Éxodo-3-Llamamiento-de-Moisés

Éxodo 3: Llamamiento de Moisés

Éxo 3:1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

La localización del monte Horeb es incierta. La tradición lo identifica con el Gebel Musa (o «monte de Moisés»), montaña de 2.500 metros de altura que se levanta en el centro de una cordillera de roca granítica al sur de la península del Sinaí.

¡Qué gran contraste hay entre la vida de Moisés como príncipe egipcio y la que tuvo como pastor madianita! Como príncipe, todo se lo hacían; era el famoso hijo de una princesa egipcia. Como pastor, tenía que hacerlo todo por sí mismo. Estaba haciendo el mismo trabajo que se le había enseñado a despreciar, y vivió como un extranjero desconocido. ¡Qué experiencia más humillante debió haber sido para Moisés! Pero Dios estaba preparándolo para ser líder. Al vivir como pastor y nómada, Moisés aprendió las costumbres de la gente que guiaría y también acerca de la vida en el desierto. Moisés no pudo ver esto por sí mismo, pero Dios lo estaba preparando para liberar a Israel de las garras del Faraón.

Monte Horeb es otro nombre para el monte Sinaí, donde Dios revelaría al pueblo su ley.

Éxo 3:2 Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza;(A) y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Los ángeles son criaturas sobrenaturales que viven en el cielo y sirven de mensajeros a Dios y de protectores a sus escogidos. El ángel de Jehová era una manifestación visible de Dios, posiblemente del propio Cristo preencarnado. Ardía en fuego alude a la gloria de la presencia de Dios, el «Shekiná», que transforma todo y a todos los que toca

Dios habló a Moisés desde una fuente inesperada: una zarza ardiente. Cuando Moisés la vio, fue a investigar. También Dios usa a veces fuentes inesperadas cuando se comunica con nosotros, ya sea que utilice personas, pensamientos o experiencias. Esté dispuesto a investigar, sea receptivo a las sorpresas de Dios.

Éxo 3:3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Dios se revela a Moisés en un lugar común, que se convierte en sagrado debido a la presencia de Dios. La combustión espontánea no era algo inusual en el desierto, pero una llama que no se consumía constituía un acontecimiento extraordinario y llamativo.

Éxo 3:4 Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: !!Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

El ángel del Señor recibe adoración.

Un «ángel» poco común, el ángel del Señor, se diferencia de los otros en que este ángel recibe adoración. ¿Cómo es esto? A ningún ángel se le puede tributar adoración; ella sólo pertenece a Dios. El ángel Lucifer fue expulsado del cielo por tratar de recibir tal adoración. El misterio se resuelve en este texto cuando se revela que el ángel es el Señor Dios. Pero, ¿cómo pudieron Moisés y otras personas en el Antiguo Testamento haber visto a Dios cara a cara y sobrevivir, si la Escritura claramente asevera lo contrario? La respuesta: porque ellos vieron al Hijo de Dios en forma preencarnada, al cual el Antiguo Testamento llama el ángel del Señor, el «Mensajero [ángel] del pacto».

Moisés vio una zarza ardiente y habló con Dios. Mucha gente en la Biblia experimentó apariciones de Dios en una forma visible (no necesariamente humana). Abraham vio un horno humeante y una antorcha encendida; Jacob luchó con un varón. Cuando los esclavos fueron liberados de Egipto, Dios los guió con una columna de nube y de fuego. Dios realizó tales apariciones para animar a su nueva nación, guiarlos y probar la confiabilidad de su mensaje verbal.

Éxo 3:5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Quita tu calzado de tus pies : En el oriente, quitarse el calzado constituye una acción que denota respeto. Tierra Santa : A causa de la visitación de Dios.

Éxo 3:6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dios le ordenó a Moisés quitar sus sandalias y cubrir su rostro. Quitarse el calzado era un acto de reverencia que comunicaba su propia indignidad ante Dios. Dios es nuestro amigo, pero además es nuestro Señor soberano. Acercarse a El de una manera frívola muestra una falta de respeto y de sinceridad. Cuando va a Dios en adoración, ¿se le acerca casualmente o viene ante El como si fuera un huésped invitado ante un rey? A veces debemos cambiar nuestra actitud de modo que sea la apropiada cuando nos acercamos al Dios Santo.

Éxo 3:7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

Conocer, percibir, distinguir, reconocer, estar familiarizado con; en unas pocas ocasiones quiere decir «conocer íntimamente», es decir, sexualmente; también, en algunas acepciones verbales quiere decir reconocer, estimar y recomendar. Cuando la Escritura habla de que Dios da a conocer su nombre, se refiere al acto de revelar (por medio de obras y acontecimientos) lo que su nombre verdaderamente significa. Por lo tanto, en 6.3, «Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El Shaddai  mas en mi nombre Jehovã  o me di a conocer a ellos», Dios no quiere decir que los patriarcas nunca habían escuchado el nombre Jehovã, sino más bien que no revelaría el significado completo de su nombre divino hasta el tiempo de Moisés y el éxodo.

Éxo 3:8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

“Los lugares del cananeo” es la tierra de Israel y Jordania hoy. Cananeos era un término que se daba a las diversas tribus que vivían en esa tierra.

