Comprados por cristo

En el mundo antiguo estaba expresamente prohibido, a veces bajo la amenaza de penas muy severas, esclavizar nuevamente a cualquiera que había ganado su libertad. Esa prohibición estaba reforzada al declarar que los esclavos liberados eran ahora propiedad y, por lo tanto, protegidos del dios que los había rescatado de sus amos previos. De la misma manera, Pablo insistió en que los cristianos no estaban en libertad de volver a la esclavitud porque no eran suyos propios; es decir, eran propiedad del Cristo que los compró y por lo tanto estaban ligados a él por todo el tiempo y la eternidad.

Tal como lo indica este concepto espacioso de Romanos 8, la redención ha sido inaugurada pero todavía no ha sido consumada. Amaneció con la muerte victoriosa de Cristo, pero su día no ha acabado. Hemos empezado a gustar la libertad espiritual, pero aguardamos en esperanza «la redención de nuestro cuerpo». Porque vivimos anticipando un cumplimiento aún mayor, no nos atrevemos a volver a la esclavitud.

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