Cantares-1-La-esposa-y-las-hijas-de-Jerusalén

Cantares 1: La esposa y las hijas de Jerusalén

Cantares 1:1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.(A)

La sulamita Sería bueno precisar quién habla en el primer versículo.

Salomón, como hijo del rey David, subió al trono y Dios lo eligió para que construyera el templo en Jerusalén. Dios le dio una sabiduría extraordinaria. La mayor parte de su reinado se caracterizó por su sabiduría y el temor a Dios, a pesar de que al final de su vida se volvió vanidoso y le dio las espaldas. Lea acerca de Salomón en 1 Reyes 1-11 y 1 Crónicas 28-2 y Crónicas 9. Salomón escribió más de tres mil proverbios (véase el libro de Proverbios) y alrededor de mil cánticos, uno de ellos es este libro.

Salomón visitaba con frecuencia las distintas partes de su reino. Un día, mientras visitaba unos viñedos reales en el norte, su séquito tropezó de sorpresa con una hermosa campesina que atendía las viñas. Avergonzada, salió corriendo. Pero Salomón no la pudo olvidar. Más tarde, disfrazado como pastor, regresó a los viñedos y conquistó su amor. Entonces, reveló su verdadera identidad y le pidió que volviera a Jerusalén con él. Salomón y su amada celebran sus bodas en el palacio al inicio de este libro.

Cantar de los cantares es una serie de siete poemas, que no están necesariamente en orden cronológico. Refleja el primer encuentro de Salomón y la campesina, su compromiso, casamiento, noche de bodas y el posterior desarrollo de su matrimonio.

Hay tres personajes o grupos de personajes en este libro: la doncella (la “amada”), el rey Salomón (el “amado”) y los “amigos”. La doncella que llamó la atención de Salomón era de Sulam (algunos creen que era Sunem), una comunidad de agricultores ubicada aproximadamente a 100 km al norte de Jerusalén. Su piel bronceada indica que trabajaba al aire libre, en los viñedos, por lo tanto, es probable que no perteneciera a la clase alta. Los amigos incluían o bien mujeres del harén de Salomón o servidores del palacio, así como los hermanos de la doncella.

Esta descripción vívida de una relación amorosa comienza con una ilustración del amor mismo. Mejores son los “amores que el vino”; hacen que los enamorados se regocijen. Hechos enseña que lo que Dios creó y limpió, no deberíamos usar mal ni llamar común. Podemos disfrutar el amor. Dios lo creó como un regalo para nosotros y un deleite para nuestros sentidos.

Cantares 1:2 !!Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.

Estas palabras revelan la gran pasión que despierta el rey debido a la excelencia de sus amores, que son mejores que el vino (la palabra «mejor» aparece dos veces en hebreo, en su forma plural).

Cantares 1:3 A más del olor de tus suaves ung:uentos, tu nombre es como ung:uento derramado; por eso las doncellas te aman.

Cantares 1:4 Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman.

Cantares 1:5 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable como las tiendas de Cedar, como las cortinas de Salomón.

Morena : Denota un color oscuro de la piel. Pero codiciable: Orgullosa respuesta a las hijas de Jerusalén , quienes sugerían que el tono de su piel se debía a algún defecto natural que disminuía su belleza. Se la expuso al sol a causa de la ira de los hijos de su madre. La ira humana es exactamente lo opuesto a las bendiciones del amor divino, y por lo general destila odio contra Dios. La familia de la sulamita es caracterizada por su violecia.

Cedar era una comunidad nómada en la parte norte de Arabia. Era conocida por sus tiendas hechas de pelo de cabra negra.

Cantares 1:6 No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas; Y mi viña, que era mía, no guardé.

Las viñas que se mencionan aquí eran al parecer propiedad de Salomón (ya que él fue a visitarlas) y alquilada a los medio hermanos de la joven (“los hijos de mi madre”), quienes la pusieron a guardar las viñas bajo el sol ardiente, por lo tanto, no pudo cuidar de su propia piel (“mi viña, que era mía, no guardé”). Cuando la llevaron a Jerusalén, la joven se avergonzó de su piel oscura ya que las jóvenes de la ciudad tenían una piel delicada y bella que se consideraba mucho más hermosa. Pero Salomón amaba su piel oscura.