Éxo 3:9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Éxo 3:10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Dios reconoce que ha visto y ha oído la aflicción de los hebreos y decide intervenir directamente. Tierra que fluye leche y miel : Descripción poética de una región rica y fértil. Los pueblos que se mencionan constituyen su frontera geográfica. Tampoco se identifica a este Faraón. Puede que se trate de Tutmosis III o de Ramsés II.

Moisés se excusó porque se sentía incapaz para la tarea que Dios le encomendó. Era natural en él que se sintiera así. Sí, era incapaz por sí solo. Pero Dios no le estaba pidiendo a Moisés que trabajara solo. Le ofreció otros recursos para ayudarlo (Dios mismo, Aarón, y el don especial de hacer milagros). Dios nos llama con frecuncia para que realicemos tareas que parecen demasiado difíciles, pero no nos pide que las hagamos solos. Dios nos ofrece sus recursos, al igual que lo hizo con Moisés. No debemos ocultarnos detrás de nuestras deficiencias, como él, sino mirar más allá de nosotros mismos y ver los grandes recursos disponibles. Entonces podemos permitir que Dios utilice nuestros aportes.

Éxo 3:11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Éxo 3:12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Cuando Moisés pregunta ¿ quién soy yo ? , Dios responde que lo acompañará y sus planes se realizarán. Israel servirá a Dios en libertad. En este encuentro Moisés recibe la comisión que representaría el mayor punto de viraje en su vida.

Éxo 3:13 Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres(B) me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Éxo 3:14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY.(C) Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Dios se identifica a sí mismo como YO SOY EL QUE SOY. Al revelar su nombre divino declara su carácter y sus atributos, subrayando que la cuestión no consiste en quién es Moisés, sino quién está con él. Este nombre se relaciona con el verbo hebreo «ser», y por lo tanto implica la absoluta existencia de Dios.

Éxo 3:15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová,[a] el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

Los egipcios tenían muchos dioses de muchos nombres diferentes. Moisés quería saber el nombre de Dios para que el pueblo hebreo supiera quién exactamente lo había mandado. Dios se llamó a sí mismo YO SOY, un apelativo que describía su poder eterno y su carácter inalterable. En un mundo donde los valores, la moral y las leyes cambian constantemente, podemos encontrar estabilidad y seguridad en nuestro Dios que nunca cambia. El Dios que apareció ante Moisés es el mismo que puede vivir en nosotros hoy en día. Dios es el mismo “ayer, hoy y por los siglos”. Como la naturaleza de Dios es estable y confiable, tenemos la libertad de seguirlo y disfrutarlo, en lugar de pasar el tiempo tratando de imaginar cómo es El.

Jehová, o Yavé, deriva de la palabra hebrea que corresponde a YO SOY. Dios le estaba recordando a Moisés las promesas de su pacto hechas a Abraham, a Isaac y a Jacob. Y utilizó el nombre YO SOY para mostrar su naturaleza incambiable. Lo que Dios prometió a los grandes patriarcas, cientos de años antes, lo cumpliría a través de Moisés.

Éxo 3:16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto;

Los ancianos de Israel : Aquellos que por su edad avanzada, gran experiencia y autoridad, eran los líderes del pueblo hebreo.

Éxo 3:17 y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel.

El cananeo era un habitante de la antigua tierra de Canaán. Las ceremonias religiosas cananeas estaban centradas en el culto a la fertilidad y en sus muchos dioses. Los heteos también vivían en Canaán, e igualmente tenían una religión politeísta que adoraba a más de mil dioses distintos. Los amorreos estaban entre los más numerosos grupos de Canaán. Este término se utilizaba para designar a cualquier grupo asentado allí. El término ferezeo puede que se refiera a aquellos que vivían en aldeas abiertas. Los heveos constituían un pequeño grupo de habitantes de Canaán que vivía en tiendas y realizaba frecuentemente trabajo servil. Jebuseo era el nombre del pueblo que originalmente moraba en la ciudad de Jebus, llamada más tarde Jerusalén.

Dios instruyó a Moisés para que le dijera al pueblo lo que había visto y oído en la zarza ardiente. Nuestro Dios es un Dios que actúa y habla. Una de sus maneras más convincentes de hablarles a los demás es describiendo lo que ha hecho y cómo ha hablado a su pueblo. Si usted está tratando de explicarles a otros acerca de Dios, hábleles de lo que ha hecho en su vida o en las vidas de aquellos personajes de la Biblia.

La tierra “que fluye leche y miel” es una descripción de una expresión poética que expresa la belleza y productividad de la tierra prometida.

Éxo 3:18 Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios.

Era y es el medio por el cual los hombres y mujeres pecadores pueden aproximarse a un Dios sin pecado y santo. Indica que el culto a ese Dios es el tema central de éxodo. Un camino de tres días no los llevaría hasta Horeb, pero sí más allá de los límites de la región del delta de Egipto.

Éxo 3:19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte.

Éxo 3:20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir.

Las maravillas apuntan hacia cosas más importantes que la señal en sí misma. Normalmente están asociadas a alguna intervención divina. En éxodo, en la mayoría de las ocasiones, esta palabra apunta hacia aquellos milagros por medio de los cuales Dios liberó a los israelitas del yugo egipcio.

