Ezequiel 43- La gloria del Señor vuelve al templo

Ezequiel 43: La gloria del Señor vuelve al templo

Ezequiel 43:1  Entonces me llevó a la puerta, la puerta que mira hacia el oriente;

Esta es la culminación de los capítulos 40-42, porque la gloria de Dios vuelve al templo. Es todo lo contrario al tono negativo del libro y sirve como un final adecuado para todos los pasajes relacionados con las bendiciones reservadas para el remanente restaurado. Cada verdadero creyente debe ansiar ese momento cuando el nombre de Dios sea glorificado finalmente de una vez y para siempre. [private]

Ezequiel 43:2  y he aquí, la gloria del Dios de Israel venía de la parte del oriente. Su voz era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria.

La gloria del Dios de Israel : Ezequiel había descrito la gloria de Dios abandonando el templo y dirigiéndose hacia el este; ahora la gloria regresa a consagrar el templo con su presencia, como un símbolo de que el exilio de Judá no marcaría el final de las relaciones entre Dios y aquellos que en él creían. El Señor tiene un futuro para los creyentes que va más allá de la caída de Jerusalén.

En Ezequiel 11:23, la gloria de Dios se detuvo en el Monte de los Olivos, al este de Jerusalén, antes de abandonar la ciudad. Esta profecía establece que esta gloria también regresará por el este. Tal y como fue completamente devastador cuando la gloria de Dios se alejó de su templo así fue de estremecedor, más allá del entendimiento, cuando Ezequiel vio regresar la gloria de Dios.

Ezequiel 43:3  Y tenía el aspecto de la visión que vi, como la visión que había visto cuando El vino a destruir la ciudad; y las visiones eran como la visión que yo había visto junto al río Quebar. Entonces me postré sobre mi rostro.

La visión que vi : Ezequiel se refiere a la visión que recibió de Dios «en la tierra de los caldeos» y a la visión en el templo. Aquí no se menciona ningún querubín.  El río Quebar se unía al río Eufrates y fue el lugar donde se establecieron los judíos cautivos en Babilonia.

Ezequiel 43:4  La gloria del Señor entró en el templo por el camino de la puerta que da hacia el oriente.

Ezequiel 43:5  Y el Espíritu me levantó y me llevó al atrio interior, y he aquí, la gloria del Señor llenó el templo.

La gloria del Señor llenó el templo a medida que su Espíritu se instalaba en el antiguo tabernáculo, en el templo de Salomón cuando fue dedicado y en el templo de la visión de Isaías

Ezequiel 43:6  Y oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras el hombre estaba de pie junto a mí,

Ezequiel 43:7  y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar de las plantas de mis pies, donde habitaré entre los hijos de Israel para siempre. Y la casa de Israel no volverá a profanar mi santo nombre, ni ellos ni sus reyes, con sus prostituciones y con los cadáveres de sus reyes cuando mueran,

Ezequiel 43:8  poniendo su umbral junto a mi umbral, y sus postes junto a mis postes con sólo un muro entre ellos y yo. Ellos han profanado mi santo nombre con las abominaciones que han cometido; por eso los he consumido en mi ira.

Ezequiel 43:9  Que alejen ahora de mí sus prostituciones y los cadáveres de sus reyes, y yo habitaré entre ellos para siempre.

Ezequiel 43:10  Y tú, hijo de hombre, describe el templo a la casa de Israel, para que se avergüencen de sus iniquidades, y tomen las medidas de su plano.

Ezequiel 43:11  Y si se avergüenzan de todo lo que han hecho, enséñales el diseño del templo, su estructura, sus salidas, sus entradas, todos sus diseños, todos sus estatutos y todas sus leyes. Y escribe esto ante sus ojos para que guarden todas sus leyes y todos sus estatutos, y los cumplan.

Cuando Dios se apartó de la ciudad, esto fue una señal para la destrucción de la ciudad y el templo. Para que Dios volviera ahora, debían cumplir su condición: eliminar la idolatría. Algunos comentaristas consideran que estos versículos indican que Ezequiel ordenaba al pueblo de sus días a que construyera el templo según diseños y regulaciones que el arquitecto angelical le dio. Pero el pueblo nunca se arrepintió, las condiciones nunca se cumplieron, de modo que se pospuso el regreso de la gloria de Dios a la ciudad.

Ezequiel 43:12  Esta es la ley del templo: todo su territorio sobre la cumbre del monte por todo alrededor será santísimo. He aquí, ésta es la ley del templo.

