Éxodo 7: Jehová comisiona a Moisés

Éxo 7:1 Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.

Dios constituyó a Moisés “dios para Faraón”. En otras palabras, una persona poderosa que merecía ser escuchada. Faraón mismo era considerado un dios, así que reconoció a Moisés como uno de sus pares. Su negativa a ceder ante Moisés demuestra, sin embargo, que Faraón no se sentía inferior a él.

Éxo 7:2 Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.

Un profeta era el intermediario entre Dios y su pueblo. Actuaba como vocero de Dios ante el pueblo y representaba al pueblo ante Dios.

Éxo 7:3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.(A)

Yo endureceré el corazón de Faraón confirma la soberanía de Dios. Faraón es todavía un incrédulo arrogante (5.2). Dios utilizará esta circunstancia para demostrar su poder a Egipto e Israel

Éxo 7:4 Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.

Éxo 7:5 Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.

Éxo 7:6 E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó; así lo hicieron.

Éxo 7:7 Era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón.

La vara de Aarón

Éxo 7:8 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo:

Éxo 7:9 Si Faraón os respondiere diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se haga culebra.

Éxo 7:10 Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra.

Éxo 7:11 Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos;

Egipto, como el resto de las culturas del Medio Oriente, era un país donde la magia florecía. Se creía que a través de la magia era posible influenciar o controlar a los dioses. Los sabios eran hombres que conocían las artes del ocultismo; los hechiceros dominaban las fórmulas y los encantos mágicos; los magos eran los encargados de los libros de magia. Su éxito provisional muestra el poder de Satanás para imitar ciertos milagros.

¿Cómo fue posible que los encantadores y los magos imitaran los milagros de Moisés? Algunos de sus actos involucraban trucos o mera ilusión, y otros pudieron utilizar el poder satánico, ya que adorar dioses del mundo de los muertos era parte de su religión. Irónicamente, cada vez que los encantadores imitaban las plagas de Moisés, sólo empeoraba las cosas. Si los magos hubieran sido tan poderosos como Dios, habrían podido revertir las plagas, no añadirlas.

Éxo 7:12 pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos.

Dios realizó un milagro al convertir la vara de Aarón en una serpiente. Pero los magos de Faraón pudieron imitar el acto con trucos o hechicería. Aunque los milagros nos pueden ayudar a creer, es muy peligroso depender sólo de ellos. Satanás puede imitar algunas partes de la obra de Dios y sacar a la gente del camino. Faraón centró toda su atención sólo en los milagros y no en el mensaje. Podemos evitar cometer este error al permitir que la Palabra de Dios sea la base de nuestra fe. Ningún milagro de Dios respaldaría cualquier mensaje contrario a las enseñanzas de su Palabra.

Éxo 7:13 Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.

Los ancianos de Israel no pidieron señales, pero cuando las vieron, creyeron (4.30, 31). Faraón pidió una señal, pero cuando vio una, no creyó.

La plaga de sangre

Éxo 7:14 Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo.

Éxo 7:15 Ve por la mañana a Faraón, he aquí que él sale al río; y tú ponte a la ribera delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió culebra,

Éxo 7:16 y dile: Jehová el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oír.

Éxo 7:17 Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.(B)

Además de ser llamadas «maravillas», las intervenciones de Dios en Egipto se denominan comúnmente «plagas», a causa del verbo hebreo que describe estas acciones: Yo golpearé y Yo castigaré. Ello subraya el juicio a que Dios los somete. Muchas de las plagas están dirigidas tanto contra los dioses como contra los mismos egipcios. Con cada plaga Dios demuestra que los distintos dioses egipcios no tienen poder y están siendo castigados.

Dramáticamente, Dios convirtió las aguas del Nilo en sangre para mostrar a Faraón quién era El. ¿Ha deseado en algunas ocasiones que suceda un milagro para estar seguro de Dios? Dios le ha dado a usted el milagro de la vida eterna por medio de la fe en El, algo que Faraón nunca obtuvo. Este es un milagro silencioso y, aunque es menos evidente en este momento, es tan extraordinario como cuando convirtió el agua en sangre. El deseo de señales espectaculares puede hacernos desconocer los milagros más sutiles que Dios está realizando a diario.