Los líderes de Israel aceptarían el mensaje y los de Egipto lo rechazarían. Dios conocía ambas reacciones antes que sucedieran. Esto es más que una buena sicología, Dios conoce el futuro. Cualquier creyente puede confiarle su futuro a Dios, porque El ya conoce lo que va a suceder.

Éxo 3:21 Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías;

Éxo 3:22 sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.(D)

Las alhajas y los vestidos no fueron meros préstamos, habían sido pedidos y fácilmente recibidos. Los egipcios estaban tan contentos de ver partir a los israelitas que los enviaron con regalos. Estos elementos fueron usados más tarde en la construcción del tabernáculo (35.5, 22). La promesa de despojar a Egipto parecía imposible para Moisés en ese entonces.

El llamamiento de Moisés.

Dios tuvo que humillarlo, informarle del propósito divino, y asegurarle que la presencia divina lo acompañaría. La unidad literaria en general trata de las dificultades que Moisés tuvo para aceptar su vocación divina.

(a) La aparición divina: La tarea pastoril. De acuerdo con el relato de Esteban, habían pasado 40 años, y Moisés seguía apacentando las ovejas de Jetro, su suegro, cuyo nombre significa “excelencia”; sin embargo, anteriormente se le había llamado Reuel, que quiere decir “amigo de Dios”. ¿Cómo se explican los dos nombres? Algunos han sugerido que se trata de dos documentos que usaban nombres diferentes. Otros piensan que es la misma persona que llevaba dos nombres. Una tercera opinión lo explica a través de los significados de los nombres: Reuel, “amigo de Dios,” era el nombre personal, y Jetro, o “excelencia,” era un título honorífico. Aunque la última es muy atractiva, y puede ser la explicación correcta, hay una cuarta sugerencia que parece ser la preferida: Reuel era el patriarca, el jefe del clan al cual las mujeres dieron los informes de la ayuda prestada por Moisés. Mientras él vivía era considerado el “padre” de toda la familia. Al transcurrir 40 años, y habiendo fallecido el sacerdote anciano, su hijo Jetro, el padre biológico de las siete mujeres e hijo de Reuel, lo había reemplazado como jefe y sacerdote en ejercicio. Así pues, el texto simplemente trata de la vida del clan. ¡No es problema de documentos, ni de una transmisión del texto!

Gramaticalmente, el capítulo 3 comienza acentuando el nombre de Moisés. Había algo muy importante en el futuro, aunque él continuaba su labor normal de cuidar las ovejas de su suegro. Las llevó más allá del desierto, o literalmente al lado occidental de Horeb, el nombre dado a aquel sector de un monte imponente de la zona. El lado austral era llamado Sinaí.

Llegó hasta el monte de Dios. No se lo llamaba así por ser lugar de veneración de alguna divinidad pagana o de algún dios madianita, sino por lo que llegaría a ser para Israel. En la época en que se escribió la historia, ya era el lugar donde Dios se había aparecido a Moisés, y donde se había promulgado la Ley. Cronológicamente en el texto, era el lugar donde Dios se aparecería. Además, era un lugar impresionante con cordilleras y cuya cumbre frecuentemente estaba oscurecida por espesas nubes. Cuando había tormentas, los valles retumbaban y se estremecían con los truenos. Para Israel, ¡era el monte de Dios! En el llamamiento, el Señor se reveló de un modo especial y en un lugar delimitado. La revelación de Dios vino con un acento histórico y no fue una experiencia mística para el gozo personal de Moisés. Aunque el Omnipotente se apareció en una llama de fuego, lo importante del evento no fue lo que Moisés vio y sintió, sino lo que escuchó. El encuentro fue de diálogo y el problema era la preocupación divina por la situación social y espiritual del pueblo.

Era un día como los muchos que Moisés había conocido. Llevaba el rebaño a un lugar conocido. Con Jetro había encontrado una vida segura y una vocación bajo la tutela de su suegro. Sin duda el sacerdote de Madián le había instruido en el camino de Dios revelado a Abram, aclarando enseñanzas recibidas de su madre: Su preparación teológica se había completado.

La vocación de pastor le había enseñado la paciencia para trabajar con las ovejas, que son criaturas tontas, olvidadizas y dispuestas a extraviarse. Además, la vida solitaria de un pastor le había dado tiempo amplio para meditar y reflexionar; no se había olvidado del sufrimiento de sus hermanos en Egipto. La paciencia le vendría bien dentro de poco; Israel sería un rebaño difícil de guiar.

Además, en la preparación Moisés había llegado a conocer íntimamente el desierto de Sinaí. Sin darse cuenta, su preparación teórica se había terminado. Ahora Dios tomaba la iniciativa, y aunque Moisés no buscaba a Dios, Dios sí lo buscaba a él.

La zarza ardiente.

Entonces se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza. El  Señor mismo lo llamó desde en medio de la zarza… La palabra ángel significa “mensajero”, y puede referirse a un ser humano o a uno celestial. Antes de la época de Moisés, la revelación divina venía principalmente por medio de ángeles. Después de él, con la ley y las instituciones establecidas, no eran tan necesarios. Un análisis de Génesis indica que el ángel de Jehová a veces era un enviado de Dios y en otros contextos se aplica a Dios mismo.

