Hebreos 5 Identificado con la humanidad y con dios

Hebreos 5: Identificado con la humanidad y con dios

El sumo sacerdote se elige entre los hombres para que los represente en las cosas que tienen relación con Dios. Su cometido consiste en presentar ofrendas y sacrificios por los pecados, ya que él mismo puede sentir compasión de los ignorantes y de los descarriados, puesto que él también está revestido de debilidad humana. A causa de esta misma debilidad, le corresponde, de la misma manera que ofrece sacrificios por los demás, hacerlo también en su propio favor por sus propios pecados. Nadie se apropia esta honorable posición por su cuenta, si no es llamado por Dios a ocuparla, como sucedió con Aarón. Exactamente de la misma manera, Cristo no se apropió la gloria de ser el Sumo Sacerdote, sino que fue el Dios Que le había dicho: «Tú eres mi amado Hijo; hoy Te comunico Mi propia vida y naturaleza», Quien Le dijo también en otro pasaje: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.» En los días que vivió esta nuestra vida humana, ofreció oraciones y súplicas con mucho clamor y muchas lágrimas al Dios Que Le podrá sacar de la muerte a salvo; y cuando fue escuchado por Dios por el santo temor que mostró, aunque era Hijo, aprendió lo que cuesta la obediencia por los sufrimientos que tuvo que pasar; y cuando llegó a estar perfectamente capacitado para la misión que se Le había encomendado, llegó a ser el Autor de la Salvación eterna de todos los que Le obedecen, porque había sido designado por Dios Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec.

Ahora Hebreos se pone a desarrollar el tema que es su contribución especial a la doctrina cristiana: el Sumo Sacerdocio de Jesucristo. Este pasaje establece tres cualificacioñes para los sacerdotes de cualquier edad o generación.

(i) Un sacerdote se elige entre los hombres para que los represente en las cosas que tienen relación con Dios. A. J. Gossip solía contar a sus alumnos que, cuando fue ordenado como pastor, sintió como si la gente le estuviera diciendo: «Nosotros estamos inmersos en el polvo y el calor del día; tenemos que pasar el tiempo atendiendo a los campos, las máquinas o las oficinas para que se muevan la industria y el comercio. Queremos apartarte para que entres por nosotros en el lugar secreto de Dios, y salgas a nosotros los domingos con la Palabra de Dios.» El sacerdote es el que hace de-enlace o puente entre Dios y los hombres. En Israel, el sacerdote tenía que ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo. .El pecado interrumpía la relación con Dios y levantaba una barrera. Los sacrificios se ofrecían para suprimir esa barrera y restaurar la relación con Dios. Pero debemos fijarnos en algo que los judíos tenían muy claro, y era que los pecados por los que se hacía expiación en los sacrificios eran los pecados de ignorancia. No estaba prevista la manera de obtener el perdón de pecados que se cometieran con pleno conocimiento. El mismo autor de Hebreos ,dice: «Porque si pecamos a sabiendas después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ningún sacrificio por los pecados» (Hebreos 10:26). Esta es una convicción que aparece una y otra vez en las leyes de los sacrificios del Antiguo Testamento. Muchos pasajes empiezan: «Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos…» (Levítico 4:2, 13). Números 15:22-31 es.un pasaje clave. En él se establecen los sacrificios que se requieren «si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la congregación.» Pero al final se establece: «Mas la persona que hiciere algo con soberbia… ultraja al Señor… será cortada de en medio de su pueblo: … su iniquidad caerá sobre ella.» Deuteronomio 17:12 establece: «Y el hombre que procediere con soberbia… el tal morirá.» El pecado de ignorancia se puede perdonar; pero el pecado de soberbia, no. Sin embargo, debemos comprender que los judíos entendían por ignorancia más que simplemente falta de conocimiento. Incluían en esta categoría los pecados que se cometen cuando uno está fuera de sí dominado por la ira, la pasión o por alguna tentación muy fuerte, y también se podían perdonar los pecados de los que uno se arrepintiera sinceramente. Entendían por pecado de soberbia el pecado frío, calculado, cometido con los ojos abiertos contra Dios y que no va seguido del menor dolor. Así pues, el sacerdote existía para abrirle al pecador el camino de vuelta a Dios, siempre que el pecador quisiera volver.