Cantares 1:7 Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?

La sulamita se pregunta por qué ha de vivir como errante . Esto se describe mejor con el aislamiento de un leproso que debe vivir solo fuera del campamento, en una situación diferente a aquella en que se halla la comunidad que disfruta de las bendiciones del pacto divino. Compartir las bendiciones del amor divino es algo crucial para curar la «soledad de la lepra». Esto es quizás la razón específica por la cual Jesús envió sus discípulos «a las ovejas perdidas de la casa de Israel» con el mandato de: «limpiad leprosos».

La joven se sintió insegura por ser diferente a las mujeres de Jerusalén y por sentirse sola mientras su amado estaba lejos. Anhelaba la seguridad de su presencia. La base del verdadero amor es el compromiso, y en una relación donde hay amor genuino, nunca existe el temor a la traición, manipulación ni explotación.

Cantares 1:8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, ve, sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.

Las huellas del rebaño : Literalmente, huellas del «calcañar», término del cual Jacob tomó su nombre. Todos los patriarcas de Israel fueron pastores, por lo que la profesión de Jacob constituía un símbolo del pueblo hebreo. Por lo tanto, su amado le está diciendo que mire a la historia para consolarse de su soledad.

La esposa y el esposo

Cantares 1:9 A yegua de los carros de Faraón te he comparado, amiga mía.

Cantares 1:10 Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, tu cuello entre los collares.

Cantares 1:11 Zarcillos de oro te haremos, tachonados de plata.

Cantares 1:12 Mientras el rey estaba en su reclinatorio, mi nardo dio su olor.

Esta breve serie de requiebros amorosos constituye un modelo de comunicación y revela la naturaleza íntima del diálogo de amor. En – gadi es un bello oasis junto al Mar Muerto, donde David rehusó hacer daño a Saúl. El lenguaje del amor pone fin a toda hostilidad en el diálogo, porque habla de una vida compartida y exalta la comunión de los amantes: nuestro lecho , nuestra casa.

Cantares 1:13 Mi amado es para mí un manojito de mirra, que reposa entre mis pechos.

Cantares 1:14 Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi es para mí mi amado.

En-gadi era un oasis oculto en la base de un risco escarpado de piedra caliza al oeste del Mar Muerto. Era conocido por sus palmeras fructíferas y su fragante aceite de bálsamo. El terreno que rodeaba a En-gadi era uno de los más desolados de Palestina y se encontraba en medio de un clima desértico extremadamente caliente. La flor de alheña en En-gadi podría parecer la más hermosa de todas debido a su árido medio. Por lo tanto, la doncella halagaba la apariencia de Salomón al decir que se destacaba entre todos los hombres.

Cantares 1:15 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas.

Cantares 1:16 He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores.

El amado y su amada describen el bosque que les rodea como la cámara nupcial.

Cantares 1:17 Las vigas de nuestra casa son de cedro, y de ciprés los artesonados.

El libro comienza con las palabras hebreas sir hassirim, literalmente “de todas las canciones, ésta es la canción,” es decir, la mejor o la más hermosa. El cual es de Salomón puede referirse a que Salomón lo escribió, lo editó o publicó, o que fue dedicado a él. También puede indicar que Salomón es el protagonista masculino de Cantares.

Preparación para el matrimonio

A lo largo de toda esta sección, la pareja de enamorados intercambia expresiones de deseo, dudas, estímulo y expectativa en su juego amoroso. Aparentemente se trata de una mujer y un hombre que esperan casarse y anticipan con gran anhelo la consumación sexual de su amor.

