Génesis-41-José-interpreta-el-sueño-de-Faraón

Génesis 41: José interpreta el sueño de Faraón

Gén 41:1 Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río;

Gén 41:2 y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y muy gordas, y pacían en el prado.

Río : El río Nilo. Las vacas que del río subían describe un episodio corriente, ya que a estos animales les gustaba meterse en la corriente para protegerse del calor y de las moscas.

Gén 41:3 Y que tras ellas subían del río otras siete vacas de feo aspecto y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas hermosas a la orilla del río;

Gén 41:4 y que las vacas de feo aspecto y enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó Faraón.

Gén 41:5 Se durmió de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas y hermosas crecían de una sola caña,

Gén 41:6 y que después de ellas salían otras siete espigas menudas y abatidas del viento solano;

El viento solano : Un viento (del este) abrasador que sopla del desierto.

Gén 41:7 y las siete espigas menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era sueño.

Gén 41:8 Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu, y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios; y les contó Faraón sus sueños, mas no había quien los pudiese interpretar a Faraón.

Los sueños se suponía que comunicaban mensajes de Dios. Los antiguos egipcios dejaron muchos escritos jeroglíficos con instrucciones detalladas sobre cómo interpretar los sueños; por lo que se esperaba que los magos y los sabios supieran lo que Dios estaba diciéndole a Faraón. Se suponía que los magos eran expertos en el manejo de los libros rituales de la magia.

Los magos y los sabios eran comunes en los palacios de los gobernadores antiguos. Entre sus tareas estaba estudiar las artes sagradas y las ciencias, leer las estrellas, interpretar los sueños, predecir el futuro y hacer magia. Tenían poder, pero su poder era satánico. No pudieron interpretar el sueño de Faraón, pero Dios se lo reveló a José.

Gén 41:9 Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas.

Mis faltas se refiere a su ingratitud hacia José.

Gén 41:10 Cuando Faraón se enojó contra sus siervos, nos echó a la prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al jefe de los panaderos.

Gén 41:11 Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada sueño tenía su propio significado.

Gén 41:12 Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño.

Gén 41:13 Y aconteció que como él nos los interpretó, así fue: yo fui restablecido en mi puesto, y el otro fue colgado.

Gén 41:14 Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón.

Según la costumbre egipcia, que contrastaba con la semita, José debía ser presentado perfectamente aseado delante de Faraón. También esto representaba su transformación de esclavo en gobernador.

Nuestras oportunidades más importantes pueden llegar cuando menos las esperamos. Inmediatamente sacaron a José del calabozo y lo arrojaron ante Faraón. ¿Tuvo tiempo de prepararse? Sí y no. No le habían advertido que lo sacarían repentinamente de la prisión ni que el rey lo interrogaría. Sin embargo, José estaba listo casi para cualquier cosa por su correcta relación con Dios. No era el conocimiento que tenía José acerca de los sueños lo que lo ayudó a interpretar su significado. Era el conocimiento de Dios. Prepárese para cuando se le presenten oportunidades aprendiendo más de Dios. Así estará en condiciones de clamar a El cuando sea necesario.

Gén 41:15 Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos.

Gén 41:16 Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.

Respuesta propicia : Un mensaje adecuado que sería dirigido a Faraón.

José le dio todo el mérito a Dios. Nosotros debemos procurar hacer lo mismo. Tomarnos la gloria es robar lo que pertenece a Dios. No se quede callado cuando usted sabe que debe estar dando la gloria y el crédito a Dios.

Gén 41:17 Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que estaba a la orilla del río;

Gén 41:18 y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado.

Gén 41:19 Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto.

Gén 41:20 Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas;

Gén 41:21 y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio. Y yo desperté.

Gén 41:22 Vi también soñando, que siete espigas crecían en una misma caña, llenas y hermosas.

Gén 41:23 Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del viento solano, crecían después de ellas;

Gén 41:24 y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no hay quien me lo interprete.

Gén 41:25 Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer.

Gén 41:26 Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo.

Gén 41:27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre.

Gén 41:28 Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón.

Gén 41:29 He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.

Gén 41:30 Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.

Gén 41:31 Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima.

Nada indica que el hambre constituía un castigo directo; por el contrario, era parte de la acción de Dios al sujetar la naturaleza a vanidad.

Gén 41:32 Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.