(ii) El sacerdote debe estar identificado con los hombres. Tiene que haber pasado por las experiencias humanas, y debe sentir simpatía por los hombres. En este punto el autor de Hebreos se detiene para indicar que el sacerdote humano está tan unido a los demás en todo que tiene necesidad de ofrecer sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los de los demás. Más tarde mostrará que en esto también Jesucristo es superior a todos los sacerdotes terrenales. El sacerdote debe estar unido a los demás seres humanos en todas las cosas de la vida. En relación con esto usa una palabra maravillosa: metriopathein, que se ha traducido como sentir compasión; pero es realmente imposible de traducir.

Los griegos definían la virtud como el término medio entre dos extremos. A ambos lados estaban los extremos en los que se podía caer; y entre ellos estaba la actitud correcta. Según esto, los griegos definían metriopatheía (el nombre correspondiente) como el término medio entre un pesar extravagante y una indiferencia extrema. Era tener el sentimiento correcto acerca de los hombres. W. M. Macgregor lo definía como «el término medio entre la explosión de la ira y el consentimiento indulgente.»

Plutarco hablaba de esa paciencia que era la hija de la metriopatheía. La definía como el sentimiento de simpatía que le permite a uno levantar a otro y salvarle, ser indulgente y prestar atención. Otro griego le echa en cara a un hombre el no tener metriopatheía, y no estar dispuesto a reconciliarse con otro con el que tenía ciertas diferencias. Es una palabra maravillosa. Se refiere a la habilidad de soportar sin perder los estribos con los demás cuando no quieren aprender y cometen los mismos errores interminablemente. Describe la actitud hacia los demás que no desemboca en la ira a causa de sus faltas, y que tampoco las aprueba; pero que pacientemente se entrega, con una simpatía que es gentil pero también firme, que acaba por dirigir al descarriado al buen camino. Un sacerdote no puede ayudar a sus semejantes a menos que tenga ese don de Dios de la metriopatheía. fuerte y paciente.

(iii) La tercera característica esencial de un sacerdote es esta: ninguno se nombra a sí mismo, sino es nombrado por Dios. El sacerdocio no es un oficio que una persona escoge, sino un privilegio y una gloria a los que es llamada. El ministerio de Dios entre los hombres no es un empleo ni una carrera, sino una vocación. El ministro de Dios debería mirar atrás y decir, no « Yo escogí este trabajo», sino « Dios me escogió y me dio este ministerio» -es decir, servicio a Él y a los hombres.

El autor de Hebreos muestra a continuación que Jesucristo cumple las grandes condiciones del sacerdocio.

(i) Empieza por la última. Jesús no escogió su tarea; Dios Le escogió para ella. Cuando fue bautizado por Juan Le vino a Jesús una voz que Le decía: « Tú eres mi amado Hijo; hoy te comunico Mi propia vida y naturaleza» (Salmo 2:7).

(ii) Jesús ha pasado por las experiencias más amargas y nos comprende en todas nuestras cualidades y debilidades. El autor de Hebreos tiene cuatro grandes pensamientos sobre Jesús.

(a) Recuerda a Jesús en Getsemaní. Eso es lo que está pensando cuando habla de las oraciones y súplicas, del clamor y las lágrimas de Jesús. La palabra que usa para clamor (kraygué) es muy significativa. Indica un grito que la persona no quiere lanzar, que « se le escapa» de la garganta en el estrés de un dolor insoportable. Así que el autor de Hebreos dice que no hay agonía del espíritu humano que no haya pasado Jesús. Los rabinos tenían un dicho: «Hay tres clases de oración, cada una más elevada que la anterior: oración, clamor y lágrimas. La oración se hace en silencio; el clamor, elevando la voz; pero las lágrimas lo vencen todo.» Jesús conoció hasta la oración desesperada de las lágrimas.

