Apocalipsis 2: La carta a Éfeso

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Apocalipsis 2: La carta a Éfeso

Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso: Estas cosas las dice el Que sostiene las siete estrellas en Su mano derecha y anda en medio de los siete candelabros de oro. Yo conozco tus obras; es decir, tu brega y tu firme constancia; y sé que no puedes soportar a los malos, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo, y has demostrado que son mentirosos. Sé que tienes firme constancia. Sé todo lo que has soportado por amor de Mi nombre, y sé que tus esfuerzos no te han agotado. A pesar de todo tengo esto contra ti: que has descuidado el mantener tu primer amor. Así es que recuerda de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz que tu conducta sea como al principio. Si no, vengo a ti para quitar tu candelero de su lugar, si no te arrepientes. Pero sí tienes a tu favor una cosa: que aborreces las obras de los nicolaítas, que Yo también aborrezco. El que tenga oídos, que preste atención a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias. Al que obtenga la victoria Yo le concederé que coma del árbol de la vida que hay en el Paraíso de Dios.

Éfeso, primera y suprema

Si sabemos algo de la historia de Éfeso y de sus condiciones en aquel tiempo nos será fácil comprender por qué ocupa el primer lugar en la lista de las Siete Iglesias. Pérgamo era la capital de la provincia de Asia, pero Éfeso era con mucho la ciudad más importante. Blasonaba orgullosamente de su título: « La primera y la más grande metrópoli de Asia.» Un autor latino la llamó Lumen Asiae, La Luz de Asia. Veamos cuáles fueron los factores que le confirieron su grandeza preeminente.

(i) En los tiempos de Juan, Éfeso era el puerto más importante de Asia. Todas las carreteras del valle del Caistro, que era el río a cuya orilla estaba edificada, convergían en ella. Pero las carreteras venían de mucho más lejos. Era en Éfeso donde llegaban al Mediterráneo las carreteras del lejano Éufrates y de Mesopotamia, pasando por Colosas y Laodicea. Era en Éfeso donde la carretera de Galacia llegaba al mar pasando por Sardis. Y del Sur subía la carretera del rico valle del Meandro. Estrabón, el gran geógrafo de la antigüedad, llamaba a Éfeso «El Mercado de Asia,» y es posible que Juan estuviera describiendo las riquezas del mercado de Éfeso en Apocalipsis 18:12s.

Éfeso era el pórtico de Asia. Una de sus distinciones, establecida por decreto, era que cuando el procónsul romano venía a hacerse cargo del gobierno de Asia, debía desembarcar en Éfeso e introducirse en la provincia desde allí. Para todos los viajeros y el comercio, desde los valles del Caistro y el Meandro, Galacia, el Éufrates y Mesopotamia, Éfeso era el paso obligado para ir a Roma. En tiempo posterior, cuando conducían a los cristianos desde Asia para echárselos a los leones en el circo romano, Ignacio de Antioquía llamó a Éfeso el Camino Real de los Mártires.

Su ubicación convertía a Éfeso en la ciudad más rica e importante de Asia, y se la ha llamado adecuadamente La Feria de las Vanidades del mundo antiguo.

(ii) Éfeso tenía ciertas distinciones políticas. Era una ciudad libre. En el Imperio Romano algunas ciudades eran libres; se les había conferido ese honor por servicios prestados al Imperio. Una ciudad libre tenía un gobierno independiente hasta cierto punto, y estaba exenta de albergar guarnición de tropas romanas. Era una ciudad judicial. Los gobernadores romanos pasaban revista periódicamente por las provincias; y en algunas ciudades y pueblos especialmente escogidos se establecían tribunales para juzgar los casos más importantes. Además, en Éfeso se celebraban los juegos atléticos más famosos de Asia, que atraían a personas de toda la provincia.

(iii) Éfeso era el centro del culto de Artemisa o, como se la llama en la Reina-Valera, Diana de los efesios. El Templo de Artemisa era una de las siete maravillas del mundo antiguo. Tenía 425 pies de largo por 220 de ancho; tenía 120 columnas, cada una de 60 pies de altura que había sido el regalo de un rey, 36 de las cuales estaban cubiertas e incrustadas de oro. Los templos antiguos consistían en columnatas cubiertas solo en la parte central. Esta parte estaba cubierta de madera de ciprés. La imagen de Artemisa era una de las más sagradas del mundo antiguo. No era ni mucho menos hermosa, sino tenía una figura rechoncha, negra y con muchos pechos; tan antigua que nadie conocía su origen. No tenemos más que leer Hechos 19 para darnos cuenta de lo mucho que apreciaban los efesios a Artemisa y su templo. Éfeso tenía también templos famosos dedicados a la divinidad de los emperadores romanos Claudio y Nerón, y posteriormente también a Adriano y Severo. La religión pagana tenía toda su fuerza en Éfeso.

(iv) Efeso era un centro famoso de superstición pagana. Era famosa por las cartas efesias, amuletos y encantamientos que se tenían por remedios infalibles contra la enfermedad, la esterilidad y la mala suerte en los negocios; y venía gente de todo el mundo para comprarlas.

(v) La población de Éfeso era muy mezclada. Sus ciudadanos estaban divididos en seis tribus. Formaban una los descendientes de los primeros habitantes del país; otra, los descendientes de los primeros colonizadores venidos de Atenas; tres, los otros griegos, y la otra, probablemente, los judíos. Además de ser un centro de culto, el Templo de Artemisa era también una guarida de crimen y de inmoralidad. El área del templo tenía derecho de asilo: cualquier criminal era inmune si podía llegar a ella. El templo tenía centenares de sacerdotisas, que eran en realidad una especie de prostitutas sagradas. Todo esto se combinaba para hacer de Éfeso un lugar notoriamente malo. A Heráclito, uno de los filósofos presocráticos más famosos, que era de Éfeso, se le conocía por el mote de « el filósofo llorón.» La explicación que daba de sus lágrimas era que no se podía vivir en Éfeso sin llorar su inmoralidad.

Tal era Éfeso; sería difícil imaginar un suelo menos prometedor para sembrar en él la semilla del Evangelio; y sin embargo fue allí donde la Iglesia Primitiva obtuvo algunos de sus mayores triunfos. R. C. Trench escribe en su comentario: « En ningún otro lugar encontró la Palabra de Dios un suelo tan receptivo, echó raíces tan profundas y dio frutos tan sazonados de fe y de amor.»

Pablo permaneció en Éfeso más tiempo que en ninguna otra ciudad (Hechos 20:31). Fue con Éfeso con la ciudad que estuvo más conectado Timoteo, hasta el punto de que se le considera su primer obispo (1 Tamoteo 1:3). Es en Éfeso donde nos encontramos con Aquila, Prisquilla y Apolos (Hechos 18:19,24,26). Seguramente en ningún otro lugar estuvo Pablo tan íntimamente relacionado como con los ancianos efesios, como revela hermosamente su discurso de despedida (Hechos 20:17-38). Posteriormente, Juan fue la figura señera en Éfeso. Cuenta la leyenda que llevó allí consigo a María, la Madre de Jesús, y que ella fue enterrada allí. Cuando escribió a Éfeso Ignacio de Antioquía, de camino a sufrir el martirio en Roma, dijo: «Vosotros habéis estado siempre unidos en una misma mente con los apóstoles en el poder de Jesucristo.»

Pocos lugares podrán mostrar mejor que Éfeso el poder conquistador de la fe cristiana.

Debemos fijarnos también en otra cosa. Ya hemos dicho que Éfeso era el puerto más importante de Asia. Hoy no se conservan de Éfeso más que unas ruinas que están a unos diez kilómetros del mar. La costa es ahora cuna línea ininterrumpida de playa arenosa a la que no se puede acercar ningún barco.» Lo que era una vez el Golfo de Éfeso y su puerto es ahora cuna zona pantanosa llena de cañas y de juncos.» Siempre fue costoso mantener abierto el puerto de Efeso a causa del sedimento que arrastra el río Caistro. Se perdió la batalla, y Éfeso se desvaneció de la escena.

Éfeso, Cristo y su iglesia

Juan empieza su carta a Éfeso con dos descripciones del Cristo Resucitado.

(i) Él sostiene las siete estrellas en Su mano derecha. Eso es decir que Cristo sostiene en Su mano las Iglesias. La palabra para sostener es kratein, que es una palabra fuerte. Quiere decir que Cristo tiene completo control sobre la Iglesia. Si la Iglesia se somete a ese control, nunca errará; y más que eso: nuestra seguridad está en el hecho de que estamos en la mano de Cristo.

«No perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano» (Juan 10:28).

Hay otro punto aquí que solo surge en griego. Kratein se construye normalmente con el genitivo (el caso que normalmente expresamos en español con la preposición de). Porque cuando sos- tenemos una cosa, rara vez la sostenemos en su totalidad; más bien es parte de ella. Cuando kratein va seguido del acusativo, quiere decir que se sostiene la totalidad del objeto. Aquí kratein va con el acusativo, y quiere decir que Cristo tiene en Su mano la totalidad de las siete estrellas, lo que quiere decir la totalidad de la Iglesia.

Haremos bien en recordar esto. No es solo nuestra iglesia la que está en la mano de Cristo; la totalidad de la Iglesia está en Su mano. Cuando se ponen barreras entre las Iglesias se hace algo que Cristo no hace jamás.

(ii) Él anda en medio de los siete candelabros de oro. Los candelabros son las Iglesias. Esta expresión nos habla de la incansable actividad de Cristo en medio de Sus Iglesias. No Se limita a una de ellas; dondequiera que se reúnen las personas para adorar en Su nombre, allí está Cristo.

Juan pasa a decirnos algo acerca de los miembros de la Iglesia de Éfeso.

(i) El Cristo Resucitado los alaba por su brega. La palabra original es kopos, que es una palabra favorita en el Nuevo Testamento. Tifena, Tifosa y Pérsida, todas bregaban en el Señor (Romanos 16:12). Lo único que Pablo pretende es haber bregado más que los otros apóstoles (1 Corintios 15:10). Teme que los gálatas se vuelvan atrás, haciendo que su brega fuera en vano (Gálatas 4:11). En cada caso -y hay muchos otrosla palabra original es kopos o el verbo correspondiente kopián. La peculiaridad de estas palabras es que describen la clase de labor que requiere toda la concentración y el esfuerzo que se le puedan aplicar. El Cristianismo no es para el que no quiera cansarse o sudar. El cristiano ha de bregar por Cristo; y, cuando la brega física no le sea posible, siempre podrá bregar en oración.

(ii) El Cristo Resucitado los alaba por su firme constancia. Aquí tenemos la palabra hypomoné, que ya nos hemos encontrado una y otra vez. No es la paciencia negativa que acepta las cosas resignadamente, sino la galanura corajuda que asume el sufrimiento y la dificultad y los transforma en gracia y gloria. Se dice a menudo que el sufrimiento le da color a la vida; pero cuando nos enfrentamos con la vida con la hypomoné que Cristo nos imparte, el color de la vida no es nunca gris ni negro; siempre tiene los matices de la gloria.

Éfeso, cuando la ortodoxia cuesta demasiado

El Cristo Resucitado pasa a alabar a los cristianos de Éfeso porque han puesto a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo, y han demostrado que son mentirosos.

Muchos malvados se introducían en las pequeñas congregaciones de la Iglesia original. Jesús había advertido contra los falsos profetas que son lobos disfrazados de ovejas (Mateo 7:15). En su discurso de despedida a los ancianos de esta misma iglesia de Éfeso, Pablo les había advertido que habría lobos rapaces que invadirían el rebaño (Hechos 20:29). Estos hombres malvados eran de muchas clases. Había emisarios de los judíos que trataban de enredar a los cristianos en la Ley y que seguían a Pablo por todas partes tratando de deshacer su obra. Había quienes trataban de convertir la libertad en libertinaje. Había profesionales de la mendicidad que abusaban de la caridad de las congregaciones cristianas. La iglesia de Éfeso estaba más expuesta a esos mangantes ambulantes que las demás iglesias. Estaban en la carretera de Roma y el Oriente, y lo que R. C. Trench llamaba « toda la chusma de los malhechores» se le podía echar encima.

Más de una vez se insiste en el Nuevo Testamento en la necesidad de poner a prueba. Juan, en su primera epístola insiste en que hay que poner a prueba los espíritus que pretenden venir de Dios comprobando si aceptan la Encarnación en toda su plenitud (1 Juan 4:1-3). Pablo insiste en que los cristianos tesalonicenses deben poner a prueba todas las cosas para quedarse solo con lo que es bueno (1 Tesalonicenses 5:21). También insiste en que, cuando predique un profeta, los demás profetas deben someter a prueba lo que diga (1 Corintios 14:29). Uno no puede proclamar sus propios puntos de vista privados en la asamblea del pueblo de Dios; debe mantenerse en la tradición de la Iglesia. Jesús demandaba la prueba más dura: « Será por sus frutos por lo que los reconozcáis» (Mateo 7:15-20).

La iglesia de Éfeso había aplicado sus pruebas fielmente y se había desbrozado de todos los malos y descarriados; pero el problema era que había perdido algo en el proceso. «Tengo esto contra ti: que has descuidado el mantener tu primer amor.» Eso se puede entender de dos maneras.