Los dos sueños fueron considerados manifestaciones de un sólo mensaje de Dios; su repetición auguraba su inminencia, al tiempo que confirmaba su certeza.

Gén 41:33 Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto.

Gén 41:34 Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia.

Gén 41:35 Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo.

Gén 41:36 Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.

Después de interpretar el sueño de Faraón, José ofreció al rey un plan de supervivencia para los siguientes catorce años. La única manera de prevenir la hambruna era a través de un plan cuidadoso; sin un plan para combatir el hambre Egipto hubiera dejado de ser poderosa o se hubiera arruinado. A muchos les aburren o se les hacen innecesarios los planes detallados. Pero los creyentes deben reconocer que planear es una responsabilidad, no una opción. José pudo salvar una nación al traducir el plan que Dios tenía para Egipto en acciones prácticas (implementación). También nosotros debemos tomarnos el tiempo para traducir en acciones prácticas el plan que Dios tiene con nosotros.

José, gobernador de Egipto

Gén 41:37 El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos,

Si el Faraón se hubiese impresionado solamente por la habilidad mostrada por José en la interpretación de los sueños, lo habría contratado como mago, pero su sabiduría le subyugó más.

Gén 41:38 y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?

En quien esté el espíritu de Dios : Viniendo de los labios del Faraón, puede que constituya una alusión inconsciente a la providencia divina, o la frase podría ser traducida «el espíritu de un dios». Las opiniones de los especialistas están divididas.

Faraón reconoció que José era un hombre que poseía el espíritu de Dios. Usted probablemente no tendrá la oportunidad de interpretar sueños para un rey, pero los que lo conocen deben poder ver a Dios en usted, a través de sus palabras amables, actos de misericordia y consejos sabios. Sus parientes, vecinos y compañeros de trabajo ¿lo ven a usted como una persona en la que habita el Espíritu de Dios?

Gén 41:39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú.

Gén 41:40 Tú estarás sobre mi casa,(A) y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú.

José llegó muy rápidamente a la cima, de las paredes de la prisión al palacio de Faraón. Su entrenamiento para esta importante posición incluyó ser esclavo primero y luego prisionero. En cada ocasión aprendió la importancia de servir a Dios y a los demás. Cualesquiera que sean sus circunstancias, por indeseable que sean, considérelas parte de su programa de entrenamiento para un futuro servicio a Dios.

Gén 41:41 Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto.

Gén 41:42 Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello;

Su anillo : A José se le entregó la más alta posición en la esfera de las finanzas; los egipcios llamaban a un funcionario tan prominente como ese «portasellos real». Algunas inscripciones hablan de esclavos asiáticos como altos funcionarios egipcios, uno de los cuales pudo haber sido José. Literalmente, José saltó en un día de la miseria a la riqueza.

Gén 41:43 y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: !!Doblad la rodilla!;[a] y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.

La restauración anticipada.

El relato de la vida de José constituye una gran prefiguración del proceso restaurador de Dios, particularmente de aquellos que han sido víctimas de otros. Todo lo relacionado con el concepto de «El Espíritu Santo y la restauración» se desarrolla en el artículo del mismo título.

Gén 41:44 Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.

Gén 41:45 Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto.

On fue un famoso centro religioso dedicado al culto del dios-sol. La promoción de José llegó desafortunadamente acompañada por un matrimonio pagano. No se hace alusión, sin embargo, a que haya abandonado su fe en Jehová.

Quizá Faraón procuraba que José fuera más aceptable a la cultura de Egipto al darle un nombre y una esposa egipcios. Probablemente quería

(1) restar importancia al hecho de que José era un pastor nómada, profesión que los egipcios menospreciaban,

(2) hacer que el nombre de José fuera más fácil de pronunciar y recordar y

(3) demostrar el gran mérito que tenía al darle a la hija de un funcionario egipcio prominente.

Gén 41:46 Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.

José tenía treinta años cuando llegó a gobernador de Egipto. Era de diecisiete años cuando sus hermanos lo vendieron en esclavitud. Por lo tanto, había pasado once años como esclavo y dos en prisión.

Gén 41:47 En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo a montones.

Gén 41:48 Y él reunió todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y guardó alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento del campo de sus alrededores.

Gén 41:49 Recogió José trigo como arena del mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar, porque no tenía número.

