Eclesiastés-8-Una-cuestión-de-autoridad

Eclesiastés 8: Una cuestión de autoridad

Eclesiastés 8:1 ¿Quién como el sabio? ¿Quién como el que sabe interpretar las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro y cambia la tosquedad de su semblante.[a]

Una ventaja de la sabiduría frente a otras alternativas es la dignidad y la fuerza que ésta da a una persona.

La sabiduría es la capacidad de ver la vida desde la perspectiva de Dios y saber cuál es el mejor curso de acción que se debe tomar. Muchos estarán de acuerdo en que la sabiduría es un bien muy valioso, pero ¿cómo adquirirla? En Proverbios 9:10, aprendemos que podemos comenzar a encontrar la sabiduría por medio del temor a Dios (respeto y honor). Por lo tanto, la sabiduría es el resultado de conocer y confiar en Dios, no un simple medio de encontrarlo. Conocer a Dios nos llevará a comprender y a difundir este conocimiento entre los demás.

Eclesiastés 8:2 Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey, por el juramento que pronunciaste delante de Dios.

El Predicador aconseja a su discípulo guardar diligentemente los mandamientos del rey en correspondencia con el juramento de fidelidad que se ha brindado.

Eclesiastés 8:3 No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiera,

El texto hebreo de esta primera línea es algo oscuro. Puede que signifique: No abandones disgustado o en mala forma su presencia. Ni en cosa mala persistas : Esto es, no insistas en querer convencerlo.

Eclesiastés 8:4 pues la palabra del rey es soberana y nadie le dirá: «¿Qué haces?».

Si al rey le basta con levantar la voz para ser obedecido, ¿quién se le puede oponer?

Eclesiastés 8:5 El que guarda el mandamiento no conocerá el mal; el corazón del sabio discierne cuándo y cómo cumplirlo.

Eclesiastés 8:6 Porque para todo lo que quieras hay un tiempo y un cómo, aunque el gran mal que pesa sobre el hombre

Porque el mal del hombre es grande sobre él : Quizás esta expresión se refiere al infortunio que ha obligado al hombre a presentarse ante el rey, en cuyo caso se le recomienda no perder la paciencia y presentar su ruego en el momento oportuno. También es posible que constituya una alusión al mal carácter del rey, en cuyo caso se le insta a no reaccionar de forma inapropiada.

Eclesiastés 8:7 es no saber lo que ha de ocurrir; y el cuándo haya de ocurrir, ¿quién se lo va a anunciar?[b]

No se puede predecir cómo se comportará el rey en la corte.

Eclesiastés 8:8 No hay hombre que tenga potestad sobre el aliento de vida para poder conservarlo, ni potestad sobre el día de la muerte. Y no valen armas en tal guerra, ni la maldad librará al malvado.[c]

Ejemplos de otras cosas que el ser humano no puede controlar o predecir: Que el espíritu no abandone su cuerpo cuando le llegue el momento de morir; posponer la muerte; evitar el servicio militar en tiempo de guerra; y utilizar la impiedad para salvarse, porque ello equivale a caer en una trampa.

Eclesiastés 8:9 Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que se hace debajo del sol, cuando el hombre se enseñorea del hombre para hacerle mal.

El comentario final del Predicador sobre el despotismo y sus males: Si el rey no rinde cuenta de sus actos, tarde o temprano se dañará a sí mismo, así como a aquellos sobre los cuales se enseñorea.

Eclesiastés 8:10 Desigualdades de la vida Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honores; en cambio, los que frecuentaban el lugar santo fueron luego olvidados en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.[d]

El Lugar Santo es probablemente el templo de Jerusalén. La cuestión es que tan pronto como se olvida la sabiduría del sabio, se olvida también la maldad del impío. Y el mundo se hace menos agradable o peor para ambos.

Este versículo probablemente se refiere a cómo nos olvidamos rápidamente de la maldad realizada por algunas personas después de que estas mueren. Al regresar del cementerio les alabamos en la misma ciudad donde cometieron sus maldades.

