Eclesiastés-3-Perspectivas-diversas-sobre-la-vida

Eclesiastés 3: Perspectivas diversas sobre la vida

Eclesiastés 3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Si el valor de la retribución falla, quizás exista algún orden cósmico que dé sentido a la vida, porque cada cosa tiene su tiempo, o forma parte de un ciclo.

Lo que quiere decir Salomón en esta sección es que Dios tiene un plan para todas las personas. Por lo tanto, proporciona ciclos de vida y trabajo para que lo realicemos. A pesar de que nos enfrentamos con muchos problemas que parecen contradecir los planes de Dios, estos no deben ser obstáculos para creer en El, sino más bien oportunidades para descubrir que, sin Dios, los problemas de la vida no ofrecen soluciones duraderas.

Eclesiastés 3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

Eclesiastés 3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

Cuando el hombre se enfrenta a este determinismo se siente indefenso para controlarlo o cambiarlo

Eclesiastés 3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

reír, sachaq: Regocijarse, jugar, entretenerse, burlarse, molestar, ridiculizar o reírse de algo. Aunque sachaq primordialmente significa «reírse», ocasionalmente tiene el sentido de «jugar», ya sea en el caso del retozo de los animales o cuando las personas bailan, se ríen y tocan música durante una celebración. También sachaq se refiere, negativamente, al comportamiento de muchedumbres burlonas y alborotadoras que se juntan para ridiculizar a alguien y así entretenerse. Sachaq es la raíz del nombre «Isaac», que quiere decir, «el que causa risa».

Eclesiastés 3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

Eclesiastés 3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

Eclesiastés 3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

Eclesiastés 3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Ser oportuno es importante. Todas las experiencias enumeradas en estos versículos son oportunas en ciertos momentos. El secreto de estar en paz con Dios es descubrir, aceptar y apreciar el momento perfecto según El. El peligro es dudar o resentirnos por el sentido de oportunidad de Dios. Esto puede conducirnos a la desesperación, a la rebelión o a seguir adelante sin su consejo.

¿Cuándo es tiempo de aborrecer? No debemos aborrecer a la gente mala, sino aborrecer lo que hacen. También debemos aborrecer que maltraten a la gente, que los niños se estén muriendo de hambre y que se deshonre a Dios. Además, debemos aborrecer el pecado en nuestra vida. Esta es una actitud de Dios

Eclesiastés 3:9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

El que usted disfrute su trabajo depende en gran manera de su actitud. El trabajo se vuelve pesado cuando uno pierde el sentido del propósito que Dios tiene con él. Podemos disfrutar de nuestro trabajo si

(1) recordamos que Dios nos ha dado trabajo y nos ha capacitado para llevar a cabo ciertas tareas (3.10) y

(2) nos damos cuenta de que el fruto de nuestro trabajo es un regalo que proviene de Dios (3.13). Vea su trabajo como una forma de servir al Señor.

Eclesiastés 3:10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

Cuando Dios creó el mundo, lo consideró muy bueno. Como al Predicador no le es posible cambiar el orden creado, lo mejor para el hombre es reconocerlo y gozar de la vida; retornando a la misma conclusión a que había arribado en 2.24, 25.

Eclesiastés 3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

Dios «ha puesto eternidad en el corazón de ellos» significa que nunca podremos estar completamente satisfechos con los placeres y logros terrenales. Debido a que Dios nos ha creado a su imagen,

(1) tenemos ansias espirituales

(2) y valores eternos, y

(3) nada que no sea el Dios eterno puede satisfacernos verdaderamente. El ha puesto en nosotros añoranza por ese mundo perfecto que sólo se halla bajo su gobierno perfecto. Nos ha permitido vislumbrar la perfección de su creación, pero sólo en un débil resplandor. No podemos ver el futuro ni comprender todas las cosas. De modo que debemos confiar en El ahora y realizar aquí el trabajo que nos corresponde.

Eclesiastés 3:12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;

Todo ha sido creado para beneficio del ser humano y debe ser aceptado con gratitud.

Ser feliz y hacer el bien mientras vivimos son metas dignas para la vida, pero podemos ir tras ellas de manera equivocada. Dios quiere que disfrutemos la vida. Cuando tenemos el mismo punto de vista de Dios, descubrimos que el verdadero placer se encuentra en disfrutar lo que tenemos como regalo de Dios, no en lo que acumulamos.

Eclesiastés 3:13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

Eclesiastés 3:14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

El ser humano, al tratar de cambiar los ciclos de la naturaleza (de la creación), intenta de hecho alterar el orden establecido por Dios. Pero este es un poder que no se le ha dado y Dios le pedirá cuentas por lo que ha hecho en este sentido.

