Josué 6: Toma de Jericó

Josué 6: Toma de Jericó

Jos 6:1 Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía.

La ciudad de Jericó, construida miles de años antes de que naciera Josué, era una de las ciudades más antiguas del mundo. En algunas partes tenía muros fortificados que medían hasta 7.50 m de alto y 6 m de ancho. Los soldados que montaban guardia encima de los muros podían observar muchos kilómetros a la redonda. Jericó era un símbolo de poder y fuerza militar, y los cananeos la consideraban invencible.

Israel atacaría esta ciudad primero, y su destrucción haría que cundiera el pánico en Canaán. Los cananeos vieron al Dios de Israel como un dios de la naturaleza porque dividió el Jordán y como un dios de la guerra porque derrotó a Sehón y a Og. Pero los cananeos no lo consideraban un «dios de fortaleza» que podía conquistar una ciudad amurallada. La derrota de Jericó demostró que el Dios de Israel no sólo era superior a los dioses de los cananeos, sino que también era invencible.

Jos 6:2 Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.

Jericó : Una de las más antiguas ciudades del mundo. Las murallas de esta ciudad fortificada abarcaban alrededor de cuatro hectáreas de terreno; por lo que mucha gente vivía en los alrededores. Los habitantes de Jericó se refugiaron tras las murallas, temiendo luchar con Israel .

Jos 6:3 Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.

Jos 6:4 Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.

Jos 6:5 Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.

¿Por qué le dio el Señor a Josué todas estas instrucciones complicadas para la batalla? Hay varias respuestas posibles:

(1) Dios quería asegurar que fuera claro e innegable que la batalla dependería de El, y no de las armas o destrezas de Israel. Por eso los sacerdotes que llevaban el arca iban delante de los israelitas a la batalla, y no los soldados.

(2) El método de Dios de tomar la ciudad aumentó el terror que ya se sentía en Jericó

(3) Esta extraña maniobra militar fue una prueba de la fe de los israelitas y su disposición a seguir a Dios plenamente. El sonar de las trompetas tenía un significado especial. Ellos habían recibido instrucciones de usar en la batalla las mismas trompetas que usaban en sus festividades religiosas. Esto era para recordarles que su victoria vendría del Señor, no de su poderío militar.

Jos 6:6 Llamando, pues, Josué hijo de Nun a los sacerdotes, les dijo: Llevad el arca del pacto, y siete sacerdotes lleven bocinas de cuerno de carnero delante del arca de Jehová.

Jos 6:7 Y dijo al pueblo: Pasad, y rodead la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová.

Jos 6:8 Y así que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía.

Se narra la toma de Jericó. El texto de la versión de los LXX difiere mucho del texto hebreo; los exegetas, o bien se esfuerzan por combinar ambos textos, o se pronuncian por uno o por otro. Aun en el supuesto de adoptar el texto más corto de los LXX, no se eliminan todas las incoherencias de la narración. La solución más obvia consiste en distinguir entre el texto que se cree primitivo y las adiciones posteriores. Con ello la narración fluye de manera lógica y desaparecen o se atenúan las dificultades. Es imposible, por ejemplo, armonizar. Schulz, seguido en parte por Gelin, considera como texto primitivo. El P. Fernández admite dos recensiones, una larga y otra breve, de las cuales considera como auténtica la última. Según Ubach, dos escribas testigos de los hechos escribieron cada uno independientemente sus impresiones, haciendo uno hincapié en unas circunstancias y otro en otras. El relato es una combinación de una doble táctica: una marcha en silencio alrededor de la ciudad durante siete días hasta el estentóreo grito de guerra, y una procesión con el arca, al son de las trompetas sagradas, símbolo de la cooperación divina en la empresa 13. Defiende Abel que el redactor final ha querido unificar dos situaciones sucesivas. Baldi opta por la fusión de dos relatos o tradiciones paralelas dispuestas psicológicamente de manera distinta. En una tradición se dio más importancia al valor del ejército judío; en otra, de origen sacerdotal, se puso de relieve la cooperación religiosa. El redactor último trató de conservar estos dos aspectos de la misma tradición fundiéndolos en un solo relato. Expliqúese como se quiera, lo cierto es que el texto se presenta con todas las características de una composición literaria heterogénea.