(a) Puede querer decir que había perdido su primer entusiasmo. Jeremías hablaba de la devoción de Israel a Dios en los primeros días. Dios le dice a la nación que se acuerda de « la devoción de tu juventud, de tu amor de novia» (Jeremías 2:2).

Había habido un tiempo de luna de miel, pero la primera llamarada de entusiasmo se había apagado. Puede ser que el Cristo Resucitado esté diciendo que ha desaparecido todo el antiguo entusiasmo de la religión de la iglesia de Éfeso.

Pero es mucho más probable que quiera decir que se había perdido el primer ardor de amor por la fraternidad. En sus primeros días, los miembros de la iglesia de Éfeso habían estado unidos por un verdadero amor; la disensión no había asomado nunca su fea cabeza; el corazón estaba dispuesto para inflamarse, y la cabeza para ayudar. Pero algo se había echado a perder.

Bien puede ser que la caza de herejes hubiera matado el amor, y la ortodoxia se había mantenido a costa de la fraternidad.

Cuando pasa eso, la ortodoxia ha costado demasiado. Toda la ortodoxia del mundo no puede compensar la pérdida del amor.

Éfeso, los pasos del camino de vuelta

Algo se había echado a perder en Éfeso. La brega dedicada continuaba; la constancia galana también, lo mismo que la ortodoxia impecable; pero el amor había desaparecido. Así es que el Cristo Resucitado hace Su llamamiento exhortando a que se den los tres pasos del camino de vuelta.

(i) Primero, dice: Recuerda. No está hablando con ninguno que no ha estado nunca en la iglesia, sino a los que están en ella, pero han perdido el camino de alguna manera. El recuerdo puede ser muchas veces el primer paso del camino de regreso. En el país lejano, el hijo pródigo se acordó de pronto del hogar (Lucas 15:17).

O›Henry, el maestro de los relatos breves, tiene uno acerca de un chico que se había criado en una aldea; y en la escuela de la aldea había estado sentado al lado de una aldeana dulce e inocente. El chico se las arregló para irse a vivir a la ciudad; cayó en malas compañías; se hizo carterista. Un día estaba en la calle; acababa de robar una cartera -lo había hecho con limpieza- y estaba satisfecho de sí mismo. De pronto vio a la chica que se sentaba a su lado en la escuela. Todavía era la misma -dulce e inocente. Ella no le vio; ya se cuidó él de que le viera. Pero de pronto recordó lo que había sido, y se dio cuenta de lo que había llegado a ser. Apoyó la frente ardiente en el hierro frío de un farol. « ¡Dios mío -se dijo-, me doy asco!» El recuerdo le estaba invitando a iniciar el camino de vuelta. También Gaspar Núñez de Arce, el amigo y consejero literario de don Federico Fliedner, escribió: Cuando recuerdo la piedad sincera con que en mi edad primera entraba en nuestras viejas catedrales, donde postrado ante la cruz de hinojos alzaba a Dios mis ojos, soñando en las venturas celestiales; hoy, que mi frente atónito golpeo y con febril deseo busco los restos de mi fe perdida, por hallarla otra vez, radiante y bella como en la edad aquella, ¡desgraciado de mí!, diera la vida.

Una poesía así puede que no suene más que a remordimiento y tragedia, pero de hecho puede ser el primer paso del camino de vuelta; porque el primer paso a la enmienda es darnos cuenta de que hemos perdido algo.

(ii) Segundo, dice: Arrepiéntete. Cuando descubrimos que algo se ha echado a perder, podemos tener más de una reacción. Podemos tener el sentimiento de que nada puede conservar su lustre original, así es que debemos aceptar lo que consideramos inevitable. Puede que nos embargue un sentimiento de resentimiento y que le echemos las culpas a la vida en lugar de enfrentarnos con nosotros mismos. Puede que decidamos que la vieja emoción ha de encontrarse yendo por senderos prohibidos, y tratemos de encontrarle el sabor a la vida en el pecado. Pero el Cristo Resucitado dice: « ¡Arrepentíos!» El arrepentimiento es reconocer que somos nosotros los que tenemos la culpa, y sentir dolor por ello. La reacción del pródigo es: « Me levantaré e iré a mi padre y le diré que he pecado» (Lucas 15:18). El clamor angustioso del corazón de Saúl cuando se da cuenta de su necedad es: «He obrado neciamente, he cometido un gran error» (1 Samuel 26:21). Lo más difícil del arrepentimiento es aceptar la responsabilidad personal por nuestro fracaso; porque, una vez que se acepta la responsabilidad, el dolor piadoso seguirá en breve.

(iii) Tercero, dice: Haz. El dolor del arrepentimiento está diseñado para conducir a una persona a dos cosas. La primera, tiene la misión de movernos a arrojarnos en la gracia de Dios diciendo solamente: «Dios, sé propicio a mí, tan pecador como soy.» Y segunda, tiene la misión de conducirnos a la acción para que produzcamos frutos dignos del arrepentimiento. Uno no se ha arrepentido de veras si sigue haciendo las mismas cosas. Fosdick decía que la gran verdad del Cristianismo es que «nadie tiene por qué quedarse lo mismo que estaba.» La prueba del arrepentimiento es una vida cambiada por nuestro esfuerzo en colaboración con la gracia de Dios.

Éfeso, una herejía destructiva

Nos encontramos aquí con una herejía que el Cristo Resucitado dice que Él odia, y que Él alaba a Efeso por odiar también. Puede parecer extraño esto de atribuir odio al Cristo Resucitado; pero debemos recordar dos cosas. La primera que, si amamos a alguien apasionadamente, odiaremos por necesidad cualquier cosa que amenace destruir a esa persona. La segunda, que es necesario odiar el pecado pero amar al pecador.

Los herejes que encontramos aquí son los nicolaítas. Sólo se los nombra, no se los define. Nos los encontramos otra vez en Pérgamo (versículo 15), donde se los relaciona muy estrechamente con los « que mantienen la enseñanza de Balaam,» que a su vez se relaciona con comer cosas sacrificadas a los ídolos y con la inmoralidad (versículo 14). Nos encontramos con exactamente el mismo problema en Tiatira, donde la malvada Jezabel se dice que hace que los cristianos practiquen la inmoralidad y coman cosas sacrificadas a los ídolos. Podemos fijarnos en primer lugar en que este peligro no procede de fuera de la iglesia, sino de su interior. Estos herejes pretendían que no estaban destruyendo el Cristianismo, sino presentándolo en una versión mejorada.

Podemos notar en segundo lugar que los nicolaítas y los que mantenían la enseñanza de Balaam eran de hecho los mismos. Hay aquí un juego de palabras. El nombre Nicolays, el fundador de los nicolaítas, se podría derivar de dos palabras griegas: nikán, conquistar, y laos, pueblo. Balaam podría derivarse de dos palabras hebreas: bela, conquistar, y ha- ‹am, el pueblo. Así es que los dos nombres son el mismo, y puede que describan a un maestro malvado que ha obtenido la victoria sobre el pueblo subyugándolo con una enseñanza herética que puede acabar por destruirlo.

En Números 25:1-5 tenemos una historia extraña en la que los israelitas son seducidos a entrar en relaciones ilegales y sacrílegas con mujeres moabitas y a dar culto a Baal-Peor; una seducción que, si no se hubiera anulado seriamente, podría haber destruido la religión y hasta la nación de Israel. Cuando pasamos a Números 31:16 encontramos que aquella seducción se atribuye indiscutiblemente a la mala influencia de Balaam, que pasó a ser identificado en la historia de Israel como el malvado que sedujo al pueblo a pecar.

Veamos ahora lo que tienen que decirnos los primeros historiadores de la Iglesia acerca de estos nicolaítas. La mayoría los identifican como los seguidores de Nicolás, prosélito de Antioquía, que fue uno de los Siete llamados diáconos (Hechos 6: 5).

Lo que se supone es que Nicolás se desvió y cayó en la herejía. Ireneo dice que los nicolaítas «llevaban una vida de permisividad ilimitada» (Contra los herejes, 1:26.3). Hipólito dice que Nicolás era uno de los Siete, y que « se apartó de la sana doctrina y adquirió la costumbre de inculcar el indiferentismo en materias de comida y de vida» (Refutación de los herejes, 7:24). Las constituciones apostólicas, 6:8, describen a los nicolaítas como «desvergonzados en su impureza.» Clemente de Alejandría dice que « se abandonaban al placer como cabras… llevando una vida de autoindulgencia.» Pero exculpa a Nicolás de toda responsabilidad diciendo que pervertían su dicho diciendo «que se puede abusar de la carne,» cuando lo que quería decir Nicolás era que hay que sojuzgar el cuerpo; los herejes pervertían este dicho para hacer que significara que la carne se puede usar tan desvergonzadamente como se quiera (Misceláneas, 2:20). No cabe duda que los nicolaítas daban rienda suelta al libertinaje.

Veamos si podemos identificar un poco más su punto de vista y su enseñanza. La carta a Pérgamo nos dice que inducían a las personas a comer carne sacrificada a los ídolos y a la práctica de la inmoralidad. Cuando volvemos al decreto del Concilio de Jerusalén encontramos que había dos condiciones que se debían cumplir para que los gentiles fueran admitidos a la Iglesia: que se abstuvieran de lo sacrificado a los ídolos y de la inmoralidad (Hechos 15; 28s). Estas eran las dos cosas que quebrantaban los nicolaítas.

Eran probablemente hombres que argumentaban de la siguiente manera.

(a) La Ley ha terminado; por tanto, ya no hay leyes, y podemos vivir como nos dé la gana. Confundían la libertad cristiana con la promiscuidad pagana. Eran la clase de personas a las que Pablo advertía que no usaran la libertad como una oportunidad para vivir conforme a la carne (Gálatas 5:13).

(b) Probablemente argüían que el cuerpo es malo de todas maneras, y que no tiene importancia lo que se haga con él.

(c) Probablemente argüían también que el cristiano estaba tan defendido por la gracia que podía hacer todo lo que fuera sin sufrir daño.

¿Qué separaba la perversión nicolaíta de la verdad del Evangelio? El problema era mantener la diferencia esencial entre el Cristianismo y la sociedad pagana circundante. Los paganos no objetaban a comer la carne ofrecida a los ídolos que se les ofrecía en innumerables ocasiones sociales. ¿Podía un cristiano participar de esas fiestas? Los paganos no tenían idea de la castidad, y las relaciones sexuales fuera del matrimonio se consideraban perfectamente normales. ¿Tenían que ser tan diferentes los cristianos? Los nicolaítas sugerían que se podía llegar a un acuerdo con el mundo. Sir William Ramsay describe su enseñanza de la siguiente manera: «Era un intento de llegar a un acuerdo con las costumbres normales de la sociedad grecorromana reteniendo lo más posible de esas costumbres en el sistema cristiano de vida.» Esta enseñanza afectaba mayormente a las clases altas, que eran las que podían perder más si cumplían las demandas cristianas. Para Juan, los nicolaítas eran peores que los paganos, porque eran los enemigos dentro de las puertas. Los nicolaítas no estaban dispuestos a ser diferentes; eran los más peligrosos de todos los herejes desde un punto de vista práctico; porque, si su enseñanza hubiera tenido éxito, el mundo habría cambiado el Cristianismo, en lugar de al revés.

Éfeso la gran recompensa

Por último, el Cristo Resucitado hace Su gran promesa a los que obtengan la victoria. En este cuadro hay dos concepciones muy hermosas.

(i) Está la concepción del árbol de la vida. Esto es parte de la historia del Huerto del Edén, en medio del cual estaban el árbol de la vida y el del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:9); y se le impidió a Adán comer del árbol de la vida después de su desobediencia para que no viviera para siempre (Génesis 3:22-24).

En el pensamiento judío posterior, el árbol de la vida llegó a representar lo que podía dar al hombre la vida verdadera. La sabiduría es árbol de vida para los que de ella echan mano (Proverbios 3:18); el fruto del justo es árbol de vida (Proverbios 11:30); el deseo cumplido es árbol de vida (Proverbios 13:12); la lengua apacible es árbol de vida (Proverbios 15:4).

A esta se añade otra figura. Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, y se les cerró el acceso para siempre al árbol de la vida. Pero los judíos creían que cuando viniera el Mesías y amaneciera la nueva era, el árbol de la vida estaría en medio de los hombres, y los que hubieran sido fieles comerían de él. El sabio decía: «Los que hagan las cosas que Te agradan recibirán el fruto del árbol de la inmortalidad» (Eclesiástico 19:19). Los rabinos describían el árbol de la vida en el Paraíso. Sus ramas daban sombra a todo el Paraíso; tenía quinientos mil perfumes fragantes, y su fruto otros tantos sabores diferentes. La idea era que lo que Adán había perdido lo restauraría el Mesías. Comer del árbol de la vida quiere decir participar de todas las alegrías que tendrán los justos que hayan obtenido la victoria cuando Cristo reine supremo.

(ii) Está la concepción del Paraíso, cuyo nombre es ya precioso. Puede que nosotros no le adscribamos un sentido especial; pero, cuando estudiamos Historia, nos encontramos con las ideas más aventureras que haya conocido jamás el mundo.