La ley básica del templo de Dios era la santidad. Todo lo que El hace es santo, perfecto y sin culpa. En El no hay huella de maldad ni de pecado. Así como Dios es santo, nosotros también debemos serlo. La gente es santa cuando se entrega a Dios y se separa del pecado. Si no comprendemos el concepto básico de la santidad, nunca progresaremos más allá en nuestras vidas cristianas.

Ezequiel 43:13  Estas son las medidas del altar en codos (cada codo de un codo y un palmo menor): la base, un codo, el ancho, un codo; su reborde en la orilla por todo alrededor, un palmo. Y ésta será la altura del altar:

El altar se menciona en 40.47, y aquí se describe en detalle. Presumiblemente se utilizaban instrumentos especiales para cortar las piedras; tenía gradas probablemente a causa de su tamaño.

Ezequiel 43:14  desde la base en el suelo hasta el zócalo inferior será de dos codos, por un codo de ancho; y desde el zócalo menor hasta el zócalo mayor será de cuatro codos, por un codo de ancho.

Ezequiel 43:15  El hogar del altar será de cuatro codos, y del hogar del altar se extenderán hacia arriba cuatro cuernos.

Ezequiel 43:16  El hogar del altar será de doce codos de largo por doce de ancho, cuadrado por sus cuatro lados.

Ezequiel 43:17  Y el zócalo será de catorce codos de largo por catorce de ancho por sus cuatro lados; el borde alrededor será de medio codo, y su base, de un codo alrededor; sus gradas mirarán al oriente.

Ezequiel 43:18  Y me dijo: Hijo de hombre, así dice el Señor Dios: «Estos son los estatutos para el altar el día que sea construido, para ofrecer holocaustos sobre él y para esparcir sobre él sangre.

Ezequiel 43:19  «A los sacerdotes levitas que son de la descendencia de Sadoc, que se acercan a mí para servirme»–declara el Señor Dios–»darás un novillo de la vacada para la ofrenda por el pecado.

Ezequiel 43:20  «Y tomarás de su sangre y la pondrás sobre sus cuatro cuernos, en los cuatro ángulos del zócalo y en el borde todo alrededor; así lo limpiarás y harás expiación por él.

Ezequiel 43:21  «Luego tomarás el novillo para la ofrenda por el pecado, y será quemado en el lugar señalado del templo, fuera del santuario.

Ezequiel 43:22  «Al segundo día ofrecerás un macho cabrío sin defecto para la ofrenda por el pecado, y purificarás el altar como lo purificaron con el novillo.

Ezequiel 43:23  «Cuando hayas terminado de purificarlo, ofrecerás un novillo sin defecto de la vacada y un carnero sin defecto del rebaño.

Ezequiel 43:24  «Los ofrecerás delante del Señor, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos y los ofrecerán en holocausto al Señor.

Ezequiel 43:25  «Durante siete días prepararás diariamente un macho cabrío para la ofrenda por el pecado; también serán preparados un novillo de la vacada y un carnero sin defecto del rebaño.

Ezequiel 43:26  «Durante siete días harán expiación por el altar y lo purificarán; así lo consagrarán.

Ezequiel 43:27  «Cuando hayan terminado estos días, sucederá que del octavo día en adelante, los sacerdotes ofrecerán sobre el altar vuestros holocaustos y vuestras ofrendas de paz; y yo me complaceré en vosotros»–declara el Señor Dios.

Esta visión se remontaba simultáneamente al pasado, con el monte Sinaí, y al futuro, con el monte Calvario. Cuando el pueblo regresara del cautiverio, buscaría el perdón mediante el sistema de sacrificios instituido en los días de Moisés. Hoy, la muerte de Cristo ha hecho posible el perdón de nuestros pecados, haciéndonos aceptos delante de Dios. Dios está dispuesto a perdonar a los que van a El en fe.

La Gloria de Yahvé vuelve al Templo

Una vez descrito el sagrado recinto del templo, geométricamente concebido, el profeta anuncia la vuelta de la gloria de Yahvé a su morada sagrada, abandonada cuando Jerusalén fue tomada por Nabucodonosor. El capítulo puede dividirse en las siguientes partes: a) retorno glorioso de Yahvé declaración del lugar sagrado y medidas del altar, dedicación del altar.