Jos 6:9 Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca, mientras las bocinas sonaban continuamente.

Jos 6:10 Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis.

El silenciamiento de la incredulidad

Muchos pasajes en la Palabra de Dios nos instruyen a «esperar en Dios», a estar quietos y callados en su presencia Moisés,; Josafat; David. En este versículo, Josué manda a los hijos de Israel que mantengan silencio mientras caminan alrededor de la ciudad de Jericó. No cabe duda de que Josué guardaba el recuerdo de que los 40 años de castigo en el desierto se debieron a la murmuración incrédula del pueblo. En esa ocasión, los espías regresaron con un reporte motivado por lo que la gente ve cuando no está inspirada por el Espíritu Santo. Su destino quedó sellado cuando pusieron en duda la capacidad de su pueblo para tomar la tierra prometida.

Con estas lecciones históricas en mente, la directriz de Josué sobre mantenerse en silencio constituye una advertencia para nosotros. Cuando confrontes grandes retos, no permitas que tus labios pronuncien palabras incrédulas. No te atrevas a pronunciar palabras desmoralizadoras. ¡Las palabras pueden atar y desatar, de ahí la orden de guardar silencio! Tras escuchar el grito triunfal, se verá la salvación del Señor.

No podemos decidir lo que vemos o escuchamos, pero la renuncia a manifestar duda o temor inclinará nuestros corazones hacia lo que Dios puede hacer.

Jos 6:11 Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento, y allí pasaron la noche.

Jos 6:12 Y Josué se levantó de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová.

Jos 6:13 Y los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas; y los hombres armados iban delante de ellos, y la retaguardia iba tras el arca de Jehová, mientras las bocinas tocaban continuamente.

Jos 6:14 Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volvieron al campamento; y de esta manera hicieron durante seis días.

Por miedo a los hijos de Israel, la ciudad de Jericó tenía las puertas cerradas; pero Yahvé prometió ponerla en manos de Josué. Era Jericó una plaza fuerte cana-nea edificada sobre un altozano elíptico de 307 por 161 metros, dominando la llanura de su nombre. La descripción del ataque de la ciudad por los israelitas es bien conocida. Pero, como hemos apuntado más arriba, cabe distinguir entre el relato primitivo y las adiciones posteriores de carácter religioso referentes a los sacerdotes, arca de la alianza y trompetas sagradas. Los soldados de Josué combatieron contra Jericó y la tomaron. En ciertos ambientes pareció que el relato primitivo era demasiado pagano, por darse excesiva importancia a las causas puramente humanas que contribuyeron a la conquista de la ciudad, por lo cual se le añadieron elementos procedentes de ambientes sacerdotales. El relato primitivo, según Noth, era más o menos el siguiente: . Yahvé dijo a Josué: “Mira, he puesto en tus manos a Jericó. Todos los hombres de guerra rodearán la ciudad, dando una vuelta en derredor suyo. Así haréis por seis días. Al séptimo día daréis siete vueltas en derredor de la ciudad. Cuando toque el cuerno., todo el pueblo se pondrá a gritar fuertemente, y las murallas de la ciudad se derrumbarán. Entonces subirá el pueblo, cada uno enfrente de sí.” Dijo Josué al pueblo: “Marchad y dad la vuelta a la ciudad.” y se hizo conforme a la orden dada por Josué al pueblo. Josué dio al pueblo la siguiente orden: “No gritéis ni hagáis oír vuestra voz, ni salga de vuestra boca una palabra hasta el día en que yo os diga: “Gritad. Entonces gritaréis.” Al día siguiente se levantó Josué bien de mañanax y se hizo el giro de la ciudad, regresando al campamento. Esto mismo hicieron por seis días. Al día séptimo se levantaron al alba, dieron siete vueltas en torno a la ciudad. A la séptima. dijo Josué al pueblo: “Gritad, porque Yahvé os entrega la ciudad.” Entonces todo el pueblo se puso a gritar clamorosamente, y las murallas de la ciudad se derrumbaron y cada uno subió a la ciudad frente de sí.

