Apocalipsis 1: La revelación de Dios a los hombres

Esta es la revelación que reveló Jesucristo, la revelación que Dios Le dio para que la mostrara a Sus siervos, la revelación que se refiere a las cosas que deben suceder próximamente. Esta revelación la envió y explicó Jesucristo por medio de Su ángel a Su siervo Juan, que dio testimonio de todo lo que vio de acuerdo con la palabra enviada por Dios y atestada por el testimonio que dio Jesucristo.

¡Bendito sea el que lea, y los que escuchen las palabras de esta profecía, y los que guarden las cosas que están escritas en ella! Porque el tiempo está cerca.

Este libro se llama en algunas versiones Revelación y en otras Apocalipsis. Empieza con las palabras «La revelación de Jesucristo,» lo que quiere decir, no la revelación acerca de Jesucristo, sino la revelación hecha por Jesucristo. La palabra griega para revelación es apokálypsis, que tiene una larga historia.

(i) Apokálypsis se compone de dos partes. Apo quiere decir lejos de, y kálypsis es un velo. Apokálypsis quiere decir, por tanto, desvelar, revelar. No era en un principio una palabra religiosa; quería decir sencillamente el descubrimiento de cualquier hecho. Plutarco la usa de una manera interesante en Cómo distinguir a un adulador de un amigo, 32. Cuenta que una vez Pitágoras regañó mucho en público a un discípulo suyo muy fiel, y este fue y se ahorcó. «Desde aquel momento Pitágoras no volvió a regañar nunca a nadie cuando había alguien más presente. Porque el error se ha de tratar como una enfermedad repulsiva, y toda amonestación y revelación (apokálypsis) debe hacerse en secreto.» Pero apokálypsis llegó a ser una palabra especialmente cristiana.

(ii) Se usa para la revelación de la voluntad de Dios en relación con lo que tenemos que hacer en un momento dado. Pablo dice que subió a Jerusalén por apokálypsis. Es decir, que fue porque Dios le hizo saber que eso era lo que Él quería que hiciera (Gálatas 2:2).

(iii) Se usa de la revelación de la verdad de Dios a los hombres. Pablo no había recibido su Evangelio de los hombres, sino por apokálypsis de Jesucristo (Gálatas 1:12). En la asamblea cristiana, el mensaje del predicador es una apokálypsis (1 Corintios 14:6).

(iv) Se usa de la revelación que hace Dios a los hombres de Sus propios misterios, especialmente en la Encarnación de Jesucristo (Romanos 16:25; Efesios 3:3).

(v) Se usa específicamente de la revelación del poder y de la santidad de Dios que ha de venir en los últimos tiempos. Ese será un desvelamiento de juicio (Romanos 2:5); pero para los cristianos lo será de alabanza y de gloria (1 Pedro 1:7); de gracia (1 Pedro 1:13); de gozo (1 Pedro 4:13).

Antes de recordar usos más técnicos de apokálypsis debemos notar dos cosas.

(i) Esta revelación está conectada especialmente con la obra del Espíritu Santo (Efesios 1:17).

(ii) No podemos por menos de ver que aquí tenemos un cuadro de la totalidad de la vida cristiana. No hay parte de ella que no sea iluminada por la revelación de Dios. Dios nos revela lo que hemos de decir y hacer; en Jesucristo, Él Se nos revela a Sí mismo, porque el que ha visto a Jesucristo ha visto al Padre (Juan 14:9); y la vida discurre hacia la gran revelación final en la que habrá juicio para los que no se hayan sometido a Dios, pero gracia y gloria y gozo para los que estén en Jesucristo. La revelación no es una idea técnica teológica; es lo que Dios está ofreciéndoles a todos los que Le quieran escuchar.

Veamos ahora el sentido técnico de apokálypsis, que está especialmente conectado con este libro. Los judíos hacía mucho que habían dejado de esperar que serían vindicados como el pueblo escogido por medios humanos. En este tiempo ya no esperaban nada menos que una directa intervención de Dios. En ese sentido dividían la historia del tiempo en dos edades -esta edad presente, totalmente entregada al mal; y la edad por venir, la edad de oro de Dios. Entre las dos habría de haber un tiempo de prueba terrible. Entre el Antiguo y el Nuevo Testamentos, los judíos escribieron muchos libros que eran visiones del tiempo terrible del fin, y de la bendición que vendría después. Estos libros se llamaban Apokálypses; y eso es lo que es el Apocalipsis. Aunque no hay otro como él en el Nuevo Testamento, pertenece a una clase de literatura que fue muy abundante entre los Testamentos. Todos esos libros son peregrinos e ininteligibles, porque tratan de describir lo indescriptible.

El mismo tema del Apocalipsis nos da la razón de su dificultad.

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