Retorno glorioso de Yahvé a su templo

En la visión inaugural del ministerio profético, Ezequiel contempló al Señor en su gloria, exilándose con los exilados. Yahvé abandonaba el templo de Jerusalén, su morada permanente en la tierra, para habitar con los desterrados. Ahora el profeta contempla el retorno radiante de la gloria de Yahvé a su antigua morada. Han pasado los días de purificación y de prueba. Con la primera visión, Ezequiel quería hacer ver a los desterrados la futura destrucción de Jerusalén y la profanación del templo santo. Ahora quiere dar a entender a sus compatriotas que después de la catástrofe hay una nueva era de esperanza. Yahvé da por cancelada la deuda contraída por el Israel pecador, para inaugurar una nueva teocracia, presidida también por la presencia de Yahvé en su templo reconstruido. Han pasado los tiempos de las idolatrías y abominaciones, para entrar en la nueva alianza, basada en la entrega de los corazones a Yahvé.

El Señor entra solemnemente por la fachada oriental del templo, por donde en otro tiempo había salido; aparece en toda su majestad, escoltado de los querubines, que con sus alas hacen un estrépito como el estrépito de caudalosas aguas. Yahvé se le había aparecido en la misma forma majestuosa cuando se disponía a destruir la ciudad y en la visión junto al río Kebar 3. Desde el atrio exterior, Ezequiel contempla la gloria de Yahvé, es decir, a Yahvé glorioso, entrando en el templo y llenándolo con su majestad. Cuando tomó posesión del tabernáculo del desierto y del antiguo templo de Salomón, se dice que una nube de humo, símbolo de la presencia divina, llenó el sagrado recinto. Ahora va a tomar definitivamente posesión de su trono, el escabel de sus pies. En otro tiempo lo abandonó por los pecados de su pueblo, pero ahora, en la nueva etapa, las cosas serán de otro modo, porque el pueblo se apartará definitivamente de sus inveterados pecados idolátricos o fornicaciones espirituales en los lugares altos. Otro abuso que cesará en la nueva era será el de enterrar a los reyes cerca del templo, como era costumbre en los tiempos antiguos.

Yahvé se queja también de que los reyes hubieran establecido su palacio tan cerca del recinto sagrado, de modo que sólo había pared por medio, poniendo su umbral junto a mi umbral y sus postes o columnas junto a los de Yahvé. En adelante, toda la colina de Sión debe ser considerada como territorio sagrado dedicado exclusivamente a Yahvé. Aunque el palacio real fue concebido primitivamente como custodia del templo y éste como capilla real para guardar el arca de la alianza, sin embargo, la proximidad del palacio al lugar santo trajo muchos compromisos a los intereses de Dios, pues la vida de la monarquía israelita fue muy poco edificante, y así no faltaron abominaciones idolátricas y crímenes sangrientos en aquellos muros regios. En la estructura futura, la casa del príncipe estará alejada del templo, y la zona que antes ocupara el palacio real será añadida a la gran explanada del templo como zona sagrada. Ezequiel, al hablar del futuro teocrático de su pueblo, considera a Yahvé como jefe único e inmediato de su pueblo, y por eso al jefe político futuro le da el nombre de príncipe y no de rey, reservado a Yahvé.

La institución de la monarquía fue, en realidad, funesta para los intereses religiosos de Israel, como había previsto y anunciado el fundador de ella, Samuel. Los reyes israelitas organizaron una corte y un harén al estilo oriental, en detrimento de los intereses económicos del pueblo y, sobre todo, con menoscabo de los derechos de Yahvé. En la nueva era, las cosas serán de otro modo: desaparecerá totalmente la idolatría, y los cadáveres de los reyes serán arrojados fuera de su lugar, para convertir a éste en cosa sagrada aneja al templo. En todos estos anuncios profetices tenemos que tener en cuenta que se trata de idealizaciones para hacer resaltar la idea del carácter sagrado de la colina de Sión y excitar la imaginación y las esperanzas de los exilados. No es necesario, pues, tomar las palabras de Ezequiel a la letra.

Descripción del altar de los holocaustos

El Señor invita al profeta a que exponga a sus compañeros de exilio los detalles del recinto sagrado, para que lo admiren y se ilusionen con él. No deben dejarse fascinar con los templos de Bel y Marduk, pues el que se va a reconstruir sobre la colina de Sión los superará a todos. La característica del recinto sagrado es que será santísimo. Pero deben avergonzarse de su pasado pecaminoso y rebelde y entrar por el cumplimiento de las leyes del Señor. Sólo así podrán participar del nuevo culto en el nuevo templo. Y el profeta describe a continuación el altar de los holocaustos.