Jos 6:15 Al séptimo día se levantaron al despuntar el alba, y dieron vuelta a la ciudad de la misma manera siete veces;

La estrategia no convencional sugerida por Dios incluía caminar en silencio y esperar. Esta peculiar marcha, repetida día tras día, sin aparentes resultados, constituía una prueba de obediencia y confianza de parte del pueblo. También evidenciaba el poder de los símbolos utilizados en el culto de Jehová, como se demuestra con el desfile del arca y el continuo toque de trompetas, solamente este día dieron vuelta alrededor de ella siete veces.

El número siete simbolizaba la perfección y la obra poderosa de Dios. Se le menciona por primera vez en la historia de la creación.

Jos 6:16 Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad.

Jos 6:17 Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos.

Jos 6:18 Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis.

Jos 6:19 Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová.

Los primeros frutos de la cosecha debían ser apartados para Dios. Así también el botín de Jericó, el primer fruto de la conquista (guardaos del anatema).

Jos 6:20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.

Jos 6:21 Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.

Destruyeron : La civilización cananea estaba tan corrompida que coexistir con ella habría representado una seria amenaza para la supervivencia y el bienestar espiritual del pueblo hebreo. Aquí Israel es el instrumento de Dios para enjuiciar a aquellos que han rehusado honrar al Señor.

¿Por qué exigió Dios que los israelitas destruyeran a casi todos y todas las cosas en Jericó? Dios estaba aplicando un severo castigo a los cananeos por su maldad. Este juicio, o proscripción, regularmente requería que todo se destruyera. A causa de sus costumbres perversas y su gran idolatría, los cananeos constituían una fortaleza de rebelión contra Dios. Era necesario arrancar aquella amenaza a la vida recta que Dios requería. Si no, afectaría a todo Israel como un cáncer (como lo fue en la triste historia del libro de Jueces). Sólo se salvaron unas cuantas personas y algunos artículos en Jericó, pero esto fue un caso especial. Rahab y su casa se salvaron porque tuvo fe en Dios y ayudó a los espías israelitas. Se conservaron la plata, el oro y los artículos de bronce y hierro, no para enriquecer a la gente, sino para embellecer el tabernáculo y los servicios del mismo.

El propósito de Dios en todo esto fue mantener sin contaminación la fe y religión del pueblo. No quería que el botín recordara a Israel las costumbres de los cananeos.

Dios desea la pureza en todos nosotros de igual manera. Quiere que arreglemos nuestra conducta cuando comenzamos una nueva vida con El. No debemos permitir que el deseo de ganancias personales nos distraiga de nuestro propósito espiritual. También debemos rechazar cualquier objeto que nos recuerde una vida de rebelión contra Dios.

Jos 6:22 Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis.

Jos 6:23 Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel.

Jos 6:24 Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro.

¿Cuál fue la causa que provocó el desmoronamiento de las murallas de Jericó? ¿Se produjo este fenómeno, o el texto sugiere o permite otra interpretación? No es de creer que el griterío (teruah) de la multitud y el sonido de las trompetas fueran tan ensordecedores que derribaran las murallas. Algunos suponen que ayudó Dios a los sitiadores provocando a su debido tiempo un terremoto que derribó las murallas. Hizo Dios lo que no pudieron lograr los israelitas con su griterío y sus trompetas. Es muy posible que el autor sagrado, llevado totalmente de la idea de poner de relieve la intervención de Dios en la expugnación de la tierra de Canaán, no haya dicho todo lo que aconteció junto a los muros de la ciudad clave para entrar en Palestina. Es sintomático a este respecto lo que dice Josué en su discurso de despedida de que las gentes de Jericó combatieron contra vosotros, lo que debe interpretarse en el sentido de que fueron necesarios varios combates para conquistar la ciudad, y de que, de no intervenir Dios abiertamente en favor de los israelitas, nunca hubieran éstos penetrado en ella.

