Éxodo 4: Moisés vuelve a Egipto, creerán que se te ha aparecido Jehová

Éxo 4:1 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.

El temor de Moisés lo causaba su anticipación. Estaba preocupado por cómo iba a responder el pueblo. Casi siempre anticipamos los sucesos y luego nos aterrorizamos por lo que puede salir mal. Dios no nos pide que vayamos a donde El no ha proporcionado los medios para ayudarnos. Vaya a donde El lo guíe, confiando en que le dará el valor, la confianza, y los recursos en el momento oportuno.

Éxo 4:2 Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.

Dios toma cosas comunes, como es una vara , y las utiliza como un extraordinario instrumento suyo. Esta vara sirvió para realizar varios milagros mediante el poder de Dios.

Éxo 4:3 El le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella.

Éxo 4:4 Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano.

El cayado de un pastor era por lo regular una vara de madera de uno a dos metros con un gancho en la punta. El pastor lo utilizaba para caminar, para guiar a su rebaño, para matar serpientes y para otras muchas tareas. Aun así, era tan solo un palo. Pero Dios utilizó la simple vara que Moisés llevaba para enseñarle una lección importante. Dios a veces disfruta mucho usando cosas ordinarias con propósitos extraordinarios. ¿Cuáles son las cosas ordinarias de su vida: su voz, una pluma, un martillo, una escoba, un instrumento musical? Aunque es fácil suponer que Dios puede usar sólo los dones especiales, no debe impedir el uso que El haga de las contribuciones diarias que usted pueda hacer. Moisés nunca se imaginó el poder que su simple cayado tendría al convertirse en la vara de Dios.

Éxo 4:5 Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.

Éxo 4:6 Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve.

Éxo 4:7 Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne.

La lepra era una de las enfermedades más temidas de ese tiempo. No había cura, y un gran sufrimiento precedía a una muerte posterior. Moisés aprendió que Dios podía provocar o curar cualquier clase de problema. Moisés vio que Dios ciertamente tenía todo el poder y lo estaba comisionando para ejercitarlo a fin de sacar a los hebreos de Egipto.

Éxo 4:8 Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera.

Éxo 4:9 Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra.

Las señales dadas a Moisés tuvieron el objetivo de demostrarle que Dios estaba con él. Muchas veces las señales o los milagros se producen para probar que Dios está presente protegiendo a su pueblo.

Éxo 4:10 Entonces dijo Moisés a Jehová: !!Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.

¡Ay , Señor! constituye el reconocimiento por Moisés de que Dios tiene el derecho de darle órdenes. Tardo en el habla y torpe de lengua : Protesta de Moisés, quien no se consideraba alguien persuasivo o elocuente. Ni antes , ni desde indica que, según él, su problema era algo permanente y que el encuentro con Jehová no había cambiado las cosas.

Éxo 4:11 Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

Éxo 4:12 Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

Cuando no sabemos cómo responder, Dios pone en nuestros labios las palabras adecuadas.

Éxo 4:13 Y él dijo: !!Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

Moisés le suplicó a Dios que no lo enviara a esta misión. Después de todo, no era un buen orador y probablemente avergonzaría tanto a Dios como a sí mismo. Pero Dios veía el problema de Moisés de un modo completamente diferente. Todo lo que Moisés necesitaba era un poco de ayuda y quién mejor que Dios podía ayudarlo a decir y a hacer las cosas correctamente. Dios creó su boca y podía darle las palabras a decir. Es muy fácil para nosotros mirar nada más nuestras debilidades, pero si Dios nos pide que hagamos algo, nos ayudará a realizar el trabajo. Si la tarea incluye algunas de nuestras áreas débiles, podemos estar seguros que El proporcionará las palabras, la fortaleza, el valor y la habilidad donde sea necesario.

Éxo 4:14 Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.