Gén 41:50 Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On.

Gén 41:51 Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés;[b] porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.

Gén 41:52 Y llamó el nombre del segundo, Efraín;[c] porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.

Los nombres de los dos hijos de José se inmortalizarían más tarde en una bendición establecida por Jehová para ser usada desde la antigüedad hasta los tiempos de la iglesia.

Gén 41:53 Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto.

Gén 41:54 Y comenzaron a venir los siete años del hambre,(B) como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, mas en toda la tierra de Egipto había pan.

El hambre era una catástrofe en los tiempos antiguos, como lo es en muchas partes del mundo hoy día. Se requerían condiciones perfectas para producir buenas cosechas, ya que no había fertilizantes químicos ni pesticidas. Cualquier variación en el balance delicado de la lluvia o los insectos podía hacer que se perdieran las cosechas y hubiera hambre porque la gente confiaba casi exclusivamente en sus propias cosechas. La falta de almacenamiento, refrigeración y transporte convertían una hambruna en una situación desesperada. El hambre para la que José preparó a Egipto fue descrita como “terrible”. Sin la intervención de Dios, la nación egipcia se hubiera desmoronado.

Gén 41:55 Cuando se sintió el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo clamó a Faraón por pan. Y dijo Faraón a todos los egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere.

La interpretación de José se cumplió fielmente.

Gén 41:56 Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios; porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.

Por toda la extensión del país : Debe haber ocurrido alguna catástrofe de grandes dimensiones, porque Egipto recibe casi toda el agua de que dispone, vía el río Nilo, de las lluvias estacionales que caen en lo profundo del este de áfrica. No sólo escasearon las lluvias allí, sino que el río Nilo, que se desborda todos los años, aparentemente no se salió de su cauce durante varias temporadas, quizás en todo el transcurso de aquellos siete años. Sin la crecida de las aguas del Nilo muy poco podía cosecharse en Egipto.

Gén 41:57 Y de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre.

Los sueños del faraón.

Mientras José permanece en la cárcel por dos años después de la liberación del copero, Dios interviene en la vida de otra persona para traer a José en prominencia y usarle como instrumento de sobrevivencia.

El faraón, cargo hereditario, era el rey de Egipto y se le atribuía divinidad. Tenía mucho poder político e influencia en el mundo conocido, ya que tenía dominio sobre territorios fuera de Egipto. El faraón tiene dos sueños sucesivos en una misma noche que le causan disturbio por su rareza, sentido horrífico y similaridad. Los sueños eran considerados de mucha importancia en la cultura egipcia y más cuando el recipiente era una persona importante. El faraón política y religiosamente tenía bajo su responsabilidad el destino de la nación. Los tres elementos que se mezclan en el sueño —el río Nilo, el ganado y las espigas de cereal— eran elementos fundamentales en la economía del pueblo. El Nilo, el río más largo del mundo (6.670 km.), hace de Egipto un gran oasis en medio de un gran desierto. Los egipcios lo consideraban un dios y la historia y el desarrollo cultural de Egipto están ligados al río. En sus crecidas periódicas el Nilo proveía irrigación y fertilización a una vasta zona productiva de Egipto. La necesidad de predecir dichas crecidas y utilizarlas al máximo llevó a los egipcios a desarrollar la astronomía, adoptar un calendario anual, inventar la escritura y descubrir avanzadas técnicas de agricultura. La ganadería y el cultivo de cereal eran prominentes en Egipto y servían de base a la subsistencia de la población y al comercio externo. Y justo el mismo faraón es el recipiente del sueño, que con el Nilo, el ganado y el cereal, indican y aseguran el futuro. El imperio poseía siempre sabios y magos (los técnicos) quienes se especializaban en la interpretación de sueños. Por la importancia de este sueño, el faraón pide la ayuda de ellos. Pero pese a la abundancia de consejeros y la avanzada técnica que lograron desarrollar, nadie puede interpretar esos sueños. Faraón tiene en su poder la información del futuro, pero no la técnica para interpretarla. La razón sencillamente es que no era una información tecnológica producto de la sabiduría y planeamiento humano, sino revelación de Dios. Y las revelaciones de Dios sólo se entienden por técnicas “espirituales”.

Sacan a José de la cárcel.