El ensañamiento de los israelitas al exterminar todo ser viviente de la ciudad se rige por las leyes del herem o del anatema, comunes a los pueblos del antiguo Próximo Oriente. Con el anatema (herem) de destrucción, Jericó debía ser arrasada completamente. Dios manda que las ciudades idolátricas sean destruidas con todos sus habitantes, animales domésticos y bienes. La misma suerte debían seguir los pueblos enemigos de Israel. Únicamente se exceptúan de este anatema en nuestro texto el oro y la plata y todos los objetos de bronce y de hierro, que se destinaban al tesoro de Yahvé, siendo estos objetos conceptuados como anatema de oblación. Habla el texto del tesoro de la casa de Yahvé porque el autor del relato tiene en su mente la idea del templo.

Jos 6:25 Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.

Según lo prometido, Dios no sólo protegió a Rahab y a su familia cuando se derrumbaron las murallas, sino también durante el saqueo (2.12-21). Rahab fue la tatarabuela del rey David.

Jos 6:26 En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.

Jos 6:27 Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.

La maldición invocaba la ira de Dios contra alguien. Esta maldición se cumplió 500 años más tarde con la muerte de Abiram, hijo de Hiel de Bet-el.

Esta maldición se cumplió cuando un hombre llamado Hiel reedificó a Jericó y por lo tanto murieron su primogénito y su hijo menor.

Los espías cumplieron la promesa hecha a Rahab, salvando a ella y a toda la familia. En un principio la mujer ocupó un lugar “fuera del campamento de Israel”, pero más tarde “habitó en medio de Israel hasta hoy,” figurando en la genealogía de Jesucristo. Josué maldice al que intente reedificar de nuevo la ciudad de Jericó. La imprecación de Josué cumplióse con Hiél, en el siglo IX. Parece que el texto alude a la costumbre cananea de sacrificar un niño en la fundación de una ciudad, costumbre que imitaron algunos israelitas. Dios condenaba este infanticidio.

Las Excavaciones de Jericó.

Grandes esperanzas pusieron exegetas e historiadores en las excavaciones de Tell el-Sultán para conocer las modalidades de la toma de Jericó por parte de los israelitas, aportando con ello luz al texto oscuro, enigmático y complejo de la Biblia. Las primeras fueron llevadas a cabo por los alemanes E. Sellin, E. Langenegger y G. Watzinger, durante los años 1907-1913, cuyos resultados fueron publicados en 1913. Algunas de las conclusiones de los citados excavadores fueron censuradas, por lo que se pensó en reanudar las excavaciones con mejor base científica. La tarea fue confiada a J. Garstang, bajo los auspicios de Palestíne Exploration Fund, siendo excavado el Tell desde 1930-1936. El mérito principal de Garstang consiste en haber trazado la evolución histórica de la ciudad. La primera ciudad (precananea), fundada hacia el año 3000 antes de Cristo, se hallaba en la parte septentrional de Tell. La primera ciudad cananea fue edificada sobre las ruinas de la anterior hacia los años 2100 ocupando la parte mas alta del Tell en una extensión aproximada de dos hectáreas. Sus murallas eran de ladrillo con bloques ¿e piedra en los fundamentos. La segunda ciudad cananea surgió entre 1900 y 1600, y puede considerarse como ampliación de la limera; ocupa una extensión de dos a cinco hectáreas. Una sólida muralla protegida con una rampa o glacis envolvía la ciudad. Es ésta la ciudad más próspera de todas por coincidir con la época de los hicsos, a juzgar por un escarabajo egipcio de la XIII dinastía encontrado en el lugar. Por circunstancias desconocidas, la ciudad fue destruida y abatidas sus murallas hacia el año 1580. Otra vez fue reedificada, protegiéndola con un muro hacia el año 1500. Las nuevas edificaciones desaparecieron por efectos de un cataclismo, sobre cuya fecha discuten los arqueólogos. Garstang lo fija entre los años 1400 y 1385; W. F. Albright, entre 1360 y 1320. El gran arqueólogo H. Vincent, basándose en algunos restos, vajilla y cerámica ilustrada, señala la fecha de la destrucción de esta ciudad en la segunda mitad del siglo xm, y más concretamente en 1250. Esta última hipótesis tiene en su favor el registro de las ciudades conquistadas por Ramsés II, encontrado en los muros de un templo de Amarah, en la orilla izquierda del Nilo. Entre los nombres de las ciudades asiáticas conquistadas por el monarca figura la de Jericó16. Estas divergencias profundas entre arqueólogos tocante a la fecha de la destrucción de Jericó movieron a la British School of Archaeology y a la American Schools of Oriental Research a emprender nuevas excavaciones, que dirigió la señorita K. Kenyon. Su finalidad principal era zanjar definitivamente las discusiones en torno a la fecha de la destrucción de Jericó (ciudad D). Las excavaciones empezaron en 1952. ¡Cuál no fue la sorpresa al comprobar que la. ciudad de Jericó de Josué se volatilizaba bajo los golpes de los picos de los obreros especializados! ¡Ningún resto de la ciudad bíblica se encontró en Tell el-Sultán! El doble muro (muro D) atribuido por Garstang al Bronce reciente, y, por lo mismo, identificado con el que fue destruido en tiempos de Josué, no es más que una parte del complejo sistema defensivo, reconstruido y retocado varias veces durante el tercer milenio (Bronce antiguo y medio). Ningún rastro de cerámica en toda el área excavada del Bronce reciente, o sea, de los tiempos de Josué. Los excavadores de Tell el-Sultán han perdido toda esperanza de encontrar la Jericó de Josué a causa de haber desaparecido las edificaciones de la superficie o por la erosión o por obra de los hombres. A tenor de los resultados de las exploraciones arqueológicas, hacia el año 1200, fecha de la conquista de Canaán, no existía Jericó, o al menos no quedan vestigios arqueológicos de la misma.

