El tesoro más importante

La vida de Mel Fisher es una historia asombrosa, que va desde ser granjero en Indiana hasta buscador de fortunas submarinas en Key West, Florida. Fue el 30 de julio de 1985, a unos sesenta kilómetros al oeste de Key West, que Fisher encontró, con la ayuda y equipo de su propia empresa de salvamentos, el galeón español Nuestra Señora de Atocha, hundido por un huracán en 1622. El descubrimiento, muy significativo desde la perspectiva histórica, fue también muy rentable por contener un tesoro valorado en más de cuatrocientos millones de dólares.

Fisher dedicó diecisiete años de su vida a la investigación y búsqueda del desaparecido Atocha. Pleiteó durante diez años con el Estado de Florida y el Gobierno Federal por la propiedad del destrozado navío, ganando al fin el pleito por sentencia del Tribunal Supremo en 1982. Diez años antes de su descubrimiento, su hijo mayor, el hijo de su esposa y otro buceador perdieron la vida al zozobrar su barco en una fuerte tormenta cuando estaban trabajando en las investigaciones.

«A pesar de todo, mereció la pena», dijo Fisher.

Seguramente que todos quedamos maravillados con la historia de Fisher. Constituye, sin duda, un ejemplo de optimismo, perseverancia y determinación. Fue su gran dedicación la que mantuvo a la tripulación unida y en movimiento durante años de investigación sin fruto.

Como seguidores de Jesús tenemos el mandato de buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y el reino es verdaderamente un tesoro que merece cualquier sacrificio.

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