Ningún intérprete fue capaz de explicar el sueño del faraón. Todo hubiera terminado nada más que en sueño si no fuera por la intervención del jefe de los coperos, quien recuerda su experiencia con José en la cárcel e informa al faraón de la posibilidad de interpretación del sueño. El copero admite su falta que consiste en no haber intercedido ya por José ante el faraón. Con mucha precisión relata la experiencia resaltando los siguientes puntos. Primero, el copero recuerda que anteriormente el faraón había ordenado su encarcelamiento juntamente con el jefe de los panaderos. Segundo, le relata que ambos prisioneros tuvieron un sueño que demandaba su interpretación correcta. Tercero, identifica a José con exactitud: un joven hebreo y esclavo del capitán de la guardia. Esta identificación de edad, de raza y de condición social no es precisamente una buena referencia de presentación para la solución de un problema tan grave. En Egipto, como en nuestros países, la técnica y el poder de decisión estaban bien controlados y aun monopolizados por gente bien establecida y de un grupo políticosocial privilegiado. Cuarto, el copero admite que tanto él como el jefe de los panaderos contaron a José sus respectivos sueños y que la interpretación de éste fue cumplida con exactitud. Y justamente el cumplimiento de esos sueños fue instrumentado por el mismo faraón quien con su acción inicial de encarcelamiento y final de liberación y sentencia, queda conectado y responsable en todo este episodio. Este aspecto habrá llamado poderosamente la atención del faraón: ciertas acciones que él realizara dos años atrás fueron “dictaminadas” por un joven esclavo hebreo, desde una cárcel egipcia.

El faraón entonces hace llamar a José quien con urgencia es sacado de la cárcel. Una vez más Dios interviene en la vida de José quien no queda permanentemente olvidado en la cárcel. Lo hace indirectamente haciendo recordar al jefe de los coperos de su experiencia con José. Para ir ante faraón, José se prepara para presentarse en forma digna y respetable.

José interpreta los sueños del faraón.

El encuentro de José con el faraón se desarrolla de la siguiente manera: Primero se establece la relación correcta. El faraón declara que no hay quien interprete sus sueños, pero que tiene noticias que José es un “probado” intérprete de sueños. José responde precisa y categóricamente que no es él sino Dios quien ha de responder al sueño del faraón. La práctica de interpretación de sueños no era novedad. La novedad era que se establece que la interpretación de sueños no depende de técnicas humanas sino de una intervención de Dios. Ya en la cárcel José había establecido esta verdad. Segundo, se relata el sueño con precisión y sin interrupción. El relato es similar al anyerior, excepto que el faraón agrega su impresión a lo horroroso de las siete vacas flacas (jamás he visto otras y su apariencia seguía siendo tan mala). El faraón admite que a pesar de haber relatado su sueño a los magos (los tecnócratas de la época) nadie los pudo interpretar. He aquí un hombre poderoso sin recurso técnico ante un sueño.

Tercero, José responde al faraón interpretando los sueños. Varios aspectos son resaltantes en la interpretación de José. Primero, se establece que es Dios quien está detrás de todo este sueño. Culturalmente los sueños son atribuidos a recursos, fuerzas o impulsos internos de la persona humana. Por tanto su interpretación depende de una técnica humana especial. Pero en este caso es Dios quien está mostrando al faraón lo que va a acontecer. Aun más, Dios está en total y único control de ejecutar el futuro. Segundo, se explica el significado del sueño. Ya no es una interpretación basada en una técnica sino una revelación asignada a una persona de especial relación con Dios. José ya no es un simple practicante de interpretación de sueños, sino un profeta del Dios de la historia. El foco de atención no es el sueño en sí sino es Dios quien al ejecutar su plan se preocupa del bienestar del ser humano y ya teniendo en cuenta a la descendencia de Abraham, su escogido. El significado de los sueños no es muy complejo. Los sueños tienen un mismo mensaje e indican la determinación inalterable y urgente de Dios. Habrá siete años de gran abundancia productiva seguidos de siete años de grave escasez. La causa directa y final es Dios. La causa natural no se menciona, pero se comprende que esto es posible y debido al comportamiento del río Nilo. Aquí hay una declaración importante para el faraón: el futuro de Egipto no depende del Nilo, sino de Dios.

José urge al faraón tomar acción para enfrentar la situación futura.