Eclesiastés 8:11 Si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo.

Cuando no se cumple con rapidez la justicia, el aspecto aleccionador de la sentencia se reduce.

Si Dios no nos castiga en forma inmediata cuando pecamos, no debemos suponer que no le importa o que el pecado no tiene consecuencias. Sin embargo, resulta mucho más fácil pecar cuando no sentimos las consecuencias de inmediato. Cuando un niño hace algo malo y no lo descubren, le es mucho más fácil repetir la acción. Pero Dios sabe todo lo malo que hacemos, y algún día tendremos que responder por todo lo que hemos hecho.

Eclesiastés 8:12 Ahora bien, aunque el pecador haga cien veces lo malo, y sus días se prolonguen, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia,

El Predicador recita la doctrina convencional de la retribución.

Eclesiastés 8:13 y que no le irá bien al malvado, ni le serán prolongados sus días, que son como sombra;[e] por cuanto no teme delante de la presencia de Dios.

Eclesiastés 8:14 Hay vanidad que se hace sobre la tierra, pues hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de malvados, y hay malvados a quienes acontece como si hicieran obras de justos.[f] Digo que esto también es vanidad.[g]

La retribución no funciona; ocurren groseras violaciones de este ideal. Hay justos cuyo fin es propio de impíos (mueren jóvenes), e impíos que tienen un fin de justos (viven muchos años).

Eclesiastés 8:15 Por tanto, alabé yo la alegría, pues no tiene el hombre más bien debajo del sol que comer, beber y alegrarse; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol.[h]

El hombre debe gozar de la vida.

Salomón recuerda el remedio para las preguntas sin respuesta de la vida. Recomienda gozo y contentamiento en el peregrinaje de la vida. Debemos aceptar cada día con su medida diaria de trabajo, comida y placer. Aprendamos a disfrutar lo que Dios nos ha dado para refrescarnos y fortalecernos a fin de que continuemos su obra.

Eclesiastés 8:16 Yo, pues, dediqué mi corazón a conocer sabiduría y a ver la faena que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de día retiene el sueño en sus ojos);

Eclesiastés 8:17 y he visto todas las obras de Dios, y que el hombre no puede conocer toda la obra que se hace debajo del sol. Por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; y aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla.

Las obras de Dios, entre ellas el sentido de la vida, no pueden ser desentrañadas por el intelecto humano, aun cuando se trabaje en ello día y noche.

Aun si tuviera acceso a toda la sabiduría del mundo, el hombre más sabio sabría muy poco. No hay nadie que pueda comprender completamente a Dios y todo lo que El ha hecho. En la vida siempre habrá muchas más preguntas que respuestas. Pero lo desconocido no debería ensombrecer nuestro gozo, nuestra fe ni nuestro trabajo porque sabemos que alguien mucho mayor que nosotros lleva las riendas y podemos confiar en El. No permita que lo que no conoce del futuro destruya el gozo que Dios quiere darle hoy.

Una cuestión de autoridad

Con este pasaje entramos en un tema común a la literatura sapiencial del antiguo oriente. “Obtener una buena posición y mantenerla en el ambiente de la tiranía e intriga de un palacio oriental requería gran variedad de dones, y todos del más alto nivel moral: Lealtad al poder gobernante, el saber evitar tanto un excesivo temor como un desconsiderado espíritu de oposición, prontitud para enfrentar situaciones complejas, una gran capacidad para disfrazar sus propios sentimientos, paciencia para aprovechar sus oportunidades y habilidad para escoger los medios adecuados para alcanzar un objetivo dado” (Roberto Gordis). Claro que el sabio israelita con la formación ética de su fe, procura alcanzar otros objetivos con medios menos mundanos. De paso notamos que la sabiduría hebrea no es una sabiduría para cortesanos sino una sabiduría sencillamente para la vida humana de cualquier condición. Es una sabiduría más “democrática”.

