Génesis 47: José y su familia

[private][private][private][private]Gén 47:1 Vino José y lo hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí están en la tierra de Gosén.

Gén 47:2 Y de los postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y los presentó delante de Faraón.

Gén 47:3 Y Faraón dijo a sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, así nosotros como nuestros padres.

Los hermanos de José parece que violaron sus instrucciones de no mencionar que eran pastores . Posiblemente estaban usando la palabra en un sentido genérico, refiriéndose a gente que se dedicaba al cuidado de cualquier tipo de animales domesticados. Faraón parece que lo entendió así.

Gén 47:4 Dijeron además a Faraón: Para morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.

Gén 47:5 Entonces Faraón habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti.

Gén 47:6 La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío.

La fidelidad de José afectó a su familia por entero. En el pozo y en la prisión debe haberse preguntado acerca de su futuro. En lugar de desesperarse, obedeció con fidelidad a Dios e hizo siempre lo correcto. Aquí vemos uno de los resultados sorprendentes. Es posible que no siempre veamos los resultados de nuestra fe, pero podemos estar seguros de que Dios premiará nuestra fidelidad.

Gén 47:7 También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón.

Gén 47:8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida?

Gén 47:9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación.

Peregrinación: Literalmente, «acampar» en lugares donde sólo se estaciona uno temporalmente. Pocos y malos : Una típica expresión de la antigua literatura judía.

Gén 47:10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón.

Gén 47:11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón.

La tierra de Ramesés : El nombre egipcio del área llamada Gosén por los hebreos.

Gén 47:12 Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos.

Gén 47:13 No había pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave, por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán.

Gén 47:14 Y recogió José todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón.

Gén 47:15 Acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Danos pan; ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero?

Gén 47:16 Y José dijo: Dad vuestros ganados y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero.

Gén 47:17 Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año.

Gén 47:18 Acabado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: No encubrimos a nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra.

Los egipcios vendieron finalmente a Faraón sus viviendas y su tierra , y aun se vendieron a sí mismos como esclavos del rey. El hambre era la única alternativa. La esclavitud voluntaria era a menudo la vía para que el pobre pudiese vivir. El comportamiento de José no fue despiadado; aun los campesinos esclavizados lo hubieran considerado un hombre sabio. Debemos entender sus costumbres: después de todo, a Faraón se le consideraba un dios. Como resultado de los esfuerzos de José, Egipto tenía ahora un gobierno central fuerte, que probablemente puso fin a la anarquía reinante.

Gén 47:19 ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón; y danos semilla para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra.

Gén 47:20 Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón.

Gén 47:21 Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto.

Gén 47:22 Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían la ración que Faraón les daba; por eso no vendieron su tierra.

Gén 47:23 Y José dijo al pueblo: He aquí os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para Faraón; ved aquí semilla, y sembraréis la tierra.

Gén 47:24 De los frutos daréis el quinto a Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños.

Gén 47:25 Y ellos respondieron: La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor, y seamos siervos de Faraón.

Gén 47:26 Entonces José lo puso por ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto, excepto sólo la tierra de los sacerdotes, que no fue de Faraón.

José lo hizo pasar a las ciudades , donde podía ser alimentado, y entonces distribuyó semilla para la siembra cuando terminaba la sequía. No molestó a los sacerdotes , quienes poseían una poderosa influencia política en aquel país atrasado. Años más tarde, Moisés se convirtió en miembro de la familia real egipcia y notó que estos decretos de José poseían el carácter de ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto .

Gén 47:27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera.

Gén 47:28 Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años.

Gén 47:29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto.

Debajo de mi muslo : Exactamente como antes había hecho el abuelo de Jacob, Abraham.

Gén 47:30 Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices.

Gén 47:31 E Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.

Se inclinó sobre la cabecera de la cama: Hebreos 11:21 contiene la variante que aparece en la Septuaginta: «apoyado sobre el extremo de su bordón».

Se ponía la mano debajo del muslo en señal de promesa. Jacob hizo que José le prometiera que lo enterraría en su tierra natal. Muy pocas cosas se escribían en esta cultura, así que la palabra de una persona tenía la misma fuerza que un contrato escrito. En la actualidad a la gente se le hace muy fácil decir “no quería decir eso”. Sin embargo, el pueblo de Dios debe hablar la verdad y vivir la verdad. Permita que sus palabras sean tan firmes como un contrato.

El faraón asigna el territorio de Gosén para Jacob y su familia.

