Cantares-7-El-esposo-y-la-esposa

Cantares 7: El esposo y la esposa

Cantares 7:1 El esposo ¡Qué bellos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Los contornos de tus caderas son como joyas, obra de excelente artífice.

Cantares 7:2 Tu ombligo, como una taza redonda donde no falta el buen vino.

Tu vientre, como montón de trigo de lirios rodeado.

Cantares 7:3 Tus dos pechos, como gemelos de gacela.[a]

Cantares 7:4 Tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, como los estanques de Hesbón[b] junto a la puerta de Bat-rabim;[c] tu nariz, como la torre del Líbano,[d] que mira hacia Damasco.

Hesbón : Antigua capital de Sehón, a unos 30 km al este del Mar Muerto. Se le conocía por sus potencialidades económicas. Bat – rabim es desconocido hoy. La torre del Líbano era una famosa y muy bella construcción que sobresalía en una no especificada ciudad cercana a las laderas orientales del Hermón. Nariz : Puede que aquí sea una referencia a su rostro.

Cantares 7:5 Tu cabeza erguida, como el Carmelo;[e] como púrpura, tus guedejas: en ellas, un rey está cautivo.

La frase «tus ojos, como los estanques de Hesbón», sugiere ojos brillantes. Hesbón era la capital antigua de los amorreos. Bat-rabim pudo haber sido una de las puertas de Hesbón. «La torre del Líbano» quizás era un atalaya (no cabe dudas de que era muy prominente y considerada muy hermosa). Algunos sugieren que esto se refiere a la cadena montañosa del Líbano. El monte Carmelo tenía a la vista al mar Mediterráneo y a Palestina.

Cantares 7:6 ¡Qué hermosa eres y cuán suave, oh amor deleitoso![f]

Cantares 7:7 Tu talle, como la palmera; tus pechos, como sus racimos.

La palmera : Señal de la existencia de fuentes de agua viva

Cantares 7:8 Yo dije: «Subiré a la palmera y asiré sus frutos». Deja que sean tus pechos como racimos de vid, y como de manzanas la fragancia de tu aliento.

Cantares 7:9 Tu paladar, como el buen vino, que entra al amado suavemente y corre por los labios de los viejos.[g]

El Cantar se mueve de la soledad a la comunión y ahora de nuevo a la soledad. Todo es nuevo; nuevo crecimiento, nuevas dulces frutas , nuevo vino , una nueva relación y una nueva forma de amar.

Cantares 7:10 La esposa. Yo soy de mi amado, y en mí tiene su contentamiento.

Cantares 7:11 Ven, amado mío, salgamos al campo, pasemos la noche en las aldeas.

Cantares 7:12 Vayamos de mañana a las viñas, a ver si brotan las vides, si ya están en cierne, si han florecido los granados. ¡Allí te daré mis amores!

Cantares 7:13 Las mandrágoras[h] exhalan su aroma, y a nuestras puertas hay toda suerte de deliciosas frutas, frescas y secas, que para ti, amado mío, he guardado.

Conforme el matrimonio madura, debe haber más amor y libertad entre los cónyuges. Aquí la joven toma la iniciativa. Muchas culturas tienen estereotipos de los papeles que deben jugar el hombre y la mujer para tener relaciones sexuales, pero la seguridad del amor verdadero da a ambos cónyuges la libertad de iniciar los actos de amor y expresar sus verdaderos sentimientos.

La mandrágora era una especie de planta rara que a menudo la gente creía que incrementaba la fertilidad. Las mandrágoras también se mencionan en Genesis 30:14-17.

El amado

El amado parece ser el que responde a la pregunta que levanta su amada. La respuesta se presenta en dos partes. En la primera, el amado parece repetir algunas metáforas y comparaciones anteriores, agregando nuevos elementos. En la segunda, la descripción es más íntima y personal. En ambos casos, el contenido de la descripción es bien explícito y erótico.

El amado comienza su primera alabanza de ella a la altura de sus pies y va subiendo hasta llegar a la punta de su cabeza. Por 6:13b da la impresión como que la Sulamita está danzando delante de él con ropas muy sutiles o totalmente desnuda, de manera que sus encantos físicos quedan bien a la vista. Es natural que, a la inversa de las descripciones anteriores que comienzan en la cabeza, aquí el amado se fije primero en los pies de su esposa. Ella está danzando con sandalias muy atractivas, que destacan la belleza de sus pies en movimiento. Ella sabe moverse cuando baila, de tal modo que sus caderas parecen más redondeadas y seductoras. ¡Sus caderas son una joya! ¡Sus muslos están tan bien torneados que son obra de las manos de un artista!