(a) En su origen, paraíso era una palabra persa. Jenofonte escribió mucho acerca de los persas, y fue él el que introdujo esa palabra en la lengua griega. En su origen quería decir un jardín agradable. Cuando Jenofonte está describiendo cómo vivía el rey de Persia dice que se preocupaba de que hubiera paraísos donde viviera, llenos de todas las cosas buenas y hermosas que puede producir el suelo (Jenofonte, Ecumenicus, 4:13). Paraíso es una hermosa palabra que describe un lugar de serena belleza.

(b) En, la Septuaginta paraíso se usa con dos sentidos. Primero, se usa regularmente para el Jardín del Edén (Génesis 2:8, y 3:1). Segundo, para cualquier jardín especial. Cuando Isaías habla de un jardín que no tiene agua, se usa la palabra paraíso (Isaías 1:30). Es la palabra que se usa cuando Jeremías dice: « Plantad huertos y comed del fruto de ellos» (Jeremías 29:5). Es la palabra que se usa cuando el Predicador dice: « Me hice huertos y jardines, y planté en ellos toda clase de árboles frutales» (Eclesiastés 2:5).

(iii) En el pensamiento cristiano primitivo, la palabra tenía un significado específico. En el pensamiento judío tradicional, después de la muerte el alma de todos iba indistintamente al Hades, una morada gris y sombría. El pensamiento cristiano primitivo concibió un estado intermedio entre la tierra y el Cielo al que iban todas las personas y en el que permanecían hasta el Juicio Final. Tertuliano concebía este lugar como una caverna extensa debajo de la tierra. Pero había una parte especial en la que estaban los profetas y los patriarcas que era el Paraíso. Filón lo describe como «un lugar al que no afectan ni la lluvia ni la nieve ni las olas, sino que refresca el suave céfiro del océano.» Según se lo figuraba Tertuliano, sólo una clase de personas iban directamente allí, y eran los mártires. « La única llave -decía- que le abre a uno las puertas del Paraíso es su propia sangre» (Tertuliano, Sobre el alma, 55).

Orígenes fue uno de los pensadores más aventureros que haya producido la Iglesia. Escribió lo siguiente: « Creo que todos los santos (santos quiere decir cristianos) que partan de esta vida permanecerán en algún lugar situado en la Tierra que la Sagrada Escritura llama Paraíso como lugar de instrucción y, por así decirlo, aula o escuela de las almas… El que sea puro de corazón y santo de mente y más aventajado en la percepción hará un progreso más rápido, ascendiendo pronto a un lugar en el aire, y llegando al Reino del Cielo a través de estas mansiones (etapas) que los griegos llaman esferas y que la Sagrada Escritura llama cielos… Así llegará al final a seguir al Que ha pasado a los Cielos, Jesús el Hijo de Dios, Que dijo: «Quiero que donde Yo esté, estén estos también.» Era de esta diversidad de lugares de los que hablaba cuando decía: «En la casa de Mi Padre hay muchas moradas»» (Orígenes, De principüs, 2:6).

Los grandes pensadores de la Iglesia primitiva no identificaban el Paraíso con el Cielo; el Paraíso era un lugar intermedio donde las almas de los justos se preparaban para entrar a la presencia de Dios. Esta es una idea muy preciosa. ¿Quién no ha pensado que el salto de la Tierra al Cielo es demasiado grande para que se dé de una sola vez, y que se necesita un acceso gradual a la presencia de Dios?

(iv) Por último, el Paraíso dejó de contener esta idea del estado intermedio, y llegó a ser equivalente al Cielo. Recordemos las palabras de Jesús al ladrón arrepentido: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lucas 23:43). Nos encontramos ante misterios sobre los que sería irreverente dogmatizar; pero, ¿hay mejor descripción del Paraíso que decir que es vivir para siempre en la presencia de nuestro Señor?

En las regiones inmaculadas, ricas mansiones que el Señor da, hay muchas cosas grandes y amadas y muy preciosas: ¡Cristo allí está! (Mateo Cosidó).

La carta a Esmirna

Escribe al ángel de la Iglesia de Esmirna: Estas cosas las dice el Primero y el último, el Que pasó por la muerte y volvió otra vez a la vida. Yo conozco la aflicción y la pobreza que sufres -a pesar de lo cual tú eres rico- y sé las calumnias que proceden de los que dicen que son judíos, pero que no son más que la sinagoga de Satanás. No tengas miedo de lo que vas a tener que pasar. ¡Fíjate! El diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para someteros a prueba, y tendréis un tiempo de aflicción que se prolongará durante diez días. Muéstrate leal hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida. El que tenga oídos, que preste atención a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias. El que obtenga la victoria no sufrirá daño de la segunda muerte.

Esmirna, la corona de asia

Si era inevitable que Éfeso ocupara el primer lugar en la lista de las Siete Iglesias, era igualmente natural que Esmirna, su gran rival, ocupara el segundo. De todas las ciudades de Asia, Esmirna era la más encantadora. Se la llamaba el adorno de Asia, la corona de Asia y la flor de Asia. Luciano dijo que era « la más bonita de las ciudades de Jonia.» Arístides, que cantó las alabanzas de Esmirna con tal esplendor, habló de «la gracia que la orla como un arco iris… la luminosidad que la rodea por todas partes y que alcanza hasta los cielos como el brillo de la armadura de bronce de Homero.» Añadía al encanto de Esmirna el que el viento del Oeste, el céfiro blando, siempre soplaba por sus calles. « El viento -decía Arístides- sopla por toda la ciudad refrescándola como si fuera un soto de árboles.» El continuo viento del Oeste tenía un solo inconveniente: el alcantarillado de la ciudad vertía en el golfo en cuya orilla estaba construida, y el viento tendía a hacerlo retroceder en lugar de impulsarlo mar adentro.

Esmirna estaba maravillosamente situada. Se encontraba al final de la carretera que cruzaba Frigia y Lidia y se dirigía al lejano Oriente, y controlaba el comercio del rico valle del Hermo. Era inevitable que fuera una ciudad comercial. La misma ciudad estaba al final de un largo brazo de mar que acababa en un pequeño puerto encerrado en la tierra y en el corazón de la ciudad. Era el más seguro de todos los puertos y el más conveniente; y tenía la ventaja adicional de que en tiempo de guerra se podía cerrar fácilmente mediante una cadena de lado a lado de la boca. Era apropiado el que en las monedas de Esmirna se representara un barco mercante dispuesto a hacerse a la mar.

La situación de la ciudad era igualmente hermosa. Empezaba en el puerto; atravesaba el estrecho pie de las colinas, y entonces surgía detrás de la ciudad el Pago, una colina cubierta de templos y nobles edificios que se describían como «La corona de Esmirna.» Un viajero moderno lo describe como «una ciudad regia coronada de torres.» Arístides comparaba a Esmirna con una gran estatua con los pies en el mar, el cuerpo en el llano y en las colinas y la cabeza, coronada de grandes edificios, en el Pago trasero. La llamaba «una flor de belleza tal que ni el sol ni la tierra le han mostrado jamás a la humanidad nada igual.»

Su historia no tenía poco que ver con la belleza de Esmirna, porque era una de las pocas ciudades del mundo planificadas a propósito. Se había fundado como una colonia griega allá por el año 1,000 a.C. Alrededor del año 600 a.C. le había sobrevenido una desgracia, porque los lidios la habían asaltado por el Este y destruido. Quedó prácticamente convertida en una serie de aldehuelas durante cuatrocientos años, hasta que la reedificó Lisímaco como un conjunto bien planificado. Se construyó con calles amplias y rectas. Estrabón habla de la belleza de sus calles, la excelencia de su pavimentación y los grandes bloques rectangulares de su construcción. La más famosa de sus calles era la Calle del Oro, que empezaba en el templo de Zeus y acababa en el templo de Cibeles. Daba la vuelta al pie de la colina del Pago; y, si los edificios que coronaban el Pago eran la corona de Esmirna, la calle del Oro era el collar que rodeaba el cuello de la colina.

Aquí tenemos un hecho interesante y significativo que muestra el cuidado y el conocimiento con que Juan establece sus cartas del Cristo Resucitado. Al Cristo Resucitado se Le llama «El Que murió y volvió a la vida.» Ese era un eco de la experiencia de la misma Esmirna.

Esmirna tenía otras credenciales de grandeza aparte de su ciudad. Era una ciudad libre, y sabía lo que era la lealtad. Mucho antes de que Roma llegara a ser la indiscutible señora del mundo, Esmirna le había dado su voto, y nunca le había fallado en su lealtad. Cicerón llamaba a Esmirna «una de nuestras más antiguas y fieles aliadas.» En las campañas contra Mitrídates en el Oriente lejano, las cosas le iban mal a Roma. Y cuando los soldados romanos estaban sufriendo hambre y frío, el pueblo de Esmirna se despojó de sus ropas para enviárselas.

Tal era la reverencia que sentía Esmirna por Roma que ya hacia 195 a.C. fue la primera ciudad del mundo que erigió un templo a la diosa Roma. Y en el año 26 d.C., cuando las ciudades de Asia Menor se disputaban el honor de edificar un templo a la divinidad de Tiberio, fue elegida Esmirna aun por encima del mismo Éfeso.

No solo era grande Esmirna en comercio, belleza y eminencia política y religiosa; también era una ciudad en la que florecía la cultura. Apolonio de Tiana había convencido a Esmirna de que solamente sus hombres podían hacer grande a una ciudad. Dijo: «Aunque Esmirna es la más hermosa de todas las ciudades que hay bajo el Sol, y que es la señora del mar, y que ejerce señorío sobre las fuentes del céfiro, aún es mayor encanto estar coronada de hombres que de pórticos y escenarios y oro más allá del nivel de toda la humanidad: porque los edificios se ven solo en su lugar, pero los hombres se conocen por doquiera, y se habla de ellos por doquiera, y hacen a su ciudad tan amplia como el ámbito de los países que pueden visitar.» Así es que Esmirna tenía un estadio en el que se celebraban juegos atléticos famosos todos los años; una biblioteca pública imponente; un odeón que era el hogar de la música, y un teatro que era uno de los más grandes de Asia Menor. En particular, Esmirna era una de las ciudades que pretendían ser la cuna de Homero; tenía un edificio en su memoria llamado el Homerión, y ponía la efigie de Homero en sus monedas. Esta era una atribución tan discutida como la de ser la cuna de Cervantes en España. Thomas Heywood, un poeta del siglo XVII, escribió un epigrama famoso en la literatura inglesa: Siete ciudades guerrearon por Homero ya muerto, quien, cuando vivo, no tuvo techo que cobijara su cabeza.

En tal ciudad esperaríamos encontrar una arquitectura magnífica, y así era en Esmirna, donde había una legión de templos -a Cibeles, Zeus, Apolo, Némesis, Afrodita, y Esculapio.

Esmirna tenía una dotación especial de las características comunes a todas las ciudades griegas. Mommsen dice que Asia Menor era «un paraíso de vanidad municipal,» y Esmirna era famosa entre todas las ciudades «por su rivalidad municipal y por su orgullo local.» Cada uno de sus habitantes quería exaltar a Esmirna y llegar a la cima de su árbol municipal. No carece de importancia el que en el encabezamiento de la carta del Cristo Resucitado se Le llame « El Primero y el Último.» En comparación con Su gloria, todas las distinciones terrenales son fútiles.

Aún nos queda por mencionar una característica de Esmirna que resalta en la carta y que tuvo serias consecuencias para sus cristianos. Los judíos eran especialmente numerosos e influyentes (versículo 9). Encontramos, por ejemplo, que contribuyeron 10,000 denarii para el embellecimiento de la ciudad. Está claro que en Esmirna fueron los judíos especialmente hostiles a la Iglesia Cristiana, sin duda porque fue de entre ellos y de entre los interesados en el judaísmo de donde procedían muchos de los convertidos al Cristianismo. Así es que podemos terminar nuestro estudio de Esmirna con la historia del más famoso martirio cristiano, que sucedió allí.

Policarpo, obispo de Esmirna, fue martirizado el sábado 23 de febrero del año 155 d.C. Fue en el tiempo de los juegos atléticos; la ciudad estaba abarrotada, y toda la gente estaba excitada. De pronto surgió el grito: «¡Mueran los ateos! ¡Busquemos a Policarpo!» Seguramente Policarpo habría podido huir; pero ya había tenido una visión en sueños en la que vio que la almohada bajo su cabeza estaba ardiendo, y se despertó para decirles a sus discípulos: «Es necesario que me quemen vivo.»

Un esclavo declaró bajo tortura dónde se encontraba Policarpo. Fueron a arrestarle. Él ordenó que les dieran una comida y puso a su disposición todo lo que quisieran tomar, pidiéndoles a cambio que le concedieran el privilegio de pasar una hora en oración. Ni siquiera el capitán de la policía quería ver morir a Policarpo. En el breve viaje a la ciudad trató de persuadir al anciano: « ¿Qué tiene de mal el decir «César es señor» y ofrecer sacrificio y salvar la vida?» Pero Policarpo era inamovible en su convicción de que para él el único Señor era Jesucristo.

