Apocalipsis 8: El silencio y el trueno de la oración

Apocalipsis 8: El silencio y el trueno de la oración

Cuando abrió el séptimo sello se produjo el silencio en el Cielo durante cosa de media hora. Y vi a los siete ángeles que están al servicio de Dios, y las siete trompetas que se les dieron. Entonces vino otro ángel, y se puso ante el altar con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para que lo añadiera a las oraciones de los santos en el altar de oro que está delante del trono. El humo del incienso subió con las oraciones de los santos de la mano del ángel a la presencia de Dios. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó de fuego del altar, y lo arrojó sobre la Tierra. Y hubo estallidos de trueno y grandes voces y deslumbramientos de relámpagos y un terremoto.

Antes de empezar a estudiar este pasaje en detalle debemos notar algo acerca de su colocación. El versículo 2, que habla de los siete ángeles con sus siete trompetas, está claro que está fuera de sitio. Tal como está interrumpe el sentido del pasaje; debería estar inmediatamente antes del versículo?; probablemente se trata de un error del copista. El pasaje empieza con un silencio intensamente dramático en el Cielo que dura alrededor de media hora. La calma total es aún más efectiva que el trueno y el rayo. Este silencio puede tener dos sentidos.

(i) Puede ser una especie de respiro en la narración, un momento de preparación antes de otra revelación arrolladora.

(ii) Puede que haya en él algo mucho más hermoso. Las oraciones de los santos están a punto de elevarse a Dios; y puede ser que la idea sea que todo en el Cielo se detiene para que se puedan oír las oraciones de los santos. Como lo expresa R. H. Charles: «Las necesidades de los santos son más importantes para Dios que todas las salmodias del Cielo.» Hasta la música del Cielo y hasta el trueno de la revelación callan para que el oído de Dios pueda captar la oración susurrada de los más humildes de los que confían en Él.

El cuadro se divide en dos escenas. En la primera, un ángel mencionado a medias ofrece a Dios las oraciones de los santos. En el pensamiento judío era el arcángel Miguel el que hacía oración por el pueblo de Israel, y había otro ángel sin nombre llamado El Angel de la Paz cuya misión era asegurarse de que Israel « no caía en el extremo de Israel» y que intercedía por Israel y por todos los íntegros. El ángel se encuentra ante el altar. El altar aparece frecuentemente en el escenario celestial del Apocalipsis (6:9; 9:13; 14:18). No puede ser el altar de los holocaustos, porque no hay sacrificios de animales en el Cielo; debe de ser el altar del incienso. Este estaba delante del Lugar Santo en el Templo de Jerusalén (Levítico 16:12; Números 16:46). Estaba hecho de oro, y tenía una base cuadrada de medio metro de lado por un metro de altura. En cada extremo tenía cuernos; era hueco, y estaba cubierto de plancha de oro, y tenía alrededor como una barandilla, como una balaustrada en miniatura, para impedir que se cayeran los carbones encendidos. En el Templo se quemaba y ofrecía incienso antes del primer sacrificio del día y después del último. Era como si las ofrendas del pueblo ascendieran a Dios envueltas en un perfume de incienso.

Aquí tenemos la idea de que la oración es como un sacrificio que se ofrece a Dios; las oraciones de los santos se ofrecen en el altar y, como todos los otros sacrificios, se elevan a Dios envueltas en el grato olor del incienso. Puede que una persona no tenga otra cosa que ofrecerle a Dios; pero puede ofrecerle su oración, y siempre habrá manos angélicas dispuestas para presentárselas a Dios.

Este cuadro tiene otra mitad. El mismo ángel toma el incensario, lo llena de brasas del altar y lo arroja a la Tierra; y esto es el preludio del trueno y el terremoto que son el preludio de más terrores. El antecedente de esta visión es la de Ezequiel, en la que el hombre vestido de lino toma las brasas entre los querubines y las derrama sobre la ciudad (Ezequiel 10:2); y está relacionada con la visión de Isaías en la que sus labios son tocados con una brasa del altar (Isaías 6:6).