Después del emotivo reencuentro y de familiarizarse con toda la familia, José procede a preparar el asentamiento oficial de Israel en Egipto. Cuidadosamente él sigue varios pasos para asegurar un asentamiento legal y propicio tanto para Egipto como para Israel. Por lo general, los asentamientos causan múltiples problemas y conflictos en lo político, social, económico y emocional. Las migraciones de individuos o grupos de gente hacia países industriales o de tercer a primer mundo, los campos de refugiados, los asilados políticos, los cinturones pobres de las ciudades, son manejados generalmente con intereses conflictivos, conveniencias políticas discriminatorias y ausencia de planeamientos y recursos. En contraste, los principios que José usa en este asentamiento son muy justos y apropiados, reflejando la gran sabiduría política de José. Con esta actuación, se reafirma que el cargo de José era una vocación al servicio de Dios y en perfecta unidad con la voluntad divina. Las decisiones y acciones de una persona así consagrada, nunca han de perjudicar a nadie. Es urgente la vigencia de estos principios en nuestros días cuando la situación en campos de refugiados por razones políticas, guerras o hambre, o la situación de migrantes en busca de trabajo, se vuelve problemática y conflictiva en todo el mundo.

Todos los procedimientos se realizan en un marco de completo respeto a la autoridad superior, a las leyes, a las costumbres de ambos pueblos y buscando el máximo beneficio mutuo.

Primero, José decide informar oficialmente al faraón y lo hace personalmente. En su informe él comunica datos precisos y útiles para que el faraón tome las decisiones correctas. Estos datos tienen que ver con la capacidad laboral, los recursos humanos y materiales y las características y necesidades propias de la población a ser recibida.

Segundo, José prepara a su pueblo y específicamente a líderes escogidos que han de representarlo ante el faraón. Esta preparación tiene que ver con datos importantes en el campo laboral: el interés en trabajar y en usar los recursos traídos. Se resalta que la masa humana trabajadora no hará peligrar el mercado local de trabajo ni causará desempleo alguno. José añade además datos de costumbres que pueden ser chocantes o conflictivas en el encuentro de dos culturas. En su identificación, los líderes deberán declarar expresamente su sumisión a la autoridad imperial.

Tercero, José presenta a cinco de sus hermanos como líderes representantes, para dar oportunidad al mismo faraón de obtener directamente todos los datos necesarios y tomar las decisiones pertinentes.

Cuarto, José deja que sus mismos hermanos hagan la petición oficial al faraón (por supuesto, bien preparados por José). Esta petición incluye los siguientes elementos: Primero, piden la oportunidad de trabajo. El oficio u ocupación de ellos no hará competencia a los nativos, factor muy importante y conflictivo en todo asentamiento. Segundo, piden una residencia permanente. Esto significa una posición legal, un territorio definido y apto (Gosén) y una libertad organizativa mínima (ser los mayorales de sus propios ganados). Tercero, declaran su sumisión política a la autoridad del faraón (tus siervos), aceptando así respetar el orden político y las leyes vigentes en el imperio. Este asentamiento es pacífico, no una invasión. Cuarto, basan todas sus peticiones en la gravedad del hambre en Canaán lo cual pone al faraón en única y total responsabilidad de la sobrevivencia de este pueblo. De la decisión del faraón depende la vida o la muerte de muchos hombres, mujeres y niños.

La petición está hecha. La palabra final (y fatal) está en los labios del faraón de Egipto. El problema aparente sigue siendo la sobrevivencia de un pueblo. Pero el problema real es la continuación del plan redentor de Dios a través de la sobrevivencia de un pueblo escogido. Hay una paradoja interesante de notar: la continuación del plan redentor de Dios depende de la decisión de un hombre en un cargo político trascendental. Tal es la identificación que el Dios soberano hace con la humanidad y tal es el riesgo que varias veces se toma en la historia de la salvación (Nabucodonosor, Ciro, Herodes, Augusto Cesar, etc.). Con razón el apóstol Pablo decía que el tesoro está contenido en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.

Encuentros que hicieron una diferencia

En este pasaje encontramos tres encuentros que tuvieron un gran significado e hicieron una notable diferencia en la vida de los participantes:

1. Jacob va a Beerseba para encontrarse con Dios y como resultado recibe la confirmación del Señor de ir a Egipto con toda su familia.

2. Jacob y José se encuentran en Gosén y como resultado se cura la tristeza de Jacob y José disfruta el gozo de encontrarse de nuevo con su padre.

