Eclesiastes-1-Todo-es-vanidad

Eclesiastés 1: Todo es vanidad

Ecl 1:1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

El autor, Salomón (el “rey sobre Israel, en Jerusalén”, se refiere a sí mismo como el Predicador, o líder de la asamblea. Estaba tanto reuniendo a la gente para escuchar el mensaje, como recopilando dichos sabios (proverbios). Salomón, una persona de la Biblia que lo tuvo todo (sabiduría, poder, riquezas, honor, reputación, favor de Dios), fue el que habló sobre el vacío final de todo lo que este mundo tiene para ofrecer. Trató de destruir la confianza que la gente tenía en sus propios esfuerzos, habilidades y rectitud, y dirigirla hacia el compromiso con Dios como la única razón para vivir.

Salomón tenía una razón para escribir en forma escéptica y pesimista. Cerca del final de su vida analizó todo lo que había hecho, y casi todo parecía sin sentido (vanidad). Era una creencia común que sólo los buenos prosperaban y que sólo los malos sufrían, pero esta demostró ser falsa en su experiencia. Salomón escribió este libro después de que lo intentó todo y de que logró mucho, sólo para descubrir que nada aparte de Dios lo había hecho feliz. Quería evitarles a sus lectores esta misma búsqueda sin sentido. Si tratamos de encontrar significado en nuestros logros en vez de encontrarlos en Dios, nunca estaremos satisfechos, y todo lo que tratemos de lograr se volverá tedioso y molesto.

Ecl 1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Vanidad de vanidades : O «nada tiene sentido, todo es inútil».

El reino de Salomón, Israel, estaba en su época de oro, sin embargo Salomón quería que el pueblo viera que el éxito y la prosperidad no duran mucho. Todos los logros humanos desaparecerán algún día, y debemos mantener esto en nuestra mente para poder vivir con sabiduría. Si no lo hacemos, nos podemos volver soberbios y autosuficientes cuando tengamos éxito o profundamente desilusionados cuando fracasemos. La meta de Salomón era mostrar que las posesiones terrenales y los logros a la larga carecen de sentido. Sólo la búsqueda de Dios nos proporciona verdadera satisfacción. Debemos incluirlo en todo lo que digamos, pensemos y hagamos.

Ecl 1:3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

Aquí aparece el verdadero tema del libro. ¿Cuál es el provecho (en hebreo, yitron de la existencia? ¿Puede encontrársele sentido a esta vida? La cuestión planteada por el Predicador explica por qué todo es inútil: No hay provecho, nada se gana, no tiene valor alguno el continuo trabajo del ser humano en este mundo. Bajo el sol : En el lenguaje del Predicador esta expresión es más bien sinónimo de «en esta vida» que de «en este planeta».

Ecl 1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.

El ser humano nace y muere, pero el mundo parece no darse por enterado.

Ecl 1:5 Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.

El sol, el viento y los ríos se comportan igual que siempre, independientemente de lo que la humanidad haga.

Ecl 1:6 El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.

Ecl 1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.

Ecl 1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.

El autor halla fatigoso el esfuerzo humano por introducir cambios duraderos en el mundo que le rodea.

Mucha gente se siente intranquila e insatisfecha. Se pregunta:

(1) si estoy dentro de la voluntad de Dios, ¿por qué me siento tan cansado e insatisfecho?

(2) ¿Cuál es el significado de la vida?

(3) Cuando mire hacia atrás, ¿me sentiré feliz con mis logros?

(4) ¿Por qué me siento consumido, desilusionado, seco?

(5) ¿Qué será de mí?

Salomón pone a prueba nuestra fe, al retarnos para que encontremos el significado verdadero y perdurable únicamente en Dios. Si usted echa un vistazo severo a su vida, como lo hizo Salomón, verá cuán importante resulta el servicio a Dios sobre las otras opciones. Quizá Dios le está pidiendo que piense una vez más en su propósito y dirección en la vida como lo hizo Salomón en Eclesiastés.

Ecl 1:9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.

Ecl 1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.

Ecl 1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

La experiencia del Predicador

Ecl 1:12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.

El Predicador vuelve ahora su atención al problema principal y hace un recuento de los esfuerzos que ha realizado para resolverlo.

“Lo torcido no se puede enderezar” se refiere a la perplejidad y confusión final que tenemos por todas las preguntas acerca de la vida no contestadas. Salomón, al escribir acerca de su propia vida, descubrió que ni sus logros ni su sabiduría lo hicieron feliz. La verdadera sabiduría se encuentra en Dios y la verdadera felicidad viene cuando le agradamos a El.

Ecl 1:13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.

Sabiduría : El Predicador utiliza aquí la palabra «sabiduría» en un sentido no tradicional. Normalmente, la «sabiduría» en la literatura bíblica sapiencial significa piedad, santidad y virtud. Pero aquí se entiende por sabiduría, a semejanza de la filosofía griega, la búsqueda de la verdad exclusivamente por la vía del intelecto. Este penoso trabajo . . . para que se ocupen en él : O sea, «una ardua tarea que Dios ha dado a la gente para que se ocupe de ella».

