Hebreos 11: La fe de la ofrenda aceptable

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Fue por la fe por lo que Abel Le ofreció a Dios un sacrificio más completo que Caín, y por ello obtuvo el veredicto de ser un hombre justo; porque Dios mismo dio testimonio de ese hecho sobre la base de los dones que presentó: y aunque murió a causa de su fe, todavía nos habla.

El autor de Hebreos empieza la lista de honor de la fe con el nombre de Abel, cuya historia se encuentra en Génesis 4:115. Caín era labrador, y Le trajo a Dios una ofrenda de los productos de la tierra; Abel era pastor, y Le trajo a Dios una ofrenda de sus ganados. Dios prefirió la de Abel a la de Caín y éste, amargado por la envidia, mató a su hermano y se convirtió en un paria.

En el original, el sentido de la historia es difícil. Nada indica por qué Dios prefirió la ofrenda de Abel a la de Caín. Puede muy bien ser porque lo único que una persona puede ofrecer a Dios es su más preciada posesión, y ésta es la vida misma; para los hebreos la vida estaba en la sangre. Podemos entenderlo; porque, cuando la sangre se derrama, la vida se apaga. Según ese principio, el único verdadero sacrificio a Dios era un sacrificio cruento, es decir, de sangre: Abel ofreció el sacrificio de una criatura viviente, y Caín no; por tanto, el sacrificio de Abel era más aceptable.

Tal vez el autor de Hebreos esté pensando en las leyendas de la tradición judía. Los judíos encontraron sorprendente esta historia, y la elaboraron para encontrar la razón por la que Dios rechazó el sacrificio de Caín y éste mató a su hermano Abel. La leyenda más antigua nos cuenta que siempre que Eva daba a luz tenía mellizos, un niño y una niña, que a su tiempo formaban pareja como marido y mujer. En el caso de Abel y Caín, Adán intentó hacer un cambio y decidió darle a Abel como esposa a la hermana melliza de Caín. Caín se mostró sumamente disgustado con la decisión. Para zanjar la cuestión les dijo Adán: «Id, hijos míos, a hacerle un sacrificio al Señor; y el que ofrezca el sacrificio que sea agradable a Dios, se quedará con la chica.

Llevad cada uno vuestras ofrendas e id, sacrificad al Señor, y Él decidirá.» Así que Abel, que era pastor, llevó su mejor cordero al lugar del sacrificio; pero Caín, que era agricultor, llevó la peor gavilla de trigo que pudo encontrar y la puso encima del altar. Entonces descendió fuego del cielo que consumió la ofrenda de Abel sin dejar ni las cenizas, y ni tocó la ofrenda de Caín. Entonces Adán dio la muchacha como esposa a Abel, y Caín se quedó totalmente frustrado. Un día estaba Abel dormido en una montaña, y Caín le aplastó la cabeza con un pedrusco. Luego se echó el cadáver a los hombros y se puso a llevarlo, porque no sabía qué hacer con él. Vio dos cuervos que estaban peleándose, y que uno mató al otro; luego hizo un hoyo con el pico y lo enterró. Caín se dijo: « No tengo ni el sentido de este pájaro. Yo también enterraré a mi hermano en la tierra.» Y así lo hizo.

Los judíos tenían otra historia para explicar el primer asesinato. Caín y Abel no se podían poner de acuerdo sobre lo que había de poseer cada uno. Abel tuvo una idea para poner fin al desacuerdo. Caín se quedó con la tierra y todos los bienes inmuebles, y Abel tomó para sí todo lo que se movía. Pero la envidia seguía amargando el corazón de Caín. Un día le dijo a su hermano: « Quita el pie de ahí. Estás pisando mi propiedad, el llano es mío.» Abel huyó a las colinas; pero Caín le persiguió gritando: «¡Las colinas son mías!» Abel se refugió en las montañas; pero Caín seguía persiguiéndole y gritando: « ¡Las montañas también son mías!» Y así, por envidia, Caín fue persiguiendo a su hermano hasta que le mató.

Esta historia encierra dos grandes verdades.

(a) La primera, la envidia. Los griegos también reconocían su horror. Demóstenes decía: «La envidia es la señal de una naturaleza que es totalmente mala.» Eurípides dijo: «La envidia es la peor de todas las enfermedades humanas.» Había un proverbio griego que decía: « La envidia no cabe en el coro de Dios.» La envidia conduce a la amargura; la amargura, al odio; el odio, al asesinato. La envidia es una cosa que puede envenenar toda la vida y matar todo lo bueno.

(b) La segunda verdad es que se tiene la impresión horripilante de que Caín descubrió un nuevo pecado. Uno de los antiguos padres griegos dijo: «Hasta ese momento no había muerto ningún ser humano para que Caín supiera matar. El diablo se lo enseñó en un sueño.» Fue Caín el que introdujo en el mundo el asesinato. Hay condenación para el pecador; pero hay una condenación aún mayor para el que enseña a otros a pecar. El tal, como le sucedió a Caín, es desterrado de la presencia de Dios.

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