3. Jacob se encuentra con el faraón en Egipto y como resultado el faraón recibió la bendición de Jacob. El faraón dio lo que tenía, bendiciones materiales; Jacob dio lo que tenía, bendiciones espirituales.

Cuando el opresor era bueno

Muchas veces se ha interpretado el cap. 47 de Génesis para ilustrar la manera cómo los opresores se aprovechan de la necesidad, la pobreza y el hambre del pueblo para despojarlos de sus propiedades. Esa manera de ver las cosas ha creado una imagen negativa de Egipto. Es cierto que Egipto más tarde oprimió al pueblo de Dios; sin embargo en esta instancia, Dios usó al faraón para la sobrevivencia y formación en nación de su pueblo escogido. El faraón permitió el traslado de Jacob y su familia; les concedió el uso de una buena tierra, sustento y fuentes de trabajo a los hermanos de José. Debemos reconocer que Dios es soberano en usar a cualquier persona para su propósito.

Es nuestra responsabilidad

José asumió un especial cuidado de todas las necesidades de su familia, que de momento se encontraba en circunstancias de desventaja. Nosotros, como cristianos, necesitamos demostrar nuestro interés hacia nuestros padres, especialmente cuando ya están ancianos e incapacitados, y por nuestra familia durante aquellas épocas cuando las cosas no marchan bien. Dios puede habernos colocado en una situación desde la cual podemos ser instrumentos para el bienestar de aquellos que son parte de nosotros por los vínculos de la sangre.

En línea con la revelación de Dios a José y a Jacob, el faraón acepta el asentamiento y encarga al mismo José que se encargue de su ejecución. Les concede el territorio de Gosén, que más tarde se identifica políticamente como la tierra de Ramesés en tiempos del éxodo. Le abre aún la posibilidad de integrar a algunos de sus hermanos, si tuvieran idoneidad, a cargos en la estructura político-económica del imperio. José también provee el sustento para toda su familia con el mismo sistema de racionamiento implantado en todo el imperio. Este racionamiento estaba basado en el número de las personas, mencionándose en especial a los niños para resaltar la seguridad de la posteridad. Este no es un plan de sobrevivencia para una generación solamente sino de preservación de vida de la descendencia.

Egipto en nada se perjudica con este asentamiento. Al contrario, recibe varias ventajas importantes. Primero, se deja poblar un territorio no usado, por razones económicas y estrategia militar. En este sentido, los egipcios no tienen que acomodar a los israelitas entre ellos. Segundo, el imperio tiene ahora una población “almohada” en una zona vulnerable de invasión bélica. Cualquier ataque al imperio de procedencia mesopotámica o cananea, primero tendría que chocar con los israelitas, ahora vasallos del imperio. Tercero, se abre la posibilidad de un aumento productivo y aporte económico adicionales para el imperio. Cuarto, la posibilidad de integración de recursos humanos con sus aportes y contribuciones propias para beneficio del faraón. Y finalmente una ventaja política adicional. Ahora José, el hombre fuerte y tal vez el único que podría “competir” con el faraón, no tendrá ya ninguna razón de abandonar Egipto o formar su propio pueblo en competencia con el imperio.

José presenta también a su padre al faraón. Aparentemente el único dato interesante para el faraón es la edad avanzada del patriarca. Jacob aprovecha la ocasión para señalar su vida como una peregrinación en la tierra. En contraste con el pensamiento del faraón/Egipto —que la tierra es el lugar seguro y permanente donde hay que construir pirámides para “eternizarse”— Jacob/Israel afirma aquí que una mejor promesa, una patria celestial preparada por Dios, es el destino final de los patriarcas. Además, Jacob pronuncia su bendición sobre el faraón al inicio y al final de la entrevista. Este hecho es significativo por dos razones. Primera, el faraón era considerado como una divinidad. Sin embargo, Jacob le ubica bajo la bendición de Dios, dándole así testimonio del Dios verdadero y de la condición de todo hombre ante él. Además, en contraste con su abuelo Abraham quien fue de maldición al faraón de su tiempo, Jacob es instrumento de bendición para este faraón y su pueblo. El concurso de José hasta ahora y la venida de esta familia de ahora en más, serán un canal de bendición para Egipto. Así se cumple uno de los compromisos patriarcales: el de ser de bendición a todas las familias de la tierra. El faraón era el propietario y dispensador de sustento material. Jacob era el instrumento y dispensador de la bendición divina. Ambos se benefician y se complementan mutuamente.