Cuando aparece el ángel de Jehová como una manifestación de Dios mismo, ¿es posible que sea una señal de la presencia de Jesús como Aquel que revela a Dios (Calvino), la segunda persona de la Trinidad? Lo cierto de todo es que al aparecer el ángel de Jehová , siempre es Dios quien habla. De alguna manera el ángel es una extensión de Dios mismo. Es una teofanía.

Apareció el ángel en una llama de fuego, un símbolo de la presencia de Dios. Para los hebreos el fuego no era objeto de adoración, sino que simbolizaba luz y poder. Como el fuego purificaba y consumía las impurezas, así era la santidad y pureza del Señor. Con frecuencia se emplea el fuego en la Biblia como ilustración de la presencia y el poder de Dios.

Moisés vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. Dios puede tomar posesión de algo, o alguien, sin destruirlo. Como lo implica su nombre, es el ser eterno quien tiene su propia fuente de poder y energía en sí mismo y que nunca tendrá fin. Su existencia no depende de la materia física. En este sentido, el fuego no estaba en la zarza sino en Dios mismo.

La palabra hebrea para la zarza (seneh) es similar en sonido al nombre Sinaí. Sin duda la palabra fue elegida por esa razón donde se refiere al Señor como aquel que moraba en la zarza. Generalmente se la identifica como la zarzamora, una zarza espinosa. Sin embargo, no se puede hacer una identificación segura. ¡Ni es necesario!

Moisés no era un novicio en el drama del desierto, y la vista de algo extraordinario le llamó la atención. Se desvió para echar un vistazo de más cerca a la gran visión. La zarza ardía; sin embargo, no se consumía. Y son muchos los que se han desviado con Moisés en un esfuerzo por explicar el milagro. Algunos lo explican en una forma racional como el reflejo del sol sobre la zarza, que daba el efecto de arder; los colores brillantes del otoño le llamaron la atención a Moisés para que el Señor le hablara. Otros lo explican como una visión interior, la cual fue relatada usando los símbolos físicos para que la gente entendiera. Sin embargo, fue simplemente un milagro: un encuentro directo, personal y transformador con Dios. La prueba de ello se ve en los resultados en la vida de Moisés. Lo básico del milagro no estaba en la zarza. La zarza fue simplemente el medio usado por Dios para conseguir la atención del pastor. Al acercarse Moisés a la zarza, Dios puso fin a su vida pastoral y lo inició en una vida nueva como libertador.

Dios lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: ¡Moisés, Moisés!. Fue un llamado doble, con el nombre repetido, que era una fórmula usada a veces para una revelación especial. Con asombro, Moisés escuchó una voz desde la zarza que lo llamaba y lo conocía por nombre. En Israel el nombre representaba la persona. El conocer el nombre de alguien significaba tener un poder sobre él.

Moisés respondió sencillamente: Heme aquí. La traducción de los LXX interpreta: ¿Qué hay? En hebreo la respuesta es una palabra compuesta, como si el asustado Moisés emitiera un sonido entrecortado: hinni, ¡aquí yo!

El Señor le respondió: No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás tierra santa es. Estaba en la presencia de Jehová . El lugar era santo. Uno llega a ser semejante a lo que toca. Al tocar lo sucio, uno llegará a ensuciarse. Al tocar lo santo, uno será santo. Dios dijo a Moisés que él era Santo, y en efecto le dijo: “Quita tus sandalias. Toca lo Santo para que seas santo.” Las sandalias eran una capa aislante entre la tierra santa y Moisés. Tenía que quitar todo lo que impidiera la entrada de la pureza. No hay una separación entre lo físico y lo espiritual.

Moisés e Israel se habían preocupado por lo material. Ahora era tiempo de incluir lo espiritual. Toda santidad implica pureza y separación de lo profano. Moisés tendría que vaciarse y humillarse para que el Señor lo llenara. El descalzarse era símbolo de humildad y respeto por la Majestad divina. Actualmente los musulmanes entran en las mezquitas con los pies descalzos. Los samaritanos suben al Gerizim descalzos cuando van a celebrar la Pascua, y también algunas sectas cristianas mantienen tal costumbre en algunas de sus liturgias. Simbólicamente significa reverencia y humildad de parte de los adoradores.

Dios no se identificó con Moisés como un Dios nuevo, sino como el Dios del Pacto. Dijo que era el Dios de su padre (singular en el texto hebreo) y de sus antepasados. Era el mismo Dios venerado por ellos: era el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No había olvidado las promesas hechas a los patriarcas. Ahora serían cumplidas por medio del éxodo. A la vez, su identificación como el Dios del Pacto era una llamada a la responsabilidad: las promesas eran bendiciones o medios para alcanzar el propósito redentor mundial del Señor. Israel se había olvidado del Pacto; sin embargo, Dios se lo recordaba.

Temiendo por su vida, Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Parece que se cubría su cabeza con el manto y se postraba ante al Señor.

Dios había logrado el primer paso al humillar a Moisés. En la presencia del Santísimo, Moisés confesó su humanidad. Sin embargo, quedaban tres obstáculos más:

(1) Moisés tendría que ser convencido de que fuera él el libertador del pueblo,

(2) Israel tendría que ser convencido de que Moisés fuera el instrumento para librarlos, y

(3) el faraón tendría que ser convencido para que dejara ir al pueblo.