Aunque importante la correcta interpretación, la revelación de Dios demanda una respuesta humana. José aconseja dicha respuesta basándola en lo siguiente:

Primero, su certeza de que Dios va a ejecutar su propósito. Nada hay más para discutir. Las revelaciones de Dios son finales y deben ser aceptadas por el hombre.

Segundo, José anuncia que ahora hay una responsabilidad grande en el faraón. El debe tomar las medidas y precauciones necesarias a la situación. La misericordia de Dios se extiende en la revelación del futuro. El cuidado y resguardo del mismo está a cargo del ser humano. Según la Biblia, el bienestar y sobrevivencia de toda la nación es la responsabilidad intransferible del poder político. El apóstol Pablo afirma que la autoridad política legítimamente constituida (constituido por Dios) es servidor de Dios para el bien del ciudadano.

Tercero, José expone la necesidad de un plan nacional completo e integral que incluye estos elementos:

Primero, el nombramiento de una autoridad administrativa centralizada y responsable ante el faraón de toda la política a ejecutarse. Las cualidades de esta persona se especifican claramente: con conocimientos técnicos (entendido) y capacidades administrativas (sabio).

Segundo, que se adopte una organización política dividiendo el país en territorios con gobernantes locales quienes se encarguen de la ejecución del plan nacional.

Tercero, la adopción de un plan de almacenamiento que incluya una recaudación del 20% del producto como un impuesto nacional y la preservación adecuada de los productos recaudados en los años de abundancia como previsión para los años de escasez. Los funcionarios o gobernantes territoriales serán los responsables ante el faraón de la recaudación y almacenamiento de los productos en lugares estratégicos. El propósito final de todo este plan es el de evitar la ruina del país y asegurar la sobrevivencia poblacional. Si la interpretación de sueños destaca a José como profeta, el consejo de un plan nacional lo destaca como un hombre sabio y prudente. Es interesante reflexionar que sus capacidades administrativas las aprendió como “ayudante” o “mano derecha” de su padre. Seguro que por la recurrencia de escasez en Canaán, una política de prevención y una estrategia de sobrevivencia era muy necesaria. A ello se debe agregar su desarrollo como mayordomo exitoso en la casa de Potifar y luego en la cárcel. No está demás insistir que la diligencia y responsabilidad humana complementan necesariamente a la elección de Dios como instrumento de bendición. José ofrece todo el beneficio de su relación con Dios (espiritual) al interpretar el sueño y su capacidad intelectual al ofrecer un plan de acción. El cumplimiento de la promesa patriarcal de bendición a todas las familias de la tierra se cumple en este escogido.

Dependencia en Dios

La primera cualidad que el faraón mencionó acerca de José fue su dependencia de Dios. El faraón ignoró el hecho de que José tenía un pasado cuestionable, olvidó los rumores que corrían por los pasillos del palacio acerca de sus intereses con la esposa de uno de sus generales. También hizo a un lado el que José fuera un “recién salido de la cárcel” donde había estado por varios años. Faraón solamente vio que el espíritu de Dios estaba sobre José y que eso lo convertía en un hombre sabio. Así que sin pensarlo más, el faraón promueve a José a la primera magistratura de Egipto.

Algunas veces nosotros pensamos que por causa de algunos pecados o faltas cometidas en el pasado no hay ninguna esperanza de que podamos prosperar en el futuro. Sin embargo, cuando nos dejamos modelar por la mano amorosa de Dios, le pedimos su dirección y confiamos a él la totalidad de nuestro ser, el pasado queda atrás y las victorias y nuevas oportunidades están adelante, esperándonos.

El faraón nombra a José gobernador de Egipto.