La Arqueología y el texto Sagrado.

La comprobación de que la ciudad del Bronce reciente (ciudad D) fue destruida por un cataclismo o por el fuego produjo en el ánimo de J. Garstang la más grande satisfacción. Para concordar los resultados arqueológicos con el texto bíblico, colocó Garstang la fecha del éxodo en tiempos de Amenofis II (1447-1442), y la conquista de Jericó hacia el año 1400. Pero, como vimos en la introducción, la sentencia más corriente hoy día fija la penetración de Josué en Palestina hacia el año 1200. Por lo mismo, las cenizas encontradas por Garstang corresponden a una destrucción de la ciudad en tiempos anteriores al incendio provocado por los soldados israelitas. Con el fin de solventar estas dificultades se recurrió a la hipótesis de varios éxodos de israelitas de Egipto. Cabe otra, que ha señalado la señorita Kenyon, según la cual, sobre los restos de la ciudad de 1900-1600 a.C. pudo levantarse otra más reciente, que ha desaparecido, víctima de la erosión, sin dejar huellas sobre el Tell.

Puestos a enjuiciar toda la cuestión, cabe admitir que el v.20 puede interpretarse en el sentido de que las varias vueltas del ejército israelita en torno a Jericó, con las consiguientes amenazas para los que se negaran a entregarla, impresionaron y descorazonaron a los defensores de tal manera, que la resistencia de la guarnición se derrumbó (wattippol hahomah), entrando los israelitas en la ciudad. El término homah significa muro, pero se emplea también en el sentido de guarnición, protección: Nos protegían de día y de noche todo el tiempo. En este texto, un criado de Abigail confiesa que las gentes de David eran para ellos un valladar, una protección. Con esta explicación se comprende que la casa de Rahab quedara en pie, lo que no habría sucedido en el caso de haberse derrumbado los muros. Con ella se armonizan los datos de la arqueología con los de la Biblia. Al presentarse Josué ante Jericó, encontró a los cananeos atrincherados detrás de las imponentes ruinas de una ciudad que fue destruida antes por causas desconocidas hasta el presente. El ejército israelita luchó, venciendo la resistencia cananea. Según 24:11, ante Jericó hubo fuertes combates, hasta que la suerte se inclinó por los israelitas.

