Archives for Historias y Reflexiones

La felicidad es un trayecto, no un destino.

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro. Luego nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos felices cuando lo sean. Más tarde nos frustramos por que son adolescentes y difíciles de tratar. Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esa etapa. Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados…
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El brahmán y Stanley Jones

“En cierta ocasión, mientras esperaba un tren en la India, preguntó a un caballero indio si tomaría el tren que estaba por llegar. Contestó que no, porque tan sólo había en él coches de tercera clase. Le dije que yo lo tomaría. —Claro —replicó—. Usted puede hacerlo porque es un cristiano. Si viaja en primera clase eso no lo exalta, y si va en tercera no lo degrada. Usted está por encima de estas distinciones, pero yo tengo que respetarlas, pues soy un brahmán. “Si hubiera podido dar rienda suelta a mis impulsos —continúa el doctor Jones— habría danzado en
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Cosas de valor que no se ven

Se dice que un joven le decía a un ministro evangélico que él creería en Dioscuando pudiera verlo. El ministro le preguntó: — ¿Joven, usted cree que sumadre lo ama? El joven respondió: — Yo no solamente creo, sino que yo séque me ama. Entonces el ministro le preguntó si él podía ver el amor de su madre, si podía pesarlo, o medirlo. El joven contestó: — Yo no puedo ver, nipesar, ni medir el amor de mi madre; pero yo sé que me ama. Entonces el ministro poniendo su mano amorosa sobre el hombro izquierdo del joven, le dijo:
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Practicando el Sermón del Monte

Un cristiano de la península de Corea visitó a uno de los misioneros que allí estaban, y le dijo que había aprendido el Sermón del Monte y deseaba repetirlo delante de él. Enseguida aquel cristiano repitió, palabra por palabra, sin que le faltara una sola, los tres capítulos que componen el mencionado sermón. Cuando terminó, el misionero dijo a ese cristiano que era necesario poner por obra las enseñanzas del sermón; a lo que aquel creyente replicó: “Así lo aprendí: Procuraba yo aprenderlo, todo de una vez, y las palabras se me iban. Entonces aprendí de memoria un versículo, salí
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Enemigos destruidos

Se cuenta que cierto emperador chino, cuando le avisaron que en una de las provincias de su imperio había una insurrección, dijo a los ministros de su gobierno y a los jefes militares que lo rodeaban: “ Vamos. Seguidme. Pronto destruiré a mis enemigos.” Cuando el emperador y sus tropas llegaron a donde estaban los rebeldes, él trató afablemente a éstos, quienes, por gratitud, se sometieron a él de nuevo. Todos los que formaban el séquito del emperador pensaron que él ordenaría la inmediata ejecución de todos aquellos que se habían sublevado contra él; pero se sorprendieron en gran manera
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Parábola

Un alfiler y una aguja encontrándose en una cesta de labores y no teniendo nada qué hacer, empezaron a reñir, como suele suceder entre gentes ociosas, entablándose la siguiente disputa: ¿De qué utilidad eres tú? Dijo el alfiler a la aguja; y ¿cómo piensas pasar la vida sin cabeza? —Y a ti — respondió la aguja en tono agudo—, ¿de qué te sirve la cabeza si no tienes ojo? — Y de qué te sirve un ojo si siempre tienes algo en él? —Pues yo, con algo en mi ojo, puedo hacer mucho más que tú. —Sí; pero tu vida
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