No se discute ni se mide el valor del plan presentado por José. Simplemente se acepta y se propone ejecutarlo. El faraón hace recaer la responsabilidad del plan en José argumentando tres razones: Primera, el plan presentado por José era la respuesta correcta a la nueva realidad revelada en la interpretación del sueño. Aquí se nota la aceptación del faraón y sus servidores de la sabiduría superior de José. Segunda, el faraón reconoce la relación especial de José con Dios. Esta dimensión espiritual es transcendental y se reconoce que por más preciso y correcto el plan, la crisis necesita de una persona que actúa con el beneficio de una relación íntima con Dios. Puede aclararse que el Dios mencionado en la conversación para José claramente es el verdadero Dios, el Dios de relación personal de los patriarcas y quien interviene con soberanía y autoridad en las actividades humanas. Desde el punto de vista del faraón, Dios es la referencia o realidad trascendente que de pronto se “adueña” del imperio con soberanía e independencia. El reconoce que la crisis necesita de una continua relación con este Dios quien causa esta situación. Tercera, el faraón reconoce que ningún recurso humano disponible podía llenar la necesidad surgida por la crisis: No hay nadie tan entendido ni sabio. En su consejo José nunca se “promocionó” como candidato, sino simplemente evaluó los requerimientos necesarios para la persona a nombrarse. Tanto José como el faraón actuaron con humildad guiados ya por los designios de Dios. No está demás mencionar que en tan importante decisión, el faraón habrá tenido también a mano un informe exacto de la trayectoria exitosa de José en la casa de Potifar y en la cárcel (sus cartas de recomendación). Sin duda, nuevamente se combinan perfectamente la elección de Dios y la probada diligencia del hombre ante responsabilidades dadas.

Tu Dios habla

El faraón llamó a José Zafenatpanéaj. El nombre egipcio dado a José por el faraón puede significar “Dios dice que está vivo”; o como anota RVA “Dios habla; él vive”. El contenido da a entender que Dios ha comunicado su palabra con tal firmeza y certeza que es una clara evidencia de que él está presente en medio de nosotros.

La manera como los hijos de Dios nos comportamos y hablamos da a conocer al Dios en el cual creemos y confiamos. Dichosos los que pueden hacer exclamar a otros: “¡Tu Dios habla!”, “¡tu Dios vive!”

Parentela distinguida

Y le dio por mujer a Asenat hija de Potifera, sacerdote de On. El nombre de la esposa de José significa algo parecido a “propiedad de la diosa Neit”; probablemente la diosa egipcia Neit o el dios Ra que eran la pareja de dioses solares. El padre de Asenat es nada menos que el sacerdote de On o Heliópolis que era el centro del culto solar. El suegro de José es por lo tanto un hombre de mucha influencia en la vida política y religiosa de Egipto.

José, el que no tenía familia en Egipto, llega a emparentar con la más alta nobleza de todo el imperio.

El faraón ofrece a José los siguientes cargos: Primero, Mayordomo del Palacio del faraón, cargo que otorga a José autoridad imperial. Segundo, Gobernador de Egipto, cargo político que otorga a José autoridad legal y poder centralizado. Normalmente este cargo era reconocido como el de Gran Visir o Vice rey, similar al de Primer Ministro de nuestros días. Esta posición era superior a todos los otros cargos y sólo inmediatamente inferior al faraón. Tercero, representante del faraón en todos los territorios bajo su dominio. Este era un cargo administrativo que concede a José autoridad directa sobre las autoridades locales en todo Egipto. En acuerdo con la necesidad de una política integral centralizada y bien coordinada, el faraón concede a José todos los cargos representativos, políticos y administrativos del imperio que harán posible el éxito del plan.

José acepta los nombramientos sin discutir. Su vocación de servicio y su convicción de hombre de un futuro especial en los planes de Dios (sus sueños de preeminencia) le animan a enfrentar esta nueva y gran responsabilidad. Su confianza en Dios lo lleva de un joven pastor soñador a ser el señor del mayor imperio de ese tiempo. Cabe destacar que este cargo no era para grandeza personal, sino de servicio y su propósito fue para preservación de vida. Dios escogió a José y él respondió a esa elección. Bien podía el pedir su libertad, una recompensa material acorde con el trabajo de su “consultora internacional”. Inclusive él pudo haber pedido el castigo de aquellos que causaron su sufrimiento. Pero José reconoce que por su elección no es un simple espectador de la historia, sino un instrumento protagonizador de la historia, ya escogido por Dios de antemano. Pese a todo, fue necesario un nombramiento “oficial” por parte de faraón en perfecto equilibrio entre la soberanía de Dios y el libre albedrío del hombre.