Cuando entró en la arena del circo vino una voz del Cielo que decía: « Sé fuerte, Policarpo, y pórtate como un hombre.» El procónsul le dio a escoger entre maldecir el nombre de Cristo y ofrecer sacrificio al César, o morir. «Ochenta y seis años Le he servido -le contestó Policarpo-, y Él no me ha hecho nunca ningún mal. ¿Cómo voy a blasfemar de mi Rey Que me salvó?» El procónsul le amenazó con la hoguera, y Policarpo replicó: « Tú me amenazas con un fuego que arde sólo un momento y se sofoca en seguida, porque no conoces el fuego que les espera a los malvados en el juicio por venir y en el castigo eterno. ¿A qué esperas? ¡Venga, haz lo que quieras conmigo!»

El gentío llegó de las tiendas y de los baños con teas, y los judíos, aun quebrantando el descanso sabático al llevar tales cargas, fueron los primeros en allegar la leña. Iban a atarle al poste del patíbulo; pero él dijo: «Dejadme como estoy; porque el Que me da poder para soportar el fuego me concederá permanecer inmóvil en medio de las llamas sin la seguridad de vuestros clavos.» Así es que le dejaron atado pero sin apretarle en las llamas, y Policarpo hizo su gran oración: Señor Dios Todopoderoso, Padre de Tu amado y bendito Hijo Jesucristo, por medio de Quien hemos recibido pleno conocimiento de 77, Dios de los ángeles y poderes, y de toda la creación, y de toda la familia de los rectos que viven ante Ti, yo Te bendigo por concederme este día y hora el poder participar, entre el número de los mártires, del cáliz de Tu Cristo, por la Resurrección a vida eterna tanto de cuerpo como de alma en la inmortalidad del Espíritu Santo. Sea yo recibido hoy entre ellos delante de Ti como sacrificio rico y aceptable, como Tú, el Dios de verdad y sin engaño, has preparado de antemano y mostrado y cumplido. Por esta razón yo también Te alabo por todas las cosas, Te bendigo, Te glorifico, mediante el Sumo Sacerdote eterno y celestial Jesucristo, Tu amado Hijo, mediante Quien sea dada gloria a Ti con Él y el Espíritu Santo, tanto ahora como por todas las edades que están por venir. Amén.

Hasta aquí los hechos escuetos; a continuación se nos dice que las llamas hicieron una especie de tienda alrededor de Policarpo sin llegar a tocarle. Por último el verdugo le atravesó para ejecutar lo que las llamas no pudieron hacer. « Y cuando hizo esto salió una paloma, y mucha sangre, hasta tal punto que apagó el fuego, y toda la multitud se maravilló de la diferencia que hay entre los incrédulos y los elegidos.»

De lo que no cabe duda es de que Policarpo murió como un mártir, testigo, de la fe. No podía ser un fácil compromiso ser cristiano en Esmirna; y sin embargo la carta a Esmirna es una de las dos en las que el Cristo Resucitado alaba a la iglesia sin reservas.

Esmirna, bajo la prueba

La iglesia de Esmirna tenía dificultades y era inminente que se le presentara otra prueba. Hay tres cosas que dice la carta acerca de esta prueba.

(i) Es thlipsis, aflicción. Thlipsis quería decir originalmente estar oprimido bajo un peso. La presión de los acontecimientos recae sobre la iglesia de Esmirna.

(ii) Es ptójeía, pobreza. En el Nuevo Testamento la pobreza y el Cristianismo están íntimamente relacionados. «¡Afortunados vosotros los pobres,» dijo Jesús (Lucas 6:20). Pablo describía a los cristianos de Corinto como pobres, pero que enriquecían a muchos (2 Corintios 6:10). Santiago dice que Dios ha escogido a los pobres de este mundo para que sean ricos en la fe (Santiago 2:5).

En griego hay dos palabras para pobreza. Penía describe la condición de una persona que no es rica, pero que, como los griegos lo definían, satisfacía sus necesidades con el trabajo de sus manos. Como decía Jorge Manrique, la sociedad constaba de dos clases: «Los que viven por sus manos – y los ricos.» Ptójeía describía una destitución total. Se ha explicado de la siguiente manera: penía describe el estado de la persona que no tiene nada superfluo; ptójeía describe el estado del que no tiene absolutamente nada.

La pobreza del cristiano se debía a dos factores. A1 hecho de que la mayor parte de los cristianos pertenecían a la clase más baja de la sociedad. La sima entre la cumbre y el fondo de la escala social era muy pronunciada. Sabemos, por ejemplo, que los pobres se morían literalmente de hambre en Roma cuando los vientos contrarios retrasaban la llegada de los barcos que traían cereales de Alejandría y no quedaban reservas.

Había otra razón para la pobreza de los cristianos. A veces sufrían el despojo de sus bienes (Hebreos 10:34). Había veces que la chusma pagana atacaba inesperadamente a los cristianos y les destrozaba las casas. La vida no era nada fácil para los cristianos de Esmirna o de cualquier otro lugar del mundo antiguo.

(iii) Estaba el que los metieran en la cárcel. Juan predice un encarcelamiento de diez días. Esto no hay que tomarlo literalmente. Diez días podía querer decir un breve tiempo que pasaría pronto. Así es que esta profecía es al mismo tiempo advertencia y promesa. El encarcelamiento se va a producir; pero el tiempo de la prueba, aunque agudo, sería corto. Aquí hay que notar dos cosas.

La primera, que era precisamente así como se producían las persecuciones. Los cristianos estaban fuera de la ley, pero la persecución no era continua. Podía ser que se dejara a los cristianos en paz bastante tiempo; pero en cualquier momento podía ser que a un gobernador le diera la vena de aplicar la ley, o al gentío la de ponerse a gritar que se buscara a los cristianos -y entonces se producía la tempestad. El terror de ser cristiano estaba en la inseguridad. La segunda, la cárcel no nos parece a nosotros tan terrible. Puede que dijéramos: «¿La cárcel? Bueno, eso no es tan malo como la muerte.» Pero en el mundo antiguo la cárcel era algo así como el preludio de la muerte. Uno estaba preso hasta que se le sacaba a ajusticiar.

Esmirna, la causa del problema

Los instigadores de la persecución fueron los judíos. Una y otra vez vemos en Hechos que los judíos influían en las autoridades en contra de los predicadores cristianos. Así sucedió en Antioquía (Hechos 13:50); Iconio (Hechos 14:2,5); Listra (Hechos 14:19), y Tesalónica (Hechos 17:5).

La historia de lo que sucedió en Antioquía nos muestra cómo consiguieron los judíos a menudo influir en las autoridades para que tomaran medidas contra los cristianos (Hechos 13:50). En los alrededores de la sinagoga se reunían muchos «temerosos de Dios,» es decir, gentiles que no estaban dispuestos a llegar a la decisión de hacerse prosélitos y adoptar totalmente el judaísmo sometiéndose a la circuncisión, pero que se sentían atraídos por la pureza de la ética judía en comparación con la vida pagana. Especialmente las mujeres eran atraídas al judaísmo por estas razones. A menudo se trataba de mujeres de la aristocracia, esposas de magistrados y de gobernadores, y era a través de ellas cómo los judíos llegaban a las autoridades y las inducían a perseguir a los cristianos.

Juan llama a los judíos la sinagoga de Satanás, tomando una expresión favorita de los judíos y aplicándosela a los mismos. Cuando los israelitas se reunían, les encantaba llamarse « la asamblea del Señor» (Números 16:3; 20:4; 31:16). Sinagoga es el griego synagógué, que quiere decir literalmente asamblea o congregación. Es como si Juan dijera: « Os llamáis la asamblea de Dios cuando de hecho sois la asamblea del diablo.» Una vez Juan Wesley dijo de ciertos hombres que presentaban una figura indigna de Dios: « Vuestro Dios es para mí el diablo.» Es algo terrible cuando la religión se convierte en el medio para cosas malas. Ha sucedido. En los días de la Revolución Francesa, Madame Roland lanzó su famoso grito: « ¡Libertad, qué de crímenes se cometen en tu nombre!» Ha habido tiempos trágicos en que eso se podía decir de la religión. Se solían lanzar seis acusaciones contra los cristianos.

(i) Sobre la base de las palabras de la Comunión -«esto es Mi cuerpo, esto es Mi sangre»- se difundió el rumor de que los cristianos eran caníbales.

(ii) Como los cristianos llamaban a sus celebraciones agapé, la fiesta del amor, se decía que se trataba de orgías.

(iii) Como el Cristianismo producía a veces rotura en las familias cuando unos miembros se hacían cristianos y otros no, se acusaba a los cristianos de «involucrarse en cuestiones familiares.»

(iv) Los paganos acusaban a los cristianos de ateísmo porque no podían comprender un culto sin imágenes y porque negaban la existencia de los dioses paganos.

(v) A los cristianos se los acusaba de ser desafectos al régimen porque se negaban a decir: «El César es el Señor.»

(vi) A los cristianos se los acusaba de incendiarios porque anunciaban que el mundo acabaría en llamas. No les era difícil a los maliciosos diseminar peligrosas calumnias acerca de la Iglesia Cristiana.

Esmirna, derecho y demanda de Cristo

Ya hemos visto que la iglesia de Esmirna se estaba enfrentando con dificultades, y con amenazas aún peores por venir. En vista de eso la carta a Esmirna empieza con dos títulos impresionantes del Cristo Resucitado que revelan lo que Él le puede ofrecer a una persona que tiene que arrostrar una situación como la que se le presentaba a los cristianos de Esmirna.

(i) Cristo es el Primero y el último. En el Antiguo Testamento ese era un título que se aplicaba exclusivamente a Dios. « Yo soy el Primero y Yo soy el último» (1saías 44:6; 48:12). Este título tiene dos aspectos. Para el cristiano es una promesa estupenda. Venga lo que venga, desde el primer día de la vida hasta el último, el Cristo Resucitado está con nosotros. Así pues, ¿de quién o de qué hemos de tener miedo?

Pero para los paganos de Esmirna era una advertencia. Amaban su ciudad, a la que llamaban « la primera de Asia,» y todos y cada uno de ellos se esforzaban por ser mejores que sus vecinos. El Cristo Resucitado dijo: «Yo soy el Primero y el Último.» Aquí está la muerte del orgullo humano. Al lado de la gloria de Cristo todos los títulos humanos son hueros, y todas las pretensiones humanas ridículas. Cuando el emperador romano Juliano, el Apóstata, fracasó en su intento de acabar con el Cristianismo y restaurar los viejos dioses del paganismo, y cuando llegó a la muerte en el intento, dijo: «El desplazar a Cristo del lugar supremo no era para mí.»

(ii) Cristo es el Que fue muerto y está vivo otra vez. Los tiempos del verbo tienen una importancia capital. En griego para fue es guenómenos, que quiere decir el que llegó a ser. Describe lo que podríamos llamar una fase pasada. Cristo llegó a estar muerto; fue un episodio por el que pasó. En griego el verbo que traduce la versión Reina-Valera por vivió es el aoristo, que describe una acción que se completa en el pasado. La traducción correcta es volvió otra vez a la vida, como dicen muchas traducciones modernas, haciendo referencia al suceso de la Resurrección. El Cristo Resucitado es el Que experimentó la muerte y volvió otra vez a la vida en el acontecimiento triunfal de la Resurrección, y está vivo para siempre. También esto tiene dos aspectos.

(a) El Cristo Resucitado es el Que ha experimentado lo peor que la vida Le podía hacer. Murió en la agonía de la Cruz. Fuera lo que fuera lo que les sucediera a los cristianos de Esmirna, Jesucristo había pasado por ello. Él puede ayudar porque sabe lo que es la vida en su peor aspecto, y ha experimentado la amargura de la muerte, y de la muerte de Cruz.

(b) El Cristo Resucitado ha conquistado lo peor que la vida puede hacer. Ha triunfado del dolor y de la muerte; y nos ofrece y abre a través de Sí mismo el camino de la vida victoriosa.

En este pasaje hay también una demanda, la de la lealtad, ser leales hasta cuando sea la muerte el precio que se haya de pagar. La lealtad era una cualidad de la que sabía algo el pueblo de Esmirna, porque su ciudad se había jugado el todo por el todo con Roma cuando la grandeza de Roma no era más que una posibilidad lejana, y nunca había vacilado en su fidelidad, en la calma y en las tormentas. Si se colocaran todas las otras nobles cualidades de la vida en el otro platillo de la balanza, todavía las superaría la lealtad. R. L. Stevenson le pedía a Dios que «en todos los vaivenes de la fortuna, y hasta las puertas de la muerte,» fuéramos «leales y cariñosos unos con otros.»

Esmirna la recompensa prometida

Jesucristo no quedará en deuda con nadie, y el serle leal reporta su propia recompensa. En este pasaje se mencionan dos recompensas.

(i) Está la corona de la vida. Una y otra vez se menciona en el Nuevo Testamento la corona del cristiano. Aquí y en Santiago 1:12 se menciona la corona de la vida. Pablo habla de la corona de la integridad (2 Timoteo 4:8), y de la corona de que enorgullecerse (1 Tesalonicenses 2:19). Pedro menciona la corona de la gloria (1 Pedro 5:4). Pablo contrasta la corona inmortal del cristiano con la corona caduca de laurel que era el premio del vencedor en los juegos atléticos (1 Corintios 9:25), y Pedro menciona otra vez la corona imperecedera de la gloria (1 Pedro 5:4).

