del sacerdocio de la orden de Melquisedec fue confirmada por un juramento de Dios, cosa que no había sucedido con el levítico. La cita es del Salmo 110:4: «El Señor ha jurado, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.»» La idea de que Dios haga un juramento ya es alucinante. Hace mucho, ya Filón lo había advertido. Señaló que la única razón para hacer un juramento es porque la palabra de un hombre a secas no es garantía de credibilidad; pero si se jura, entonces sí. Dios no necesita nunca hacer un juramento, porque es imposible que no sea creíble Su palabra. Por tanto, si Dios llega a confirmar Su palabra con un juramento, lo que dice debe de ser de importancia capital. Así que es posible que desaparezca el sacerdocio ordinario; pero el sacerdocio de Jesucristo nunca podrá dejar de existir, porque Dios ha jurado que será para siempre.

Como Su sacerdocio ha sido confirmado con un juramento, Jesús es garante de un Pacto mejor. Recordemos que la misión del sacerdote y de toda religión es abrir el camino de acceso a Dios. Aquí nos encontramos con la palabra pacto. Pronto tendremos que examinarla en más detalle; de momento es suficiente decir que un pacto es en esencia un acuerdo entre dos personas o partes que se comprometen a cumplir mutuamente ciertas condiciones.

Había un Antiguo Pacto entre Israel y Dios: que si los israelitas obedecían fielmente la Ley de Dios, el camino de acceso a Su amistad siempre estaría abierto para ellos. En Éxodo 24:1-8 vemos cómo entró la nación de Israel en aquel Pacto con Dios: Moisés tomó el libro de la Ley y se lo leyó al pueblo, que respondió con las palabras: «Haremos todas las cosas que el Señor ha dicho, y obedeceremos» (versículo 7). El antiguo acuerdo estaba basado en la obediencia a la Ley; y seguía vigente siempre que los sacerdotes siguieran haciendo sacrificios para expiar las desobediencias a la Ley.

Jesús es el garante de un Nuevo Pacto mejor, de una nueva relación entre el hombre y Dios. Y la diferencia es que, el Antiguo Pacto estaba basado en la ley, la justicia y la obediencia; el Nuevo Pacto está basado en el amor y en el perfecto Sacrificio de Jesucristo. El Antiguo Pacto estaba basado en lo que el hombre tenía que hacer; y el nuevo, en el amor de Dios.

¿Qué quiere decir el autor de Hebreos con eso de que Jesús es el garante (énguyos) del Nuevo Pacto? Un énguyos es uno que da seguridad. Se usa, por ejemplo, de una persona que garantiza o sale fiadora (R-V) o avala el préstamo de un banco; es la seguridad de que se pagará el dinero. Se usa de alguien que responde por un prisionero: que garantiza que el prisionero se presentará a juicio. E1 énguyos es el que garantiza que el acuerdo se va a respetar.

Entonces, ¿qué quiere decir el autor de Hebreos? Se podría preguntar: «¿Cómo sabemos que el Antiguo Pacto ya no está vigente? ¿Y que el acceso a Dios ya no depende de lo que el hombre pueda alcanzar con su obediencia, sino de recibir sencillamente el amor de Dios?» La respuesta es: «Jesucristo sale fiador (R-V) de que es así. Él es el garante que promete que el amor de Dios cumplirá su parte, sencillamente con que Le tomemos la Palabra.» Para decirlo de la manera más sencilla que nos es posible: Tenemos que creer que, cuando miramos a Jesús en todo Su amor, estamos viendo cómo es Dios.

El autor de Hebreos introduce una segunda prueba de la superioridad del sacerdocio de Jesús. El antiguo sacerdocio no tenía estabilidad. Los sacerdotes morían, y otros tenían que ocupar su puesto; pero el sacerdocio de Jesús es para siempre. Lo que importa en este pasaje son los matices y las implicaciones de las palabras del autor que casi no se pueden traducir.

Dice que el sacerdocio de Jesús nunca será desfasado (aparabatos). Aparabatos es un término legal. Quiere decir inviolable.

Un juez establece que su decisión debe permanecer aparabatos, inalterable. También quiere decir intransferible.