Política administrativa de José

La sabia política administrativa de José obtuvo los siguientes logros: Primero, a cambio del sustento que era provisto de los alimentos almacenados, José transfiere todas las propiedades de los egipcios al faraón. Paulatinamente los egipcios impedidos por la sequía, tuvieron que ceder “al gobierno” todo su dinero, ganado y por último sus propiedades. Segundo, a cambio de permanecer cada uno en sus respectivas “ex propiedades”, José los hace siervos sumisos del faraón. El faraón era literalmente el “dueño y señor” de Egipto y de los egipcios, gracias a la política administrativa de un extranjero. Se hace la salvedad que los sacerdotes no perdieron sus propiedades porque ellos recibían de la misma ración del faraón para su sustento.

Tercero, a cambio del privilegio de sembrar la tierra del faraón, los egipcios se obligan a pagar un impuesto sobre los productos de la tierra. La ley sancionada por José establece que la quinta parte del producto pertenece al faraón. Las cuatro partes restantes pertenecen al productor. Esta ley asegura el sustento del faraón y su corte y el sustento del pueblo. Un impuesto del 25% resulta bastante benigno en comparación con los impuestos o imposiciones de otros gobiernos imperiales (pasados y presentes). En resumen, la política de José establece poder y control político y económico centralizado en el faraón, pero al mismo tiempo, permite la supervivencia y actividad productiva libre del pueblo. En la teoría, todo pertenecía al gobierno faraónico. En la práctica, cada uno queda en su propiedad y con su ganado con la obligación de pagar su impuesto correspondiente al gobierno. El pueblo acepta la nueva política escogiendo tener sustento para vivir y renunciando a una ciudadanía libre con derecho de propiedad privada: ¡Nos has dado la vida!… seremos siervos del faraón… La ley de José en su intención original fue para asegurar sustento en un territorio de producción impredecible y para mantener un orden y una estabilidad sociopolítica que garantizara el bienestar del pueblo. A esta política estatal o nacionalista comúnmente se la llama faraónica, aunque más bien este nombre corresponde al abuso y a la corrupción de esta política. Muchas políticas de producción y distribución hoy día de algunas naciones poderosas tienen un efecto de control y servilismo paralizante en naciones menos privilegiadas. La manipulación artificial de precios de productos (los productos industrializados aumentan de precio, mientras que los de materia prima disminuyen), cambios caprichosos en la bolsa de de divisas y monedas, bloqueamientos y tasaciones comerciales discriminativas, son efectos de un abuso de poder y codicia desmedida que lejos de crear bienestar, produce zozobras y miseria.

Es muy interesante que hallazgos arqueológicos en Perú, en estudios inconclusos aún, indican que en el imperio inca se practicaba almacenamiento y control centralizado de alimentos, presumiblemente con el propósito de controlar a la población.

Oportunidad y responsabilidad Dios colocó a José en una posición de liderazgo y decisión única; además le concedió habilidades administrativas singulares. El propósito no fue solamente para beneficiar a José y a su familia, sino para bendecir a todo el pueblo egipcio y otras naciones. Juntamente con la oportunidad, Dios nos da la responsabilidad. Algunos de nosotros hemos sido colocados por Dios como dirigentes de un grupo pequeño o grande en la comunidad, la escuela, el trabajo o la iglesia y debemos recordar que esa es una posición de servicio a favor de otros más que una posición de privilegio solamente.

La continuacion del Pacto

En esta última sección se resaltan los preparativos y el desarrollo de todo lo necesario para la continuación del pacto. Se describen el crecimiento poblacional del pueblo de Israel, la conservación de su identidad étnica y religiosa y la conservación de la visión patriarcal a través de la transmisión o bendición patriarcal. Los temas de muerte, bendición patriarcal, asignación de herencia y vida familiar dan color y fuerza a esta narrativa. Con la muerte de Jacob, surge la posibilidad de venganza de José. Con la prosperidad y asimilación a la vida de Egipto, Israel tal vez no quiera volver a la tierra prometida. Pero todos estos peligros no sólo son anticipados, sino que en actos dramáticos y revelatorios son resueltos. Jacob procede a dar en herencia la tierra en Canaán que había ya adquirido y demanda ser sepultado en Canaán, en segura espera de su descendencia. José, con más riesgo y fe, pide que sus huesos sean llevados a Canaán, simbólicamente acompañando ya al éxodo. Nuevamente se realizan actos familiares y comunes pero desde la perspectiva de la fe en las promesas de Dios y en los compromisos patriarcales. No se especifican la duración entre los acontecimientos que ocurren en esta sección pero todas ellas siguen este propósito: el pacto debe continuar.