Dios finalmente aceptó que Aarón hablara por Moisés. Los sentimientos de incapacidad de Moisés eran tan fuertes que no pudo confiar ni siquiera en la habilidad de Dios para ayudarlo. Moisés tuvo que enfrentarse a estos sentimientos profundos de incapacidad en muchas ocasiones. Cuando nos enfrentamos a situaciones que son muy difíciles o que nos causan temor, debemos estar dispuestos a permitir que Dios nos ayude.

Éxo 4:15 Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Éxo 4:16 Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.

La frase “serás para él en lugar de Dios” significa que Moisés le diría a Aarón lo que este debía decir, tal como Dios se lo había dicho a él.

Éxo 4:17 Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.

Aunque Moisés le pide a Dios que mande a otra persona, no se le releva de su responsabilidad. Dios, sin embargo, cambia la vía de comunicación. Dios le hablará a Moisés y éste le hablará a Aarón, quien a su vez le hablará a la gente. Moisés es el agente de Dios, y Aarón el vocero de Moisés.

Moisés vuelve a Egipto

Éxo 4:18 Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.

Moisés se había convertido en yerno de Jetro y, como hijo obediente, tenía que pedirle permiso para abandonar aquel lugar.

Éxo 4:19 Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.

Al enterarse de la muerte del Faraón, Moisés se sintió libre de regresar a Egipto. Este acontecimiento en la vida de Moisés tiene su paralelo en la vida de Jesús; tras la muerte de Herodes, Jesús pudo regresar a Israel desde Egipto

Éxo 4:20 Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.

Moisés se asió fuertemente a su cayado de pastor cuando salió a Egipto para enfrentar el gran reto de su vida. Su vara le proporcionaba la seguridad de la presencia de Dios y su poder. En medio de la incertidumbre, algunas personas necesitan algo para equilibrarlos y darles seguridad. Para darnos seguridad en medio de grandes pruebas, Dios nos ha dado promesas en su Palabra y ejemplos de grandes héroes de la fe. Cualquier cristiano puede asirse fuertemente a ellas.

Éxo 4:21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.

Éxo 4:22 Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.

Toda la humanidad es creación de Dios, pero Israel ocupa un lugar y le corresponde realizar una misión especial dentro del plan divino. Ser primogénito de Dios tiene un sentido de pertenencia especial, no sólo como alguien favorecido, sino como pueblo al que se le ha encomendado una responsabilidad única.

Éxo 4:23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.(A)

Éxo 4:24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.

Éxo 4:25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.

Éxo 4:26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.

Este es un pasaje difícil y oscuro. Aparentemente, Moisés se negó a que su hijo fuese circuncidado. La circuncisión era algo que servía de señal al pacto de Dios con su pueblo y que había sido instituida por Dios mismo. La no realización de este rito puede haberse debido a la repugnancia que su mujer sentía por esa práctica, o como una forma de adherirse al rito madianita, que exigía que los varones fuesen circuncidados en la pubertad. Pero como cabeza de la familia, Moisés debía haber llevado a cabo esta ceremonia cuando su hijo tenía ocho días de nacido. Como está a punto de convertirse en el libertador de Israel, Dios no está complacido y utiliza a Séfora para llevar a cabo lo que Moisés debió haber hecho.

El significado de un esposo de sangre posiblemente constituya una referencia a la indignación de Séfora por haber tenido que circuncidar al hijo de Moisés.

¿Por qué hizo Séfora la circuncisión? Muchos eruditos creen que pudo haber sido Séfora la que, como madianita que desconocía los requisitos de la circuncisión, había persuadido a Moisés para que no circuncidara a su hijo. Si impidió la acción, ahora tenía que realizarla. También es posible que Moisés se sintiera enfermo al permitir la desobediencia y que Séfora tuviera que llevar a cabo la circuncisión para salvar tanto a su esposo como a su hijo. Esto no la haría feliz, de aquí su comentario poco halagador para Moisés.