Éxo 7:18 Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río.

Éxo 7:19 Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra.

Éxo 7:20 Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara golpeó las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre.

Algunos creen que esto significa que el Nilo estaba contaminado por una capa de fino polvo rojo que Dios había traído con la subida de las aguas del río. Pero es más probable que el texto indique que las aguas del Nilo se volvieron sangre.

Egipto era una gran nación, pero la mayor parte de la población se encontraba en las márgenes del río Nilo. Esta vía fluvial de casi cinco mil quinientos kilómetros era realmente un río de vida para los egipcios. Hacía posible la vida en una tierra que estaba prácticamente desierta al proporcionar agua para beber, para la agricultura, para el aseo y para la pesca. La sociedad egipcia era un cinturón de civilización alineado en las márgenes de esta fuente de vida y raramente se adentraba en el desierto que la rodeaba. Sin el agua del Nilo, Egipto no podía haber existido. ¡Imagínese la consternación de Faraón cuando Moisés convirtió este río sagrado en sangre!

Éxo 7:21 Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, tanto que los egipcios no podían beber de él. Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto.

Éxo 7:22 Y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos; y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

Éxo 7:23 Y Faraón se volvió y fue a su casa, y no dio atención tampoco a esto.

Éxo 7:24 Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río.

Éxo 7:25 Y se cumplieron siete días después que Jehová hirió el río.

Las diez plagas de Egipto

1. Sangre
El corazón de Faraón se endureció
2. Ranas
Faraón pide perdón, promete libertad al pueblo (8.8), pero endureció su corazón
3. Piojos
Faraón se endureció
4. Moscas
Faraón transa), pero se endureció
5. Enfermedad del ganado
Faraón se endureció
6. Sarpullido
Faraón se endureció
7. Granizo
Faraón pide perdón (9.27), promete libertad, pero se endureció
8. Langostas
Faraón transa, pide perdón, pero se endureció
9. Oscuridad
Faraón transa, pero se endureció
10. Muerte de los primogénitos
Faraón y los egipcios ruegan a Israel que abandone Egipto
Dios multiplica sus señales y prodigios en la tierra de Egipto, de manera que los egipcios sepan que él es el Señor.

La comisión renovada.

Después de la tabla genealógica se reanuda la narración. En tierra egipcia el Señor habla otra vez con Moisés y recalca su misión; sin embargo, Moisés todavía se siente inadecuado para la tarea: yo soy un hombre falto de elocuencia. El Señor le responde indicando más específicamente el papel que Aarón ha de jugar en el proceso de la liberación: Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón… hablará al faraón.

Estos dos versículos ilustran aspectos vitales de la inspiración y la función de un profeta (nabi’) de Dios:

(1) El profeta, en primer término, no era tanto uno que predecía el futuro, sino uno que “hablaba en lugar de otro”. Por cierto, si Jehová quería proyectar un mensaje hacia el futuro, el profeta lo anunciaría. Normalmente tales oráculos indicaban las consecuencias últimas de desatender el mensaje inmediato.

(2) El profeta era el portavoz de Dios que entregaba el mensaje divino a quienes el Señor le indicaba. Por ejemplo, a pesar del valor eterno del mensaje, la tarea de Aarón en aquel momento no era la de entregar un mensaje cuyo valor entraría en vigor en una época futura, sino que era decir al faraón en aquel tiempo que dejara ir de su tierra a los hijos de Israel. La palabra profética anunciada demandaba una respuesta inmediata de parte del faraón.

(3) La inspiración profética no nacía del profeta mismo, sino del Señor. La inspiración divina abarcaba tanto las actividades intelectuales y emotivas del profeta como los elementos prácticos de la entrega del mensaje.

(4) El Señor que creó al hombre conoce a los suyos y utiliza los dones propios del elegido para su gloria. Con la capacidad de Moisés y la elocuencia de Aarón, el Señor formó un equipo humano para librar a Israel.