Ecl 1:14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

Toda obra del hombre es inútil; no puede remediar los males del mundo. Es como tratar de atrapar el viento a su paso.

Ecl 1:15 Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.

Es una falacia de la sabiduría humana como valor supremo querer enderezar lo torcido o suplir lo que falta.

Ecl 1:16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría(A) sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.

Mientras más entendimiento tenga, experimentará más sufrimiento y más dificultades. Por ejemplo, mientras más sepa, más imperfecciones verá alrededor de usted. Y mientras más observe, la maldad se hará más evidente. Cuando usted, como Salomón, quiera encontrar el significado de la vida, deberá estar listo para sentir más, pensar más, cuestionar más, sufrir más y hacer más. ¿Está listo para pagar el precio que exige la sabiduría?

Salomón pone énfasis en dos tipos de sabiduría en el libro de Eclesiastés:

(1) el conocimiento, razonamiento o filosofía humanos y

(2) la sabiduría que proviene de Dios.

En estos versículos Salomón está hablando acerca del conocimiento humano. Cuando el conocimiento humano deja fuera a Dios, sólo saca a relucir nuestros problemas debido a que no puede proporcionar las respuestas sin una perspectiva y una solución eternas de Dios.

Ecl 1:17 Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu.

Ecl 1:18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

La segunda falacia de la sabiduría como valor supremo: sólo ha traído dolor al Predicador. ¡Así que la sabiduría y el conocimiento son también vanidad!

Que el autor se preguntara por el sentido de la vida le da al libro un toque de actualidad que siempre ha sido apreciado por los comentadores. El hecho de estar en tercera persona nos plantea el problema difícil de juzgar si pertenece el texto a un compilador final o al autor. En el primer caso serían como una introducción general a la obra, paralela a la conclusión del discurso. Esta introducción es muy escueta: trata del autor y del tema general del libro. Las demás cosas que podrían interesarnos, tales como fecha y lugar de composición, debemos deducirlas del contenido general de la obra. Por el cambio de tercera a primera persona dividimos este comienzo en dos partes: Prólogo, y primer enfoque del problema.

El supuesto o concreto compilador es el que habla. Las palabras del Predicador. Algunas versiones católicas prefieren dejar sin traducir el término hebreo Qohélet. Hijo de David, rey en Jerusalén. Como era costumbre hacerlo en esa época, la paternidad del libro se atribuye a un rey notable por su sabiduría.

El tema de la vanidad de la vida

Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Una suerte de superlativo. Podría traducirse: “vanidad suma”, como Cantar de los Cantares es igual a “el cantar por excelencia”, “santo de los santos”, en hebreo; nuestra versión es muy sagrado), etc.

Eclesiastés (Qohélet) El principio del libro atribuye la obra al “predicador, hijo de David, rey en Jerusalén”. El término hebreo que aquí se traduce por predicador es Qohélet, una forma derivada del hebreo qahal, que significa “asamblea” o “congregación”. Aún y cuando el sentido exacto de Qohélet es incierto, los más entendidos en la materia, dada su etimología, dan como significado: “el que preside una asamblea” o “el que habla” ante ella. El término indica que se trata de alguien vinculado a, y que ejerce un ministerio en, la asamblea, probablemente el de maestro.

En la Septuaginta (LXX) se traduce Qohélet como “Eclesiastés”, término a su vez derivado de ekklesía de donde viene nuestra palabra “iglesia”. Es en esa versión griega de la Biblia donde se le dio al libro el nombre de Eclesiastés. Ese nombre pasó también al latín y de ahí a muchas más lenguas, entre ellas el castellano. Tradicionalmente este libro es conocido como “Eclesiastés”. La traducción de Qohélet como Predicador se debe a Lutero quien en su Biblia tradujo el término como Prediger (Predicador). Desde entonces es bastante común encontrar este uso en numerosas traducciones.

El ciclo monótono de la vida

¿Qué provecho…? El término hebreo para provecho, yitrown, es favorito del Predicador. Significa “ganancia” o “excelencia”, y aparece unas diez veces en el texto de Eclesiastés. Es una pregunta retórica cuya respuesta es: “¡Ningún provecho!” Debajo del sol es una expresión característica del libro y aparece unas treinta veces. De uso generalizado en las culturas antiguas, entre ellas la griega, podríamos traducirla como “en este mundo”. Es nuestra versión esta expresión alterna con “debajo del cielo”.