Jacob pide ser sepultado en Canaán.

No es tan propio en nuestra cultura pensar en la muerte. Pero la Biblia nos da el testimonio de que la certeza de la muerte, lejos de paralizarle a uno, debe impulsarlo a estar preparado para ella.

El peregrinaje providencial Aunque Egipto no era la tierra que Dios había prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob, sin embargo esta etapa en la vida de Israel era parte del plan amoroso de Dios para formar a los hebreos en una nación y les dio el tiempo y las condiciones necesarias para que adquirieran su identidad racial, cultural, religiosa y política. De la misma manera, Dios esta actuando hoy a favor de su pueblo y nosotros tenemos el privilegio de unirnos a él en el cumplimiento de su propósito para todas las naciones. ¡Unámonos con Dios para hacer su tarea!

Antes de expresar su decisión de “sepultura”, Jacob, en los 17 años que vive en Egipto, ve el crecimiento de su descendencia, camino a ser una nación fuerte. El informe bíblico es que los israelitas que se establecieron en Egipto fueron fecundos y se multiplicaron mucho. Este crecimiento no fue tan sólo numérico. Estaba acompañado de las condiciones esenciales para llegar a ser un pueblo completo y distinto en el concierto de las naciones. Normalmente, como creyentes, cuando pensamos en el faraón o Egipto nos viene a la mente opresión y miseria. Un canto muy popular en América Latina: “En Egipto esclavo fui del vil faraón”, justamente enfatiza este sentimiento. Pero podemos notar lo que significó Egipto para el desarrollo del pueblo de Israel. Primero, le proveyó de un territorio seguro, sin disputa territorial ni peligro de guerras, pues estaban protegidos por el imperio. En Canaán siempre estaban en disputa de territorios y peligros de guerra. Segundo, le proveyó del sustento necesario y continuo, permitiendo la explotación del territorio asignado con ganado y productos propios a la cultura israelita. Tercero, le permite conservar su identidad étnica (racial y cultural) y evitar ser asimilados, peligro que enfrentaban constantemente en Canaán. Cuarto, le permite mantener una organización política independiente con autoridades propias y en acuerdo con su relación con Dios y su destino histórico. Aún en los días duros de la esclavitud previos al éxodo, los ancianos son los que gobiernan al pueblo israelita. Quinto, le permite mantener su identidad religiosa, conservando las tradiciones patriarcales y la fe en Dios y transmitiéndola fielmente a cada generación. Tal es así que la generación del éxodo en mucha opresión gime al Dios del Pacto, quien reconoce a Israel en su identidad única y distintiva. Y finalmente, aun en lo negativo, por causa de la opresión que causa a Israel, obliga al pueblo a poner su esperanza en Dios y su mira en la tierra prometida. En otras palabras, les convence que Egipto no es el territorio para Israel.

¿Capricho o convicción?

Cuando Jacob se ve al borde del final de su vida pide a José que lo lleve de Egipto y lo sepulte en el sepulcro de sus padres. Este no era un capricho de “viejo moribundo” sino una expresión de su convicción en la firme promesa de Dios dada a braham, a Isaac y a Jacob. Esta fue la misma petición que más adelante hará José mismo.

Es indudable que la últimas palabras que decimos antes de morir pueden hacer un impacto profundo en la mente de quienes nos rodean. Esas palabras expresan nuestros valores y aquello por lo cual hemos vivido. Que nosotros podamos expresar nuestra convicciones en las promesas de Dios y que ellas puedan impactar a nuestros hijos para que vivan y mueran por ellas.

Poniendo la mira en el plan de Dios para el pueblo, Jacob solemnemente pide y responsabiliza a José que sea enterrado en Canaán, en el sepulcro familiar de Hebrón. Este pedido tiene varios significados. Primero, está modelado en línea con la relación correcta entre Dios y los hombres. Esta relación incluye la gracia, la verdad o fidelidad y la misericordia. Segundo, indica que Jacob mira a la muerte no como el final de la vida, sino como un tránsito de reunión con sus padres. De ahí la necesidad de estar en el sepulcro familiar. Tercero, Egipto no es la residencia final para Israel. Hay un destino, un propósito mejor que en su tiempo Dios ha de permitir que se cumpla. Jacob se adelanta a esperar a su pueblo. Las palabras de promesas de Dios para los patriarcas, por fe, eran ya realidades en las cuales debían actuar. También Jesucristo afirmó claramente que el que cree en el Hijo “ya” tiene la vida eterna[/private][/private][/private][/private]

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