Apocalipsis 2: La carta a Éfeso

Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso: Estas cosas las dice el Que sostiene las siete estrellas en Su mano derecha y anda en medio de los siete candelabros de oro. Yo conozco tus obras; es decir, tu brega y tu firme constancia; y sé que no puedes soportar a los malos, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo, y has demostrado que son mentirosos. Sé que tienes firme constancia. Sé todo lo que has soportado por amor de Mi nombre, y sé que tus esfuerzos no te han agotado. A pesar de todo tengo esto contra ti: que has descuidado el mantener tu primer amor. Así es que recuerda de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz que tu conducta sea como al principio. Si no, vengo a ti para quitar tu candelero de su lugar, si no te arrepientes. Pero sí tienes a tu favor una cosa: que aborreces las obras de los nicolaítas, que Yo también aborrezco. El que tenga oídos, que preste atención a lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias. Al que obtenga la victoria Yo le concederé que coma del árbol de la vida que hay en el Paraíso de Dios.

Éfeso, primera y suprema

Si sabemos algo de la historia de Éfeso y de sus condiciones en aquel tiempo nos será fácil comprender por qué ocupa el primer lugar en la lista de las Siete Iglesias. Pérgamo era la capital de la provincia de Asia, pero Éfeso era con mucho la ciudad más importante. Blasonaba orgullosamente de su título: « La primera y la más grande metrópoli de Asia.» Un autor latino la llamó Lumen Asiae, La Luz de Asia. Veamos cuáles fueron los factores que le confirieron su grandeza preeminente.

(i) En los tiempos de Juan, Éfeso era el puerto más importante de Asia. Todas las carreteras del valle del Caistro, que era el río a cuya orilla estaba edificada, convergían en ella. Pero las carreteras venían de mucho más lejos. Era en Éfeso donde llegaban al Mediterráneo las carreteras del lejano Éufrates y de Mesopotamia, pasando por Colosas y Laodicea. Era en Éfeso donde la carretera de Galacia llegaba al mar pasando por Sardis. Y del Sur subía la carretera del rico valle del Meandro. Estrabón, el gran geógrafo de la antigüedad, llamaba a Éfeso «El Mercado de Asia,» y es posible que Juan estuviera describiendo las riquezas del mercado de Éfeso en Apocalipsis 18:12s.

Éfeso era el pórtico de Asia. Una de sus distinciones, establecida por decreto, era que cuando el procónsul romano venía a hacerse cargo del gobierno de Asia, debía desembarcar en Éfeso e introducirse en la provincia desde allí. Para todos los viajeros y el comercio, desde los valles del Caistro y el Meandro, Galacia, el Éufrates y Mesopotamia, Éfeso era el paso obligado para ir a Roma. En tiempo posterior, cuando conducían a los cristianos desde Asia para echárselos a los leones en el circo romano, Ignacio de Antioquía llamó a Éfeso el Camino Real de los Mártires.

Su ubicación convertía a Éfeso en la ciudad más rica e importante de Asia, y se la ha llamado adecuadamente La Feria de las Vanidades del mundo antiguo.

(ii) Éfeso tenía ciertas distinciones políticas. Era una ciudad libre. En el Imperio Romano algunas ciudades eran libres; se les había conferido ese honor por servicios prestados al Imperio. Una ciudad libre tenía un gobierno independiente hasta cierto punto, y estaba exenta de albergar guarnición de tropas romanas. Era una ciudad judicial. Los gobernadores romanos pasaban revista periódicamente por las provincias; y en algunas ciudades y pueblos especialmente escogidos se establecían tribunales para juzgar los casos más importantes. Además, en Éfeso se celebraban los juegos atléticos más famosos de Asia, que atraían a personas de toda la provincia.

(iii) Éfeso era el centro del culto de Artemisa o, como se la llama en la Reina-Valera, Diana de los efesios. El Templo de Artemisa era una de las siete maravillas del mundo antiguo. Tenía 425 pies de largo por 220 de ancho; tenía 120 columnas, cada una de 60 pies de altura que había sido el regalo de un rey, 36 de las cuales estaban cubiertas e incrustadas de oro. Los templos antiguos consistían en columnatas cubiertas solo en la parte central. Esta parte estaba cubierta de madera de ciprés. La imagen de Artemisa era una de las más sagradas del mundo antiguo. No era ni mucho menos hermosa, sino tenía una figura rechoncha, negra y con muchos pechos; tan antigua que nadie conocía su origen. No tenemos más que leer Hechos 19 para darnos cuenta de lo mucho que apreciaban los efesios a Artemisa y su templo. Éfeso tenía también templos famosos dedicados a la divinidad de los emperadores romanos Claudio y Nerón, y posteriormente también a Adriano y Severo. La religión pagana tenía toda su fuerza en Éfeso.

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Publicación autorizada por el Administrador del Portal. Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco. Creador de la tirilla Filito publicada durante quince años en el diario Nuevo Día y diarios de países de habla hispana en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Autor de doce libros entre los que se destacan Filito at Large, Filito el Libro, Diccionario Real de la Lengua, Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV y Bendiciones Cristianas Vols I-II.

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