Dios amenazó con matar a Moisés porque no había circuncidado a su hijo. ¿Por qué Moisés no lo había hecho? Recuerde que había pasado la mitad de su vida en el palacio de Faraón y la otra mitad en el desierto de Madián. Quizá no estaba muy familiarizado con las leyes de Dios, especialmente porque todos los requisitos del pacto de Dios con Israel no se habían llevado a cabo activamente durante unos cuatrocientos años. Además, muchos eruditos creen que la esposa de Moisés, debido a sus antecedentes madianitas, se oponía a la circuncisión. Pero él no podía servir efectivamente como libertador del pueblo de Dios hasta que hubiera cumplido las condiciones de su pacto, y una de ellas era la circuncisión. Antes de que avanzaran más, Moisés y su familia tenían que obedecer completamente los mandamientos de Dios. En la ley del Antiguo Testamento, el no circuncidar a un hijo era perder las bendiciones de Dios para uno mismo y para su familia. Moisés pronto aprendería que desobedecer a Dios era aún más peligroso que enfrentarse a un Faraón egipcio.

Éxo 4:27 Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó.

Éxo 4:28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado.

Éxo 4:29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.

Éxo 4:30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo.

Éxo 4:31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

Las señales daban validez al llamado de Moisés y hacían que el pueblo creyera. Inclinar las cabezas era un signo de respeto.

El miedo de falta de credibilidad. Moisés temía que el pueblo no le creyera. Era un problema, porque la credibilidad era esencial si Moisés iba a guiarlo en el futuro. Por cierto, Israel tuvo que guardarse de los profetas falsos. Además, ¿cómo podría probarles Moisés que el encuentro con Jehová había sido real y no algo subjetivo? No quería ser rechazado otra vez. ¿Cuál evidencia tenía él de la presencia prometida del Señor?

En respuesta, Jehová le dio tres milagros de transformación que podrían ser usados como demostraciones para que creyera el pueblo que el Señor le había aparecido. No se dieron como pruebas conclusivas que servirían de una vez y para siempre para convencer al pueblo de que Moisés era profeta de Dios. Tampoco eran pruebas finales; aun éstas tendrían que ser aceptadas con fe en el propósito divino de una liberación futura. Además, cuando los milagros mismos eran aceptados, el significado no era claro para todos: el faraón los vio y no creía el propósito de lo que veía.

La señal de la vara. Jehová le preguntó: “¿Qué es eso que tienes en tu mano?“. Moisés tenía lo que cualquier pastor tendría: una vara común. Tírala al suelo, le dijo Jehová , y cuando Moisés lo hizo, se convirtió en una serpiente. Moisés conocía bien las serpientes que había en la zona y huía de ella. Sin embargo, no era suficiente el milagro así. Extiende tu mano y agárrala por la cola. Cualquier adiestrado en manejar las culebras sabe que agarrar la cola de una víbora no es lo mejor; debe inmovilizarse la cabeza contra la tierra y agarrar la serpiente por atrás de la cabeza. Sin embargo, según la palabra de Jehová , Moisés la agarró por la cola, y volvió a ser vara en su mano. ¡Otro milagro! El propósito era demostrar al pueblo que Dios de veras le había aparecido.

La señal de la lepra. El segundo milagro fue igualmente dramático. A la orden de Jehová , Moisés se metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. La mano bien bronceada por el sol caliente del desierto se había convertido en una blanca: leprosa. Era la plaga tan temida, la que aislaba al individuo de la sociedad y producía la muerte lenta pero segura con dolores agudísimos. Era una enfermedad incurable. Entonces el Señor le dijo Vuelve a meter tu mano en tu seno, y la sacó sana como el resto de su carne.

La señal del agua. Como si estos dos milagros no fueran suficientes, Jehová le dijo que tomase agua del Nilo y la derramara en tierra seca y se convertiría en sangre.