Una vez más el Señor les indicó que endurecería el corazón del faraón, y que multiplicaría las señales y los prodigios en la tierra de Egipto antes de lograr la libertad del pueblo. A la vez, les reveló un propósito adicional en la confrontación con el faraón: Así sabrán los egipcios que yo soy Jehová , cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos. El propósito divino era más que simplemente guardar el pacto hecho con los patriarcas y librar a Israel; Jehová quería, además, que por la experiencia los egipcios conocieran personalmente que él es el Dios Soberano de todo el mundo. La demostración de su naturaleza y poder sería un testimonio de su redención no únicamente a Israel, sino a todos. El quería que los egipcios lo conociesen también como Salvador.

Antes, cuando Dios llamó a Moisés en la tierra de Madián, le había dicho que endurecería el corazón del faraón y que éste no dejaría ir fácilmente al pueblo. Nueve veces repitió en el libro que lo haría. Basándose exclusivamente en estos textos, algunos han sugerido que Dios predestinó al faraón para que fuese una víctima en el drama del éxodo. Consecuentemente, proponen una doctrina extrema de la predestinación que parece eliminar el libre albedrío del hombre. Un estudio más detallado de todos los textos que tratan del tema no concuerda con esta interpretación.

Además de indicar que el Señor lo endureció, también se indica nueve veces en el texto que el faraón se endureció a sí mismo, lo cual indica resistencia a la voluntad de Dios por parte del egipcio. En cuanto al texto hebraico, se emplean tres verbos diferentes que se traducen “endurecer”, y un análisis de ellos ayudará a aclarar la naturaleza de la confrontación entre Jehová y el faraón y las implicaciones teológicas.

El verbo usado con más frecuencia, hazaq H2388 significa “ser fuerte”, “ser firme”, “hacerse obstinado”, “apretar”, “exprimir”, y “aplicar presión”. El uso significa “el agarrar a alguien, y sostenerle, o aplicarle presión”. Jehová aplicó presión sobre el faraón por medio de las plagas para que le obedeciera.

El segundo verbo, cavad H2513, significa “ser pesado”, o “embotado”. En este sentido, al ponerse obstinado el faraón, el Señor hacía más pesada su situación. Al rechazar el pedido de Jehová , le era cada vez más difícil tomar la decisión de obedecer a Dios; mientras tanto, Dios descargaba sobre los egipcios una plaga tras otra, hasta que el faraón, sobrecargado con el peso de todo, mandó a Israel salir de su país.

La tercera palabra, qashah H7185, significa “endurecer”, “hacer rígido”, “hacer difícil”, o “hacer oneroso”. Tomar algunas decisiones es fácil, mientras que otras son más difíciles. El faraón era un monarca orgulloso. Su palabra era ley, no admitía oposición a su voluntad y no quería perder un recurso económico de tanto valor como el que tenía en Israel. Jehová no violó el libre albedrío del faraón. El faraón tuvo que decidir; pero era un hombre insensible y obstinado. Dios conocía su vanidad y que cada vez que tomaba una decisión le era más difícil volverse atrás. Al correr el proceso el faraón llegó a ser más oneroso y más rígido en su posición, aun frente al pedido de sus consejeros de que dejara ir a Israel. Cada paso le hacía más difícil el próximo, y el Señor seguía insistiendo.

Dios pudo haberle quitado la vida al faraón en cualquier momento; sin embargo, siguió el proceso hasta que el faraón tomó la decisión de dejar ir a Israel. Dios no violó el libre albedrío del egipcio; sin embargo, conocía de antemano lo que éste haría, y se lo dijo a Moisés. No obstante, el autor demuestra cómo Jehová cooperaba en el proceso; lo presionaba, lo cargaba y le hacía cada vez más difícil la decisión. Lo endureció Dios, y el faraón se endureció a sí mismo.

Hay varias observaciones más que ayudarán en una evaluación del contexto:

(1) El faraón endureció su corazón antes de que Dios obrara.

(2) No se trataba de la salvación del faraón, sino de una decisión política de dejar ir a Israel.