A causa del juramento (shebowah) hecho a Dios. Esto no es tanto en consideración al mismo rey como a Dios ante el cual se ha jurado. No te apresures a irte de su presencia; el comentario de este concepto podría verse en 10:4. Interpretando “no te apresures a irte” con el significado de “romper con” podríamos hallar en el texto el siguiente consejo: “no te apresures a rebelarte”. ¿Quién le preguntará lo que hace?. se sobreentiende que esta es una pregunta en son de crítica difícilmente aceptable por un rey. Hay que recordar la argucia con la que Natán trató el caso del pecado de David.

Para todo deseo hay un tiempo y un proceder. El “tiempo” tiene que ver con el momento oportuno, la oportunidad; el proceder, con el modo. Por supuesto se entiende que se refiere a sus relaciones en la corte. Lo que ha de ser, ¿quién se lo declarará?… Ni hay poder sobre el día de la muerte. El futuro es incierto. Sólo la muerte es segura en ese futuro incierto. Cuatro cosas que están más allá del poder humano: la vida, la muerte, la guerra y la impiedadx. El poder del hombre es muy limitado.

Los versículos 9 y 10 se refieren a dos males que llaman la atención del Predicador: el dominio que ejerce el hombre sobre otro hombre para causarle daño, y la alabanza que recibe el impío cuando es sepultado. Otra traducción: “Por ejemplo, he visto a la gente mala llevada a la tumba. Partieron del lugar Santo, y se dio al olvido en la ciudad que hubiesen obrado de aquel modo” (Biblia de Jerusalén). Otros prefieren: “Asimismo he visto a los inicuos sepultados (con honra), y así llegaron (a su fin); mientras tanto los que tenían costumbre de salir del lugar santo, fueron olvidados en la ciudad” (León Dujovne). De cualquier manera que se interprete estamos dentro del pensamiento del Predicador.

Más predispuesto para hacer el mal. Hay que comparar estas palabras con Job 14:1-3 y 53:1-3; donde el necio cree que Dios no se ocupa de los asuntos humanos, se convierte en un ateo práctico, posiblemente por la razón que da el Predicador en este versículo. Se ha afirmado: “Si no hay Dios, todo está permitido al hombre.”

Los versículos 12 y 13 dan un sentido claro, aunque se diga en el versículo 12 que aunque un pecador haga mal cien veces y prolongue sus días y en el versículo 13 al impío no le irá bien… porque no teme ante la presencia de Dios. El sabio espera en su fe más de lo que puede esperar en lo que ve.

Las aparentes injusticias en la vida

Como en las reflexiones del Predicador que hemos visto hasta aquí, también en esta sección aparece la cara y la cruz de la vida humana. Si la vida alcanza algún albor no es por la vida misma sino por vivirla de cara a Dios. Hablar del destino humano sin tener en cuenta a Dios es hallar la vanidad de la vida, pensar en el significado de la vida cuando ésta se recibe como un don de Dios es hallar la plenitud de la vida. Aunque el sabio no lo diga expresamente, esa es la conclusión de este pequeño y profundo tratado, y no entenderlo así condena al lector a una falsa interpretación del mismo. Nosotros interpretamos al autor o como un pesimista obstinado o como un buscador del placer por el placer mismo, pero no es ni lo uno ni lo otro. El Predicador tan solamente es objetivo, pero sin que su objetividad obscurezca su fe. Su fe también es objetiva, y tiene mucho que enseñarnos para los días que estamos viviendo.

Hay una vanidad que se hace… La vanidad es que se confunden los valores: el justo recibe la retribución que corresponde al impío, y el impío la que corresponde al justo. Cuando esto, como lo pensaba el Predicador, viene del mismo Dios, aumenta la perplejidad. Valdría la pena recordar algunas enseñanzas del NT. Dios hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre los justos y los injustos. O en el mismo evangelio, Mateo 20:1-16, cuando el dueño del campo da la misma recompensa a los que habían trabajado todo el día y a los que habían trabajado sólo una hora.

Yo elogio la alegría, pero no cualquier alegría sino la que viene de disfrutar los pequeños placeres de la vida cuando previamente se han ganado con duro trabajo.