El propósito divino.

Ahora llega el momento cuando el Señor le indicará a Moisés la naturaleza de su llamamiento o vocación. Se encuentran tres elementos centrales en la conversación entre Dios y Moisés. El primero es la decisión firme de Dios de librar a su pueblo oprimido. El segundo es la elección de Moisés para ser el instrumento humano para librar al pueblo. El tercero es la reticencia de Moisés a asumir una responsabilidad tan grande y difícil.

Había llegado el tiempo en que Dios iba a librar al pueblo. Con la aflicción, Israel pensaba que Dios lo había abandonado. No obstante, Dios había estado todo el tiempo con su pueblo; sin embargo, haría milagros en la presencia de los egipcios antes de que Israel tuviera algunos solamente para sí mismo. Los verbos empleados en el texto indican que ya era el momento decisivo: Ciertamente he visto…, he oído…, he conocido…, he descendido…; ahora, ve, pues yo te envío….

Por primera vez Canaán es llamada una tierra que fluye leche y miel. También se indica que era una tierra buena y amplia. En realidad no es tan grande; sin embargo, al compararla con Gosén es muy amplia. Además, no es tan fértil como algunas de las tierras que la rodean; sin embargo, para una gente peregrinante que vivía en el desierto arábigo, la tierra parecería un paraíso. Siglos antes los patriarcas, como una gente extranjera, habían echado sus tiendas allí como huéspedes y transeúntes. Pronto sería tierra propia de Israel como el Señor había prometido.

La frase fluye leche y miel es proverbial y aparece frecuentemente en la Escritura. Aún hoy en día, la leche se considera un alimento necesario para un ciclo ganadero e indica un suelo bueno para el pasto. La miel simboliza una agricultura productiva, no únicamente la de las abejas, sino también la del jugo del fruto de la tierra. Además de una tierra productiva, para Israel, la mejor riqueza sería la libertad de profesar su fe salvadora y, con la ubicación céntrica en el mundo de su día, compartirla con todas las familias de la tierra.

En la época de Abram, se habla de 10 pueblos moradores de Canaán. El Señor indica a Moisés que una nación reemplazará a seis. Aparentemente, se toma el texto aquí en un sentido restringido, y se trata principalmente de los habitantes de la costa mediterránea y del valle del Jordán.

Los cananeos eran una gente emparentada con Israel, y ocupaban las llanuras marítimas y el valle del Jordán. El nombre de la tierra se derivaba de la tintura púrpura que producían y que se utilizaba en la fabricación de telas costosas.

Los heteos eran una gente indoeuropea. Establecieron un imperio grande en Asia Menor con su centro en lo que ahora es Turquía. Paulatinamente conquistaron Siria e invadieron Canaán hasta llegar al sur del país. El imperio heteo floreció hasta 1200 a. de J.C. aproximadamente, y después quedaron centros aislados del pueblo en Canaán. Nunca fueron plenamente conquistados por Israel.

Técnicamente los amorreos eran los habitantes de Siria y la parte norte de Palestina. El nombre vino de la cultura mesopotámica donde las llamaban los amurru u occidentales. Ocupaban la zona montañosa de Canaán. También estaban emparentados con Israel y a veces se alternaban los términos cananeos y amorreos al hablar en general de los habitantes de Palestina. Al hacer una distinción, los cananeos eran los habitantes de las llanuras marítimas y el valle del Jordán, mientras los amorreos ocupaban las zonas más elevadas o montañosas.

No se ha podido identificar el carácter étnico de los ferezeos. Algunos estudiosos piensan que el nombre se refiere a una clase de paisanos que vivían en villas sin muro o barrios abiertos. Por lo menos, algunos vivían en los bosques de Palestina central en la cordillera de Efraím.

Los heveos se encontraban en Palestina central y alrededor de Siquem. Se los identifica generalmente con los antiguos horeos, o hurrianos: el padre del heveo Zibeón era un horeo), un grupo étnico importante en el Medio Oriente durante el segundo milenio antes de Cristo.

Los jebuseos eran los habitantes del monte Sion (lo que más tarde fue Jerusalén) antes de que David la capturase.

La culminación de la experiencia de Moisés ante la zarza ardiente se encuentra en los versículos 9 y 10. El clamor de los hijos de Israel había llegado hasta Jehová , y él había visto la opresión de los egipcios. Entonces, dijo el Señor a Moisés: Vé, pues yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel. Moisés recibió su misión oficialmente, y aunque tendría sus objeciones, nunca pudo escaparse de la realidad de su experiencia con Dios aquel día especial.

(b) Las objeciones y respuestas: Moisés no estuvo de acuerdo con el designio del Señor. En esto se ve su humanidad. Sus objeciones, o excusas, abarcaban varias esferas de su vida personal. Las fundamentaba sobre una modestia genuina, sobre el miedo o temor del juicio egipcio y sobre el temor de ser rechazado otra vez por el pueblo. Moisés era un hombre obstinado; con todo, Dios lo trató con paciencia y con respeto a su personalidad. Moisés no fue tratado como un robot; Dios lo escuchó y contestó sus excusas con toda seriedad. Sin embargo, el Señor no le permitió evadir su responsabilidad ni tampoco demorar ni desbaratar el plan divino. Al fin Moisés llegó a ser el portavoz de Jehová .