(3) El Señor usó múltiples medios para que el faraón se rindiera: Hizo amonestaciones antes de enviar las plagas; demostró su misericordia repetidas veces al hacer cesar las plagas al pedido del faraón; y dos veces el faraón confesó la supremacía de Jehová antes de la muerte de los primogénitos.

(4) El pedido era justo.

(5) El propósito era didáctico: Dios quería enseñar a las futuras generaciones de su poder y redención.

(6) El corazón, en el pensar del AT, no representaba el centro de las emociones, sino de la voluntad: se trataba de una decisión de la volición.

(7) En la época de Moisés, no había un concepto de causas secundarias. Se pensaba que el Señor era responsable directo de todo lo que ocurría; entonces, cuando el Señor endureció el corazón del faraón, fue para producir una situación en la cual Jehová podía obrar con sus señales y prodigios. En realidad, para Israel no había un problema teológico con el endurecimiento del corazón del faraón.

Generalmente, el AT se refiere a las plagas como señales y prodigios. Se incluyen fenómenos naturales y hechos históricos que inspiran temor, misterio y asombro. Siempre están relacionados estrechamente con la palabra de Dios y tienen el propósito de enseñar algo. Nunca vienen simplemente para asustar o asombrar a la gente. Las plagas tenían la misión de convencer al faraón que dejara ir al pueblo y hacer recordar a Israel que su liberación no vino por el poder de ellos sino por medio de la mano poderosa de Jehová .

Las plagas eran milagros de Dios; eran hechos divinos maravillosos. Los hebreos no pensaban, como los griegos, que la naturaleza era un orden controlado por leyes naturales. Para Israel, un milagro era romper el orden normal de la vida en una manera extraordinaria; ni aun tenían en su vocabulario una palabra que significaba “naturaleza”. Ellos veían la mano de Dios en todos las cosas, aun en aquellas que hoy en día se consideran el resultado de leyes naturales. Por ejemplo, para Israel el sol y la luna eran señales, o “milagros” de Dios: Cada día y cada noche eran señales de su poder y bondad.

Para entender mejor el concepto de milagros en el AT, se hacen las siguientes observaciones:

(1) Los milagros eran hechos interpretados por la fe.

(2) Los hebreos tenían el concepto de que Dios estaba involucrado en todo. El era todo; no había una diferencia entre leyes naturales y hechos sobrenaturales o milagros.

(3) Los milagros no eran tanto acontecimientos extraordinarios (o poco comunes), sino que eran hechos predichos para momentos particulares con significados especiales.

(4) Se empleaban tres términos diferentes en Exodo que se puede traducir milagros : ‘oth H226 o señal, significa un acontecimiento o algo común en la vida ordinaria que, en circunstancias especiales, tiene un significado excepcional. El segundo término, mopethse traduce frecuentemente “prodigios”, y representa algo extraordinario. Pueden ser acontecimientos o elementos de la vida que son comunes; sin embargo, se encuentran en situaciones excepcionales que son llamativas. Por ejemplo, si un rayo cae sobre un árbol cerca, la interpretación de fe podría llamarlo un mopeth. La tercera palabra, niphle’oth H6381 representa algo muy especial y puede traducirse con la palabra “maravilla”. Es algo no acostumbrado, y se acerca más al concepto griego de milagro. Por ejemplo, el sanar a un leproso o el cambiar agua en sangre serían “maravillas”.

(5) Los milagros no son pruebas del poder divino, sino que son demostraciones de su poder y de su propósito. No son conclusivos en sí; tienen que ser aceptados por la fe. El faraón los vio y no creía. Israel los vio y creía; sin embargo, aun ellos, se olvidaron pronto de la experiencia.

(6) Los milagros señalan a un significado más allá del hecho mismo; se pierde su valor si no se los entiende. Entonces, son indicaciones del propósito salvífico del Señor. Dan evidencia de la presencia y propósito del Dios soberano.

(7) Tras lo milagroso de las plagas se ve un problema moral: la opresión y esclavitud de un pueblo. Antes de las demostraciones de su poder, el Señor dio amplia advertencia y oportunidades al faraón para que librase a Israel y así evitara las plagas.