De en cada una de estas frases quiere decir que consiste en. Ganar la corona de la justicia o de la gloria o de la vida es ser coronado con la integridad o la gloria o la vida. Pero debemos entender la idea que hay detrás de esta palabra corona (stéfanos).

En griego hay dos palabras para corona: diádéma, que es la corona real, y stéfanos, que conlleva las ideas de gozo y de victoria. No es la corona real la que se le ofrece al cristiano, sino la corona del gozo y de la victoria. Stéfanos tiene muchas asociaciones, y todas ellas contribuyen algo a la riqueza de pensamiento que conlleva.

(a) Lo primero que se nos viene a la mente es la corona del vencedor en los juegos atléticos. Esmirna celebraba unos juegos que eran famosos en toda Asia. Como en los juegos olímpicos, la recompensa que recibía el atleta vencedor era una corona de laurel. El cristiano puede ganar la corona de la victoria en la contienda de la vida.

(b) Cuando uno había realizado su trabajo de magistrado fielmente, al final del tiempo que estaba en activo se le concedía una corona. El que sirva fielmente a Jesucristo y a sus semejantes a lo largo de toda su vida recibirá su corona.

(c) En el mundo pagano era costumbre ponerse coronas de flores en los banquetes. A1 final del día, si el cristiano ha sido leal, tendrá el gozo de sentarse como invitado en el banquete de Dios.

(d) Los adoradores paganos tenían la costumbre de ponerse coronas cuando iban a los templos de sus dioses. Al final del día, si el cristiano ha sido fiel, tendrá el gozo de entrar a la presencia más íntima con su Dios.

(e) Algunos investigadores han visto en esta corona una referencia al halo o nimbo que se suele poner en los cuadros alrededor de la cabeza de los seres divinos o de los santos. Si es así, quiere decir que el cristiano, si es fiel, será coronado con la vida que pertenece a Dios mismo. Como dijo Juan: « Seremos semejantes a Él, porque Le veremos como Él es en realidad» (I Juan 3:2). En esta vida puede ser que la lealtad del cristiano le traiga una corona de espinas; pero en la vida por venir le reportará la corona de la gloria.

(ii) Cipriano usa dos grandes frases para describir a los que son fieles hasta la muerte. Los describe como « ilustres en la heráldica de un nombre bueno,» y los llama « la cohorte vestida de blanco de los soldados de Cristo.» A los fieles se les hace todavía otra promesa: no sufrirán ningún daño de la muerte segunda. La segunda muerte es una frase misteriosa que no aparece nada más que aquí y en Apocalipsis 20:6, 14; 21:8. Los rabinos hablaban de « la segunda muerte que padecen los malvados en el siglo venidero.» La frase puede tener uno de dos orígenes.

(a) Los saduceos creían que después de la muerte no hay absolutamente nada; los epicúreos mantenían la misma doctrina. Esta creencia se encuentra hasta en el Antiguo Testamento, porque el libro pesimista del Eclesiastés fue la obra de un saduceo. «Mejor es perro vivo que león muerto; porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos no saben nada» (Eclesiastés 9:4s). Para los saduceos y los epicúreos la muerte era la extinción. Para el judío ortodoxo esto era demasiado simple, porque quería decir que al sabio y al necio les esperaba el mismo fin (Eclesiastés 2:15s; 9: 2). Ellos, por tanto, llegaron a creer que había, por así decirlo, dos muertes -la muerte física que ha de pasar toda persona, y después otra muerte que era el juicio de Dios.

(b) Esto está íntimamente relacionado con las ideas que hemos tocado cuando estudiamos la palabra paraíso (2:7). Vimos que muchos de los pensadores judíos y cristianos primitivos creían que había un estado intermedio en el que permanecían todas las personas hasta el Juicio Final. En ese caso, no cabe duda que habría dos muertes: la muerte física, que es inevitable, y la muerte espiritual, por la que pasarían los malvados después del Juicio Final.

Acerca de tales cosas no se nos ha concedido poder hablar con seguridad; pero, cuando Juan decía que los fieles no sufrirían daño de la segunda muerte se refería exactamente a lo mismo que Pablo cuando decía que nada en la vida ni en la muerte, en el tiempo o en la eternidad puede separar de Jesucristo a los que Le aman. Esa persona está a salvo de todo lo que la vida o la muerte le puedan hacer (Romanos 8:38s).

La carta a Pérgamo

Escribe al ángel de la Iglesia de Pérgamo: Estas cosas las dice el Que tiene la espada aguda de doble filo. Sé dónde tienes tu hogar. Sé que es donde está el trono de Satanás; y sin embargo mantienes Mi nombre y no me has retirado tu fidelidad, ni siquiera en los días de mi fiel mártir Antipas, al que mataron en medio de vosotros donde Satanás tiene su hogar. Pero tengo una pocas cosas contra ti. Tienes ahí algunas personas que siguen la doctrina de Balaam, el que enseñó a Balac a poner tropezaderos en el camino de los israelitas, a comer carne sacrificada a los ídolos y a cometer fornicación. Y también tienes los que de manera parecida siguen las enseñanzas de los nicolaítas. Así es que arrepiéntete; porque si no, vengo a ti rápido para hacerles frente con la espada de Mi boca. El que tenga oídos, que preste atención a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias. Yo le concederé al que obtenga la victoria que participe del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca en la que esté escrito un nombre nuevo que nadie conozca más que el que lo reciba.

Pérgamo, la sede de satanás

Pérgamo ocupaba un lugar único en Asia. No se encontraba en ninguna de las grandes carreteras como Éfeso y Esmirna; pero históricamente era la ciudad más importante de Asia. Estrabón la llamaba « ciudad ilustre» (epifanés), y Plinio «con mucho la ciudad más famosa de Asia» (longe clarissimum Asiae). La razón era que, en el tiempo en que estaba escribiendo Juan, Pérgamo hacía casi cuatrocientos años que era la capital. Allá por el año 282 a.C. se la hizo la capital del reino de los Seléucidas, una de las partes en que se desmembró el imperio de Alejandro Magno, y siguió siendo la capital hasta el año 133 a.C., año en que murió Atalo III dejándole sus dominios a Roma. De esos dominios Roma formó la provincia de Asia, y Pérgamo siguió siendo la capital.

Su posición geográfica aún hacía a Pérgamo más impresionante. Estaba construida en una alta colina cónica que dominaba el valle del río Caico, desde la cima de la cual se podía ver el Mediterráneo a veinticinco kilómetros. Sir William Ramsay la describe de la manera siguiente: «Más que todas las otras ciudades de Asia Menor, Pérgamo le da la impresión al viajero de ser una ciudad regia, la sede de la autoridad; la colina rocosa sobre la que está construida es tan imponente que domina la amplia llanura del Caico orgullosa y agresivamente.» La Historia y el honor se dieron cita alrededor de Pérgamo. Resumamos sus características sobresalientes.

(i) Pérgamo no podría llegar nunca a tener la importancia comercial de Éfeso o de Esmirna, pero como centro cultural las sobrepasaba a ambas. Era famosa por su biblioteca, que contenía no menos de 200,000 rollos de pergamino. Sólo la superaba la biblioteca realmente única de Alejandría.

Es interesante advertir que la palabra pergamino se deriva de Pérgamo. En el mundo antiguo se llamaba hé pergaméné jarta,la hoja pergamina, nombre que tiene una historia interesante. Durante muchos siglos, los antiguos rollos, los antepasados de los libros, se escribían en papiros, hojas hechas de la médula de unos juncos grandes que crecían en las orillas del Nilo. Se extraía la médula, se cortaba en tiras, se prensaba y suavizaba, y así se obtenía un producto parecido al papel de estraza, que era lo que se usaba universalmente para escribir. En el siglo IR a.C., un rey de Pérgamo llamado Eumenes estaba muy interesado en hacer la biblioteca realmente extraordinaria. Con este fin persuadió a Aristófanes de Bizancio, que era el bibliotecario de Alejandría, para que se viniera a la de Pérgamo. Tolomeo de Egipto, furioso, metió rápidamente en la cárcel a Aristófanes y sometió a embargo las exportaciones de papiros a Pérgamo. Ante esa situación, los eruditos de Pérgamo inventaron el pergamino o vitela, que se hace de piel de animales, especialmente de oveja y cabra, suavizada y pulimentada. De hecho el pergamino en muy superior al papiro para conservar la escritura y, aunque no inmediatamente, llegó por último a desplazar al papiro.

(ii) Pérgamo era uno de los grandes centros religiosos. Tenía en particular dos famosos altares. En la carta del Cristo Resucitado se dice que Pérgamo es el lugar donde tiene su sede Satanás. Está claro que esto se refiere .a algo que la Iglesia Cristiana consideraba particularmente malo. Algunos han supuesto que aquí se hace referencia al esplendor religioso de Pérgamo.

(a) Pérgamo se consideraba la custodia de la manera griega de vivir y del culto griego. Hacia 240 a.C. había obtenido una gran victoria contra los salvajes invasores gálatas o galos. En memoria de esa victoria se había construido un gran templo de Zeus delante del templo de Atenea que se remontaba doscientos metros sobre la colina cónica de Pérgamo. A quince metros de altura, se erguía sobre un saliente de la roca que parecía un trono inmenso en la montaña. Todo el día estaba subiendo el humo de los sacrificios que se ofrecían a Zeus. Alrededor de su base se había tallado en la roca una de las obras escultóricas más notables del mundo: el friso que mostraba la Batalla de los Gigantes, en la que los dioses de Grecia obtuvieron la victoria frente a los gigantes de la barbarie. Se ha sugerido que este gran altar era el trono de Satanás; pero es improbable que un autor cristiano lo llamara así, porque para entonces ya eran anacrónicos los viejos dioses griegos, y habría sido un derroche de pólvora el disparar la invectiva cristiana para atacarlos.

(b) Pérgamo estaba especialmente conectada con el culto de Asclepio -para los latinos Esculapio-, hasta tal punto que se le conocía como « el dios pergamino. » Cuando Galeno estaba mencionando invocaciones populares, dijo que la gente juraba corrientemente por Artemisa de Éfeso, o por Apolo de Delfos, o por Asclepio de Pérgamo. Asclepio era el dios de la sanidad, y sus templos eran la versión primitiva de los hospitales en el mundo antiguo. La gente acudía en manadas a Pérgamo en busca de alivio para sus males. R. H. Charles ha llamado a Pérgamo «La Lourdes del mundo antiguo.» La labor de la sanidad era en parte el trabajo de los sacerdotes; y en parte el de los médicos -Galeno, sólo superado por Hipócrates en la historia de la medicina antigua, había nacido en Pérgamo-; y en parte, del propio Asclepio. ¿Había algo en su culto que moviera a los cristianos a llamar el templo de Asclepio la sede de Satanás? Sí, había tres cosas.

Primera, el emblema de Asclepio era la serpiente, que se sigue usando en muchos emblemas médicos y farmacéuticos. Muchas de las monedas de Pérgamo tienen la serpiente de Asclepio como parte de su efigie. Bien podía ser que los judíos y los cristianos consideraran satánica una religión que tenía la serpiente como emblema de su culto. Pero esta explicación parece poco probable. Como ya se ha señalado, los cristianos considerarían el lugar al que iba la gente a curarse -y a menudo se curaba- con compasión más que con indignación. El culto de Asclepio no era una base suficiente para llamar a Pérgamo la sede de Satanás.

Así es que parece que debemos buscar en otro sitio la explicación de esta frase.

(iii) Pérgamo era el centro administrativo de Asia. Eso quería decir que era el centro del culto del césar para toda la provincia. Ya hemos descrito el culto del césar y el dilema perentorio en que colocaba a los cristianos (véanse páginas 24-30).

Estaba organizado en un centro y una administración provincial como los de un presbiterio o una diócesis. El punto clave aquí es que Pérgamo era el centro de ese culto para toda la provincia de Asia. Sin duda era por eso por lo que Pérgamo era la sede de Satanás: era el lugar en que se obligaba a las personas bajo pena de muerte a tomar el nombre de Kyrios, Señor, y aplicárselo al césar en vez de a Cristo; y eso era algo que un cristiano no haría jamás, porque no podía ser más satánico.

Y aquí tenemos la explicación del comienzo de la carta a Pérgamo. El Cristo Resucitado se dice que es el que tiene la espada aguda de doble filo. Los gobernadores romanos se dividían en dos clases: los que tenían el ius gladii, el derecho de la espada, y los que no. Los que tenían el derecho de la espada tenían poder de vida o muerte; su palabra era la sentencia que se ejecutaba en el lugar y en el momento. Hablando humanamente, el procónsul, que tenía el cuartel general en Pérgamo, tenía el ius gladü, y en cualquier momento podía usarlo contra los cristianos; pero esta carta demanda de los cristianos que no olviden que la última palabra la tiene siempre el Cristo Resucitado, Que es el Que tiene la verdadera espada aguda de doble filo. El poder de Roma podía ser satánicamente poderoso; el poder del Cristo Resucitado es incalculablemente mayor.