Los versículos 16 y 17 contienen otra expresión de los límites del hombre. El Predicador se hace consciente de su propia ignorancia, pero ya sabe algo, porque sabe que no puede saber, como cualquier hombre.

Por más que se esfuerce buscándolo…: el Predicador dice que nadie, ni aun el sabio, puede hallar sentido y finalidad a lo que se hace debajo del sol. Y esto no es porque el que trabaja no sepa para qué trabaja. El tiene su finalidad en lo que hace, pero ¿la alcanza? De muchas maneras ya ha dicho el sabio que no. Especialmente la muerte quita toda sentido a lo que se hace.

Los justos y sabios, y sus hechos están en la mano de Dios. Lo que se es y lo que se hace están bajo la soberanía de Dios y nada puede hacerse sin su beneplácito. En más de un sentido es cierto que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Si se trata del amor o del odio, el hombre no lo sabe. Todo se recibe de Dios, pero lo que hemos recibido somos incapaces de discernir si son o no pruebas de su amor. Desde luego los bienes materiales tienen esa ambigüedad de sentido. En el NT Pablo necesitó una revelación de Dios, para saber que su ón en la carne” era para su bien.

A todos les sucede lo mismo. Y sigue una serie antitética de actitudes humanas, pero no hay diferencia alguna en el destino de ellos. Lo mismo acontece a todos. La referencia es a los males comunes que padece la humanidad. Así como el sol sale para todos, también las tempestades, las pestes y los terremotos vienen sobre todos. Que haya excepciones no es algo que motive la preocupación del sabio. Para un pensamiento análogo hay que ver Job 9:22: Al íntegro y al impío él los consume; para una idea distinta hay que ver Job 5:20-23. Precisamente el Predicador discute esa forma de pensamiento, aunque posiblemente diría que el justo que sufre cuenta con Dios, incluso en su sufrimiento, cosa que el impío no puede hacer.

Que después descienden al lugar de los muertos. La última de las cuatro cosas que manifiestan la semejanza del destino de todos los humanos.

Mejor es perro vivo que león muerto. Evidentemente viene de un refrán popular. El perro era el más despreciable de todos los animales y el león el más poderoso. El estar vivo es lo que hace preferir ser perro que ser león. Saben que han de morir. ¡Irónica ventaja, después de todo, la que tiene el vivo sobre el muerto! Pues la memoria de ellos es puesta en el olvido. Se repite el pensamiento Deuteronomio 2:16. El Predicador no se puede consolar de la muerte pensando en la inmortalidad del recuerdo. Su amor, su odio y su envidia, abarcan las poderosas motivaciones de la conducta humana, y que no tiene ningún significado en el lugar de los muertos. Representa el triste énfasis de la condición de los muertos según el AT.

En los versículos 7 al 10 tenemos una apreciación positiva de la vida, el disfrute de los bienes elementales, pero en su justa proporción. En cuanto queremos hacer un absoluto de ellos se transforman en aflicción de espíritu. Se ha señalado el paralelo de este pasaje con el poema de Gilgames: “Tú, Gilgames, llena tu vientre, alégrate día y noche. Haz cada día una fiesta de regocijo; baila y salta día y noche. Que tus vestidos estén limpios, tu cabeza lavada; báñate en agua. Presta atención al pequeño (niño) que tienes en tus manos. Que tu esposa se deleite en tu regazo. Porque esta es la tarea de la humanidad.” No debe esto extrañarnos, dado el carácter universal de la literatura de sabiduría.

Porque tus obras ya son aceptables. Ibn Ezra entiende esta oscura declaración como: “Porque estas son las cosas que Dios espera que hagas” (A. Cohen). Dios quiere que el hombre sea feliz. Todo lo que venga a la mano para hacer (versículo 10), lo que nos brindan las oportunidades de la vida. Hay que recordar que bíblicamente el trabajo como realización del ser humano es anterior a la caída. Porque… a donde vas, no hay obras, ni cuentas. Como las obras de sabiduría, el Predicador también aprueba el trabajo como realización de la vida humana.

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