El altar que describe está constituido de tres plataformas superpuestas en forma de zigurat o torre escalonada. La base inferior sobresale un codo (52:5 cm.), y es también de un codo de alta. Era como el zócalo del altar, que está enterrado bajo el nivel del pavimento, y tenía un reborde de un palmo de alto (7:5 cm.), que sobresalía sobre el pavimento. El altar propiamente tal se alzaba sobre esta base y estaba formado por tres cuadrados superpuestos. El inferior, más ancho, tenía dos codos de alto (1,05 m.), y sobresalía un codo (52:5 cm.) respecto de la plataforma superior, que tenía cuatro codos (2:10 m.) y sobresalía sobre su inmediata superior un codo (52:5 cm.). La plataforma superior es llamada ariel (“hogar” u horno), porque en ella se quemaban las víctimas.

En sus cuatro ángulos había cuatro cuernos similares a los del altar del templo de Salomón, que era una copia del altar del tabernáculo del desierto. Los cuernos eran símbolo del poder de la divinidad en la mitología mesopotámica. El ariel era un cuadrado de 12 codos en cada lado (6:30 m.). El cuadrado intermedio (inferior al ariel) era de 14 codos (7:35 m.), y la última plataforma inferior es de 16 codos (8:40 m.), y la base, en la parte saliente del reborde, es de 19 codos (9:28 m.). La altura total de las tres plataformas o cuadrados es de n codos (5:75 m.). Se subía a la parte superior de esta pirámide escalonada por unas gradas que daban al oriente. Los cuernos del altar simbolizaban la omnipotencia divina, y sobre ellos se esparcía la sangre de los sacrificios, y el que se tomaba a ellos adquiría derecho de asilo.

Ritos de consagración del altar

El altar, que estará enclavado en el centro del atrio interior, será destinado sobre todo a los holocaustos — los sacrificios en los que se quemará toda la víctima — y para derramar la sangre de las víctimas en los sacrificios no holocaustos. El profeta describe a continuación el rito de la consagración, que durará siete días. En el primer día se sacrificará un novillo, y parte de su sangre será derramada sobre los cuernos del altar, y parte sobre los ángulos del cuadrado, o basa, y sobre su borde. La expresión sacerdotes-levitas indica la pertenencia a la tribu de Leví, dentro de la cual figuraba la familia de Sadoc. Es una denominación genérica para indicar gentes consagradas a Dios en sus funciones sacerdotales. En otros textos, levita tiene el sentido específico de clase inferior a la sacerdotal. Ezequiel tiene preferencias por la familia de Sadoc. El sacrificio expiatorio de que aquí habla debe realizarse en el lugar designado, sin especificar más su localización. Se han hecho diversas conjeturas: alrededor del santuario, detrás del santuario, etc. No faltan quienes suponen que ese lugar está fuera del recinto sagrado, incluido en el muro exterior.

En el segundo día de expiación se utilizará un macho cabrío, un novillo y un carnero, acompañados de sal. Una vez terminados los ritos de los siete días, los sacerdotes ofrecerán los sacrificios ordinarios, pues el altar ya ha sido purificado y consagrado definitivamente para el culto. Los sacrificios ordinarios eran los holocaustos, en los que se quemaba toda la víctima, y los pacíficos o saludables o eucarísticos, según se traduzca la palabra misteriosa hebrea shelamim, aplicada a los sacrificios. Eran sacrificios cruentos ofrecidos por personas ya reconciliadas con Dios en acción de gracias (de ahí eucarístico) o para pedir un favor divino. El ritual de consagración del altar que aquí presenta Ezequiel difiere en muchas particularidades del prescrito en el Pantateuco. Lo que indica que el profeta trabaja con su imaginación, como lo hizo para la reconstrucción del templo, con toda libertad, si bien inspirándose sustancialmente en la tradición. Debemos pensar que los detalles en Ezequiel no tienen sino valor simbólico, tanto en sus descripciones sobre el templo como en las particularidades del culto. De hecho sabemos que en la reconstrucción del templo, después del decreto de Ciro (538), los repatriados no pretendieron ajustarse a los moldes propuestos por el gran profeta del exilio ni sus puntos de vista en la organización del culto. Importa señalar las diferencias de Ezequiel con la legislación levítica para probar que ésta no es obra del profeta. [/private]

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