Ezequiel 47: Aguas de Dios que sanan

Categorías: Antiguo Testamento y Ezequiel.

Ezequiel 47:1 Después me hizo volver a la entrada del templo; y he aquí, brotaban aguas de debajo del umbral del templo hacia el oriente, porque la fachada del templo daba hacia el oriente. Y las aguas descendían de debajo, del lado derecho del templo, al sur del altar.

Un río sagrado salía de debajo del umbral . . . hacia el oriente . Cuatro veces se miden mil codos de su trayecto mientras las aguas se elevan hasta los tobillos, las rodillas, los lomos, y finalmente hasta un sitio demasiado profundo como para poder atravesarlo. Alusiones a este río se encuentran en otros lugares de las Escrituras, y se hace evidente su relación con el río del Paraíso. Los árboles que crecen a lo largo de las riberas del río proveen abundante fruto durante todo el año, como en Amos 9:13. Tales profecías sobre las aguas de las que fluyen bendiciones puede que anticipen la obra del Espíritu Santo en las vidas de los creyentes del NT.

Este río es similar al mencionado en Revelaciones 22:1-2, ambos asociados con el río de vida del huerto de Edén. El río simboliza la vida que proviene de Dios y las bendiciones que fluyen de su trono. Es un río manso, seguro y profundo, que se extiende a medida que fluye.

Ezequiel 47:2 Me sacó por la puerta del norte y me hizo dar la vuelta por fuera hasta la puerta exterior, por la puerta que da al oriente. Y he aquí, las aguas fluían del lado sur.

Ezequiel 47:3 Cuando el hombre salió hacia el oriente con un cordel en la mano, midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta los tobillos.

Ezequiel 47:4 Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta las rodillas. De nuevo midió otros mil y me hizo pasar por las aguas, con el agua hasta la cintura.

Ezequiel 47:5 Y midió otros mil; y ya era un río que yo no pude vadear, porque las aguas habían crecido, aguas que tenían que pasarse a nado, un río que no se podía vadear.

Ezequiel 47:6 Entonces me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Me llevó y me hizo volver a la orilla del río.

Ezequiel 47:7 Y cuando volví, he aquí, en la orilla del río había muchísimos árboles a uno y otro lado.

Ezequiel 47:8 Y me dijo: Estas aguas salen hacia la región oriental y descienden al Arabá; luego siguen hacia el mar y desembocan en el mar; entonces las aguas del mar quedan purificadas.

Arabá : área desértica cercana a Jerusalén en el Mar Muerto.

Ezequiel 47:9 Y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río.

El Arabá es la depresión geológica sobre la cual yace el Mar Muerto. «Recibirán sanidad las aguas» se refiere al Mar Muerto, una masa de agua tan salada que nada puede vivir en ella. El río sanará las aguas del Mar Muerto, para que pueda sustentar la vida. Esta es otra ilustración de la naturaleza vivificante del agua que fluye del templo de Dios. El poder de Dios puede transformarnos, no importa cuán corruptos y faltos de vida nos encontremos. Aun cuando nos sintamos confundidos y más allá de toda esperanza, su poder nos puede sanar.

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