Pérgamo, un compromiso muy dificil

Ser cristiano en Pérgamo era arrostrar lo que llamaría Cromwell «un compromiso muy difícil.» Ya hemos visto la concentración de la religión pagana que tenía su centro en Pérgamo. Había centros de culto de Atenea y de Zeus, con su imponente altar que dominaba la ciudad; de Asclepio, que atraía enfermos de cerca y de lejos; y, sobre todo, centraba las demandas del culto al césar, que era como una espada de Damocles suspendida constantemente sobre las cabezas de los cristianos.

Así es que el Cristo Resucitado les dice a los cristianos de Pérgamo: «Yo sé dónde estás.» La palabra para estar es aquí katoikein; y quiere decir residir con carácter permanente en un lugar. Es una palabra muy poco frecuente aplicada a los cristianos en el mundo. La palabra que se usa más corrientemente es paroikein, que quiere decir ser forastero. Pedro les escribe su carta a los forasteros que se encuentran por todas las provincias de Asia Menor. Pero aquí se considera la cuestión desde otro punto de vista. Los cristianos de Pérgamo tienen su residencia permanente, por lo que se refiere a este mundo, en Pérgamo -donde es más fuerte el dominio de Satanás.

Aquí hay algo de suma importancia. El principio de la vida cristiana no es la retirada sino la conquista. Puede que nos parezca que sería más fácil ser cristiano en otro lugar y en otras circunstancias, pero el deber del cristiano es dar testimonio de Cristo donde la vida le ha colocado. Una vez supimos de una chica que se convirtió en una campaña de evangelización.

Trabajaba en un periódico secular, y su primera decisión después de su conversión fue buscarse otro trabajo en un pequeño periódico cristiano, donde se encontraba permanentemente entre cristianos practicantes. Era extraño que lo primero que hizo después de su conversión fuera salir huyendo. Cuanto más difícil sea ser cristiano en cualquier cúmulo de circunstancias, mayor será la obligación de permanecer en aquella situación. Si los cristianos de los primeros días hubieran salido huyendo cada vez que se les presentaba un compromiso difícil, no habría existido la posibilidad de un mundo para Cristo.

Los cristianos de Pérgamo demostraron que era perfectamente posible ser cristianos en aquellas circunstancias. Hasta cuando el martirio estaba a la vista, no se acobardaban. De Antipas no sabemos nada; Tertuliano nos transmite una leyenda tardía según la cual murió asado lentamente encerrado en un toro de bronce. Pero hay un detalle sumamente sugestivo en el original que es imposible reproducir en español. El Cristo Resucitado llama a Antipas « mi fiel martys. »

Lo hemos traducido por mártir; pero hay que tener presente que martys es la palabra griega normal para testigo. En la Iglesia primitiva, ser testigo y ser mártir eran la misma cosa, El testimonio conllevaba con frecuencia el martirio. Aquí hay una seria advertencia. Hay muchos que están dispuestos a dar testimonio en círculos cristianos, pero no cuando tendrían que enfrentarse con oposición o burlas o dificultades.

Debemos tomar nota de otra cosa. El Cristo Resucitado llama a Antipas Mi fiel martys, compartiendo así con él Su propio título de honor. En Apocalipsis 1: S y 3:14, Cristo mismo es llamado el fiel martys; A los que Le son fieles les da nada menos que Su propio nombre.

Pérgamo, la suerte del error

A pesar de la fidelidad de la iglesia de Pérgamo, había error. Había quienes seguían la doctrina de Balaam y de los nicolaítas. Ya hemos hablado de estas personas en relación con Éfeso, y nos las hemos encontrado otra vez cuando estudiábamos la carta a Tiatira. Trataban de persuadir a los cristianos de que no había nada malo en adaptarse prudentemente al mundo.

El que no esté dispuesto a ser diferente no tiene por qué iniciar el camino cristiano. La palabra más corriente para cristiano en el Nuevo Testamento es háguios, que quiere decir básicamente diferente o aparte. El Templo es háguios porque es diferente de los demás edificios; el sábado es háguios porque es diferente de los otros días; Dios es supremamente háguios porque es totalmente diferente de los hombres, y el cristiano, porque es diferente de las demás personas.

Debemos tener claro en qué consiste esa diferencia, porque aquí hay una paradoja. Pablo exhortaba a los cristianos corintios a ser diferentes del mundo. «Salid de en medio de ellos» (2 Corintios 6:17). Esta diferencia del mundo no implica separación física, ni odio. Pablo le escribe a la misma iglesia: « A todos me he hecho de todo para de esa manera salvar a algunos» (1 Corintios 9:22). Pablo aseguraba que podía llevarse bien con todo el mundo; pero -y ahí está el detalle- el llevarse bien con todos era para salvar a algunos. No era cuestión de rebajar el nivel del Cristianismo, sino de elevarlos a ellos. El fallo de los nicolaítas era que seguían una política de componenda solamente para ahorrarse dificultades.

El aviso del Cristo Resucitado es que va a hacerles la guerra. Debemos fijarnos en que no dijo: «Os haré la guerra,» sino: « Les haré la guerra.» No estaba airado con toda la iglesia, sino con los que trataban de seducirla; para con los descarriados no tenía sino piedad.

La amenaza del Cristo Resucitado es que peleará contra ellos con la espada de Su boca. El Cristo de la espada es una figura alucinante. Pensando en los conquistadores del pasado y comparándolos con Jesucristo, un poeta escribió: Y se desvanecieron de la escena como sombras fugaces en cristal, y conquistando recorrió los siglos Cristo, sin una espada, sobre un asno.

¿Cuál es la espada de Cristo? El autor de Hebreos dice que la Palabra de Dios es más afilada que ninguna espada de doble filo (Hebreos 4:12); y Pablo dice que « la espada del Espíritu es la Palabra de Dios» (Efesios 6:17). La espada de Cristo es la Palabra de Cristo.

En la Palabra de Cristo hay convicción de pecado; en ella somos confrontados con la verdad, y con nuestro fracaso en obedecerla. En la Palabra de Cristo está la invitación de Dios; convence al hombre de pecado, y entonces le invita a volver al amor de Dios. En la Palabra de Cristo hay promesa de Salvación; convence al hombre de pecado, le conduce a la Cruz, y le da la seguridad de que « no hay otro nombre debajo del Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12). La conquista de Cristo es Su poder para ganar a las personas al amor de Dios.

Pérgamo, el pan del cielo

En esta carta, el Cristo Resucitado promete dos cosas a la persona que obtenga la victoria: la primera es participar del maná escondido. Aquí tenemos una concepción judía que tiene dos aspectos.

(i) Cuando los israelitas no tenían comida en el desierto, Dios les dio a comer maná (Éxodo 16: Il -15). Cuando ya no fue necesario, su recuerdo no se desvaneció. Un cacharro lleno de maná se puso en el arca, y se dejó allí en la presencia de Dios en el Lugar Santísimo del Tabernáculo y luego del Templo (Éxodo 16:33s; Hebreos 9:4). A principios del siglo VI a.C., el templo que había construido Salomón fue destruido; y los rabinos transmitieron la leyenda de que, cuando sucedió aquello, Jeremías escondió el cacharro del maná en una grieta del Monte Sinaí, y que, cuando viniera el Mesías, Jeremías yolvería y restituiría el cacharro del maná. Para un judío, «comer del maná escondido» significaba gozar de las bendiciones de la era mesiánica; y para un cristiano, entrar en la bendición del nuevo mundo que surgiría cuando viniera el Reino de Dios.

(ii) Es posible que que haya un sentido más amplio y más general. Del maná se dice: «Este es el pan que el Señor os da para comer» (Éxodo 16:15). El maná se llamaba «trigo del Cielo» (Salmo 78:24); y se dice que era « el pan de los ángeles» (Salmo 78:25, LXX). Aquí el maná puede que quiera decir comida celestial. En ese caso, Juan estaría diciendo lo siguiente: « En este mundo no podéis participar con los paganos en sus fiestas, porque no os podéis sentar a comer una carne que ha sido parte de un sacrificio que se ha ofrecido a un ídolo. Puede que creáis que os toca renunciar a muchas cosas; pero el día vendrá en que participaréis del banquete del Cielo con comida celestial.» En ese caso, el Cristo Resucitado está diciendo que una persona se tiene que abstener de las seducciones de la Tierra si quiere gozar de las bendiciones del Cielo.

(iii) Esto tiene otra posible interpretación. Algunos han sugerido que el maná es el pan de Dios que toma el cristiano en la Comunión. Juan nos dice que cuando los judíos Le dijeron a Jesús que sus padres habían comido el maná en el desierto, que era el pan del Cielo, Jesús les dijo: « Yo soy el pan de la vida» (Juan 6:31-35). Si el maná escondido y el pan de la vida son la misma cosa, el maná escondido no es sólo el pan de la Comunión, sino representa al mismo Cristo, el pan de la vida; y esta es la promesa: que, al que sea fiel, Cristo Se le dará a Sí mismo.

Pérgamo, la piedrecita blanca y el nombre nuevo

La promesa final de Cristo a los fieles de Pérgamo es que les dará la piedrecita blanca que contenga su nombre nuevo. Este es un pasaje al que se han dado casi innumerables interpretaciones. En el mundo antiguo, una piedrecita blanca podía querer decir muchas cosas.

(i) Según una leyenda rabínica, durante la peregrinación por el desierto caían piedras preciosas del cielo juntamente con el maná. La piedra blanca podría representar sencillamente los preciosos dones de Dios a Su pueblo.

(ii) En el mundo antiguo se usaban piedras de colores para hacer las cuentas en las calculadoras de la época. Esto querría decir que los cristianos son contados en el número de los fieles.

(iii) En los tribunales antiguos se usaban piedrecitas negras y blancas para registrar el veredicto de los jurados; las blancas, para inocente, y las negras, para culpable. Esto querría decir que el cristiano es declarado inocente ante Dios gracias a la obra de Jesucristo.

(iv) En el mundo antiguo se usaban mucho unos objetos que se llamaban en latín tesserae. Una tessera era una tablilla de madera o de metal o de piedra en la que había algo escrito; y hablando en general, la posesión de una tessera le confería a uno alguna clase de privilegio. Tres de estas tesserae añaden algo a la figura.

(a) En Roma, las casas grandes tenían sus clientes, dependientes que recibían todas las mañanas de su patrón comida y dinero para pasar el día. A menudo se les daba una tessera que les servía para identificarse como personas que tenían derecho a los dones gratuitos. Esto querría decir que los cristianos tenían derecho a los dones espirituales gratuitos para sostener la vida que Cristo da.

(b) El obtener una victoria en los juegos atléticos era uno de los mayores honores que se podían alcanzar en el mundo antiguo. A los vencedores sobresalientes les daba el director de los juegos una tessera que en los días por venir les confería el derecho de entrar gratis a todos los espectáculos públicos. Esto querría decir que el cristiano, como atleta victorioso de Cristo, participa de la gloria de su Señor.

(c) En Roma, un gran gladiador era el héroe popular más admirado. A menudo un gladiador tenía que seguir luchando hasta que le mataban en un combate. Pero si había tenido una carrera ilustre, cuando se hacía mayor se le permitía retirarse honorablemente. A tales personajes se les daba una tessera con las letras SP. SP representaba la palabra latina spectatus, que quiere decir hombre cuyo valor está demostrado sin lugar a duda. Esto querría decir que el cristiano, como gladiador de Cristo, cuando ha demostrado su valor en las batallas de la vida se le permite entrar en el reposo que Cristo concede honorablemente.

(v) En el mundo antiguo se llamaba a un día especialmente dichoso un día blanco. Plutarco cuenta que cuando Pericles estaba sitiando Samos, sabía que el asedio había de ser largo; no quena que su ejército se cansara; así en que lo dividió en ocho partes; todos los días, las ocho compañías echaban suertes; una era una judía blanca, y la compañía que la sacaba estaba exenta de servicio ese día y podía pasárselo como quisiera. Así fue como un día de fiesta llegó a llamarse un día blanco (Plutarco, Vida de Pericles 64). Plinio le cuenta a un amigo en una de sus cartas que ese día había tenido la alegría de oír en los tribunales a dos jóvenes oradores magníficos en cuyas manos estaba a salvo la oratoria latina; y dice, esa experiencia hizo que aquel día se marcara como candidissimo calculo, con la más blanca de las piedras (Plinio, Cartas 6: Il ). Se decía que los tracios y los escitas guardaban en sus casas una urna en la que echaban una piedrecita blanca cada día feliz, y negra los infelices; al final de sus vidas se contaban las piedrecitas, y según hubiera más blancas o negras se decía que había llevado una vida dichosa o desgraciada. Esto podría querer decir que por medio de Jesucristo el cristiano puede tener el gozo que nadie le puede quitar (Juan 16:22).

(vi) Aquí hay otra interpretación que es la más probable. Una de las costumbres más corrientes del mundo antiguo era llevar amuletos o reliquias, que podían estar hechos de piedras o metales preciosos, pero que a menudo no eran más que piedrecitas en las que estaba escrito el nombre sagrado; el saber el nombre de ese dios era tener un cierto poder sobre él, poder llamarle en ayuda propia en momentos de dificultad y tener dominio sobre los demonios. Tales amuletos se creía que eran doblemente eficaces si nadie más que el propietario sabía el nombre que estaba escrito en él. Muy probablemente lo que Juan quiere decir es: « Tus amigos paganos llevan amuletos con inscripciones supersticiosas que creen que los pueden mantener a salvo. Vosotros no necesitáis nada de eso: vosotros estáis a salvo en la vida y en la muerte porque conocéis el Nombre que es sobre todo nombre, y conocéis al Dios verdadero.»