Describe algo que pertenece a una persona y que no se puede transferir a ninguna otra. Galeno, el autor de obras de medicina, la usa para describir una ley absolutamente científica, que no se puede violar, como los principios sobre los que está fundado y se mantiene unido el universo. Así que, cuando el autor de Hebreos dice que el sacerdocio de Jesús es algo de lo que no se Le puede despojar, ni puede poseer ningún otro, es algo tan estable como las leyes que mantienen el universo. Jesús es y seguirá siendo siempre el único camino hacia Dios. El autor de Hebreos usa otra palabra maravillosa acerca de Jesús, y dice que ÉL permanece para siempre (paramenein). Ese verbo tiene dos matices característicos. Primero, quiere decir seguir en oficio. Nadie podrá jamás despojar a Jesús Su ministerio; para toda eternidad Él seguirá siendo el único que puede introducir los hombres a Dios. Segundo, quiere decir continuar en la capacidad de siervo. Gregorio Nacianceno hace provisión en su testamento para que sus hijas permanezcan (paramenein) con su madre todo el tiempo que ella viva. Habrán de quedarse con ella y ser su ayuda y su apoyo. Un papiro habla de una chica que debe permanecer (paramenein) en una tienda tres años para saldar con su trabajo una deuda que no puede pagar. Hay un contrato en un papiro que trata de un chico que se admite como aprendiz, que debe permanecer (paramenein) con su maestro tantos días extra como ha hecho novillos. Cuando el autor de Hebreos dice que Jesús permanece para siempre, en esa frase está envuelta la idea maravillosa de que Jesús estará siempre al servicio de la humanidad. En la eternidad, como cuando estaba en el tiempo. Por eso es el único y suficiente Salvador. En la Tierra sirvió a los hombres y dio Su vida por ellos; en el Cielo, todavía está para interceder por ellos. Es Sacerdote para siempre, el único que estará siempre abriendo la puerta de la amistad con Dios y es para siempre el gran Servidor de la humanidad.

El sumo sacerdote que necesitábamos

¡Ese era el Sumo Sacerdote que necesitábamos! Uno que es santo, que jamás ha hecho daño a nadie, que es sin mancha, distinto de los pecadores y que está por encima del mismo Cielo. AL contrario de lo que pasaba con los otros sumos sacerdotes, Él no tiene por qué ofrecer sacrificio todos los días en primer lugar por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo de una vez para siempre cuando Se ofreció en Sacrificio a Sí mismo.

Porque la Ley nombraba sumos sacerdotes a hombres sujetos a debilidades; pero la palabra del juramento que ha venido después de la Ley ha nombrado a Uno que es Hijo y que está totalmente capacitado para ejercer su ministerio para siempre.

El autor de Hebreos continúa desarrollando el pensamiento de Jesús como Sumo Sacerdote. Empieza este pasaje usando una serie de grandes palabras y frases para describirle.

(i) Dice que Jesús es santo (hosios). Esta palabra se aplica a Jesús en Hechos 2:27 y 13:35; se usa del Señor en Apocalipsis 15:4 y 16:5; del obispo cristiano en Tito 1:8; de las manos que el hombre debe presentar a Dios en oración en 1 Timoteo 2:8. Esta palabra encierra una idea especial. Siempre describe a la persona que cumple fielmente su deber para con Dios. La describe, no tanto como les parece a sus semejantes, sino como es para Dios. Hosios contiene la más grande de todas las bondades, la que es pura a la vista de Dios.

(ii) Dice de Jesús que jamás ha hecho daño a nadie (ákakos, inocente fue quiere decir lo mismo- en R-V). Kakía es la palabra griega para maldad; por tanto, ákakos describe al que está tan libre de todo mal que no queda en él sino bondad. Describe a la persona en su comportamiento con sus semejantes. Sir Walter Scott pedía que se le reconociera que, como escritor, él no había corrompido la moralidad ni dañado la fe de nadie. El que es ákakos está tan limpio, que su presencia es como un antiséptico; y en su corazón no hay nada más que el amor misericordioso de Dios.

(iii) Dice que Jesús es sin mancha (amíantos). Amíantos describe a aquella persona que está totalmente libre de toda clase de defectos que pudieran impedirle acercarse a Dios. Una víctima que tuviera algún defecto ya no podía ofrecérsele a Dios; el hombre contaminado no podía acercarse a Él; sin embargo el que es amíantos está capacitado para entrar en Su presencia.