Algunos autores ven en el relato de la conquista de Jericó huellas de un estilo épico. Escribe Delorme que toda la narración tiende a destacar la importancia de esta victoria y atribuirla a Yahvé. En el relato se hace uso del énfasis, se recorta la participación de los valores humanos en el éxito de la empresa, se citan cosas insólitas y maravillosas. Nunca sabremos ciertamente cuáles fueron los pormenores de la toma de Jericó ni cuál fue la mente del autor sagrado respecto de los mismos. Pero, si los pormenores son oscuros, está patente, en cambio, que la toma de la ciudad abrió a los judíos las puertas de Canaán. Si Dios no hubiera luchado junto a los israelitas, difícilmente hubieran cedido las defensas de la ciudad, ni su guarnición se hubiese rendido.

Toma de Jericó

Las instrucciones divinas

De nuevo, cada evento comienza con la palabra de Jehová a Josué, manteniendo de esta manera el hecho de que la toma de Canaán es y será un acto divino. él es quien entrega, quien ordena y quien dirige en forma soberana la historia de este pueblo.

Las fuerzas militares de Jericó estaban preparadas para el combate. Era una situación especial, tipo “toque de queda”; nadie podía entrar ni salir. Era la manera de prepararse para un combate, la forma lógica y humanamente previsible ante estas circunstancias: esperar la iniciativa del que llegaba.

Esta lógica militar no es un obstáculo para Jehová y sus propósitos. Las palabras a Josué son de aliento y de ánimo para que confíe en las promesas del Dios que los sacó de Egipto y obra extraordinariamente a través de su historia.

La táctica que se recomienda contrasta con las ofensivas que cualquiera puede esperar en estos casos: Humanamente hablando, la estrategia habría sido ir de frente con los guerreros. Aquí, en la táctica que el ángel describe, los sacerdotes y los combatientes (“los hombres de guerra”) rodearán a Jericó durante siete días, número simbólico que implica la perfección del acto divino.

El “muro”x no se refiere necesariamente a la totalidad del que rodeaba la ciudad, sino al que estaba seguro en frente, visualmente a la llegada de los viajeros. Aunque los hallazgos arqueológicos no ofrecen resultados satisfactorios acerca de la fecha y la manera en que fue destruida la ciudad, tampoco ofrecen elementos para una refutación del hecho. Lo cierto es que la ciudad fue destruida y que ese enemigo potencial que era el rey y la ciudad se desvanecieron, siendo sobrepasados por la presencia de los hebreos.

Salvación en medio del juicio

El juicio de Dios sobre la ciudad, entendida ésta como el sistema tributario de expoliación de los habitantes de la tierra, es un hecho que no se puede empequeñecer con explicaciones racionales sobre la caída de la ciudad. La destrucción de esta ciudad fue un hecho portentoso de Jehová al cumplirse los siete días. La participación de los sacerdotes que llevaban el arca recuerdan el paso milagroso del Jordán. Todo el proceso se convirtió en un paso más de la victoria que Jehová había prometido a Josué y al pueblo.

Las instrucciones de Josué son llevadas a cabo con éxito porque responden al plan de Jehová y no meramente a una táctica militar.

Hay una correlación constante entre la palabra de Jehová que es atendida y puesta en práctica con los resultados esperados de tal evento. Quizá esta obediencia estricta a las instrucciones de Dios suene hoy un poco incómoda, pero lo cierto es que escasea sensibilidad y decisión para atender la voz de Dios cuando este habla en su Palabra clara y llanamente acerca de sus propósitos con su pueblo.

El hecho más destacado en este pasaje es el juicio divino contra la ciudad. Es congruente con su propósito de crear un pueblo nuevo; también lo es en el sentido espiritual, porque declara anatema todo lo que había en la ciudad como los ídolos y la infraestructura del sistema religioso que el uso de los metales implicaba.