(b) Jesús aprendió de todas las experiencias porque las arrostró con reverencia santa. La frase griega para « Aprendió de lo que sufrió» es como un trabalenguas -émathen af hón épathen. Este es un pensamiento que aparece a menudo en los pensadores griegos. Esquilo, el primero de los grandes dramaturgos griegos, tenía un lema característico: « Aprendér viene de sufrir» (páthei máthos). Llamaba al sufrimiento una especie de gracia salvaje de los dioses. Herodoto por su parte declaraba que sus sufrimientos eran ajárista mathérnata, una ingrata forma de aprender. Y un poeta moderno dice de los poetas: « Aprendemos en el sufrimiento lo que enseñamos en la canción.» Dios nos habla en las experiencias de la vida, .y especialmente en las que acrisolan el corazón y el alma; pero sólo podemos oír Su voz cuando aceptamos con temor reverente lo que viene a nosotros. Si lo recibimos con resentimiento, los gritos de nuestro corazón nos hacen sordos a la voz de Dios.

(c) Por medio de las experiencias que pasó, la versión Reina-Valera dice de Jesús que habiendo sido perfeccionado (teleiún). Teleiásn es el verbo del adjetivo téleios. Téleios puede traducirse correctamente por perfecto siempre que recordemos lo que los griegos entendían por perfección. Para ellos el que una cosa fuera téleios quería decir que cumplía exactamente el propósito para el que fue diseñada. Cuando usaban la palabra no pensaban en la perfección abstracta o metafísica, sino en términos de su funcionalidad. Lo que el autor de Hebreos quiere decir es que todas las dolorosas experiencias que pasó Jesús le capacitaron para ser el Salvador que la humanidad necesitaba.

(d) La Salvación que obró Jesús es una salvación eterna. Es algo que nos pone a salvo en el tiempo y en la eternidad. El hombre está a salvo con Cristo para siempre. No hay circunstancias que le puedan arrancar de la mano de Cristo.

Resistirse a crecer

La historia que se me ha encargado que os transmita sobre esta cuestión es larga, difícil de contar y de comprender, porque os habéis vuelto duros de oído. Porque, por supuesto: a estas alturas ya deberíais ser maestros, por todo el tiempo que ha pasado desde que escuchasteis el Evangelio por primera vez; y, sin embargo, todavía necesitáis que se os digan los sencillos elementos del principio del Mensaje de Dios. Os habéis sumido en un estado en el que necesitáis leche en lugar de alimento sólido; porque, está claro que si alguien está en la etapa de la lactancia, no puede saber de veras qué es la integridad cristiana, porque no es más que un bebé. Pero el alimento sólido está para los que han alcanzado la mayoría de edad, para los que, por el desarrollo de la debida clase de hábito, ya han llegado a la etapa en que tienen la percepción entrenada para distinguir entre el bien y el mal.

Aquí el autor de Hebreos trata de las dificultades que se le presentan al intentar presentarles a sus lectores un concepto adecuado del Evangelio.

Tiene que enfrentarse con dos dificultades. La primera, que el orbe completo de la fe cristiana no es en absoluto nada fácil de entender, ni se puede entender en un día. La segunda, que la percepción de sus lectores está embotada: La palabra que usa (nóthrós) está henchida de significado. Quiere decir la mente lenta, obtusa, torpe para entender,. dura de oído y distraidilla para retener. Se usa esta palabra para los miembros insensibles de un animal enfermo. Se usa también de una persona que tiene la percepción y cerrazón de una piedra. Ahora bien: esto parece que se refiere a los que se dedican a predicar y a enseñar; pero, en realidad, se puede aplicar a todos los que piensan, es decir, que son personas. Sucede a menudo que esquivamos enseñar lo que es difícil; nos defendemos diciendo que es que nuestros alumnos no lo van a entender. Es una de las tragedias de la iglesia que se hace tan poco esfuerzo para enseñar nuevos conocimientos y pensamientos. Es verdad que eso tiene sus dificultades. Es verdad que a veces se enfrenta uno con el « muermo» de las mentes perezosas y con los prejuicios militantes de las mentes cerradas. Pero la tarea nos sigue desafiando. El autor de Hebreos no se desmarcaba de dar su mensaje, aunque fuera difícil, y torpe la mente de los alumnos.

