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Colosenses 4: La oración cristiana

Perseverad en la oración. Manteneos alerta en la oración, incorporando siempre en ella la acción de gracias. Y al mismo tiempo orad por nosotros para que Dios nos ofrezca oportunidad para dar el Mensaje, para que comuniquemos el secreto de Cristo que le ha sido revelado ahora a Su propio pueblo, ese secreto por el que estoy preso, para que se lo manifieste a todo el mundo como es mi obligación. Pablo no escribía nunca una carta sin recordar a sus lectores el deber y el privilegio de orar por sus amigos. Les dice que perseveren en la oración. Todos los creyentes pasan por épocas en las que la oración no parece producir ningún resultado, ni siquiera llegar más allá de las paredes de la habitación en que se ora. En tal tiempo el remedio no es dejarla, sino perseverar en la oración; porque la sequía espiritual no puede prolongarse Continue

Colosenses 3: La vida de la resurrección

Así que, puesto que habéis resucitado con Cristo, poned el corazón en las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Ocupad vuestra mente con pensamientos que se concentren en las cosas de arriba en lugar de en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando quiera que Cristo aparezca, vosotros también apareceréis con Él en gloria. Porque Él es vuestra vida. Lo que quiere resaltar Pablo es lo siguiente. En el Bautismo, el cristiano muere y resucita. Al cerrarse las aguas sobre su cabeza es como si se le enterrara; cuando sale del agua es como si resucitara a una nueva vida. Ahora bien: si es así, el cristiano debe surgir del Bautismo como una persona diferente. ¿Dónde está la diferencia? En el hecho de que a partir de ese momento los pensamientos del cristiano se Continue

Colosenses 2: La contienda del amor

Quiero que sepáis lo tremenda que es la contienda que estoy librando por vosotros, y por los de Laodicea, y por todos los que no me han visto nunca en persona. Aquí se levanta el telón un momento, y se tiene una vislumbre impactante del corazón de Pablo: está pasando una gran lucha por aquellos cristianos a los que amaba aunque no los conocía personalmente. Asocia a los laodicenses con los colosenses, y habla de todos los que no le han visto nunca. Está pensando en los cristianos de aquel grupo de ciudades del valle de Lico: Laodicea, Hierápolis y Colosas (ver página 119), figurándoselos con la mirada de su corazón. La palabra que usa para contienda es muy gráfica: agón, emparentada con nuestra palabra agonía. Pablo está peleando una dura batalla por sus amigos. Debemos recordar que cuando escribió esta carta estaba preso en Roma, esperando presentarse a juicio Continue

Colosenses 1: Saludos cristianos

Esta carta os la envía Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, juntamente con el hermano Timoteo, a los que estáis consagrados a Dios y sois hermanos creyentes en Cristo, que vivís en Colosas. Un cristiano consagrado no puede escribir ni una sola frase sin dejar bien claras las grandes creencias que subyacen en todo su pensamiento. Pablo no había estado nunca personalmente en Colosas, así es que tiene que empezar por aclarar el derecho que tiene a escribirles a los colosenses una carta. Lo hace con una sola palabra: él es un apóstol. La palabra griega apóstolos quiere decir literalmente uno que es enviado. Pablo tiene derecho a escribir porque Dios le ha comisionado para que sea Su embajador a los gentiles. Además, es un apóstol por la voluntad de Dios. No tiene esa profesión porque se lo haya ganado o conseguido, sino porque Dios se lo Continue

Introducción a la carta a los Colosenses

Las ciudades del Valle del Lico A unos ciento cincuenta kilómetros de Éfeso, en el valle del río Lico, cerca de donde se une con el Meandro, hubo una vez tres ciudades importantes: Laodicea, Hierápolis y Colosas. En su origen habían sido ciudades frigias, pero en el tiempo que nos ocupa eran parte de la provincia romana de Asia. Casi se podían ver cada una desde las otras. Hierápolis y Laodicea estaban en orillas opuestas del río Lico que corría entre ambas, separadas solo unos diez kilómetros, a la vista la una de la otra; Colosas estaba situada a ambos lados, como una silla de montar, quince kilómetros río arriba. El valle del Lico tenía dos características notables. (i) Era famoso por sus terremotos. Estrabón lo describía con un curioso adjetivo, euseistós, bueno para seismos. Laodicea había sido destruida por terremotos más de una vez; pero era una ciudad tan Continue