En las excusas de Moisés se ven actitudes comunes a toda la humanidad. Con frecuencia, frente al llamamiento de Dios, se presentan objeciones parecidas a las de Moisés: ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tu? ¡No me creerán! ¡No soy elocuente! (No hablo bien en público.) ¿Por qué no mandas a otro?

El sentido de inseguridad personal.

En contraste con Isaías, Moisés resistió el llamamiento del Señor. Su reticencia era el resultado de un miedo realista y un sentido de insuficiencia: ¿Quién soy yo para ir al faraón? Era un fugitivo de la justicia egipcia. A pesar de haber sido un nieto adoptivo del faraón, temía que la obediencia le costara su vida. No había aprendido el secreto de salvar la vida por medio de perderla; todavía el Señor no tenía el control de su vida. Sin entender el principio, quiso negociar con Dios.

Además del miedo por su vida, los años en Madián y el trabajo pastoril habían cambiado a Moisés. No era el hombre impaciente y violento de antes; ¡era un hombre transformado! No se sentía adecuado para una tarea tan monumental. A él le parecía que el llamamiento no era para servir a Dios en lo que era su fuerte, sino en lo que era su debilidad. El texto hebraico indica literalmente que Moisés hacía tres referencias fuertes de sí mismo: ¿Quién soy yo, que vaya yo al faraón, y que saque yo a los hijos de Israel de Egipto? (Trad. del autor). Se sentía inadecuado para la misión que el Señor le había asignado.

A pesar de su sentido de insuficiencia, ¿quién podía haber estado mejor preparado? Conocía el idioma egipcio, la cultura, las creencias y aun a los líderes egipcios. Era nieto adoptivo del faraón. Podía encontrar cualquier sitio en el palacio sin tener un guía oficial. Además, conocía íntimamente el desierto y los pueblos de la zona, y había tomado un curso teológico especial del sacerdote de Dios, Jetro. Dios lo había preparado bien sin que Moisés se diera cuenta. Pero tenía una cosa más que aprender: Dios es soberano, y sería él, no Moisés, el que libraría al pueblo del poder egipcio. Dios no necesitaba un hombre con el poder del yo, sino que buscaba un instrumento sensible y obediente.

La respuesta del Señor es uno de los textos más grandes de toda la Biblia y una promesa que da aliento a todos los llamados por él. Son varias las interpretaciones; no obstante, parece que una traducción literal del versículo ayudará a aclarar el sentido en el contexto: Ciertamente estaré contigo, y esto te será la señal de que yo [enfático] te he enviado; cuando hayas sacado al pueblo de Egipto, serviréis a Dios sobre este monte (trad. del autor). La señal es la presencia de Dios con él: yo estaré contigo. La primera mitad del versículo contiene la promesa; la segunda mitad es una declaración de que servirían a Dios en el monte Horeb (Sinaí) después del éxodo. En efecto decía el Señor: “No debes preocuparte tanto Moisés, estoy contigo. No importa quién eres tú. Lo importante es que estoy yo, y yo sacaré al pueblo de Egipto.” El versículo era una afirmación grande: Dios estaría presente con él, y la señal no descansaba sobre unas demostraciones externas de poder, sino sobre la fe misma del llamado. La señal, o el milagro fundamental, no era la zarza ardiente ni el hecho de servir a Dios en Sinaí. Los dos eran milagros, pero ninguno era la señal. El milagro fundamental era la presencia divina que le acompañaría. El futuro confirmaría a Moisés en su tarea; sacaría al pueblo de Egipto, y lo llevaría al monte sagrado de Dios. Dios no se quedaría en Horeb; la presencia divina acompañaría a Moisés en todo el camino y a través de todos los acontecimientos. La prueba última de la señal sería en el futuro, cuando el pueblo sirviera a Dios en Sinaí.

La misma verdad se ve en Jesús, Dios con nosotros, quien nos libra de la esclavitud del pecado y nos hace instrumentos de su redención. Al salir en su nombre, tenemos la misma promesa que tuvo Moisés: Estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Cristo está con nosotros y el futuro dará la confirmación de nuestro llamamiento y nuestra fidelidad. Saldremos con ánimo porque Cristo en nosotros es la esperanza de gloria.

La incertidumbre de la identidad de Dios.

La segunda objeción de Moisés trata del temor de un nuevo rechazo del pueblo por no conocer a la deidad que le hablaba. La pregunta no era hipotética, “¿quién eres?”, sino más bien era una pregunta bien discreta y práctica. Si fuera al pueblo en nombre del Dios de los antepasados y el pueblo le preguntara ¿cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?. Ya sabía la respuesta a “¿quién?”, porque Dios ya le había dicho que era el Dios de sus padres. La pregunta, ¿Cuál es su nombre?, iba más al fondo. En Israel el nombre significaba la persona misma, es decir, su naturaleza, su carácter, sus atributos, su ser. ¿Cómo era Dios? ¿Qué hacía él?