(8) La fe de Israel se basa en los milagros y el más grande de ellos es la redención (la salvación) cuya prueba se encuentra en la libertad.

La historia de las plagas es un relato de acontecimientos vistos por medio de los ojos de la fe. Varias de ellas incluían fenómenos naturales que solían ocurrir entre los egipcios (por ejemplo las ranas, los piojos, las moscas, las úlceras, el granizo, etc.) Sin embargo, se ve lo milagroso en la rápida sucesión de los acontecimientos; en su intensidad y severidad; en que fueron predichos por Moisés, y en que ocurrieron precisamente en el momento histórico que resultó en la liberación de los hebreos. La gente de fe afirma que estos señales y prodigios eran milagros producidos por la mano de Dios.

La sección que tanto interesaba a los sacerdotes termina dando las edades de Moisés y Aarón: 80 y 83 años respectivamente. Nunca se llega a una edad demasiado avanzada para servir al Señor, y en realidad se enseña que era Jehová quien dio a Israel los dos líderes del éxodo. La historia no se dirige por la casualidad. Al morir, Moisés tenía ciento veinte años. Así que, se puede dividir su vida en tres etapas de cuarenta años cada una: en Egipto, en Madián, y como el libertador y caudillo.

La elocuencia Moisés insistía en que era hombre falto de elocuencia, y que por eso el faraón no le escucharía. Esto revela nuestra tendencia humana de enfocar una debilidad que percibimos, pero que es problema más bien para nosotros y no para otros. No hay referencia que indique que el modo de hablar de Moisés era obstáculo para el faraón. La consagración completa a la tarea que Dios le había encomendado es cualidad más evidente en la Biblia que su falta de elocuencia. Dios espera que cada uno sea fiel a su llamado y él proveerá lo necesario para el cumplimiento de esa misión.

La medida de un líder Tres líderes se mencionan aquí:

(1) El faraón, líder máximo de los egipcios, está tambaleando en su dirección de los súbditos porque está oprimiendo a los esclavos. Su soberbia no le permite ceder para dar libertad a los israelitas.

(2) Aarón, el líder que ejecuta las órdenes de Dios y Moisés. Como profeta recibe el mensaje de Dios y lo transmite al faraón. Sigue las órdenes de Moisés en las varias responsabilidades diarias.

(3) Moisés es el caudillo que está cumpliendo una misión encomendada por Dios. Tiene que soportar la rebeldía del faraón y a la vez la vacilación del pueblo que vino a liberar. La clave de su éxito está en su confianza con Dios y su disposición de acudir a él para cada necesidad y en cada crisis.

La señal ignorada.

Conforme a las costumbres de la época, el Señor les indicó a Moisés y a Aarón que el faraón desearía ver las credenciales de ellos, o las señales de la deidad que les envió. En aquel entonces Jehová dijo que demostraría su poder triunfante sobre los egipcios.

En cuanto a la función literaria del trozo, sirve como una introducción a la sección de las plagas; fue simplemente cuestión de tiempo que los egipcios reconocieran la autoridad de Jehová .

La relación íntima entre la palabra de Jehová y el milagro se ve. Dios no manda milagros solamente para diversión popular ni para satisfacer una curiosidad escéptica. El milagro siempre tiene un propósito redentor e instructivo. Cuando el faraón pidió que le mostrasen “señales”, o prodigios (heb. mopeth), el milagro de la vara tuvo dos propósitos: Uno fue el de convencer al faraón que Jehová había enviado a Moisés para librar a su primogénito; el segundo fue el de convencer a Israel de que la liberación vendría por medio del poder divino y no por su propia capacidad.

La vara

La vara era un objeto indispensable para el pastor. Tenía varios usos:

(1) Servía para suplementar la fuerza y el equilibrio del pastor cuando tenía que escalar montañas o saltar piedras en busca de algún animal extraviado.

(2) Servía para separar a unas ovejas de otras en ocasiones necesarias. Se utilizaba la curva para detener a una oveja rebelde, y el palo servía como una pared para encerrar a varias.

