El Dios de la Esperanza

El Dios de la Esperanza

En su libro Live With Your emotions –Viva con sus emociones–, Hazen G, Werner cita parte de una carta de una mujer que habí­a perdido toda su esperanza. Escribí­a así­: Un pecado vil y repulsivo habí­a seguido mis pasos durante años. Mi alma se habí­a oscurecido en las tinieblas. Comencé a pensar que nunca quedarí­a emancipada de su atenazamiento. Luego, una noche, en medio de mi desesperanza, sentí­ el impulso de decir: Dios, gracias de todas maneras, y durante un momento se hizo la luz. Me dije: Este debe ser el camino. Comencé a darle las gracias más y más, y la luz siguió y creció. Durante toda una tarde me vi libre de mi carga.

Lo que aquella mujer parece haber encontrado accidentalmente, el salmista David lo aprendió por experiencia. Descubrió que era una verdad poderosa que hací­a frente a la más dura prueba. Volviendo hacia el cielo la mirada de alma, vio a Dios como la fuente inagotable de esperanza. Pero la respuesta de David a Dios no fue pasiva. Se habló así­ mismo, desafiando a su alma abatida, amonestándose a esperar en Dios y tranquilizándose a sí­ mismo de que aún alabarí­a al Señor por su ayuda –Salmo 42:1.

¿Desanimado? Di para tus adentros, como David lo hací­a, Espera en Dios. Alábale lo que  El es. Esto podrí­a hacer resplandecer un rayo de esperanza en tus tinieblas y conducirte a la luz.

La esperanza, lo mismo que un ancla, se aferra a lo que no se ve.

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