¿Cuál es el propósito de la vida? Es llegar a temer al Dios todopoderoso. Temer a Dios significa respetar, estar delante de El en temor por lo que El es. El propósito de la vida comienza con la persona que conocemos, no con lo que sabemos ni con lo buenos que somos. No podrá cumplir con el propósito que Dios le ha dado a menos que usted le tema y le dé el primer lugar en su vida.

Eclesiastés 3:15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Eclesiastés 3:16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad.

Quizás los tribunales humanos puedan dispensar la justicia de que carece la naturaleza. Pero, ¡ay!, como la maldad de las personas pervierte la justicia humana, cualquier esperanza de justicia por parte de las instituciones de este mundo carece de fundamento.

Hay maldad en lugar de justicia. Esto incluso afecta al sistema legal. Salomón se preguntó cómo podía ser perfecto el plan de Dios cuando hay tanta injusticia y opresión en el mundo. Concluyó que Dios no pasa por alto la injusticia, sino que terminará con ella cuando llegue el momento que tiene señalado.

Salomón reflexina sobre varias aparentes contradicciones en cuanto al control que Dios tiene sobre el mundo:

(1) existe la impiedad donde debía haber justicia

(2) personas creadas a la imagen de Dios mueren como animales

(3) nadie consuela a los oprimidos

(4) demasiada gente está motivada por la envidia

(5) la gente está sola

(6) el reconocimiento por los logros es temporal

Es muy fácil utilizar esas contradicciones como excusas para no creer en Dios. Sin embargo, Salomón las utilizó para mostrar la forma en la que podemos mirar sinceramente los problemas de la vida y aun así mantener nuestra fe en Dios. Esta vida no es todo lo que hay, y aun así en esta vida no debemos juzgar a Dios porque no lo sabemos todo. El plan de Dios es que vivamos para siempre con El. Por lo tanto viva con los valores eternos a la vista, y tome nota de que todas esas contradicciones serán aclaradas algún día por el Creador mismo (12.14).

Eclesiastés 3:17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

Aunque el Predicador nunca se refiere a la tradición o a la revelación, su creencia en Dios y en un orden natural que es intrínsecamente bueno lo lleva a concluir que Dios juzgará al mundo en su momento. El Predicador regresará a este tema en 11.9.

Eclesiastés 3:18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias.

Eclesiastés 3:19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

Nuestros cuerpos no pueden vivir para siempre en el estado presente. En ese sentido, la humanidad y los animales son iguales. Sin embargo, Salomón reconoció que Dios ha dado al hombre la esperanza de la eternidad, y que Dios nos juzgará en el más allá, lo que nos hace diferentes de las bestias. Debido a que el hombre tiene la eternidad implantada en su corazón, tiene un propósito único en el plan general de Dios. Aun así, el propósito de Dios no lo podemos descubrir por nuestros propios esfuerzos, sino estableciendo una relación con El y buscando su dirección. ¿Está usted viviendo ahora como Dios quiere? ¿Ve la vida como un regalo divino?

Eclesiastés 3:20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

Eclesiastés 3:21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

El Predicador retorna a su tesis de que un mismo fin aguarda a criaturas desiguales. Tanto el hombre como las bestias mueren de la misma muerte y van al mismo lugar (al polvo).

Eclesiastés 3:22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

Otra vez el tema secundario: goza la vida.

Perspectivas diversas sobre la vida

Dios controla el tiempo para todo

La vida del hombre está compuesta de penas y alegrías, de triunfos y fracasos, de trabajos y reposos. El sabio ve que así debe ser. Obtener triunfos sin fracasos haría del hombre un pequeño dios; padecer fracasos sin ningún triunfo de la vida sería una miseria infinita. Lo que caracteriza el trabajo del hombre es un continuo hacer y deshacer lo hecho, cada cosa a su tiempo. Como esos tiempos los fija Dios, para el Predicador la sabiduría del hombre consiste en ponerse en sintonía con Dios para saber qué hacer en cada caso. Dios lo ha dispuesto todo, lo bueno y lo malo, el hacer esto y el hacer aquello, cada tarea tiene su tiempo propicio, cada experiencia humana su razón de ser. El hombre, como ser relativo, se encuentra también ante tareas relativas; ningún momento es absoluto, absoluto es solamente Dios. Esto es lo que nos dice el Predicador.