Pérgamo, el nombre nuevo que dios da

Es posible que debamos buscar el sentido del nombre nuevo y de la piedrecita blanca en una dirección totalmente diferente. Las palabras blanco y nuevo son características de Apocalipsis. R. H. Charles ha dicho que en Apocalipsis «blanco es el color y el ropaje del Cielo.» La palabra que se usa no describe una blancura sosa y corriente, sino una blancura que destella como la nieve al sol del invierno. Así es que se nos habla en el Apocalipsis de vestiduras blancas (3:5); de túnicas blancas (7:9); de lino blanco (19:8,14); y del gran trono blanco de Dios mismo (20:11). Así pues, el blanco es el color característico del Cielo.

En griego hay dos palabras para nuevo. Está néos, que quiere decir nuevo en cuanto al tiempo. Una cosa puede ser néos, y sin embargo ser igual que otras muchas. Por otra parte está kainós, que es nuevo no sólo en cuanto al tiempo sino también en cuanto a la cualidad; no se conocía nada igual antes. Así nos encontramos en Apocalipsis la nueva Jerusalén (3:12); el cántico nuevo (5:9); los nuevos cielos y la nueva Tierra (21:1); y Dios hace todas las cosas nuevas (21:5). Con esto en mente se sugieren dos nuevas líneas de pensamiento.

Se ha sugerido que la piedrecita blanca es la misma persona; que el Cristo Resucitado les está prometiendo a Sus fieles una nueva identidad, limpia de todas las manchas terrenales y reluciente con la pureza del Cielo. En cuanto al nombre nuevo, una de las características del Antiguo Testamento es que se les daba a las personas un nombre nuevo para marcar una nueva condición. Así Abram se convierte en Abraham cuando se le hace la gran promesa de que va a ser el padre de muchas naciones, y cuando adquiere, por así decirlo, una nueva posición en el plan de Dios para la humanidad (Génesis 17:5). De la misma manera, después de la lucha en Peniel, Jacob se convierte en Israel, que quiere decir Príncipe de Dios, porque había prevalecido frente a Dios (Génesis 32:28). Isaías oyó a Dios prometerle a la nación de Israel: «Entonces verán las naciones tu justicia y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo que la boca del Señor te pondrá» (Isaías 62:2).

Esta costumbre de poner un nombre nuevo para definir una nueva identidad también se conocía en el mundo pagano. El nombre del primero de los emperadores romanos fue Octavio; pero cuando pasó a ser emperador se le dio el nombre de Augusto para mostrar su nueva dignidad.

Había un curioso paralelo en la vida campesina de Palestina. Cuando una persona estaba muy enferma y en peligro de muerte, se le ponía el nombre de alguien que hubiera vivido una larga y santa vida, como si eso le comunicara una nueva personalidad sobre la que la enfermedad no tuviera poder.

Sobre esta base de interpretación, Cristo promete una nueva identidad a los que Le son fieles.

Esto es atractivo. Sugiere que la piedrecita blanca quiere decir que Jesucristo le da a la persona que Le es leal un nuevo ser, y que el nuevo nombre quiere decir una nueva posición de gloria en la que entrará el que haya sido fiel a Cristo cuando termine esta vida y empiece la por venir. Nos queda decir que, aunque esta interpretación es atractiva, el punto de vista que refiere la piedrecita blanca y el nuevo nombre al uso de los amuletos es el que es más probable que sea el correcto.

La carta a Tiatira

Escribe al ángel de la Iglesia de Tiatira: Estas cosas las dice el Hijo de Dios, el Que tiene ojos como fuego llameante y los pies como bronce pulido. Yo conozco tus obras; es decir, tu amor y tu lealtad y tu servicio y tu firme constancia; y sé que tus últimas obras son más que las primeras. Pero tengo contra ti que no haces ningún esfuerzo para poner en su debido lugar a esa mujer Jezabel, que se considera profetisa, y cuyas enseñanzas pervertidas hacen que Mis siervos comitan fornicación y coman carne ofrecida a los ídolos. Yo le he dado un tiempo para que se arrepienta, pero se niega a arrepentirse de su fornicación. He aquí que voy a hacer que tenga que guardar cama, y voy a entregar a sus amantes a gran tribulación, a menos que se arrepientan de las obras de ella; y a sus hijos entregaré a la muerte, y todas las iglesias se darán cuenta de que Yo soy el Que escudriña los deseos y los pensamientos más íntimos del ser de las personas; y os daré a cada uno su .merecido. En cuanto al resto de vosotros los de Hatira, a todos los que no siguen esa enseñanza ni han experimentado lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, Yo os digo esto: No os voy a imponer ninguna carga más; lo que sí os digo es que mantengáis lo que tenéis hasta que Yo venga. Al que obtenga la victoria y mantenga Mis obras hasta el fin Yo le concederé autoridad sobre las naciones para herirlas con cetro de hierro y desmenuzarlas como vasijas de alfarero, porque esta es la autoridad que Yo he recibido de Mi Padre; y le daré la estrella de la mañana. El que tenga oídos, que preste atención a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias.

Tiatira el peligro de la componenda

La más larga de las siete cartas va dirigida a la menos importante de las siete ciudades. Sin embargo, el problema que arrostraba Tiatira y el peligro que la amenazaba eran los que se involucraban universalmente en la posición de los cristianos de Asia.

Tiatira está ubicada en el largo valle que conecta los valles de los ríos Hermo y Caico por los que ahora pasa el ferrocarril; y era su posición geográfica lo que le daba su importancia.

(i) Tiatira está en la carretera que conecta Pérgamo con Sardis, y que seguía hasta Filadelfia y Laodicea, conectándolas con Esmirna y Bizancio. Era la carretera por la que se desplazaba el correo imperial; y estaba abarrotada con el comercio de Asia y de Oriente. Por tanto, lo primero y principal era que Tiatira era una gran ciudad comercial.

(ii) Estratégicamente, la importancia de Tiatira le venía de ser la puerta de acceso a Pérgamo, la capital de la provincia. Lo primero que oímos de Tiatira es que es una guarnición armada, a cargo de una compañía de tropas macedonias apostadas allí como avanzada para proteger a Pérgamo. La dificultad estaba en que Tiatira no podía encargarse de una defensa prolongada. Estaba en un valle abierto. No tenía alturas que se pudieran fortificar; y todo lo que Tiatira podía esperar hacer era detener al enemigo hasta que Pérgamo estuviera lista para enfrentarse con los invasores.

(iii) Tiatira no tenía ninguna importancia por motivos religiosos. Su héroe-dios local se llamaba Tyrimnus, al que se representa en las monedas a caballo y blandiendo un hacha de guerra y un garrote. Lo único notable acerca de Tiatira desde el punto de vista religioso era que tenía un altar de adivinación que presidía una pitonisa llamada Sambathé. La iglesia de Tiatira no corría peligro de sufrir persecución.

(iv) Entonces, ¿cuál era el problema de Tiatira? Sabemos menos acerca de Tiatira que acerca de ninguna otra de las siete ciudades, y por tanto tenemos serias dificultades para reconstruir la situación. Lo único que sabemos es que era un gran centro comercial, especialmente de la industria del tinte, y del comercio de artículos de lana. Era de Tiatira de donde procedía Lidia, la vendedora de púrpura (Hechos 16:14). Por las inscripciones que se han descubierto sabemos que tenía un montón de gremios comerciales. Estos eran asociaciones de ayuda mutua y de diversiones para los que se dedicaban a ciertos negocios. Había gremios de trabajadores de la lana, la piel, el lino y el bronce, fabricantes de ropa exterior, tintoreros, alfareros, panaderos y traficantes de esclavos.

Aquí nos parece que estaba el problema de la iglesia de Tiatira. El negarse a formar parte de uno de esos gremios sería comparable a mantenerse fuera de los sindicatos de nuestros días. Querría decir renunciar a todas las perspectivas de existencia comercial. ¿Por qué se había de negar un cristiano a formar parte de uno de esos gremios? En todos ellos se celebraban comidas de socios. Estas se celebrarían muchas veces en un templo; y aunque no fuera así, de todas maneras empezarían y terminarían con un sacrificio a los dioses, y la carne que se comiera se habría ofrecido antes a los ídolos. Además, sucedía a menudo que estas comidas gremiales se convertían en borracheras y orgías. ¿Le estaba permitido a un cristiano participar de tales reuniones?

Aquí estaba el problema de Tiatira. La amenaza venía de dentro de la iglesia. Había un movimiento fuerte, dirigido por una mujer a la que Juan llama Jezabel, que proponía llegar a un acuerdo con los principios del mundo en interés del comercio y el negocio, manteniendo, sin duda, que el Espíritu Santo podía guardarlos de todo mal. La respuesta del Cristo Resucitado fue inequívoca: el cristiano no debe tener que ver nada con esas cosas.

Tiatira, el estado de la iglesia

R. H. Charles indica que la más larga de las siete cartas va dirigida a la iglesia de la menos importante de las siete ciudades; pero su problema no era el menos importante.

De todas las siete cartas esta es la más enigmática. Nuestro problema es que tenemos muy poca información directa de Tiatira y que se nos presenta una serie. de cuatro cuestiones: ¿Cuál era la situación de la iglesia de Tiatira? ¿Quién era Jezabel? ¿Qué enseñaba? ¿Qué quieren decir las promesas que se le hacen a la iglesia de Tiatira?

(1) La carta empieza con una descripción del Cristo Resucitado que contiene una amenaza: Sus ojos son como fuego llameante y Sus pies como bronce bruñido. La descripción está tomada de la del mensajero angélico de Daniel 10:6: «Su rostro parecía un relámpago, sus ojos como antorchas de fuego, sus brazos y sus pies como el fulgurar del bronce bruñido.» Los ojos llameantes tienen que representar dos cosas: la ira ardiente contra el pecado, y la terrible penetración de esa mirada que despoja de los disfraces y penetra hasta lo más íntimo de la persona. Los pies de bronce tienen que representar el poder inconmovible del Cristo Resucitado. Un mensaje que empieza así no es precisamente un tranquilizante.

La carta continúa en términos de la más alta alabanza. El amor y la lealtad y el servicio y la constancia de la iglesia de Tiatira invitan a una felicitación. Debemos fijarnos en que estas grandes cualidades van en parejas. El servicio es la manifestación del amor, y la firme constancia el producto de la lealtad.

A continuación viene la condenación de la mujer Jezabel, con todos sus métodos y enseñanza: y apenas se puede evitar la conclusión de que ella tenía una influencia muy considerable en la iglesia de Tiatira.

La conclusión inevitable parece ser la siguiente. Exteriormente, la iglesia de Tiatira era fuerte y floreciente. Si un forastero llegaba, se quedaría impresionado con su abundante energía y su generosa liberalidad y su aparente firmeza. Pero, a pesar de todo eso, faltaba algo esencial.

Aquí está la advertencia. Una iglesia abarrotada de miembros y que es una colmena de energía no es de necesidad una iglesia real. Es posible que esté abarrotada porque sus miembros vienen a pasar el rato en lugar de a instruirse, y a estar tranquilos en lugar de a enfrentarse con el hecho del pecado y el ofrecimiento de salvación; puede que sea un club cristiano de mucho éxito en vez de una verdadera congregación.

Tiatira la fuente del error

(2) El origen del problema de Tiatira se centraba en torno a la mujer que se llama Jezabel en la carta. Se ha propuesto una gran variedad de respuestas a la pregunta de su identidad.

(i) Empezaremos con una respuesta que es muy interesante, aunque es dudoso que sea posible. La versión Reina-Valera la llama esa mujer Jezabel. Moffatt traduce lo que sería en español cesa Jezabel de mujer.» En griego es tén guynaika lezábel.

Unos pocos manuscritos tienen después de guynaika la palabra su, que quiere decir tu. El nombre guyné tiene los dos mismos sentidos que mujer en español, y entonces sería tu mujer Jezabel.

Más atrás ya vimos que el ángel de la iglesia podría ser el obispo de la iglesia. Entonces, si la carta va dirigida al obispo de la iglesia de Tiatira, y se hace referencia a tu mujer Jezabel, ¡eso quiere decir que la causa del problema es la mujer del obispo! Eso iluminaría de refilón el problema de una de las congregaciones cristianas primitivas, y no sería la última vez que las mujeres de los ministros de la iglesia causaron problemas en la congregación. Pero esta interpretación no es aceptable, porque la evidencia de la inserción de su en el texto no es suficientemente probable.

(ii) Una de las atracciones que podía ofrecer Tiatira era una pitonisa llamada la Sambathé, una mujer que echaba la buenaventura. Los griegos usaban los oráculos con mucha frecuencia. El oráculo de Delfos era famoso internacionalmente, y la expresión un oráculo de Delfos se había hecho proverbial, algo así como cuando decimos en español: « Eso es el Evangelio.»