La amada

Las primeras palabras del libro son las de la muchacha enamorada que anhela los besos de su amado. Ella espera también su amor sexual (dode ), que le resulta más apetecible que el vino. En la cultura hebrea el vino era símbolo de una celebración gozosa. Al pensar en el nombre de su amado, la joven recuerda un perfume de gran valor que es derramado. Así es su aprecio por él. Tan atractiva es la personalidad de su amado que otras doncellas se sienten atraídas por él. En la antigüedad, existía la costumbre de frotar el cuerpo con aceite de oliva perfumado después de bañarse, especialmente para ocasiones festivas. El calor del cuerpo hacía que poco a poco el ungüento expidiera su aroma. La joven enamorada, excitada por estos pensamientos, pide a su amado que la lleve a su dormitorio, ¡y que lo haga pronto! Es notable el poder que tiene el amor para atraer a los que se aman.

La preparación para el matrimonio Durante la época del noviazgo la pareja debe buscar maneras de fomentar la initimidad. Muchos matrimonios fracasan por falta de este elemento. En los Cantares hay pasajes que nos ayudan para fomentar la intimidad. Algunos dicen que es el tema del libro. Encontramos cinco niveles donde la pareja casada debe intimar: espiritual, sexual, intelectual, corporal y afectivamente. Muchas parejas luego de años de estar casados, ¡no lo están!

Sorprende ver el desconocimiento en muchos de los planos anteriormente mencionados. Cantares va promoviendo un conocimiento más íntimo entre jóvenes que están enamorados y piensan casarse.

El cortejo nupcial

Frecuentemente en el AT, las expresiones nos gozaremos y nos alegraremos están ligadas a la alabanza a Dios por su liberación. Aquí el objeto de la alegría es el amante. El coro imaginario parece alegrarse por lo que está ocurriendo en la intimidad de la habitación. Para ellos también el acto amoroso es más atractivo que la mejor de las celebraciones (más que del vino).

La amada

Ella habla primero a otras doncellas de Jerusalén, y les expresa sus dudas sobre su atractivo físico. Como toda casamentera, se siente mirada por las demás mujeres, quizá de piel menos curtida que la de ella. Su piel está bronceada por el sol, quizá por ser una muchacha campesina que pasó mucho tiempo al aire libre. A pesar de sus temores, sabe que es bella como las tiendas en Quedar, o como los cortinados (pabellones) que Salomón tenía en su palacio, también hechos con pelos de cabras negras. Luego la muchacha parece hablarse a sí misma, al reflexionar sobre su aspecto físico y las razones que justifican su rusticidad. La frase los hijos de mi madre estaría fuera de lugar si su padre viviera, por lo cual esta joven sería huérfana de padre. Sus hermanos eran muy estrictos y la obligaron a trabajar duro en las viñas de la familia todo el día. Probablemente esto ocurrió en las montañas del Líbano. No se dice en el texto por qué sus hermanos se enojaron con ella. La cuestión es que por cumplir con el deber impuesto ella no pudo prestar atención a su propia persona y a hacer realidad sus sueños: ¡Mi propia viña no cuidé! ¡La joven era una especie de Cenicienta! ¡Cuántas jovencitas en América Latina corren la misma suerte de esta morenita del norte de Israel!

Finalmente, ella habla al amado de su alma, a quien ha escogido amar profundamente. Se refiere a él como un pastor de ovejas. Ella quiere saber dónde puede encontrarlo sin perder el tiempo buscándolo por todas partes, errante como si fuese una prostituta (como con velo, como andaban las prostitutas en la antigüedad). Ella quiere encontrarse con él al mediodía, cuando el calor es insoportable y hace que animales y seres humanos descansen en lugares sombreados. Esta jovencita campesina vive el drama de todas las muchachas de su edad. Se sabe bonita, pero tiene algunos complejos por su apariencia personal frente a otras jóvenes, quizá de un contexto más sofisticado y pulido. Con quien de veras se siente plenamente bien es con su amado pastor de ovejas. Tan ansiosa está por verlo que no puede esperar a la noche y le pide le informe en qué lugar hará su descanso de mediodía, para que pueda ir a verlo.