Veamos un poco más adelante: En el día del bien, goza del bien; y en el día del mal, considera que Dios hizo tanto lo uno como lo otro…. Hoy es tiempo de reír, río con gratitud a Dios; mañana, si es tiempo de llorar, lloraré con esperanza en Dios. El apóstol Pablo se encontró con este problema en su vida y lo solucionó comprendiendo que las “revelaciones” y los “aguijones en la carne” servían ambos al propósito de Dios en su vida y en su ministerio. Hay dos maneras de enfrentarnos con esta realidad de la vida que el Predicador nos presenta: con fe o sin ella. Lo que la vida nos diga dependerá de ese imponderable que llamamos “fe”.

Todo tiene su tiempo (versículo 1). Lógicamente es el tiempo fijado por Dios. No es temor a la fatalidad, la voz de la fe dice: Pero yo he confiado en ti, oh Jehová. He dicho: “Tú eres mi Dios; en tus manos están mis tiempos“ . Tiempo de nacer y tiempo de morir (versículo 2), abarca los dos extremos de la vida humana y los que están más lejos de su voluntad. Entre ellos podemos incluir todas las experiencias de la vida. Tiempo de esparcir piedras: Con una ligera variante en el texto hebreo algunos leen “tiempo de prodigar agasajos y tiempo de guardarlos”; otros, sin recurrir a ningún cambio, lo interpretan como un eufemismo por el trato marital. Generalmente se ha interpretado con referencia a esparcir piedras en el campo enemigo para hacerlo improductivo. A esa acción del enemigo co- rresponde sin lugar a dudas la acción de recoger las piedras para permitir el cultivo del campo. Esto sucedía en las guerras. De todas maneras la intención es clara, se refiere a acciones diametralmente opuestas. Tiempo de romper:, podría referirse a un acto de duelo. Hay evidencias en la literatura posterior judía de que se acostumbraba aconsejar el rasgar la ropa moderadamente de modo que pudiera remendarse y usarse de nuevo. ¿Qué provecho…? es una pregunta retórica; la respuesta es evidente: Ningún provecho, ya que lo que hoy se hace mañana se deshace.

Todo lo hizo hermoso (versículo 11), es un testimonio de lo bueno de la creación. Dios vio todo… y era bueno. También ha puesto eternidad. Ver la nota al pie del texto. Dejando la traducción actual, la idea pudiera ser: Dios ha puesto en el corazón del hombre anhelos de verdades eternas, la tarea que Dios ha dado al hombre pero que éste no puede llevar a cabo, no alcanza a comprender.

No hay cosa mejor… es una idea que se repite. No hay por qué tomarla como expresión de un crudo hedonismo. Todo lo que Dios hace permanecerá (versículos 14, 15). Y permanecerá tal como es, sin que haya nada que añadir ni disminuir. Para que los hombres teman delante de él (versículo 13), cosa que para los sabios es el comienzo de toda sabiduría.

Dios recupera lo que ya pasó. Ver nota al pie de página. Este es un texto difícil de traducir e interpretar. Algunas posibles traducciones son: “Dios restaurará” (Biblia de las Américas, en nota aparte). Nueva Biblia Española traduce: “Dios da alcance a lo que huye”; Dios Habla Hoy lo traduce “Dios hace que el pasado se repita”; y Biblia de Jerusalén dice: “Dios restaura lo pasado”, que es semejante a nuestra versión.

Las injusticias de la vida

¿Qué hace imposible gozar lo que Dios ha concedido como don al hombre para su felicidad? Dos cosas, dice el sabio: las injusticias de la vida y la muerte. Toda injusticia será un día castigada, porque Dios, que establece los tiempos, ha establecido también un tiempo para juzgar la conducta de los hombres. La otra cosa que impide la felicidad y el sentido a la vida es el hecho de la muerte, y sobre todo la inseguridad de lo que espera más allá de la vida. El animal también vive y muere, es el método pedagógico de Dios para poner al hombre enfrente de su propia muerte. Frente a las injusticias de la vida, frente al hecho palpable de la muerte, no hay mucho lugar para encontrar sentido a la vida. Este hecho clama por una revelación más adecuada: No sé si muero definitivamente, no sé si viviré eternamente, ¿cómo viviré el aquí y el ahora? Es conocida la respuesta del gran filósofo español don Miguel de Unamuno a este interrogante: Viva de tal manera, que sea una injusticia que no haya una vida más allá. Nos conviene recordar: El anuló la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio. La última reflexión que podemos hacernos tiene que ver con el modo distinto en que ven las injusticias de la vida los sabios y los profetas. Donde uno observa, el otro clama, donde uno critica, el otro se indigna, pero los dos dejan la solución final de las injusticias a la acción de Dios.