Los ojos del amado pasan de las caderas en movimiento ondulante al vientre desnudo, que también se mueve de manera sugestiva. La palabra traducida ombligo (sarr) muy probablemente se refiere a toda la zona genital femenina. La palabra árabe sirr indica las partes “secretas”. La raíz sr significa un valle o un lugar para ser cultivado. La idea de “arar” como eufemismo para la relación sexual está bien atestiguada en la literatura. De ser así, las partes íntimas de ella no sólo estaban perfumadas sino que eran promesa de gran placer (vino). De allí, el amado pasa a describir el vientre propiamente dicho, es decir, la parte baja del abdomen, por debajo del ombligo. La referencia al montón de trigo puede querer significar el color de la piel en esa parte del cuerpo, mientras que la expresión rodeado de lirios puede ser una referencia al bello púbico. ¡Este hombre no deja de ponderar cada solo centímetro cuadrado del cuerpo de su amada, con el lenguaje más exquisito que uno se pueda imaginar! La mención de los dos pechos repite su alabanza Deuteronomio 4:5, sólo que aquí la comparación con los venaditos y los mellizos de gacela parece más adecuada, en razón de los movimientos de la mujer mientras danza.

El recorrido de la mirada del amado sigue ahora más arriba, para presentar símiles repetidos, pero modificados. En 1:10 y 4:4, el cuello aparece rodeado y engalanado con bellos collares; aquí se lo alaba por su belleza natural (su dignidad, torre; y su color, marfil). Los ojos, que anteriormente se los comparó con los tonos iridiscentes de la malva y el gris de las palomas, aquí son descriptos como estanques, es decir, calmos, profundos. Cerca de los ojos está la nariz, que es mencionada aquí por primera vez. Se la compara con la torre del Líbano. Es probable que el símil se refiera a la blancura (laben, “ser blanco”) de la nariz, más que a su tamaño o forma. El versículo 5 completa la observación de la cabeza, que se presenta majestuosa como el monte Carmelo. La cabellera, arreglada primorosa y lujosamente (como púrpura real), cae sobre los hombros de la mujer aprisionada (peinada) en trenzas.

En 7:6-9 la alabanza que el amado hace de su esposa adquiere un tono aún más íntimo. El hombre está encandilado con la belleza física de su mujer, quizá tanto como ella lo está respecto a él. El no puede dejar de pensar en el placer que le produce recordar cuando hizo el amor con ella, o anticipar tal experiencia. ¡No hay nada más grande para un hombre y una mujer enamorados, que hacer el amor! Como dice el amado: “Qué extraordinariamente deleitoso es el amor por sobre todos los demás placeres.”

Ella es alta y elegante como una palmera. Sus pechos, que ya fueron descritos como dos venaditos, ahora son comparados con racimos de dátiles, quizá para continuar con el símil de la palmera y expresando la dulzura y deleite que producen. Sumamente excitado, él quiere abordarla sexualmente y acariciar sus pechos. En el versículo 8b continúa el símil en relación con los pechos, pero esta vez su dulzura (placer) es comparado con racimos de uvas. La palabra traducida boca puede referirse a los pezones o a la vagina. En razón del contexto altamente erótico de este pasaje, es muy probable que el amado esté hablando de la fragancia de las partes íntimas de su esposa, bajo la excitación sexualx. En este momento, los besos de ella son tan placenteros como el buen vino. Para ella los de él son igualmente deleitosos.

La amada

Ahora, la mujer que ha sido objeto de tantos piropos de parte de su amado, le responde afirmando su entrega total. Por tercera vez, ella confirma su fidelidad y su confianza en el amor que él le profesa. Ella se considera plenamente realizada, porque se siente una mujer deseada por su esposo. Su respuesta al deseo de él se expresa en los términos en que él ya la ha invitado a disfrutar de la vida. La idea de ir al campo es para pasar allí la noche juntos (ver nota de RVA). Se nota cierta urgencia en su invitación (madruguemos, “comencemos temprano”). Las frases que siguen se refieren todas al acto amoroso y tienen un marcado tinte erótico. Ella está ansiosa por hacer el amor con su esposo (¡allí te daré mi amor!).

La amada parece estar preparada para el acto sexual. La mandrágora es considerada como planta afrodisíaca. Los amantes no necesitan mayor estímulo que el que ya tienen, pero aquí probablemente la mención de la “manzana del amor” y su “fragancia” es otra referencia al hecho de que ella está lista para el acto sexual. Todos sus atractivos y encantos están ahora a disposición de él, para que él se sirva como de un plato repleto de frutas frescas y secas, para que coma cuanto le plazca. Ella ha estado reservándose para él, y ahora es su gozo entregarse plenamente a su amado, expresándole de este modo su amor.