Puede que esta pitonisa fuera judía, porque los judíos eran los que se dedicaban en el mundo antiguo al negocio de echar la buenaventura. Hay algunos que ven en esta Sambathé la mala influencia que amenazaba a la iglesia de Tiatira; pero hay que rechazar también esto, porque está bien claro que la tal Jezabel era miembro de la iglesia, y su influencia la ejercía desde dentro.

(iii) Algunos, sin ninguna base, han identificado a Jezabel con Lidia, la vendedora de púrpura de Tiatira, a la que Pablo conoció y convirtió en Filipos. Se sugiere que volvió a Tiatira y llegó a ser una mala influencia en la iglesia por su gran riqueza e intereses comerciales. Esa teoría no es más que una calumnia contra Lidia.

(iv) La única conclusión razonable es que no tenemos ni idea de quién era la tal Jezabel, aunque sí podemos trazar con certeza la clase de persona que era.

Que pretendiera ser profetisa no es muy sorprendente. Es verdad que Pablo no permitía a las mujeres hablar en la iglesia (1 Corintios 14:34); aunque es posible que ese versículo se refiera a hacer preguntas o comentarios durante el culto, ya que en la misma carta (11:5) establece que pueden orar o profetizar siempre que tengan cubierta la cabeza. Pero también es cierto que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo había profetisas. En el Antiguo Testamento están Míriam (Éxodo 15:20),

Débora (Jueces 4:4) y Hulda (2 Reyes 22:14); y en el Nuevo Testamento están Ana (Lucas 2:36), y las cuatro hijas vírgenes de Felipe (Hechos 21:9).

A esta mujer se la llama Jezabel, nombre poco probable que se le pusiera a una mujer, porque la Jezabel del Antiguo Testamento fue el compendio de la maldad. Era hija de Et-baal, rey de los sidonios (1 Reyes 16:31). Cuando llegó de Sidón se trajo sus propios dioses, y consiguió que Acab y el pueblo de Israel dieran culto a Baal. Jezabel mató a los profetas del Señor, y mantuvo a sus expensas a cuatrocientos cincuenta profetas de Baal (1 Reyes 18:13,19). Fue una pésima influencia en el reinado de Acab, y la responsable del asesinato de Nabot (1 Reyes 21). Pasó a la historia como responsable de fornicaciones y de muchas hechicerías (2 Reyes 9:22).

Todo esto nos hace pensar que la Jezabel de Tiatira fue una mala influencia en la vida y el culto de la iglesia cristiana. Puede suponerse que no trataba de destruir la iglesia, sino que lo que quería era incorporar formas que eran corrientes en la sociedad pagana, que se podían considerar exigencias de la vida social y comercial -pero que eran, de hecho, destructivas para la fe.

Tiatira, la enseñanza de Jezabel

(3) Esta Jezabel de mujer es acusada de enseñar dos cosas: comer carne ofrecida a los ídolos, y cometer fornicación.

(a) Uno de los grandes problemas de la Iglesia Cristiana, con el que se enfrentaban los cristianos a diario, era el de la carne ofrecida a los ídolos. Cuando una persona hacía un sacrificio en un templo griego, lo que se quemaba en el altar no era más que una pequeña parte de la víctima; a veces tan poco como unos pocos pelos que se cortaban de la frente del animal. Los sacerdotes recibían una parte de la carne del animal como sus gajes; y el adorador recibía el resto, con el que hacía una de dos cosas. Podía celebrar una fiesta con sus amigos en el recinto del templo; una invitación corriente entonces era: «Te invito a comer conmigo a la mesa de nuestro Señor Serapis.» O podía llevarse la carne a casa y celebrar la fiesta allí. Aquí estaba el problema para los cristianos. ¿Podía uno, en un templo pagano o en cualquier otro sitio, comer carne que se había ofrecido a un ídolo? Pablo discute este problema en 1 Corintios 8-10.

El problema se complicaba por el hecho de que hasta la carne que se vendía en las carnicerías podía ser que antes se le hubiera consagrado a un ídolo. Los sacerdotes del templo no podían consumir toda la carne que les correspondía, y por tanto vendían mucho de su parte a las carnicerías. Tal carne era de la mejor calidad, porque a los dioses no se les podía ofrecer una víctima con defecto. ¿Qué debía hacer un cristiano en ese caso?

La Iglesia no tenía la menor duda en cuanto a lo que los cristianos tenían que hacer. El abstenerse de cosas que se hubieran ofrecido a los ídolos fue una de las condiciones que se les impusieron a los gentiles para tener derecho a ingresar en la Iglesia Cristiana (Hechos 15:29).

La prohibición de comer carne sacrificada a los ídolos tenía una consecuencia de largo alcance. Contribuía a aislar a un cristiano de todas las ocasiones sociales con los no cristianos; había pocas ocasiones sociales, y casi ningún banquete, en los que pudiera participar con los paganos.

Esto tenía otra consecuencia que, como ya hemos dicho, creemos que estaba en el trasfondo de la situación de Tiatira. Quería decir que el cristiano no podía vincularse a ningún gremio profesional, porque todos los gremios tenían una comida en común como el centro de sus prácticas, que bien podía ser que se celebrara en un templo pagano y que consistiera mayormente de carne ofrecida a un ídolo. El mantenerse al margen de la membresía del gremio casi equivalía a un suicidio comercial.

Aquí era donde entraba Jezabel. Les decía a los cristianos que no tenían por qué aislarse de la sociedad o excluirse de los gremios. Cuando ella lo decía, no lo hacía movida por ningún principio, sino simplemente tratando de proteger sus intereses comerciales. Jezabel pertenecía al grupo de los que consideran que los derechos del éxito comercial deben tener más peso que los principios cristianos.

(b) La otra parte de la enseñanza de Jezabel no está tan clara. Se dice que enseñaba a las personas a cometer fornicación (versículo 20); se la exhorta a arrepentirse de su fornicación (versículo 21); y sus amantes y sus hijos son amenazados juntamente con ella (versículos 22s). ¿Hay que tomar esta referencia literalmente, o el sentido metafórico que es tan corriente en las Escrituras? Es decir, ¿como una referencia a la inmoralidad sexual, o a la infidelidad espiritual?

(i) No cabe duda que en la Escritura la infidelidad a Dios se expresa en términos de fornicación y adulterio. Israel es la esposa del Señor (Isaías 54:5; Jeremías 3:20); y en el Nuevo Testamento la Iglesia es la esposa de Cristo (2 Corintios 11:1 s; Efesios 5:24-28). Una y otra vez en el Antiguo Testamento se dice que los israelitas «se prostituyen siguiendo a dioses extraños » (Éxodo 34:15s; Deuteronomio 31:16; Oseas 9:1). En el Nuevo Testamento la edad que es infiel a Jesucristo es «una generación malvada y adúltera» (Mateo 12:39; 16:4; Marcos 8:38). ¿Es la fornicación que la enseñanza de Jezabel inculca una infidelidad espiritual a Jesucristo? Si ese es el sentido, sus amantes (versículo 22) serán los que coquetean con esta clase de enseñanza, y sus hijos de ella (versículo 23) los que la han aceptado.

Bien puede ser que la enseñanza de Jezabel fuera que los cristianos no tienen necesidad de ser exclusivos en su culto a Jesucristo y, sobre todo, que no tienen por qué negarse a decir: «César es Señor,» y quemar la pizquita de incienso. Si la Iglesia Cristiana en su conjunto hubiera aceptado esa forma de enseñanza, la consecuencia inevitable habría sido que el Cristianismo se habría convertido en una religión más de las que ya poblaban el Imperio Romano. La pretensión del Cristianismo no es que Jesucristo es uno de los salvadores, ni siquiera que es el principal de todos ellos, sino que es el único Salvador.

(ii) Hay una cosa en esta carta que milita contra ese punto de vista. Leemos que los seguidores de Jezabel pretendían conocer las profundidades de Satanás (versículo 24). Algunos investigadores creen que esto es la descripción despectiva que da el Cristo Resucitado de la falsa enseñanza. El cristiano verdadero sabe lo que Pablo llamaba « lo profundo de Dios» (1 Corintios 2:10); lo que saben Jezabel y su compañía son las profundidades de Satanás. Pero esa explicación no satisface, porque la carta habla inconfundiblemente de «lo que ellos llaman «las profundidades de Satanás.»» Esta es sin lugar a dudas una referencia a una clase de creencia que no era infrecuente entre los herejes. Algunos de ellos mantenían que era un deber experimentar toda clase de pecados. Lo que decían que se debían proponer era dejar que el cuerpo se regodeara en el pecado, y mantener el alma impoluta. Los que conocían las profundidades de Satanás eran los que habían sondeado las profundidades del mal. Jezabel puede que enseñara que era un deber pecar.

Nos parece que en este caso todos los hilos se atan y no hay necesidad de escoger entre puntos de vista. Lo más probable es que Jezabel enseñara que un cristiano debe acomodarse al mundo; en otras palabras, impulsaba a la iglesia a la infidelidad espiritual que conduciría irremisiblemente a la fornicación física. Por la misericordia de Dios la enseñanza de Jezabel y sus semejantes no llegó a ser el punto de vista de la Iglesia. Si hubiera llegado a serlo, la Iglesia se habría convertido en una clase agradable de paganismo. Sobre esto dijo Pablo: «No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestra mente» (Romanos 12:2). Y Jesús dijo la última palabra sobre este asunto: « Nadie puede servir a dos amos… No podéis servir a Dios y a mamoná» (Mateo 6:24). La vieja disyuntiva sigue siendo la alternativa actual: « Escogeos hoy a quién vais a servir» (Deuteronomio 30:19; Josué 24:1 S).

Tiatira, promesas y amenazas

(4) La carta a Tiatira se cierra con una serie de grandes amenazas y grandes promesas. A Jezabel se le han dado todas las oportunidades que podía conceder la misericordia divina. Si no se arrepiente, acabará en el lecho del dolor, y sus amantes y seguidores compartirán su suerte. Esto les demostrará a todos, como decía la antigua Reina-Valera, que el Cristo Resucitado «escudriña los riñones y los corazones.» La frase es una traducción de Jeremías 11:20, donde es a Diosa Quien corresponde la prerrogativa de escudriñar el corazón y los riñones, es decir, las emociones y las intenciones más íntimas; pero en Apocalipsis, como se hace tan a menudo, las prerrogativas exclusivas de Dios son también las prerrogativas del Cristo Resucitado.

Aunque nos parezca extraño, la psicología hebrea creía que la sede de las emociones estaba en las vísceras inferiores, los riñones y el vientre, y la del pensamiento en el corazón. Cuando el Cristo Resucitado dice que Él escudriñará los riñones y el corazón quiere decir que toda emoción y todo pensamiento están abiertos a Su mirada.

Hay aquí un punto importante. Cuando empezamos a estudiar la carta a Tiatira vimos que todos los que entraban a la iglesia por primera vez creerían que estaba desbordante de vida y fructífera de toda buena obra. Sin duda los que prosperaban en los negocios gracias a haber hecho un pacto con el mundo serían pródigos en su generosidad. Sin duda los que asistían a los gremios comerciales daban generosamente al fondo de beneficencia. Parecían cristianos de veras. Sin duda Jezabel les caía muy bien a muchos. Debe de haber tenido un gran dominio del lenguaje y una presencia agradable para que la consideraran profetisa. El detalle está en que el Cristo Resucitado puede ver más allá del disfraz exterior; Él sabrá si el arrepentimiento es auténtico o no.

A los que son fieles se les hace una promesa doble.

(i) La primera parte procede del Salmo 2: 8s: « Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como ` vasija de alfarero los desmenuzarás.» Los judíos creían que este era un salmo mesiánico, referente a un Mesías conquistador que destruiría a los gentiles y extendería el dominio de Israel hasta lo último de la tierra. Pero también ha sido una de las mayores inspiraciones misioneras de la Iglesia Cristiana. Muchos misioneros han reclamado para sí esa promesa: « Pídeme, y te daré por heredad las naciones.»

(ii) La segunda parte es la promesa de la estrella de la mañana. A esto se le han dado cuatro explicaciones principales.

(a) Se ha tomado como una promesa de la primera resurrección. Como la estrella matutina sale después de la noche, así el cristiano se levantará después de la noche de la muerte.

(b) Se ha tomado como la conquista de Lucifer. Lucifer es el diablo, el ángel que era tan orgulloso que se rebeló contra Dios y fue arrojado desde las almenas del Cielo (Jsaías 14:12). Lucifer quiere decir el que trae la luz, y es el nombre de la estrella de la mañana. En ese caso, esta es la promesa del dominio definitivo sobre Satanás y el pecado.

(iii) Se ha considerado en relación con Daniel 12:3. Allí la promesa es: «Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas, a perpetua eternidad.» En ese caso, la estrella de la mañana es la gloria que recibirán los íntegros, y los que hayan ayudado a otros a tomar el camino de la integridad.

(iv) Todas estas aplicaciones son muy hermosas, y puede que estén todas incluidas en esta promesa; pero estamos convencidos de que la verdadera interpretación es la siguiente. El mismo Apocalipsis llama a Jesús «la estrella resplandeciente de la mañana» (Apocalipsis 22:16). La promesa de la estrella matutina es la promesa de Cristo mismo. Si el cristiano es auténtico, cuando llegue al final de esta vida tendrá a Cristo para no perderle ya nunca más.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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