Hebreos 6: La necesidad de progresar

Categorías: Hebreos.

Así que, dejemos ya atrás la enseñanza cristiana elemental, y dejémonos llevar adelante hacia la plena madurez; porque no nos podemos eternizar echando los cimientos, y enseñando acerca del arrepentimiento de las obras muertas, y dando información acerca de los lavatorios, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y la sentencia que perdura por toda eternidad. Dios mediante, eso será lo que hagamos.

El autor de Hebreos está seguro de que el progreso es necesario en la vida cristiana. Ningún maestro llegaría a nada si no hiciera más que empezar por el principio una y otra vez cuando se pusiera a enseñar. El autor de Hebreos dice que sus alumnos deben proseguir adelante hacia lo que él llama teleiotés. La versión Reina-Valera traduce esta palabra por perfección. Pero téleios, el adjetivo, y las demás palabras de la misma familia, tienen un sentido técnico. Pitágoras dividía a sus alumnos en hoi manthanontes, los que están aprendiendo, y hoi téleioi, los mayores. Filón dividía a sus alumnos en tres clases diferentes: hoi arjomenoi, los principiantes; hoi prokoptontes, los que están avanzando, y hoi teleiómenoi, los que están empezando a alcanzar la mayoría de edad. Teléiotés no implica un conocimiento completo, sino una cierta mayoría de edad en la fe cristiana.

El autor de Hebreos quiere decir dos cosas por mayoría de edad.

(i) Algo que tiene que ver con la mente. Quiere decir que, conforme una persona va avanzando en edad, debe pensarse las cosas por sí misma. Por ejemplo: debe ser capaz de decir mejor Quién cree que es Jesús. Debe tener una comprensión más profunda, no sólo de los hechos, sino también del significado de la fe cristiana.

(ii) Algo que tiene que ver con la vida. Conforme uno se va haciendo mayor, debe haber más y más reflejo de Cristo en él. Tiene que estar desembarazándose todo el tiempo de viejas faltas, y adquiriendo nuevas virtudes. Deben amanecer cada día en su vida una nueva serenidad y una nueva nobleza. Como dice la Oración de una monja del siglo XVII, de fuente desconocida: SEÑOR: Tú sabes mejor que yo que me voy haciendo mayor, y algún día seré vieja. Guárdame del hábito fatal de creer que siempre tengo que decir algo sobre todos los asuntos y en todas las situaciones. Líbrame de empeñarme en arreglarles la vida a los demás. Hazme reflexiva, pero no maniática; dispuesta a ayudar, pero no a mangonear. Con un arsenal de sabiduría como el mío parece una lástima no usarlo todo; pero Tú sabes, Señor, que quiero conservar algunos amigos hasta el final.

Mantén mi mente libre del recital de detalles interminables; dame alas para ir derecha al grano. Sella mis labios a mis angustias y dolores. Crecen como los hongos, y el desplegarlos le va resultando a una cada vez más dulce con el paso de los años. No me atrevo a pedir la gracia suficiente para escuchar con interés las historias de los males de los demás, pero ayúdame a soportarlas con paciencia.

No me atrevo a pedir mejor memoria, pero sí una humildad creciente y no tanta seguridad cuando mis recuerdos parecen estar en conflicto con los de otros.

Enséñame la gloriosa lección de que a lo mejor estoy equivocada. Manténme razonablemente dulce; no quiero ser una santa -con algunos de ellos no se podía vivir-; pero una vieja gruñona es una de las más logradas obras maestras del diablo. Dame la capacidad de descubrir cosas buenas en lugares inesperados, y talentos en personas insospechadas. Y dame, Señor, la gracia de decírselo. AMÉN.

Uno no se puede parar en la vida cristiana. Se dice de Cromwell que tenía en su biblia de bolsillo un lema en latín: Qui cessat esse melior cessat esse bonus -El que deja de ser mejor, deja de ser bueno. Este pasaje nos permite ver qué era lo que la Iglesia Primitiva consideraba el Cristianismo básico.

(i) Está el arrepentimiento de las obras muertas. La vida cristiana empieza por el arrepentimiento; y el arrepentimiento (metánoia) es literalmente un cambio de mentalidad. Conlleva una nueva actitud para con Dios, la gente, la vida y el yo. Es un arrepentimiento de obras muertas. ¿Qué entiende el autor de Hebreos por esta extraña frase? Hay muchas cosas que puede que quiera decir, todas relevantes y sugestivas.

(a) Puede que las obras muertas sean acciones que traen la muerte. Puede que sean las acciones inmorales, egoístas, impías, desamadas, sucias, que conducen a la muerte.

(b) Puede que sean obras que contaminan. Para un judío, lo que más contaminaba era tocar un cuerpo muerto. El hacerlo le dejaba a uno en estado de impureza ritual, y le impedía el acceso al culto hasta que se purificara. Las obras muertas puede que sean las que contaminan el carácter y le separan a uno de Dios.

(c) Puede que sean obras que no tienen ninguna relación con el carácter. Para los judíos, la vida era el ritual; si observaban las debidas ceremonias a su debido tiempo, eran buenos. Pero ninguna de estas cosas tenía ninguna influencia en su carácter. Puede que el autor de Hebreos quisiera decir que el cristiano ha roto con los rituales sin sentido y con los convencionalismos de la vida para dedicarse a las cosas que ahondan el carácter y desarrollan el alma y la vida.

(ii) Está la fe que mira hacia Dios. La primera cosa esencial de la vida cristiana es mirar hacia Dios. El cristiano decide sus acciones, no por el veredicto de los hombres, sino por el de Dios. No busca la salvación en sus propios méritos, sino sólo en la Gracia de Dios.

Pages: 1 2 3 4 5

Deja un comentario