Los nombramientos van acompañados de las ceremonias apropiadas de proclamación y reconocimiento oficial. El faraón entrega a José su anillo personal, lo cual concede autoridad legal para promulgar decretos y establecer las políticas necesarias a la situación. El vestido y las joyas dan a conocer su nueva condición de realeza y autoridad imperial, las cuales permitirán una esfera de acción sin impedimentos. El segundo carro del faraón otorga a José movilidad y autoridad administrativa en representación directa del faraón en todo el territorio egipcio. Finalmente, en un acto público se proclama la investidura oficial de José y su inicio en la vida pública. La población reconoce con gesto de sumisión a esta nueva autoridad imperial.

El siguiente paso obligatorio es el de integrar a José a la vida social y cultural de Egipto. Para ello el faraón le concede un nuevo nombre egipcio que expresa la característica sobresaliente de José. Ade- mas, le otorga una esposa de posición social privilegiada. Es muy importante notar que ella pertenece a una familia sacerdotal (religiosa). No sabemos si fue a pedido de José o una concesión libre del faraón. De cualquier manera, esta determinación juzga el factor religioso de más afinidad con José y de más importancia para este nuevo cargo.

José planifica para los años de hambre.

A los 30 años, 13 años después de haber estado en Egipto, se inicia José como el gobernador de Egipto. De acuerdo con el plan propuesto, él desarrolla todas sus actividades. Recorre toda la tierra para tener un conocimiento exacto y correcto de los recursos materiales y humanos disponibles. Con los datos obtenidos determina áreas de cultivo, distribuye el trabajo en la forma más apropiada e imparte las responsabilidades necesarias. Estas acciones aseguran una producción agrícola abundante, aprovechando las condiciones favorables de la tierra. De la producción cuantiosa durante los siete años fácilmente se almacena en cada ciudad todo el excedente. Se resalta que el almacenamiento no fue en un lugar centralizado para asegurar una distribución rápida y equitativa.

Manasés  José llamó el nombre del primogénito Manasés, porque dijo: Dios me ha hecho olvidar. La expresión: todo mi sufrimiento y toda la casa de mi padre parece un complemento natural que el autor expresa en una identificación propia y justa con el sufrimiento que José había soportado y el abandono por parte de sus hermanos. El concepto expresa más la idea de perdón, de haber superado un sentimiento por la gracia sanadora de Dios.

Manasés fue el hijo de José que más tarde Jacob adopta (aunque no como primogénito) para que reciba sus bendiciones. Así llega a ser el padre de una de las tribus de Israel y por lo tanto heredó una parte de la tierra prometida.

Pese a su excesiva ocupación, José no descuida su vida familiar. Durante estos primeros siete años nacen sus dos hijos, asegurándose la continuación de la descendencia, tan importante en relación con el pacto. Los nombres puestos son muy significativos porque reflejan el cambio favorable de su situación concedida por Dios en la tierra de Egipto, pero al mismo tiempo su deseo y añoranza por su tierra y la casa de su padre. Aquí se mantiene una fidelidad a la promesa patriarcal.

Los siete años de abundancia terminan y llegan los de hambre. El pueblo clama por alimento al faraón. Este puede responder a dicho clamor, gracias al plan desarrollado e indica a José como el responsable de proveer de alimentos. Los graneros de Egipto están preparados para proveer alimento para el pueblo. Como el hambre estaba extendido a otras regiones, de otros países también vienen a comprar trigo de Egipto. José dirige la venta del producto tanto al pueblo egipcio como a los extranjeros que acudían a él. Aquí no hay monopolio o deseo excesivo de poder; simplemente hay una vocación de servicio e instrumentación de sobrevivencia a la humanidad en crisis.

Varias lecciones útiles se pueden entresacar de este incidente bíblico. Hay muchos lugares donde existe escasez y hambre en el mundo de hoy día, mientras que en otros hay abundancia. En el caso de Egipto, Dios reveló al gobernante del inminente hambre. Un hombre de Dios interpretó ese problema y ejecutó un plan previsor y con el propósito de asegurar la sobrevivencia humana. Hoy día también se pueden evitar situaciones penosas de hambre si hombres de Dios y naciones con capacidad de producción abundante, en su mayoría identificadas como cristianas, se hacen responsables de desechar la codicia de poder y el enriquecimiento desmedido en perjuicio de la vida de tantos seres humanos. No es la escasez mundial la causante de hambre, sino el abuso de recursos por algunos, la mala distribución y la codicia ilimitada de unos pocos.

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