Pero esta escena nos introduce algo nuevo. Las brasas del incensario introducen nuevos ayes. H. B. Swete lo expresa como sigue: «Las oraciones de los santos vuelven a la Tierra en ira.» La idea que Juan tiene en mente es que las oraciones de los santos contribuyen a traer venganza sobre los que los han maltratado.

Puede que tengamos el sentimiento de que la oración pidiendo venganza no es propia de los cristianos; pero debemos recordar la agonía de persecución por la que estaba pasando la Iglesia cuando se escribió el Apocalipsis.

Los siete ángeles con trompeta

Y vi a los siete ángeles que están al servicio de Dios, y las siete trompetas que se les dieron; y los siete ángeles de las trompetas se dispusieron a tocarlas. Estos siete ángeles, que se llaman los ángeles de la presencia, eran los arcángeles. Se llamaban Uriel, Rafael, Ragüel, Miguel, Sariel, Gabriel y Remiel (Tobías 12:15).

El que se los llamara ángeles de la presencia quiere decir dos cosas. Primera, que tenían un honor especial. En una corte oriental, solo los cortesanos favoritos tenían derecho a acceder a cualquier hora a la presencia del rey; ser un cortesano de la presencia era un honor especial. Segunda, aunque estar en la presencia del rey conllevaba un honor especial, más aún quería decir estar dispuesto a recibir urgentemente una comisión de servicio. Tanto Elías como Eliseo hablaban con frecuencia de «el Señor Dios de Israel en Cuya presencia estoy» (1 Reyes 17: l ; 18:15; 2 Reyes 3:14; 5:16); lo que quiere decir realmente: «El Señor Dios de Israel, a Cuyo servicio estoy.»

Los siete ángeles tenían siete trompetas. En las visiones del Antiguo y del Nuevo Testamento la trompeta es siempre el símbolo de la intervención de Dios en la Historia. Todas estas imágenes, que son muchas, se remontan a la escena del Monte Sinaí, cuando se dio la Ley al pueblo. Había en el monte truenos y rayos y una nube oscura y un toque de trompeta estremecedor (Éxodo 19:16,19). Este toque de trompeta se convirtió en una parte esencial del aparato del Día del Señor. Ese día resonaría la gran trompeta para convocar a los exiliados a que volvieran de todas las tierras (Isaías 27:13). Ese día resonaría la trompeta en Sión, y se oiría la alarma en el monte santo (Joel 2:1). Ese sería un día de toques de trompeta y de alaridos (Sofonías 1:16). El Señor tocaría la trompeta y saldría con el torbellino del Sur (Zacarías 9:14).

La imagen pasó a las visiones del último Día del Nuevo Testamento. Pablo habla del Día cuando sonará la trompeta y lo corruptible se vestirá de incorrupción (1 Corintios 15:52s). Habla de la trompeta de Dios que resonará cuando Cristo vuelva( 1 Tesalonicenses 4:16). Y Mateo también habla del gran sonido de trompeta cuando serán recogidos los elegidos (Mateo 24:31).

ería extraño pensar que Dios tocará literalmente una trompeta; pero no obstante la figura contiene una verdad simbólica. El toque de trompeta puede querer decir tres cosas.

(i) Puede ser un toque de alarma, despertar del sueño o advertir de un peligro; y Dios siempre hace oír Sus advertencias a los oídos humanos.

(ii) Puede ser la fanfarria que anuncia la llegada del rey. Es un símbolo adecuado para expresar que el Rey de reyes va a invadir el tiempo.

(iii) Puede indicar zafarrancho de combate. Dios siempre está llamando a los hombres a que tomen partido en la lucha entre la verdad y la falsedad, y para que se alisten como soldados del Rey de reyes.