El conocer el nombre daba alguna influencia sobre la persona. De acuerdo con el pensar de Moisés, al no tener nombre, no había existencia. Al existir y conocer el nombre de la divinidad era tener poder sobre ella o, por lo menos, apoderarse de su poder. Dios conocía a Moisés por nombre. ¿Cuál era el nombre de aquel que le hablaba? El hablar indicaba que era una persona. Decía que estaba preocupado por Israel; sin embargo, evidentemente era un Dios ausente. Por años no había estado presente para ayudarles. ¿Cómo iba el pueblo a reconocerlo?

La respuesta de Dios a Moisés no es del toda clara, y los intérpretes de la Biblia no están seguros de su significado: YO SOY EL QUE SOY. La gramática hebrea no incluye el tiempo en el sistema verbal, pero el tiempo se encuentra en el contexto. El verbo indica una acción y el contexto da el tiempo. El verbo ‘ehyeh es un imperfecto que es una acción incompleta y tiene varias traducciones: “era”, “soy”, “seré”, o “llegué a ser”, “llego a ser”, y “llegaré a ser”. La partícula ‘asher tiene una variedad de significados tales como “quien”, “qué”, “que”, “el que”, “aquel que”, “lo que”, “aquel”, y “porque”.

Es evidente que hay una variedad de posibles interpretaciones de la frase; sin embargo, hay cinco que parecen ser las más aceptables a la luz del contexto:

(1) Al revelar el nombre, el Señor deliberadamente se lo oscureció. En efecto, es decir, “No te importa quien soy”. El es Dios y nadie tendrá poder sobre él para manipularlo: Dios no es esclavo ni siervo del hombre: “Yo soy quien SOY.” No se puede expresar la naturaleza de Dios por medio de un nombre, ni tiene el hombre la capacidad de comprender a Dios; consecuentemente, el ser supremo quedará en el misterio. Al no revelarse el significado pleno de su nombre, significa que será conocido por medio de lo que hace. Moisés no irá a Egipto con el nombre de un Dios nuevo. Como siempre, él se revela y se esconde a la vez. El es libre y soberano, y de la misma manera, no será atado a Moisés ni a Israel contra su voluntad. El nombre misterioso tiene que ser aceptado por la fe tal como el seguirle será por la fe.

(2) Se enfatiza la presencia activa y viva del Señor: en el hebreo no hay verbos diferentes para “ser” y “estar”. Se incluye la presencia y la esencia en el mismo verbo. Así que algunos sugieren que en el versículo se hace referencia a la promesa recientemente hecha a Moisés, estaré contigo, la cual se puede traducir “estoy contigo” (un presente continuo). El Ser Supremo está siempre contigo.

(3) Otros lo traducen, “Seré lo que seré”. Aquí el énfasis recae en la suficiencia de Dios para afrontar cualquier necesidad que surja. Moisés e Israel pueden confiar en la presencia y en el poder del Señor de cumplir con sus promesas en la historia. A la vez, él revelará su persona de acuerdo con su voluntad, no la del hombre. El será lo que quiere ser, y es independiente del hombre.

(4) Albright ha propuesto una interpretación que merece consideración (Yahweh and the Gods of Canaan, 1968, pp. 168-172). Con un leve cambio del texto del hebreo de la forma usada, un presente simple (Qal), a una forma causativa (Hiph’il), y de la primera a la tercera persona del verbo (ser), se traduce la frase así: “El hace (ser) lo que existe.” Según su interpretación, de este contexto se deriva el nombre divino “Yahweh” o “Jahveh”, que analizaremos luego. Esta explicación interpreta el significado del nombre revelado, “El causa ser”, lo cual subraya el papel de Dios como el ser creador del universo tanto como el libertador de Israel.

(5) La última es, “Yo seré lo que era.” Es decir: “Seré siempre en el futuro lo que era en el pasado.” Dios haría en la vida de Moisés lo que hizo con Abram, Isaac, Jacob y Amram (el padre el Moisés). Dice: “Yo soy lo mismo ayer, hoy, y mañana”.

De las interpretaciones, parece que la primera y la última son las más fuertes. Con todo, Dios es una persona; tiene nombre, y al darlo en una revelación especial, da a los suyos ciertos privilegios y responsabilidades. Por lo menos hay acceso directo a él.

Moisés no pudo ir a Israel y responder a la pregunta ¿Cuál es su nombre? con las palabras yo soy. Entonces Dios le dijo: Así dirás a los hijos de Israel: “JEHOVá … me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre…”. Jehová viene del verbo ser y la forma es una tercera persona masculina singular. Es decir: “EL ES me ha enviado a vosotros.”

El nombre sagrado hebreo es llamado el tetragrammaton porque aparece en el texto con cuatro letras YHWH (o con otra transliteración JHVH). Probablemente se deriva del verbo ser. El uso del nombre se encuentra pocas veces antes de la época de Moisés, y su pronunciación original es desconocida. El texto antiguo del hebreo no incluía las vocales. Se escribían únicamente las consonantes y se aprendía la vocalización de memoria. Pasando los años se reemplazó el hebreo con el arameo, un habla más flexible; y para preservar el texto hebraico, unos estudiosos, los masoretas, cerca del siglo séptimo de la era cristiana inventaron un sistema de signos que representan los sonidos vocales y los intercalaron en el texto de sus manuscritos.

