Gálatas 4: Los días de la niñez

Categorías: Gálatas.

Esto es lo que quiero decir: Mientras el heredero es un niño, no se diferencia en nada de un esclavo, aunque es el amo de todo; pero está bajo el control de mayordomos y supervisores hasta que llega el día que ha fijado su padre. Eso es lo que sucede con nosotros: Cuando éramos niños, estábamos sujetos al conocimiento elemental que este mundo puede proveer. Pero, cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, con el propósito de redimir a los que estábamos sujetos a la Ley, para que fuéramos adoptados como hijos. Porque sois hijos, Dios envió el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, que clama: «¡Abba! ¡Padre!» Por consiguiente, ya no eres un esclavo, sino un hijo; y como hijo, heredero, que es lo que Dios te ha hecho.

En el mundo antiguo, el proceso del crecimiento estaba mucho más definido que ahora. En el mundo judío, el primer sábado después de que un niño cumpliera los doce años, su padre le llevaba a la sinagoga, donde llegaba a ser un hijo de la Ley. El padre pronunciaba allí una bendición: «¡Bendito seas, oh Dios, que me has relevado de la responsabilidad por este chico!» El chico hacía una oración en la que decía: «¡Oh, mi Dios y Dios de mis padres! En este día solemne y santo, que marca mi paso de la niñez a la virilidad, yo elevo humildemente mis ojos a Ti, y declaro con sinceridad y verdad que, desde ahora en adelante guardaré Tus mandamientos, y asumo la responsabilidad de mis acciones ante Ti.» Había una clara línea divisoria en la vida de un joven; como de la noche a la mañana se hacía un hombre.

(i) En Grecia, un chico estaba al cuidado de su padre desde los siete hasta los dieciocho años. Entonces llegaba a ser lo que se llamaba un efebos, que se podría traducir por joven, y estaba dos años bajo la supervisión del estado. Los atenienses estaban divididos en diez fratríai o clanes. Antes de que el muchacho llegara a ser un efebos, se le recibía en el clan en un festival llamado la apaturía; y en un acto ceremonial se le cortaba el pelo largo y se les ofrecía a los dioses. Una vez más, el crecimiento pasaba por un proceso totalmente definido.

(ii) Bajo la ley romana, el año en que un muchacho pasaba a ser un hombre no estaba fijado definitivamente, pero estaba siempre entre los 14 y los 17 años. En un festival sagrado para la familia que se llamaba la liberalia, se quitaba la toga praetexta, que era una toga con una estrecha banda púrpura por abajo, y se ponía la toga virilis, que era la toga corriente que llevaban los adultos. Entonces le llevaban sus amigos y parientes al foro, y le introducían formalmente a la vida pública. Era esencialmente una ceremonia religiosa. Y una vez más había un día totalmente definido en el que el muchacho alcanzaba la categoría de hombre. Había una costumbre romana según la cual el día que un chico o una chica alcanzaban la edad, el chico ofrecía su balón, y la chica su muñeco a Apolo para mostrar que prescindían de las cosas infantiles.

Cuando un chico era menor de edad a los ojos de la ley, podía ser el dueño de una propiedad considerable, pero no podía hacer ninguna decisión legal, ni estaba en control de su propia vida; todo se le hacía, y se le dirigía en todo; y, por tanto, para todos los efectos prácticos, no tenía más libertad que si hubiera sido un esclavo; pero cuando llegaba a ser un hombre, entraba en posesión de su herencia.

De la misma manera -sigue razonando Pablo-, en la infancia del mundo la Ley ejercía su dominio. Pero la Ley no era más que un conocimiento elemental. Para describir esto Pablo usa la palabra stoijeía. Un stoijeion (singular) era originalmente una línea de cosas; por ejemplo: se podía referir a una fila de soldados. Pero llegó a significar el abecedario, y por tanto cualquier conocimiento elemental.

Tiene otro significado que algunos sostienen que es el de aquí: los elementos de los que está formado el universo, y especialmente los cuerpos celestes. El mundo antiguo estaba asediado por la fe en la astrología. Si una persona nacía bajo una cierta estrella, su destino -eso creían- estaba decidido. Todo el mundo vivía bajo la tiranía de las estrellas y anhelaba liberarse. Algunos investigadores creen que Pablo está diciendo que hubo un tiempo en que los gálatas habían vivido bajo la tiranía de esa fe en la inevitable influencia de las estrellas. Pero todo el mensaje parece más bien sugerir que el sentido en él de stoijeía es el de conocimiento rudimentario.

Pablo dice que cuando los gálatas -e igualmente toda la humanidad- no eran más que niños, estaban bajo la tiranía de la Ley; entonces, cuando todo estuvo dispuesto, Cristo vino a liberar a la humanidad de esa tiranía. Así es que ahora las personas ya no son esclavas de la Ley; han llegado a ser hijos e hijas, y han llegado a poseer su herencia. La niñez que correspondía a la Ley había de pasar; la libertad de la humanidad ha llegado.

La prueba de que somos hijos se manifiesta en el clamor instintivo del corazón. El ser humano clama en su más profunda necesidad a Dios: «¡Padre!» Pablo usa dos palabras: « ¡Abba! ¡Padre!» Abba es la palabra aramea para padre; o, más exactamente, papá. Debe de haber estado a menudo en labios de Jesús, y su sonido era tan sagrado para los que se lo oyeron pronunciar que lo transcribieron en Su lengua original. Este clamor instintivo del corazón humano, Pablo cree que es la expresión de la obra del Espíritu Santo. Si nuestros corazones claman así, sabemos que somos hijos, y que toda la herencia de la Gracia es nuestra.

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