Dios le dio tres señales que serían suficientes para convencer al pueblo, y parecería que satisfarían a Moisés también, pero no fue así. Todavía seguía protestando obstinadamente, buscando liberación de su responsabilidad en el plan redentor divino.

El problema de la comunicación. Moisés protestaba que nunca había sido hombre de palabras y que era tardo [lit. “pesado”] de boca y de lengua. Se ha sugerido que probablemente tenía un impedimento en el habla; sin embargo, de un análisis del texto no lo parece. No tenía dificultad en presentar pronto las razones por las cuales no debiera hacer el trabajo. Según el texto hablaba bien para formular excusas y dar razones por las cuales el Señor no debía mandarlo a él al faraón. Era tardo en decir que “sí” al llamamiento; era presto para decir que “no”. Parece que el problema estaba no tanto en el hablar sino en la falta de deseo de hacer lo que Jehová le pedía.

El Señor le respondía claramente; lo conocía completamente, no solamente por nombre. Lo había creado, y no le prometió curar su impedimento para hablar, sino que le mandó ir y le prometió estar con su boca y enseñarle lo que tendría que decir. La presencia divina no simplemente le acompañaría, sino que le daría poder de hablar o testificar eficazmente.

La falta de un deseo personal de ir. La última petición de Moisés, que Jehová enviara a otra persona, trajo el enojo del Señor; no obstante, Jehová le dio a Moisés una válvula psicológica de escape. Dios, el soberano Señor del mundo, le avisaba que su hermano Aarón, aquel que hablaba bien, estaba en camino para encontrarlo.

Evidentemente Moisés por años había tenido alguna clase de contacto con la familia durante los cuarenta años de ausencia de Egipto, aunque escaso, porque el texto dice al verte, se alegrará en su corazón. Aarón sabía cómo encontrarlo y reconocería a Moisés. Frente al miedo de Moisés de hablar en público (que venció durante su ministerio), Aarón sería su vocero.

El texto aquí, ofrece la definición más clara de la Biblia en cuanto al trabajo del profeta. Entonces Jehová dijo a Moisés: “Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta“. ¿Cuál era la función profética? Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará al faraón. Tu le hablarás y pondrás en su boca las palabras… El hablará por ti al pueblo y será para ti como boca, y tú serás para él como Dios.

Al final del encuentro, el Señor le mandó: Lleva en tu mano esta vara, con la cual harás las señales. Enfáticamente Jehová decía que era una vara especial, esta vara, no otra cualquiera. Durante toda la vida de Moisés esta vara iba a jugar un papel de importancia aun hasta el extremo.

Finalmente Moisés, el instrumento especial en la mano del Señor, se sometió y salió del monte llevando la vara especial de Dios en su mano. Jehová había logrado el primer paso; quedaba todavía por convencer el pueblo incrédulo, además del faraón del corazón endurecido (4:21). No obstante, se acabaron las protestas de Moisés.

e. El regreso a Egipto. Todavía le quedaba a Moisés una pequeña esperanza de escaparse del mando divino: tendría que pedir permiso de su suegro, el jefe de la tribu. Al casarse, se identificaba con la familia de su esposa y aceptaba su gobierno. Pero aun ahí, el Señor ya había preparado el camino y Jetro dijo a Moisés: “Vé en paz“. Entonces, Dios le reveló que el regreso no significaría peligro de vida para él porque han muerto todos los que procuraban matarte.

Con la bendición de Jetro y reasegurado por Dios, Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y regresó a la tierra de Egipto. En camino el Señor le indicó otra vez que el faraón no dejaría ir fácilmente al pueblo. En aquel momento Jehová le explicó a Moisés su derecho para librar a Israel: Israel es mi hijo, mi primogénito. El faraón, considerándose divino, pensaba que tenía derecho sobre el primogénito de Jehová , aun hasta maltratarlos y matar a los niños varones. Jehová afirmó que él tenía el derecho de reclamar la libertad de su primogénito. Si rehusara dejar ir al pueblo, Jehová tendría el derecho de matar al primogénito del faraón. El veredicto ya expuesto por el faraón sobre Israel no era simplemente contra un pueblo extraño que vivía en la tierra sino era contra su propia gente. Lo que se sembrara sería lo que se cosecharía. El Señor indicó que al final de la confrontación el faraón quedaría reducido a su mortalidad; era impotente en frente a Jehová.