(3) Servía de arma de defensa o de agresión. El pastor podría defenderse de los animales silvestres con su vara, y podría utilizarla para matar víboras o animales agresivos.

(4) Servía como símbolo de autoridad. Se alzaba sobre el mar para partir las aguas y permitir el paso de los israelitas en terreno seco. Se utilizaba para señalar el momento de ataque para el ejército de Israel.

(5) Servía de instrumento de preservación de los israelitas, cuando Moisés utilizó la vara para golpear la roca y salió agua para todos.

A petición del faraón Aarón echó su vara delante de él y ésta se convirtió en una serpiente. El prodigio en sí llegó a tener un significado más allá del simple hecho de la transformación; cuando el faraón llamó a los hechiceros, ellos con sus encantamientos hicieron lo mismo. Sin embargo, la vara de Aarón se tragó las varas de ellos. El milagro tuvo un sentido doble; la vara se convirtió físicamente en una serpiente y, al tragarse las varas de los magos, declaró el poder victorioso de Jehová sobre los egipcios y sobre sus dioses.

El texto masorético cambia la palabra serpiente usada anteriormente, (nahas) por un término más genérico (tannin) que incluye el concepto de un reptil en el sentido de un “monstruo marino” o hasta un “cocodrilo”, el símbolo de Egipto. Se vuelve a emplear otra vez la primera palabra (nahas) cuando se refiere al incidente. Evidentemente el autor usó deliberadamente el término genérico en la introducción al relato de la plagas para asegurarse de que su auditorio israelita entendiera el doble significado del milagro: el poder de Jehová sobrepasaba al de Egipto e iba a tragarlo.

La magia tenía gran acogida en la vida egipcia, pero en Israel era combatida estrictamente. Cuando la vara de Aarón se convirtió en una serpiente, aparentemente los magos egipcios hicieron algo similar. Todavía en muchos países hay encantadores de serpientes venenosas. Pueden producir rigidez en un reptil aplicando presión en el cuello, la que cesa al soltarlo, por lo que deben recogerlo en tal caso por el cuello y no por la cola. Al tirar los magos sus varas (¿serpientes rígidas?) al suelo, se convirtieron en serpientes), y la vara verdadera (de Dios) se tragó las varas de ellos.

A pesar del milagro, el corazón del faraón se endureció (hazaq), y no los escuchó, tal como Jehová había dicho.

Las plagas : El señorío de Jehová.

La trama o tema central trata de los eventos que llevaron a la liberación del pueblo. Simultáneamente, en una forma magistral, se desarrollaron tres tramas secundarias que aumentan el drama de los encuentros y ayudan a mantener el interés en el relato:

(1) El conflicto entre Jehová y los dioses (o la teología) de los egipcios. Fue más bien una confrontación teológica y no tanto una demostración de poder divino.

(2) El cambio de actitud de los líderes egipcios hacia Jehová y su siervo Moisés. De despreciarlos, ponerlos en ridículo y divertirse con ellos, poco a poco fueron llegando a tomar en serio a Moisés y a la autoridad de Jehová .

(3) La presión constante de faraón para negociar con Moisés para reducir las demandas de Jehová . El egipcio buscó un arreglo con Moisés para no perder su prestigio ni a Israel. Quiso regatear con Dios. En todo esto se ve a Dios ablandando el corazón endurecido de un tirano cruel.

Se ha hecho notar que las primeras nueve plagas vinieron en tres ciclos de tres plagas cada uno. La primera, la cuarta y la séptima vinieron después de una advertencia hecha por Moisés al faraón en encuentros al aire libre. El segundo ciclo, o sean la segunda, quinta, y octava plagas, vino después de advertencias en encuentros con faraón en el interior del palacio. La tercera, sexta, y novena plagas vinieron sin aviso previo. En la siguiente tabla se ilustran los ciclos:

Primer ciclo (Advertencia fuera de palacio)

1. Sangre

4. Moscas

7. Granizo

Segundo ciclo (Advertencia en palacio)

3. Ranas

5. Ganado

8. Langostas

Tercer ciclo (Sin advertencia)

3. Piojos

6. Ulceras

9. Tinieblas

En el esquema se nota el crecimiento dramático de la intensidad de las plagas: Comienzan como molestias; progresivamente, por la terquedad del faraón, afectan la vida económica del país, y finalmente vienen las tinieblas, el preludio a la muerte de los primogénitos de los egipcios.

