1 Pedro 3: La predicación callada de una vida hermosa

Y vosotras lo mismo, esposas: tened respeto a vuestros maridos para que, si el de alguna rechaza creer en el Evangelio, pueda ser ganado para Cristo sin recurrir a las palabras al ver vuestro comportamiento puro y reverente. Pedro vuelve a los problemas domésticos que el Evangelio producía inevitablemente. Sucedería...