El amado. Parece que el joven recibió el mensaje de su enamorada y ahora le contesta. Nótese qué bien conoce el amado a la joven, puesto que al complejo de ella, él responde llamándola la más hermosa de las mujeres. No será la última vez que la califique de esta manera. Luego, le da las instrucciones para que ella llegue hasta su lugar de descanso. Ella debe seguir las huellas del rebaño hasta cerca de las cabañas de los pastores. Es interesante que en sus indicaciones el amado utiliza palabras que en otros contextos tienen un evidente sentido erótico. La palabra hebrea para huellas se traduce talón o cascos en otros lugares; y ocasionalmente se utiliza como eufemismo para los genitales. Las cabritas son también símbolos sexuales, ya que servían como pago para una prostituta sagrada. El joven crea en su amada una expectativa para el encuentro amoroso.

El mismo se excita anticipando ese encuentro a mediodía en la frescura de un oasis. El hacerle saber a su amada el camino hacia el amor hace que él recuerde su hermosura y la exalte. Para él, ella es su yegua. En Hispanoamérica decirle “yegua” a una mujer significaría el peor insulto. Pero no en Israel, donde los caballos eran de un valor incalculable. Recuérdese que los caballos fueron uno de los tesoros más preciados de Salomón. Además, según el hebreo, se trata de una yegua entre fuertes caballos de guerra. El joven le está diciendo a su amada que ella es como una hermosa yegua entre los corceles que tiran de los carros del faraón. ¡Su atractivo no puede pasar desapercibido! Una yegua crearía una intensa excitación entre los corceles reales. Ella es la compañía más hermosa a la que un príncipe pueda aspirar. La expresión amada mía aparece nueve veces en Cantares, siempre en labios del amante, y generalmente en relación con una declaración explícita de la belleza de la amada. El significado de la raíz verbal es guardar, cuidar de, atender, con énfasis sobre el placer y deleite que esta responsabilidad involucra. El joven enamorado quiere brindar a su amada el amor que ella no recibió de sus hermanos en su hogar. Esta expresión de verdadero amor tiene que haber resultado sumamente alentadora y confortante para ella.

El amante sigue pensando en los arneses de una yegua, engalanados con joyas, metales preciosos, cuero, telas y plumas. Al hacerlo, compara estas imágenes de belleza decorativa con la belleza del rostro de su amada, que se ve resaltada por los ornamentos que lo rodean. De igual modo, su cuello luce precioso engalanado con collares. Tal es el entusiasmo del joven, que le promete mandar hacer otras joyas de oro y plata para obsequiarle. En todas las culturas de todos los tiempos los regalos han sido una manera adecuada de expresar amor. La belleza natural de la joven y el cuidado que ella pone en resaltarla con su arreglo personal, no sólo son un incentivo para la alabanza de él, sino también para que él se sienta movido a hacerle regalos.

El diálogo, elemento esencial

Un ejercicio pastoral que se usa frecuentemente al estar frente a la pareja es decirle al hombre que comience a hablar como si fuese su mujer; por ejemplo: Yo soy Estela y me gusta… a los cinco minutos de hablar llega el silencio, el desconocimiento hace su aparición. Luego le toca a la mujer, se coloca como si fuese su marido, comienza a hablar y a los cinco minutos… el silencio aparece nuevamente. No cabe duda, falta de intimidad.

La amada

Parece que finalmente ocurrió el encuentro amoroso tan esperado. La mujer se describe recostada junto al rey sobre su diván. Este era una especie de cama donde las personas se reclinaban para comer. La escena aparentemente es de un banquete íntimo. La mujer se perfumó con nardo, que era una fragancia aceitosa muy cara e insinuante. Con el calor del cuerpo, el perfume se iba liberando, mientras los dos comían juntos.