Consideraba que su suprema responsabilidad era transmitir las verdades que conocía. Su queja era que hacía mucho tiempo que sus lectores eran cristianos, pero seguían siendo bebés, lejos todavía de la mayoría de edad. El contraste entre el cristiano maduro y el niño, o entre la leche y el alimento sólido, aparece con cierta frecuencia en el Nuevo Testamento (1 Pedro 2: 2; 1 Corintios 2: 6; 3:2; 14:20; Efesios 4:13ss). Hebreos dice que, para entonces, ya deberían ser maestros. Esto no hay que tomarlo literalmente. El decir que una persona estaba capacitada para enseñar era la manera griega de decir que dominaba suficientemente un asunto. El autor dice que siguen necesitando que alguien les enseñe los sencillos elementos (stoijeia) del Evangelio. Esta palabra griega tiene una variedad de significados. En gramática quiere decir las letras del alfabeto, el A B C; en física, los cuatro elementos básicos que componen el mundo; en geometría, los elementos
como el punto y la linea recta; en filosofía, los principios elementales con los que empieza el estudiante.

Al autor de Hebreos le da pena que, aunque hace bastantes años que sus alumnos son cristianos, todavía no han salido de los rudimentos; son como niños, que no saben la diferencia entre lo bueno y lo malo. Aquí nos encontramos cara a cara con un problema que acecha a la Iglesia en cada generación: el de la iglesia que se niega a crecer.

(i) El cristiano que se niega a crecer en conocimiento. Puede que haya caído en lo que alguien ha llamado « la incapacidad culpable que es el resultado de no aprovechar la oportunidad.» Háy personas que siempre están diciendo que lo que era bastante bueno para sus padres también lo es para ellos. Hay cristianos que no han desarrollado su fe desde hace treinta o cuarenta o cincuenta o sesenta años. Hay cristianos que se niegan a rajatabla a intentar entender los descubrimientos que se han hecho en la investigación biblica y el pensamiento teológico. Son mayores en edad y en otras cosas, pero se dan por contentos con una estatura espiritual que no ha desarrollado. Son cristianos bonsáis. Son como un cirujano que se negara a usar las nuevas técnicas y los diversos equipos con los que se están salvando tantas vidas y remediando tantos males, porque dijera: «Lo que era bastante bueno para Galeno, también lo es para mí.» Son como un médico que se negara a usar las nuevas medicinas y técnicas de diagnóstico y de tratamiento, y dijera: «Lo que aprendí en la universidad hace cincuenta años sigue siendo bastante para mí.» En las cosas espirituales es todavía peor. Dios es infinito; Sus riquezas son inestrutables, y mientras dure el día debemos seguir avanzando.

(ii) Hay personas que no han crecido en conducta. Se le puede perdonar a un chaval que se chupe el dedo o que coja una rabieta; pero hay muchos que tienen aspecto de adultos y muchas cosas de niños. Sería bueno que todos pudiéramos hacer nuestras las palabras de Pablo: «Cuando me hice mayor, dejé las cosas de niño» (1 Corintios 13:11).

Los casos de falta de desarrollo son patéticos; y el mundo está lleno de gente cuya vida espiritual se ha detenido. Dejaron de aprender hace años, y su conducta espiritual es la de un niño. Es verdad que Jesús dijo que el espíritu de un niño es la cosa más grande del mundo; pero hay una diferencia tremenda entre la auténtica actitud de, la infancia y el infantilismo. Peter Pan es un personaje encantador de cuentos; pero la persona que se niega a crecer da grima. Cuidémonos de no seguir en la infancia espiritual cuando ya deberíamos haber alcanzado la mayoría de edad en la fe.

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