Expresa claridad acerca del juicio contra la acumulación de esas riquezas quizá para usos religiosos que finalmente beneficiaban a los reyes. Ese tesoro no va a pasar ahora a manos de Josué ni de los sacerdotes; por el contrario, el pueblo de Jehová no debe reproducir ese sistema tributario que había permitido la recolección de todos estos materiales en la ciudad. Estos elementos harán parte del “tesoro de Jehová”. Él es el dueño de la tierra y va a repartir a las tribus equitativamente, aunque en realidad seguirá siendo el poseedor. En cuanto al botín que la captura de la ciudad produciría, el entregar los elementos a Jehová garantizará que ninguna familia o tribu se arrogue derechos o privilegios que puedan atentar contra la unidad del pueblo que se está construyendo. El tesoro de Jehová es el tesoro para todo un pueblo, mientras que el tesoro de un grupo no siempre garantizaba que otros grupos disfrutaran de él. Es importante notar cómo la unidad del pueblo se va forjando en torno a Jehová. Si esto significaba algún sacrificio para algunas tribus importantes en Israel, era con el fin de que en última instancia toda la comunidad de la fe en Jehová fuese bendecida por su presencia.

En medio del juicio, hay salvación. Rajab fue partícipe de las bendiciones de Jehová porque participó de la fe en él. Este hecho muestra que el juicio de Jehová no era un simple e indiscriminado genocidio; la salvación de Rajab es un símbolo del interés que Dios tiene por los que no eran éticamente hebreos.

Cualquier intento de utilizar estos hechos para afirmar nacionalismos baratos queda desvanecido por la evidencia que el texto ofrece al enfatizar que Josué siempre estuvo pendiente de la vida de Rajab y su familia. La opción de Jehová por un pueblo no fue excluyente. Realmente tenía por objeto el ser inclusiva y manifestada a toda la humanidad.

Es interesante que el texto mencione la profesión de Rajab, “…preservó la vida a la prostituta Rajab…” No parece ser algo dicho en forma peyorativa sino que sirve como una muestra de la inclusividad que el pueblo hebreo practicó durante la toma de la tierra prometida. Hay una enseñanza para el pueblo de Dios al mencionar a este personaje, mujer y prostituta, incluida en la salvación que Jehová hizo en esta ocasión, preconizando las palabras del apóstol Pablo.

Dos aspectos pueden enfatizarse: Por un lado, la gracia de Dios ha actuado en toda la historia. Si bien se habla de dos pactos, esto no implica que en el primero Dios fuera intransigente y feroz. La verdad es todo lo contrario, y el juicio divino no excluye la bondad y la misericordia. Tampoco el llamado pacto de gracia significa una gracia barata sin juicio y condenación para los que no creen.

Además, por el otro lado, está la enseñanza que encierra el acto salvífico de que fue objeto Rajab y su familia. Es necesario aprender a aceptar a otros como Dios los acepta, no importando su origen social o económico, su trayectoria pasada, pues si Dios los acepta es porque quiere restaurarlos a una vida plena, y darles parte en el proyecto de un nuevo pueblo recreado para una nueva tierra y cielos nuevos. La discriminación no puede ser una característica del pueblo de Dios. Esos prejuicios no deben hacer parte de la tarea misionera que se le ha encargado. El escritor bíblico subraya que Rajab había habitado entre los israelitas “hasta el día de hoy”. Evidentemente fue aceptada y asimilada en el nuevo pueblo que ocupó la tierra de Canaán. No se debe confundir la radicalidad que Jehová exigió al pueblo, en el sentido de ser fieles solamente a él y en la destrucción posterior de santuarios o la prohibición de cualquier reconstrucciónx, con caer en la discriminación social, étnica o de otro tipo. Lamentablemente esta fue la actitud asumida posteriormente por parte del pueblo de Israel. La historia del pueblo escogido no puede confundirse con la historia de una nación en términos exclusivistas, sino de un pueblo que integró a otros en la medida en que participaron de la fe en Jehová como único Dios al cual debían rendir culto y mantener la obediencia.

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