En este contexto de intimidad, la mujer responde a la comparación que hizo su amante, con otras dos comparaciones: Por un lado, dice que él se parece a un manojito de mirra. La mirra era una resina que se obtenía de un árbol del sur de Arabia. Era la costumbre que la mujer llevara una bolsita de mirra alrededor del cuello durante la noche. Ella está diciendo que su amado, apoyado entre sus dos pechos, es como esa bolsita perfumada de mirra. La otra comparación dice que él es como un racimo de flores de alheña. La alheña es una planta común en Palestina, cuyas hojas se utilizaban como tintura de color naranja o amarillo, y cuyas flores son fragantes. El oasis de Enguedi, “el lugar de las cabras salvajes”, fue por siglos un lugar de refrigerio para los viajeros. Las viñas se refiere a todo tipo de plantas que crecen allí, especialmente aquellas de las que se fabrican cosméticos y perfumes. Así como la yegua es el mejor de todos los equinos del faraón, aquí los productos de Enguedi son lo mejor de lo mejor. La muchacha devuelve los cumplidos de su amante en términos de lo mejor que ella conoce, las viñas de Enguedi. Siempre es bueno hablar de la persona que se ama usando los mejores términos y conceptos. Mucho mejor es decirle a él o ella las cosas más bonitas que puedan brotar de la mente y el corazón.

El amado

Nuevamente el amado pondera la belleza de su dama, volviendo a repetir su expresión (amada mía) y haciendo otra comparación, esta vez con una paloma. Según él, lo más bello de ella son sus ojos, que parecen dos palomas. La belleza de los ojos era tenida como expresión de perfección en una mujer. La tradición rabínica identifica la belleza de los ojos con la belleza de la personalidad. Además, la paloma es símbolo de inocencia y pureza. Así era ella, como sus ojos, bella e inocente.

Intimidad afectiva

Este es otro de los elementos pastorales rescatados en el libro de los Cantares. Desgraciadamente para el varón de nuestra cultura latina, intimar es algo así como “superficialidad”, “trivialidad” o “algo de maricas”. Una buena pastoral de la pareja debe revisar lo que es ser “hombre” según la Biblia.

Todos los varones estamos traumatizados, algunos más otros menos; hemos sido víctimas de mandatos y creencias de nuestros antepasados y de nuestra cultura actual.

Sí, no nos enseñaron lo que es ser varón, lo que es la masculinidad; o, mejor dicho, hemos sido golpeados con estereotipos que conciente o inconcientemente nos vendieron. Nos vendieron un catálogo sobre lo que es ser varón y mujer, y algunos creyentes confundidos hasta lo defendieron como “inspirado por el Espíritu Santo”, siguiéndolo fielmente.

La amada

Ella no se queda corta en sus cumplidos a su amado. Al igual que la de él, su alabanza comienza con la expresión, ¡qué bello…! La palabra aparece catorce veces en Cantares, pero sólo aquí en su forma masculina y dirigida al amado. La expresión bello y dulce está cargada de ternura. Algunos se sorprenden de que en este contexto tan romántico, la mujer mencione un mueble propio del dormitorio, como es la cama. Sin embargo, la cama es símbolo de la relación sexual que corona el amor de la pareja. Al calificarla de frondosa, probablemente se esté refiriendo a una cama con baldaquino o dosel, y profusamente decorada con paneles tallados en maderas finas. Ella se conmueve con sólo pensar en el escenario de su amor. De igual modo, ella piensa en las vigas del techo de su casa y en los artesonados (adornos con molduras, que se ponen en los techos y bóvedas), que seguramente contemplará cuando se consume el acto de amor con su amado. La madera era escasa en Palestina, y sólo se usaba en los templos y palacios más lujosos. El cedro seguramente provenía del Líbano, mientras que los cipreses serían enebros fenicios. Para esta mujer, la cama no representaba un lugar de tortura ni de experiencias desagradables. Por el contrario, para ella era el lugar deleitoso.

Se ha dicho que la casa es una extensión del cuerpo de la mujer. Una casa bonita, bien decorada y arreglada, no puede ser otra cosa que el resultado de una mujer que se siente ella misma como la rosa de Sarón. Sarón es la región de la llanura de la costa al sur del monte Carmelo. Allí crecía abundantemente una rosácea silvestre de color carne con un tallo sin hojas. El lirio de los valles se refiere a una planta de seis hojas o una flor de seis pétalos que crecía en los valles fértiles y húmedos. La belleza que la mujer se reconoce es como la de las flores silvestres: sencilla en su aspecto, pero atractiva. ¡Cuánta belleza hay en la mujer hispanoamericana, sencilla, humilde, la más de las veces pobre, pero llena de valor, nobleza y pasión!

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