Si Dios lo había llamado, ¿por qué procuraba matarlo? Evidentemente había otra lección para aprender antes de llegar a Egipto. El trozo bíblico es muy antiguo y repleto de modismos. La expresión procuró matarlo es una que indica que Moisés estuvo a punto de morir. En aquel entonces se creía que todo lo que pasaba era resultado de la voluntad y acción directa de Dios. No se pensaba en causas secundarias puestas en acción por Jehová .

Hasta ahora, no existe ningún registro de la circuncisión de Moisés ni de sus hijos; sin embargo, era un rito antiguo hecho con Abram cuando tenía noventa y nueve años de edad. Era la señal del pacto entre el Señor y el pueblo. Génesis pronuncia castigo sobre el hombre no circuncidado. Al ver a su esposo tan enfermo, Séfora, su esposa (hija de un sacerdote también de la descendencia de Abram), resueltamente tomó un pedernal afilado, de acuerdo con el rito antiguo, y cortó el prepucio de su hijo y tocó con él los pies de Moisés. Se usaba la expresión los pies como un eufemismo por el órgano sexual, y Séfora, con la sangre del hijo, se aseguraba de que Moisés llevaba en su cuerpo una señal de la circuncisión. Cuando se dio cuenta de que Moisés mejoraba, ella dijo: ¡De veras, tú eres para mí un esposo de sangre!. Con esto se salvó la vida de Moisés y el autor agrega: Entonces le dejó. Ella había dicho “esposo de sangre“ a causa de la circuncisión. Era otra enseñanza acerca de la religión y práctica de Abram que Moisés aprendió en el desierto. ¿Cómo podía él ir al pueblo con un llamado a la fidelidad a la fe de los padres sin practicarla él mismo?

f. El encuentro con el pueblo. Del enfoque sobre Moisés, el texto cambia para dar una mirada breve hacia el encuentro con Aarón. Mientras Jehová trabajaba con Moisés en Sinaí tocaba a

Aarón también en Egipto. Al impulso divino Aarón se fue al monte de Dios buscando a su hermano menor, y felizmente lo encontró. Moisés, ya recuperado, le relató todo a su hermano, y los dos fueron a los ancianos de Israel. Aarón relató todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, y éste hizo las señales ante los ojos del pueblo. Con esto el pueblo creyó; y. . . se inclinaron y adoraron. ¿En qué creyeron? Pronto se olvidaron. Más tarde el texto dirá que el pueblo temió a Jehová , y creyó en él y en su siervo Moisés. Al escuchar el relato de Aarón parece que creyó más bien en las señales (lit. “maravillas”), y Dios tendría que probar la fe para que fuera duradera. Las señales eran demostraciones del poder y de la presencia divina; no eran suficientes en sí para producir una fe que salva. Sin embargo, comenzaba el proceso, y aun con sus limitaciones, el pueblo creía. Se había logrado parcialmente el segundo paso. Ahora hacía falta persuadir al faraón.

Joya bíblica El pueblo creyó; y al oír que Jehová había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

Verdades prácticas

1. El servicio en la obra del Señor mediante la iglesia no es opcional. Un cristiano de carácter maduro sabe que aunque su cuerpo se agote por la edad, todavía puede seguir sirviendo y luchando en oración.

2. El Señor nos envía a su obra, va delante de nosotros y conoce todos los obstáculos que encontraremos. El mismo es la solución para ellos, y los irá quitando conforme su plan y nuestra sumisión.