(iv) Dice que Jesús es distinto de los pecadores. Esto no quiere decir que Jesús no fuera realmente un hombre. Era distinto de los pecadores porque, aunque sufrió todas las tentaciones de un hombre, las venció a todas y se mantuvo sin pecado. La diferencia entre Él y cualquier hombre radica, no en que no fuera completamente humano, sino en que es el Único en el Que se encuentra perfecta la humanidad.

(v) Dice que Jesús está por encima del mismo Cielo. En esta frase expresa la exaltación de Jesús. Si la frase anterior presentaba la perfección de Su humanidad, ésta presenta la perfección de Su divinidad. El Que fue un hombre entre los hombres ha sido exaltado a la diestra de Dios, a la gloria que tuvo antes que el mundo fuese (Juan 17:5).

El autor de Hebreos introduce ahora otro aspecto en el que el sacerdocio de Jesús es infinitamente superior al levítico. Antes de ofrecer sacrificio por los pecados del pueblo, el sumo sacerdote tenía que ofrecerlo por sus propios pecados, porque él también era pecador.

El autor está pensando especialmente en el Día de la Expiación. Este era el gran día en que se hacía expiación por todos los pecados del pueblo, el día en que el sumo sacerdote cumplía su ministerio exclusivo. Por lo general era el único día en que era él el que ofrecía los sacrificios. Todos los demás días lo hacían los sacerdotes subordinados; pero el Día de la Expiación oficiaba el sumo sacerdote en persona.

El primer acto del ritual era el sacrificio por los pecados del sumo sacerdote. Se lavaba las manos y los pies; se quitaba la ropa lujosa, y se vestía de lino blanco purísimo. Entonces le traían el becerro que él mismo había comprado con su propio dinero. Ponía las dos manos en. la cabeza del becerro para transferirle sus pecados, y hacía la siguiente confesión: « Ah, Señor Dios, he cometido iniquidad; he cometido transgresión; he pecado, yo y mi casa. Oh Señor, Te suplico que cubras las iniquidades, transgresiones y pecados que he cometido, cometiendo transgresión y pecado delante de Ti, yo y mi casa.»

El más grande de todos los sacrificios levíticos empezaba con el sacrificio de un becerro por los pecados del sumo sacerdote.

Ese era un sacrificio que Jesús no tenía necesidad de hacer, porque Él no tenía pecado. El sumo sacerdote levítico era un hombre pecador que ofrecía sacrificios de animales por el pueblo pecador; Jesús era el Hijo de Dios sin pecado, ofreciéndose a Sí mismo por el pecado de toda la humanidad. Era la Ley la que había nombrado al sumo sacerdote levítico; pero fue el juramento de Dios lo que dio a Jesús Su ministerio; y por ser Él Quien era, el Hijo de Dios sin pecado, estaba dotado para su ministerio como nunca lo podía estar ningún sumo sacerdote levítico. Aquí hace el autor de Hebreos lo que ya ha hecho varias veces en esta carta: deja una señal para indicar la dirección que va a tomar. Dice de Jesús que se ofreció a Sí mismo. En un sacrificio hacían falta dos: el sacerdote y la víctima. El autor de Hebreos ha demostrado mediante un largo y complicado argumento que Jesús es el Sumo Sacerdote perfecto; ahora va a pasar a otro pensamiento: que Jesús es también la ofrenda perfecta. Sólo Jesús podía abrir el camino que conduce hacia Dios, porque Él era el perfecto Sumo Sacerdote y ofreció el Sacrificio perfecto: el de Sí mismo.

Hay mucho en este argumento que nos resulta difícil de comprender. Se nos habla en términos de ritual y de ceremonias de hace mucho tiempo; pero hay algo eterno que permanece. El hombre busca la presencia de Dios; su pecado ha levantado una barrera entre él y Dios, pero está inquieto hasta que encuentre su descanso en Dios; y Jesús es el único Sacerdote que puede presentar la Ofrenda que abre de nuevo el camino para que los hombres vuelvan a Dios.

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