El linaje del Sacerdote

Categorías: Evangelio Armonizado.

Y cuando comenzó su ministerio, Jesús mismo tenía unos treinta años, siendo, como se suponía, hijo de José, quien era hijo de Elí, y Elí, de Matat; Matat, de Leví; Leví, de Melqui; Melqui, de Jana; Jana, de José; José, de Matatías; Matatías, de Amós; Amós, de Nahúm; Nahúm, de Esli; Esli, de Nagai; Nagai, de Maat; Maat, de Matatías; Matatías, de Semei; Semei, de José; José, de Judá; Judá, de Joana; Joana, de Resa; Resa, de Zorobabel; Zorobabel, de Salatiel; Salatiel, de Neri; Neri, de Melqui; Melqui, de Adi; Adi, de Cosam; Cosam, de Elmodam; Elmodam, de Er; Er, de Josué; Josué, de Eliezer; Eliezer, de Jorim; Jorim, de Matat; Matat, de Leví; Leví, de Simeón; Simeón, de Judá; Judá, de José; José, de Jonán; Jonán, de Eliaquim; Eliaquim, de Melea; Melea, de Mainán; Mainán, de Matata; Matata, de Natán; Natán, de David; David, de Isaí; Isaí, de Obed; Obed, de Booz; Booz, de Salmón; Salmón, de Naasón; Naasón, de Aminadab; Aminadab, de Admín; Admín, de Aram; Aram, de Esrom; Esrom, de Fares; Fares, de Judá; Judá, de Jacob; Jacob, de Isaac; Isaac, de Abraham; Abraham, de Taré; Taré, de Nacor; Nacor, de Serug; Serug, de Ragau; Ragau, de Peleg; Peleg, de Heber; Heber, de Sala; Sala, de Cainán; Cainán, de Arfaxad; Arfaxad, de Sem; Sem, de Noé; Noé, de Lamec; Lamec, de Matusalén; Matusalén, de Enoc; Enoc, de Jared; Jared, de Mahalaleel; Mahalaleel, de Cainán; Cainán, de Enós; Enós, de Set; Set, de Adán; y Adán, de Dios. Lucas 3:23-38

Muchos debates han habido ante esta genealogía ya que hay quienes aseguran ver aquí el linaje de Jesús por parte de María. Muchos creen que Helí es el mismo que Heliaquin, o Joaquín, padre de la santísima Virgen y que la palabra qui fuit Helí, quiere decir, que José fue yerno de Helí. Según esta opinión, aquí se describe la genealogía de Jesús por los ascendientes de María su madre, y en San Mateo por los ascendientes de San José.

No es una genealogía innecesaria, como se dijo anteriormente. No es por vanagloria como suelen ser las de los grandes hombres. Demuestra que nuestro Señor Jesús es de la nación y familia de la cual iba a surgir el Mesías. La promesa de la bendición fue hecha a Abraham y su descendencia; la del dominio, a David y su descendencia. Se prometió a Abraham que Cristo descendería de él: Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra Génesis 12:3; Y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido mi voz. Génesis 22:18; y a David que descendería de él, ‹Cuando tus días se cumplan y reposes con tus padres, levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. 2 Samuel 7:12; Yo he hecho un pacto con mi escogido, he jurado a David mi siervo: Salmo 83:3, y siguientes; El Señor ha jurado a David una verdad de la cual no se retractará: De tu descendencia pondré sobre tu trono. Salmo 132:11; por tanto, a menos que Jesús no sea hijo de David, e hijo de Abraham, no es el Mesías.

Este pasaje empieza con una afirmación muy sugestiva: nos dice que cuando Jesús inició su ministerio tendría unos treinta años. ¿Por qué tuvo que pasar treinta años en Nazaret cuando había venido a salvar al mundo? Algunos creen que José murió bastante joven, -hay quienes aseguran que fue cuando Jesús tenía unos catorce años de edad y José se encontraba haciendo trabajos de restauración en el castillo de Herodes; ante la muerte de José, Jesús acude ante este últimos a pedir indemnización para su madre y que al no conseguir el favor de Herodes tuvo que encargarse del sostenimiento de su madre María y de sus hermanos y hermanas más jóvenes, y que sólo cuando ya fueron lo suficientemente mayores como para encargarse del taller Jesús se sintió libre para marcharse de Nazaret y lanzarse al mundo a cumplir su misión. Sea eso o no cierto, tres cosas son verdad.

i) Era esencial que Jesús cumpliera con la mayor fidelidad los deberes más limitados de la vida familiar antes de asumir la misión universal de salvar al mundo. Fue cumpliendo meticulosamente las pequeñas obligaciones de la vida familiar como Jesús se preparó para su gran misión. Cuando contó la parábola de los talentos, la palabra para los siervos fieles era: «Su Señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.» Llegando también el de los dos talentos, dijo: «Señor, me entregaste dos talentos; mira, he ganado otros dos talentos.» Su Señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.» Mateo 25:21, 23. No cabe duda de que estaba hablando por propia experiencia. Cuando murió la madre de cierto gran hombre, dijo él: «No puedo recordar que nunca se dejara nada a medio hacer.» Eso pasó con Jesús: porque cumplió fielmente las pequeñas obligaciones, Dios le encargó la más grande tarea que se haya realizado o se haya de realizar en este mundo.

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