En lugar del derecho allí está la impiedad (versículo 16). “Derecho” es tsedek, se refiere a lo correcto o lo legal. “Impiedad” es reshah, se refiere al mal moral. No es el problema de que exista la impiedad sino de que la impiedad se sienta, como señora, en el lugar que corresponde a la justicia y al derecho. Que haya impiedad es algo malo, que la impiedad ocupe el lugar del derecho es algo mucho peor. Tanto al justo como al impío los juzgará Dios (versículo 17); es una rotunda afirmación del Predicador. Dios juzgará a ambos para declarar la inocencia del justo y condenar la culpabilidad del impío. La palabra “juzgar”, shofet, lleva idea de ser equilibrado y castigar justamente. Porque hay un tiempo para todo lo que se quiere, evidentemente se refiere al tiempo del juicio en que actos e intenciones serán juzgados por Dios.

Dios los ha probado (versículo 18). El texto, un poco ambiguo, algunos lo interpretan como diciendo que por la impiedad de los hombres Dios les prueba que no son más que animales. El sentido figurado del término “animal” tiene otros ejemplos. Como es la muerte de éstos, así es la muerte de aquéllos (versículo 19), la muerte es el gran misterio, frente a ella tanto el hombre como el animal son vanidad. Pero el hombre “vuelve a la tierra” a causa de su pecado, cosa que no puede pensar el Predicador que pasa con el animal.

¿Quién sabe si el espíritu del hombre…? Encontramos un enfoque distinto. Porque esa es su porción. Si se deja el futuro a Dios queda para el hombre una sola posibilidad: alegrarse en sus obras en el aquí y ahora.

Proverbios 4:1-3 vuelve al tema de la injusticia pero aquí como “opresión”. Manifiesta una actitud distinta: ante la injusticia la seguridad de la justicia de Dios, ante la opresión la melancólica reflexión de que sería mejor morir o no haber nacido. No tienen quien los consuele (versículo 1). Nacam, significa que no hay quién para compadecer con ellos en su dolor. He visto que todo trabajo y toda obra excelente son resultado de la rivalidad del hombre contra su prójimo (versículo 4). Una manera contemporánea y un poco más suave de referirse al tema, que se ve que es muy antiguo, es el concepto de emulación. Por esto último se entiende el sentimiento que nos lleva a imitar los ejemplos superiores. Para la palabra hebrea se dan en castellano los siguientes equivalentes: celo, celos, afán, pasión, envidia. Un comentario a estas motivaciones humanas es el capítulo 13 de 1 de Corintios.

El necio se cruza de brazos (versículo 5). El necio no siente el desafío de emular a nadie, es la manera de unir este proverbio popular con la argumentación que el Predicador venía trayendo hasta aquí. A él no lo mueve de su indolencia el ejemplo de los demás, se muere de hambre pero se queda de “brazos cruzados”.

¡Hombres y animales, un mismo destino : la muerte! Los versículos 19-21 del capítulo 3 trazan una comparación entre los hombres y los animales. No debemos caer en el error de interpretar estos versículos con categorías aristotélicas acerca de la naturaleza del hombre y del animal pues no es intención de Eclesiastés establecer tal distinción. Aquí, y en este momento de la reflexión, el escritor trata simplemente de ver que tanto el hombre como los animales tienen un mismo último destino: la muerte, y que en este sentido, la condición del hombre no se diferencia del animal. El trasfondo de este pensamiento hay que buscarlo en el concepto de Seol, lugar al que van los muertos. Esta descripción está basada en Génesis 2, de donde el escritor toma la imagen de Dios dando el soplo de vida sobre la materia inerte. Para Eclesiastés, al igual que el soplo de vida viene de Dios, para hombres y animales, del mismo modo, cuando mueren y vuelven a ser materia, van a un mismo lugar, el Seol. El hecho terrible de la muerte mueve al Predicador a cuestionarse con inquietud. Parece ser que en su tiempo algunos se preguntaban o trataban de buscar una distinción entre el espíritu de la vida del hombre y del animal (versículo 21). Posiblemente Eclesiastés no daba con evidencias de diferencia. El versículo 22 termina con palabras de consuelo como último pensamiento y manifiesta que el hombre no conoce su futuro. En último extremo, todo depende de Dios y, como no sabemos qué pasará en el futuro, mejor vivir el presente (versículo 22) y dejar el resto en manos de Dios.

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