En el AT hay listas de las plagas también; sin embargo, no concuerdan en todo con los detalles que se dan en Exodo. Ninguna explicación de las diferencias presentadas hasta ahora es completamente satisfactoria. Posiblemente la respuesta está en reconocer el estilo poético de los Salmos, que procura más bien el ritmo para acompañar la verdad teológica presentada en vez de seguir el orden estrictamente cronológico de Exodo.

En cuanto al NT, hay referencias a las plagas solamente en Apocalipsis 8 y 16. Aquí también se encuentran en una forma modificada. En Apocalipsis se trata de siete copas de juicios, y se repite la frase pero no se arrepintieron como un recuerdo de la resistencia obstinada del faraón a la obra de Jehová . Con la literatura apocalíptica vale la pena recordar el significado hebraico de los números. Estos juegan un papel importante en lo que un autor inspirado quiere enseñar. El uso teológico de los números a veces puede explicar la razón de las modificaciones encontradas en los textos: Tres es el símbolo de deidad; cuatro representa el mundo; seis es el número de la maldad o lo imperfecto; siete es el número perfecto; diez representa lo completo; y doce es el número ideal.

Los egipcios y los cananeos consideraban la creación unida inextricablemente con la naturaleza de sus dioses. Israel veía la naturaleza como la creación de Dios. Así pues, los hebreos evitaban el peligro del panteísmo, el cual iguala a Dios y la creación, y el deísmo, que niega el control de Dios sobre el mundo que ha creado. Las Escrituras enseñan que Jehová mantiene su señorío sobre la historia y la creación. Las plagas (mejor entendidas en Exodo como “aflicciones” en vez de “enfermedades”) son demostraciones de esto y reflejan claramente el conflicto teológico entre la fe bíblica y la egipcia.

Las siguientes características de las creencias egipcias muestran la diferencia entre el concepto de Dios en el AT y el que tenían los egipcios:

(1) Los egipcios consideraban al faraón como un dios poseedor de poderes sobrenaturales. Lo identificaban con Horus, el señor de los cielos, en su autoridad absoluta, y con Re, el dios del sol —el dios creador—, en su poder.

(2) Con el clima prácticamente sin lluvia, el río Nilo era lo que hacía posible la vida. Consecuentemente, los egipcios lo veían como la fuente de su existencia y lo hacían objeto de adoración.

(3) Además, los egipcios reverenciaban toda vida animal (incluyendo los insectos). La veían como algo sobrehumano y la deificaban.

Las plagas fueron actos justicieros contra todos los dioses de Egipto: fueron más que simples juicios contra un rey obstinado. Sin embargo, las señales y prodigios atacaron la teología errónea de los egipcios acerca del faraón como un ser divino, de las creencias acerca del sol y del río Nilo y de la reverencia (deificación) de toda vida animal. Las plagas fueron demostraciones históricas de la soberanía de Jehová sobre la historia, sobre la creación y sobre todos los hombres.

El agua hecha sangre.

El faraón siguió su camino obstinado; por tanto, el Señor ordenó a Moisés que encontrara al faraón de mañana a la orilla del Nilo. Dramáticamente, Moisés demandó otra vez en nombre de Dios que el faraón dejara ir al pueblo. Para que se conociera que era Jehová el que lo mandaba, Moisés golpeó el agua del Nilo con la vara y la convirtió en sangre, que apestó el río. El Nilo, la fuente de la vida para los egipcios, llegó a ser un instrumento de juicio, caos y muerte; fue contaminado y los peces murieron.

Además, Aarón, por orden de Jehová , alzó la vara sobre las aguas del Nilo y se convirtieron en sangre todas las aguas de Egipto, incluyendo las de los brazos naturales del río, las de su red artificial de canales usados con fines de irrigación agrícola, las de sus estanques, y las de sus depósitos.