En 8:1, la amada introduce un deseo hipotético respecto de su amado. Lo que desea no es que él sea su hermano carnal, sino que él se sienta con la libertad de expresar públicamente su amor por ella. Lo que no estaba permitido hacer en público entre esposo y esposa, sí era permisible entre hermanos, como por ejemplo, besarse. Otra cosa que ella haría de ser hermana de él, es llevarlo y meterlo en casa de su madre (versículo 2). Obviamente, el propósito no sería el de jugar como hermanos carnales, sino hacer el amor como amantes. Tú me enseñarías significa que él le enseñaría los secretos del amor, en el lugar donde ella tuvo sus primeras experiencias sexuales (3:4). Ella está dispuesta a aprender de él el arte de amar, aun cuando a lo largo de Cantares la amada se expresa sexualmente con gran maestría. La intención erótica de la mujer queda clara en las dos últimas líneas del versículo 2. Las expresiones son de carácter distintivamente sexual. Probablemente el versículo 3 es el cumplimiento del deseo expresado por la amada en el versículo 1, y repite 2:6.

En el versículo 4 se repite por tercera vez este refrán, que concluye con una cuarta sección de Cantares. A estas alturas, el amor ya está despierto y consumado, y no necesita de mayor estímulo por parte de los testigos anónimos. De esta manera, toda esta parte, que comenzó con sueños confusos y frustraciones, alejamientos y desencuentros, concluye con los amantes cada uno en los brazos del otro.

Un contraste marcado Hay un contraste marcado entre las palabras que se expresan aquí por el autor de los Cantares y algunos conceptos contemporáneos que rechazan la igualdad.

Sorprende ver que este tema genera reacciones «violentas» en muchos hermanos cuando se analiza la igualdad en la interacción de la pareja. Pesan sobre nuestras espaldas interpretaciones parciales de las Escrituras, una historia machista y la propia historia personal. No por nada el tema de los papeles es uno de los temas principales en los conflictos de pareja. En Cantares vemos a una pareja darse el mismo lugar.

El machista es alguien con un profundo sentimiento de inferioridad y resentimiento hacia la mujer; su búsqueda es racionalizar argumentos que le permitan cubrir sus propios conflictos con el sexo opuesto.

Aprender del pasado El autor de los Cantares nos puede enseñar mucho con relación a la actitud debida hacia la esposa. La historia contrasta con los Cantares.

En la revolución industrial, el hombre estaba en la calle y la mujer en el hogar. El en la calle, luchando y peleando y la mujer en la casa, tranquila y limpiando. El esperaba que ella recibiera a quien venía cansado de trabajar todo el día, que dijera a los hijos: “No lo molestes que papá viene cansado.» «Mira, trabajé todo el día y lo único que quiero es comer, mirar ‘tele’ e irme a dormir.” Lo femenino se asoció a lo doméstico y lo masculino a lo intelectual y a la lucha. El matrimonio era un trato comercial. La menagier de París decía en 1939:

“Tú, teniendo 15 años, y en la semana en que nos casamos, me rogaste, por favor, que fuera indulgente ante tu juventud y perdonara el que no supieras atenderme bien, hasta que hubieras aprendido más, y prometiste poner el mayor cuidado y diligencia… pidiéndome humildemente, en nuestro lecho, que, por el amor de Dios no te corrigiera delante de extraños o de parientes, sino que lo hiciera todas las noches o día a día en nuestra alcoba, mostrándote las cosas impropias o tontas hechas en el día pasado, y castigándote, si lo deseaba, luego no dejarías de enmendarte, de acuerdo con mis enseñanzas y correcciones, y harías todo lo posible por obedecer mi voluntad… y como estas dos cosas, salvar tu alma y alegrar a tu marido, son las más importantes, las he colocado en primer término.”

Conceptos equivocados d e la mujer Juan Luis Vives en 1528 en «Instrucción de la mujer cristiana» decía: «Que en el amor de la esposa debe haber gran obediencia y acatamiento al marido pues él ocupa el puesto de Dios en la tierra.»

Fray Luis León en 1583 en «La Perfecta casada» decía: «No las dotó Dios del ingenio que piden los negocios mayores ni de fuerza… mídanse con lo que son y conténtense con lo que es su suerte, y entiendan en su casa y anden en ella, pues las hizo Dios para ella sola.»

El escritor Honore de Balzac en 1829 decía: «El destino de la mujer y su única gloria es hacer latir el corazón de los hombres. La mujer es una propiedad que se adquiere por contrato; un bien mueble, porque la posesión vale por un título; en fin, hablando propiamente, la mujer no es más que un anexo del hombre.»

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