3. Si algunos cristianos emplearan la creatividad que tienen para inventar excusas para no cumplir con el Señor, y la usaran para servirlo, la obra sería más próspera.

4. Muchos quisieran poder hacer milagros para impulsar la obra del Señor. No hay milagro que conmueva más a los incrédulos que el cambio que el Señor puede hacer de una vida pecaminosa a una vida de santidad.

5. Los milagros u obras maravillosas las usa el Señor de acuerdo con su plan divino. A diferencia del AT. los cristianos somos la morada del Espíritu Santo, que va con nosotros a todas partes, y nos dirige, enseña y fortalece. No vamos menos protegidos que lo que fue Moisés a enfrentar su tarea. ¡Bendito sea el Señor!

La libertad de expresión es un derecho natural en una sociedad libre. Consecuentemente, ha de defenderse hasta para aquellos con los cuales uno no está de acuerdo.

2. El Señor es el autor de la libertad: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. La Biblia propone libertades básicas:

(1) libertad física y espiritual

(2) libertad de la ignorancia

(3) libertad de palabra

(4) libertad religiosa

(5) libertad del temor

(6) libertad de la necesidad

(7) libertad económica

La libertad es un concepto noble. ¿Es la libertad un ideal para uno solo, o para todos? ¿Estamos dispuestos como Moisés a sacrificar la ambición personal para que otros la tengan?

3. Nunca se es demasiado viejo para servir a Dios. Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando salieron de Egipto. Moisés no se dio por vencido por su edad, y no estuvo dispuesto a dejar la tarea de luchar por la injusticia a los más jóvenes. Bajo la dirección del Señor puso su sabiduría y madurez a la disposición de los demás.

1. Cuando Moisés y Aarón fueron al faraón por primera vez se dieron cuenta inmediatamente que no podrían libertar al pueblo con sus propios esfuerzos. Muchas veces en la historia bíblica los hombres aprendieron que no se hace la obra del Señor por medio de la capacidad humana. Gedeón ganó la victoria sobre los madianitas con solamente 300 hombres escogidos que llevaban teas, cántaros y trompetas. Ciertamente el Señor los guiaba. Cuando el remanente volvió del cautiverio babilónico en 536 a. de J.C. y quiso reedificar el templo, encontró oposición por todos lados. Dios mandó dos profetas para dirigir la obra, Hageo y Zacarías. Ellos entendieron que el templo sería levantado únicamente con la ayuda del Señor. Zacarías dijo: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los Ejércitos”. Estos hombres de fe no presumían de la ayuda de Dios, sino dependían de ella. La victoria final quedaba en las manos del Señor, y él obraba de acuerdo con su plan y soberanía.

2. Moisés tuvo una revelación más completa acerca de Dios que la que recibió Abraham. Los discípulos de Cristo recibieron una revelación acerca de Dios que era mejor que la que recibió Moisés. Esto no indica que la revelación más temprana era errónea, sino que no era tan completa como la siguiente. La revelación final se encuentra en el Cordero de Dios quien “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo. . . haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”. La revelación de Dios vino por hechos históricos y en una forma progresiva que concordaba con la necesidad del momento y con la capacidad de las personas de recibir la verdad. Esto no implica que cada generación conoce más acerca de Dios que las anteriores. Algunas generaciones rechazaron la verdad de Dios y otras tuvieron que aprender las verdades básicas otra vez. La revelación progresiva no concuerda con la teoría de evolución que implica una progresión lineal desde un nivel inferior hasta uno superior. Al contrario, significa que Dios se reveló lo necesario al momento preciso. La revelación subsecuente no anuló la anterior (en contra del concepto dialéctico), sino abrió una nueva dimensión a la verdad ya entregada. La revelación que Moisés recibió tuvo una dimensión mayor que la de Abram tanto como la de Cristo es superior a la que Moisés recibió.

3. La salvación de Dios es liberación de toda clase de servidumbre.

4. El amor de Dios es constante y continuo.

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