El texto masorético indica literalmente que habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en la madera y en la piedra (v. 19b; Tr. del autor). El original no contiene las palabras interpretantes “los baldes de” ni “las vasijas de”. Parece mejor traducir el versículo sin agregar las palabras adicionales; es decir, la sangre llegó hasta la savia de los árboles (madera) y salió de las fuentes (piedras). Los dos, árboles y fuentes, eran elementos considerados sagrados en los lugares apartados o designados para la adoración (ver los oasis sagrados). Si se acepta esta interpretación, se evitará el problema acerca de dónde consiguieron los magos su agua cuando hicieron lo mismo con sus encantamientos (v. 22).

La plaga duró siete días.

El faraón volvió al palacio y no quiso prestar más atención al asunto. ¿Tenía agua sin sangre en casa? La respuesta sería que no, si se agrega al texto hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra. La gente común hicieron pozos alrededor del Nilo para beber: encontraron agua filtrada a través de la arena. Probablemente de ahí los magos consiguieron el agua pura para obrar su arte de encantamientos.

Algunos autores han sugerido que posiblemente el Nilo no se convirtió en sangre literalmente, sino que el uso de la palabra sangre indica lo que parecía el agua. Dice Bartina: “No se trata de la conversión del agua nilótica en sangre humana o animal, sino en una coloración parecida a sangre”.

Anualmente, cuando crece el río (en julio o agosto), unos microcosmos conocidos como “flagelados” dan con sus bacterias un tinte rojizo, o a veces púrpura a las aguas. En el verano, con el sol caliente, el agua en el Delta puede parecer sangre; por eso los nativos lo llaman el Nilo Rojo. En la interpretación de Bartina y otros, se sugiere que el milagro no consiste tanto en el color sanguíneo, sino en el hecho de ser predicho precisamente y en su intensidad.

De acuerdo con esta interpretación se desarrolló una teoría interesante acerca de la plagas: Con la contaminación severa del agua del Nilo llegó la mortandad de los peces. Las ranas, la plaga segunda, se multiplicaron en el sedimento de las inundaciones; después llegaron los insectos y se multiplicaron debido a la mortandad de los peces y de las ranas; y los insectos producidos por las pestes atacaron al ganado y a los hombres. Se sugiere que las tormentas y el granizo de febrero destruyeron el lino y la cebada, dejando el trigo y la espelta para las langostas. Las tinieblas, a su vez, serían el producto de una polvareda intensa (ver el polvo depositado por la inundación) levantada por el viento (khamsin) de marzo. Así, nueve de las plagas se relacionan con el control que Jehová tiene sobre la naturaleza. ¡Jehová es Señor, no los dioses egipcios!

De todos modos, independientemente de las varias maneras de interpretar las plagas, las conclusiones acerca de ellas son evidentes:

(1) Ocurrieron en momentos oportunos escogidos,

(2) produjeron aflicciones severas en Egipto,

(3) afectaron a lugares específicos y

(4) lograron el propósito de librar a Israel de la esclavitud egipcia.

Con todo, no existe ninguna duda de lo que el autor enseña en cuanto a la primera plaga; el Nilo quedó bajo el poder soberano de Jehová . Sin embargo, el hecho de que los magos aparentemente también convirtieron agua en sangre dejó una duda en la mente del faraón acerca del dominio absoluto de Jehová sobre todo Egipto. No obstante, los magos únicamente pudieron aumentar la plaga; no pudieron quitársela.

Una vez más el faraón se endureció, y no los escuchó, y esto era lo que Jehová había dicho que pasaría. Dios no lo endureció sino hasta la sexta plaga (2Ki_9:12). Dios conocía de antemano lo que ocurriría. Sabía que el corazón del faraón estaba endurecido desde el principio y que lo endurecería aun más y más. Conoció Dios que últimamente se fijaría el corazón del faraón en el camino que el monarca ya había elegido. ¿Quién es Jehová ? La pregunta llegaría a molestarle al faraón durante toda su vida. Sin embargo, Dios no lo hizo obstinado. Ya era hombre endurecido de antemano y por su propia voluntad.

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