Hechos 2: El aliento de Dios

(iii) Cuando llega el arrepentimiento, algo pasa con el pasado. Hay perdón de pecados. El perdón de Dios cubre el pasado; pero tenemos que comprender que esto no quiere decir que se anulan las consecuencias del pecado. Cuando pecamos, nos hacemos algo a nosotros mismos y a otros que no podemos deshacer. Vamos a considerarlo de otra manera: cuando éramos pequeños y habíamos hecho algo malo, había una barrera invisible entre nosotros y nuestros padres. Pero, cuando íbamos a ellos y les decíamos que lo sentíamos y pedíamos perdón, nuestros padres nos abrazaban, y nos dábamos cuenta de que la relación se había restablecido y había desaparecido la barrera. El perdón no eliníina las consecuencias de lo malo que hayamos hecho, pero nos pone otra vez en la debida relación con Dios. El alejamiento y el temor desaparecen, y nos encontramos otra vez en paz con Dios.

(iv) Cuando llega el arrepentimiento pasa algo con el futuro. Recibimos el don del Espíritu Santo. Aunque nos hayamos arrepentido, ¿cómo vamos a evitar cometer los mismos errores una y otra vez? Viene a nuestra vida un poder que no teníamos antes, que es del Espíritu Santo; y con él podemos ganar las batallas que siempre perdíamos antes, y resistir todo lo que por nosotros mismos seríamos incapaces de resistir.

En el momento en que nos arrepentimos de veras somos liberados del alejamiento y del temor del pasado, y equipados para enfrentarnos con las responsabilidades y las batallas del futuro.

Las características de la Iglesia: Hechos 2:42-47

Los creyentes dedicaban tiempo a recibir la enseñanza de los apóstoles, a estar en comunión con los hermanos, a participar juntos de las comidas y a la oración. Todos tenían una actitud reverente, y el poder de Dios se manifestaba en muchas cosas que hacían los apóstoles. Todos los creyentes se mantenían unidos, y lo tenían todo en común. Solían vender sus bienes y posesiones, y repartir el producto según la necesidad de cada uno. Iban juntos todos los días a participar del culto en el Templo, y compartían los alimentos comiendo juntos en las casas con alegría y generosidad de corazón. Siempre estaban alabando a Dios, y a todo el pueblo le caían bien. Y el Señor iba añadiendo a su número los que se iban salvando cada día.

En este pasaje tenemos un resumen sucinto de las características de la Iglesia Primitiva.

(i) Era una iglesia que aprendía. La palabra doctrina del versículo 42 en la versión Reina-Valera no es pasiva, sino activa. La frase quiere decir que dedicaban tiempo y prestaban atención a lo que los apóstoles enseñaban. Uno de los grandes peligros de la Iglesia es caer en una religiosidad estática que mira hacia atrás en lugar de adelante. Precisamente porque las riquezas de Cristo son inescrutables e inagotables debemos ir siempre hacia adelante. El cristiano se dirige, como la luz de la aurora, hacia una plenitud que no se alcanza en esta vida (Proverbios 4:18). Debemos considerar que hemos perdido el día si no hemos aprendido en él nada nuevo ni hemos profundizado en la sabiduría y en la gracia de Dios.

(ii) Era una iglesia en comunión. Estaba como indica la expresión, de consuno. Nelson atribuyó una de sus victorias al hecho de que «tuvo el privilegio de dirigir a una compañía de
hermanos.» La iglesia es sólo lo que debe ser cuando es una compañía de hermanos unidos en el amor de nuestro Padre Dios.

(iii) Era una iglesia que oraba. Los primeros cristianos sabían que no podían, ni tenían por qué enfrentarse con la vida dependiendo exclusivamente de sus propias fuerzas. Siempre hablaban con Dios antes de hablar con los hombres; siempre buscaban a Dios antes de salir al mundo; podían arrostrar los problemas de la vida porque habían estado en la presencia de Dios.

(iv) Era una iglesia reverente. En el versículo 43, la palabra que la versión Reina-Valera traduce correctamente temor encierra la idea de respeto y reverencia. Se decía de un griego famoso, que se movía por el mundo como el que está en un templo.

El cristiano vive reverentemente porque sabe que siempre está en la presencia de Dios, y que cualquier lugar es «casa de Dios y puerta del Cielo» (Génesis 28:17).

(v) Era una iglesia en la que sucedían cosas. Había señales y maravillas (versículo 43). Si esperamos grandes cosas de Dios y emprendemos grandes cosas por Dios, sucederán cosas. Cuando muere la fe mueren también los resultados. Sucederían más cosas en la iglesia si creyéramos que Dios puede y quiere hacer con nosotros que sucedan.

Deja un comentario