Desde la época de Moisés, en Israel se había considerado que el nombre de Dios era tan sagrado que no se lo pronunciaba. Cada vez que aparecía en el texto se leía otra palabra para Dios, “Adonai”, que significa “Señor”. Los traductores de la versión griega (la LXX) empleaban la palabra Kyrios (Señor) para el nombre sagrado. En la traducción latina, la Vulgata, emplearon la palabra Dominus (Señor). Los masoretas, en su tarea de colocar los signos vocálicos al hebreo, pusieron las vocales de la palabra “Adonai” en la palabra “YHWH” (JHVH). Cuando los traductores de la versión inglesa King James (1611) trataron del nombre sagrado, decidieron hacer la transliteración de la palabra hebrea tal como aparecía en el texto que usaron, y de acuerdo con su sistema de pronunciación, llegó el nombre “Jehovah”. Aunque el nombre no representa ninguna forma usada en el texto hebreo, en nuestra tradición ha llegado también a representar al Dios creador y redentor, y de acuerdo con el entendimiento teológico del término, el uso de Jehová es válido y se lo emplea en la RVA y en el comentario.

Después de responder a la pregunta de Moisés, Dios le dio instrucciones más específicas: Vé, reúne a los ancianos de Israel y diles las buenas nuevas de redención; “Jehová … ha venido a nuestro encuentro”. Sin embargo, el Señor le indicaba que la tarea no sería fácil: El pedido de salida no tendría éxito inmediatamente, y Dios tendría que usar una poderosa mano para obligar al faraón a responder favorablemente.

El Señor dijo que al salir de Egipto el pueblo recibiría una recompensa por los años de esclavitud cuando no había disfrutado materialmente de su propio labor. Dios daría a su pueblo gracia en los ojos de los egipcios en vez del odio y abuso, y los egipcios darían a los hebreos objetos de valor, de plata, de oro y vestidos. Israel saldría de sus villas de miseria adornado como una gente digna: Así despojaréis a los egipcios.

El concepto aquí no es de pillaje ni de saqueo por fuerza, sino que voluntariamen-

te, a pedido de las mujeres, los egipcios finalmente recibirían el cobro material por la estadía forzada de los israelitas en su país. Además de velar por lo espiritual, Dios también se preocupaba por el bienestar material de los suyos.

Joya bíblica Dios dijo a Moisés : “YO SOY EL QUE SOY. “ Y añadió : “Así dirás a los hijos de Israel : YO SOY me ha enviado a vosotros”.

Verdades prácticas

1. Enfrente de la zarza que ardía, Moisés tuvo dos reacciones al encontrarse con la santidad de Dios: fue atraído por lo misterioso y se asustó a la vez. Era un deseo doble de atracción hacia la santidad y a la vez de huir de ella. Dios siempre viene como demanda absoluta y socorro infinito, como ira y gracia, como terror y amor. La santidad de Dios siempre infundirá dos reacciones. Posiblemente, una de las pérdidas más grandes del mundo moderno es la falta de respeto para la santidad por haber llegado a estar familiarizado con Dios.

2. La santidad de Dios es la diferencia absoluta entre Dios y los seres humanos. La santidad pertenece a Dios exclusivamente. El designar cualquier elemento “santo” únicamente por su relación o asociación con Dios no es correcto.

3. Siempre se deben quitar las sandalias al acercarse al Santísimo. No tenemos ningún reclamo que hacer: Somos pecadores sin mérito que acudimos al trono de la gracia para recibir el perdón gratuitamente ofrecido.

4. Al librar a Israel de la esclavitud egipcia, el Señor mantuvo su propósito de salvación mundial iniciada anteriormente. Mantuvo la continuidad con el pasado, el control sobre el presente y el señorío sobre el futuro.

Verdades prácticas

1. La santidad de Dios compromete a su pueblo a la santidad. Cuando Dios llama a servirlo el carácter del hombre será dirigido a la santidad.

2. A muchos puede atraer la omnipotencia de Dios, pero no su santidad, porque evidencia la pecaminosidad del hombre.

3. Dios nos conoce y nos llama por nombre. Nadie puede confundir el llamado a otro con el suyo.

4. Dios nos llama a servirlo como un privilegio para nosotros, pues suyo es el poder para lograr la victoria en la encomienda.

5. Dios conoce de antemano el curso de los acontecimientos de la tarea que nos encomienda, pero nos revela sólo lo indispensable. Nos deja ir por fe, que nunca es defraudada.

Verdades prácticas

1. Los hombres que más y mejor sirven al Señor no son los que tienen muchos talentos que ofrecer, sino los que están dispuestos, en humildad, a dejar que el Señor los use.

2. Cuando el Señor llama a su servicio, su poder está disponible para cumplir nuestra tarea.

3. No hay hombre de Dios, por inútil que crea ser, que no pueda ser utilizado por el Señor, si se somete a él.

4. El que reconoce su debilidad delante de Dios es más apto que el que es autosuficiente.

5. Una declaración de inutilidad para servir a Dios puede ser una excusa para no comprometerse en la obra de Dios y sus trabajos consecuentes.

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