Generación va y generación (dor) viene. Se suceden las generaciones: una generación muere; otra nace, pero el mundo natural (la tierra, ‘erets) siempre permanece idéntico. Se compara la estabilidad del mundo físico con las mudanzas en las generaciones humanas y se sugiere la fragilidad de la vida humana: el sol… el viento… los ríos, tres figuras tomadas de la naturaleza que se muestra idéntica a sí misma en un constante movimiento. Es más una figura poética que ciencia física: el caso del sol no es el mismo que el de los vientos y los ríos, pero en apariencia, por lo que se ve, el poeta tiene razón. Volviendo a su figura, pareciera que el sol, el viento y los ríos, repiten continuamente sus movimientos.

Fatigosas. En el sentido de que su comprensión “fatiga” al hombre. Algunos prefieren traducir: “Todo trabaja más de cuanto el hombre pueda ponderar…” (NacarColunga). El hombre no alcanza a comprender ese incesante movimiento. Las cosas en su movimiento desafían la comprensión humana que no se cansa de oír y ver ese incesante fluir. ¿Hay algo de lo que se pueda decir…? Del mundo de la naturaleza se pasa al mundo del hombre. También aquí hay mucho movimiento pero poca variación, en realidad ninguna. La historia se repite.

No hay memoria…. No sólo que las generaciones humanas son pasajeras sino que no habrá memoria de su existencia y de los hechos. Si le preguntáramos al Predicador: ¿qué sucede entonces con la historia?, es probable que nos diría que la historia registra sólo los hechos de los notables y que son incontables los que han vivido en el pasado y de los cuales nada sabemos.

Al terminar en este versículo la primera división de nuestro texto obtenemos el siguiente resultado: No sólo que el hombre es un ser transitorio sino que además está condenado al olvido por lo que sólo puede contar con el presente. Esta es una idea clave del Predicador. Antes que Horacio, el poeta latino, (Odas I, ll. 8) el Predicador afirma: Carpe diem, “aprovecha el presente”. No es sabio vivir para un hipotético futuro, que desconocemos cómo será.

Debajo del sol La expresión debajo del sol que aparece por primera vez no está presente en ningún otro libro de la Biblia a excepción de Eclesiastés, donde ocurre 29 veces en el original hebreo.

En algunas traducciones se dan expresiones equivalentes en castellano tales como: “en este mundo”; “sobre la tierra”; “durante la vida”. En la RVA se alterna con la equivalente debajo del cielo.

Es interesante que el predicador recurra una y otra vez a esta frase. Su intención es clara. Con la expresión debajo del sol se da valor de universalidad a las frases que acompaña; nada se escapa al área que circunscribe esta expresión, excepto el cielo (mundo superior) y el Seol (mundo inferior, país de los muertos).

Yo, el Predicador. Pareciera que el Predicador defendiera la validez de su argumentación con dos argumentos: es un rey, supuestamente ilustrado y capaz. Por lo tanto, lo que dice es resultado de su experiencia personal. Habla, como sabio que es, de las experiencias propias, no de lo que otros puedan decir. ¿Comienza aquí propiamente la obra del Predicador? Es difícil contestar a esta pregunta. El posible redactor final aparece fugazmente. De hecho nos encontramos aquí en la indagación de si la sabiduría es el sumo bien del hombre. La respuesta será una rotunda negación.

Dediqué mi corazón. “Me dediqué” como más adelante donde se dice: “hablé con mi corazón” podemos traducirlo como “me dije”. Vanidad y aflicción de espíritu, es una expresión repetida que encontramos y que algunos traducen como “correr tras el viento” o formas parecidas (Biblia de las Américas), forma que nuestra versión anota al pie de página como posible. La idea es que todo en la vida es un trabajo inútil. Lo torcido no se puede enderezar. Posiblemente es un refrán popular que afirma las razones del autor, que es imposible corregir lo malo o lo incorrecto. Aún esto es conflicto de espíritu… quien añade conocimiento añade dolor. Es un melancólico final del primer intento de hallar sentido a la vida. La sabiduría nos enseña a apreciar las cosas en su justa medida, con esto se logra ver lo que realmente son: conflicto de espíritu. La sabiduría halla el sinsentido de la vida antes que su sentido. El versículo 18, posiblemente un proverbio popular, remata el pensamiento del Predicador.

Ahora Puedes adquirir los Libros de Estudio

Al adquirir tus libros de estudios estarás ayudando este Ministerio para cumplir con la Gran Comisión de «Id y llevad el Evangelio a toda criatura en todo lugar. Contamos con tu ayuda. Dios te Bendice rica, grande y abundantemente.

Comparte esta publicacion en tus redes favoritas

También hemos publicado para ti

Las señales de su venida

Una vez le preguntaron a Jesús los fariseos cuándo iba a venir el Reino de Dios, y Él les contestó: -EL Reino de Dios no vendrá con señales que uno pueda observar, ni se

Seguir Leyendo »
El poder de la determinación

El poder de la determinación

La pasión de mi hijo Daniel por el surfing empezó cuando tenía doce años. Todos los días, antes y después de la escuela, se ponía el traje de buceo, se iba remando más allá

Seguir Leyendo »