Los elementos desatados

El primer ángel lanzó un toque de trompeta, y se produjo una lluvia de granizo y fuego mezclado con sangre cayendo sobre la tierra seca; y una tercera parte de la tierra seca quedó abrasada, y se quemaron la tercera parte de los árboles y todas las plantas verdes.

El segundo ángel lanzó un toque de trompeta, y lo que yo llamaría una gran montaña ardiendo se precipitó en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre, y la tercera parte de los animales marinos murieron, y se destruyó la tercera parte de las naves.

El tercer ángel lanzó un toque de trompeta, y un gran meteorito ardiendo como una antorcha cayó del cielo; y cayó en la tercera parte de los ríos, y en los manantiales. Y ese meteorito se llama Ajenjo; y una tercera parte del agua se convirtió en ajenjo, y muchos de la humanidad murieron por la amargura del agua.

El cuarto ángel lanzó un toque de trompeta, y fue herida la tercera parte del Sol, y de la Luna, y de las estrellas, de manera que se oscureció la tercera parte de su luz, y dejó de haber luz en la tercera parte del día, lo mismo que de la noche.

Aquí tenemos una descripción de las fuerzas elementales de la naturaleza lanzadas en juicio contra el mundo. A cada toque de trompeta es atacada una parte diferente del mundo; la destrucción que se produce no es total, porque esto no es más que el preludio del fin. Primero, el toque de destrucción cae sobre la tierra (versículo 7); luego, sobre el mar (versículos 8 y 9); luego, sobre el agua dulce de los ríos y manantiales (versículos 10 y 11); luego, sobre los cuerpos celestes (versículo 12). La marea de la destrucción se desata sobre cada parte del universo creado.

Tenemos que notar, además, dónde encontró Juan sus imágenes. En su mayoría tuvieron su origen en las descripciones de las plagas que cayeron sobre Egipto cuando el Faraón se negó a dejar salir al pueblo de Israel de Egipto tal como se nos cuentan en el libro del Éxodo.

En la descripción de Juan, el granizo y el fuego y la sangre caen sobre la tierra seca. En Exodo 9:24 leemos que cayó sobre Egipto fuego mezclado con granizo con un poder destructivo sin semejante. Juan añade la sangre para aumentar el terror, recordando el cuadro que pinta Joel del día en que el Sol se convierta en tinieblas y la Luna en sangre (Joel 2:10). En el cuadro de Juan, una tercera parte del mar se convierte en sangre, y la tercera parte de los animales marinos mueren. En Éxodo, cuando Moisés levantó la vara e hirió las aguas, el agua del Nilo se volvió sangre y murieron los peces que había en el río (Éxodo 7:20s). En la descripción que hace Sofonías del Día del Señor, Dios amenaza: «Destruiré las personas y las bestias; destruiré las aves del cielo y los peces del mar» (Sofonías 1:3). No se encuentra antecedente para el detalle de la caída del meteorito en llamas, pero sí bastantes de las aguas volviéndose ajenjo.

Ajenjo es el nombre que se da a la clase de plantas conocidas como artemisia, que se caracterizan al gusto por su amargor. No son realmente venenosas en el sentido de ser capaces de causar la muerte, aunque son nocivas; pero los israelitas las temían por su amargura. El ajenjo era el fruto de la idolatría (Deuteronomio 29:17s). Dios amenazó a los falsos profetas por medio de Jeremías de que les haría comer ajenjo y beber agua envenenada (Jeremías 9:14s; 23:15). El ajenjo representa siempre la amargura del juicio de Dios sobre los desobedientes.

En la descripción que hace Juan se produce un oscurecimiento de la tercera parte de las luces de los cielos. En Éxodo, una de las plagas fue una oscuridad que se cernió sobre toda la Tierra (Éxodo 10:21-23).

