Filipenses 4: Las grandes cosas en el Señor

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Así que, hermanos míos a los que amo y anhelo, gozo y corona míos, manteneos firmes en el Señor, amados. Todo este pasaje rezuma el calor del afecto de Pablo a sus amigos filipenses. Los ama y anhela. Son su gozo y su corona. Los que él ha traído a Cristo son su mayor gozo cuando las sombras se cierran a su alrededor.

Cualquier maestro conoce la emoción de poder señalar a alguna persona que ha triunfado en la vida y poder decir: «Era uno de mis chicos.»

Hay figuras gráficas tras la palabra que usa Pablo para decir que los filipenses son su corona. Hay dos palabras griegas para corona, y tienen trasfondos diferentes. Una es diádéma, que quiere decir la corona real, la corona de un rey. Y la otra es stéfanos, que es la que aparece aquí, que tenía dos trasfondos.

(i) Era la corona que recibía el atleta vencedor en los juegos deportivos griegos. Se hacía de hojas de olivo silvestre, entretejidas con perejil verde y hojas de laurel. El ganar esa corona era la cima de las aspiraciones del atleta.

(ii) Era la corona con la que se adornaban los invitados a un banquete, en alguna gran ocasión festiva. Es como si Pablo dijera que sus amigos filipenses eran la corona de todos sus esfuerzos; es como si dijera que en el banquete final de Dios serían su corona festiva. No hay gozo en el mundo comparable al de traer otra alma a Jesucristo.

Tres veces en los primeros cuatro versículos de este cuarto capítulo aparece la frase en el Señor. Hay tres grandes mandamientos que da Pablo en el Señor.

(i) Los filipenses han de mantenerse firmes en el Señor. Solo con Jesucristo puede una persona resistir las seducciones de la tentación y la debilidad de la cobardía. La palabra que usa Pablo para mantenerse firmes (stékete) es la que se usaría de un soldado que tuviera que resistir el fragor de la batalla cuando el enemigo se lanzara sobre él. Sabemos muy bien que hay algunas personas en cuya compañía es fácil hacer lo que no se debe, y que hay otras en cuya compañía es fácil resistir al mal.

Algunas veces, cuando miramos atrás y recordamos algún momento en que nos desviamos o caímos en tentación o perdimos nuestra dignidad, decimos anhelantes, pensando en alguien a quien amamos: « Si él o ella hubiera estado allí, aquello no me habría sucedido.» Nuestra única seguridad frente a la tentación está en el Señor, en sentir Su presencia a nuestro alrededor y en nosotros. La iglesia y el cristiano sólo pueden mantenerse firmes cuando están en Cristo.

(ii) Pablo exhorta a Evodia y a Síntique que estén de acuerdo en el Señor. No puede existir unidad si no es en Cristo.

En los asuntos corrientes de la vida diaria sucede a menudo que personas de lo más diferentes se mantienen en una cierta relación porque reconocen a un gran dirigente. Se lealtad mutua depende totalmente de su lealtad hacia él. Prescindid del dirigente, y todo el grupo se desintegraría en unidades aisladas y a menudo en guerra. Las personas no se pueden amar unas a otras a menos que amen a Cristo. La fraternidad humana es imposible aparte del señorío de Cristo.

(iii) Pablo exhorta a los filipenses a que se regocijen en el Señor. Lo único que todos los seres humanos necesitan aprender acerca del gozo es que no tiene nada que ver con las cosas materiales ni con las circunstancias externas. Es un hecho de la experiencia humana que una persona que viva en el regazo del lujo puede ser desgraciada, y la que viva en las simas de la pobreza puede estar rebosando de gozo. Un hombre al que aparentemente la vida no le haya asestado sus peores golpes puede ser un quejica amargado, mientras que otro al que sí se los haya asestado puede estar siempre serenamente jubiloso.

En su discurso rectoral a los estudiantes de la Universidad de Saint Andrews, J. M. Barrie citó la carta inmortal que el capitán Scott, el héroe de la expedición a la Antártida, le escribió cuando el helado aliento de la muerte se dejaba sentir en toda la expedición: «Estamos colocando estacas en un lugar desapacible… Nos encontramos en una situación desesperada -los pies helados, etc., sin combustible, a mucha distancia de los alimentos, pero le sentaría bien a tu corazón estar en nuestra tienda, escuchar nuestras canciones y nuestra conversación animada.» El secreto está en que la felicidad no depende de cosas ni de lugares, sino siempre de personas. Si estamos con la persona ideal, ninguna otra cosa importa; y si no estamos con esa persona, nada puede compensar por su ausencia. El cristiano está en el Señor, el más maravilloso de los amigos; nada puede separar al cristiano de Su presencia, así es que nada puede arrebatarle el gozo.

Haciendo las paces

Exhorto a Evodia y exhorto a Síntique que estén de acuerdo en el Señor. Sí, y te pido también a ti, auténtico colega mío en la obra, que ayudes a estas mujeres; porque se han esforzado conmigo en el Evangelio, lo mismo que Clemente y mis otros colaboradores, cuyos nombres están en el Libro de la Vida.

Este es un pasaje de cuyo trasfondo nos gustaría saber mucho más. Está claro que hay un drama por detrás, dolor de corazón y grandes acciones, pero no podemos más que imaginarnos los personajes. En primer lugar, hay ciertos problemas por resolver en relación con los nombres. La antigua versión Reina-Valera siguió perpetrando la confusión que inició la Biblia del Oso llamando .a estos dos personajes Euodias y Syntyché. Síntique es un nombre de mujer, y Euodias debería serlo de hombre.

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