Como ya hemos visto varias veces, Juan está tan imbuido del Antiguo Testamento que sus visiones vuelven a él como el trasfondo natural de todo lo que tiene que decir.

En este caso no es ni mucho menos imposible que Juan esté tomando sus figuras, por lo menos en parte, de acontecimientos que él mismo había presenciado o que había oído. Una lluvia que parece de sangre se ha producido más de una vez en los países del Mediterráneo. Hay, por ejemplo, un informe de una tal lluvia que se produjo en Italia y el Sureste de Europa en 1901. Su causa era que los remolinos habían cogido arena fina y roja del desierto del Sáhara que, al caer en forma de lluvia, parecería sangre. Bien puede ser que Juan viera u oyera de algo parecido.

Además habla de una masa en llamas que cae en el mar. Esto suena como una erupción volcánica. Hubo una erupción del Vesubio en agosto del año 79 d.C. que diezmó Nápoles y su bahía. Eso habría sucedido pocos años antes de que se escribiera el Apocalipsis. El mar Egeo tiene islas volcánicas y volcanes submarinos. El geógrafo griego Estrabón informa de una erupción en el mar Egeo, en el que estaba Patmos, el año 196 a.C., que produjo la formación de una nueva isla llamada Palaia Kaumené. Puede que Juan pensara en algo así.

En esta escena de terror, Juan tiene la visión de Dios usando las fuerzas elementales de la naturaleza para advertir a la humanidad que se acerca una destrucción final.

El águila volando

Ymiré, y oí un águila volando por en medio del cielo, dando grandes voces: – ¡Ay, ay, ay de los que habitan en la Tierra, a causa de lo que va a suceder cuando hablen las trompetas que faltan, que los tres ángeles están a punto de tocar!

Aquí tenemos una de las pausas de la historia que Apocalipsis usa tan eficazmente. Tres terribles ayes están para caer sobre la Tierra cuando los tres ángeles den los últimos toques de trompeta; pero, de momento, hay una pausa. En esta pausa el vidente ve un águila -no un ángel, como dicen algunas traducciones, aunque la Reina-Valera› 95 ya pone águila en una nota. Es posible que el original quiera decir « un águila solitaria.» La expresión «por en medio del cielo» quiere decir el cenit del cielo, donde está el sol al mediodía. Aquí tenemos una figura alucinante y dramática de un cielo vacío y un águila solitaria volando a través del cenit, augurando una maldición por venir.

De nuevo Juan está usando una idea que no es nueva. Tenemos la misma figura en 2 Baruc. Cuando el autor de ese libro ha tenido su visión, y quiere enviársela a los judíos exiliados en Babilonia junto a las aguas del Éufrates, prosigue: «Y yo llamé al águila, y le dije estas palabras: «El Altísimo te ha concedido que puedas volar más alto que todas las demás aves. Ahora pues, ve, y no te detengas en ningún lugar, ni entres en nido, ni te poses en ningún árbol, hasta que hayas pasado la anchura de las muchas aguas del río Éufrates, y hayas ido al pueblo que mora allí, y déjales caer esta epístola»» (2 Baruc 77: 21 s).

La figura no se ha de tomar literalmente, pero el simbolismo tras ella es que Dios usa la naturaleza para enviar mensajes a los hombres.

Ahora Puedes adquirir los Libros de Estudio

Al adquirir tus libros de estudios estarás ayudando este Ministerio para cumplir con la Gran Comisión de «Id y llevad el Evangelio a toda criatura en todo lugar. Contamos con tu ayuda. Dios te Bendice rica, grande y abundantemente.

Comparte esta publicacion en tus redes favoritas

También hemos publicado para ti

Juan 19: Jesús es llevado ante Pilatos

Luego llevaron a Jesús de Caifás al cuartel general del gobernador. Era de madrugada, y ellos mismos no entraron en el edificio para no contaminarse; querían evitar el contagio de cosas inmundas porque estaban

Seguir Leyendo »