2 de Reyes 5: Eliseo y Naamán

2 de Reyes 5: Eliseo y Naamán

2 de Reyes 5:1 Naamán, general del ejército del rey de Siria,[a] era un hombre que gozaba de gran prestigio delante de su señor, quien lo tenía en alta estima, pues por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este un hombre valeroso en extremo, pero leproso.

Aparentemente, los sirios no ponían en cuarentena a los leprosos. Naamán, el general sirio, era un buen hombre, y aparentemente su lepra no fue resultado de injusticia alguna que hubiera cometido. De ahí que este episodio nos ofrezca algunas nociones prácticas sobre el proceso de la sanidad divina, cuando la persona afectada no es culpable de desobediencia o acción alguna que la haya expuesto a su aflicción.

1) Véase la importancia de compartir la esperanza de la sanidad divina con otros. La puerta para la sanidad de Naamán fue abierta por una sirvienta judía que le recomendó buscar al profeta Elías. Los creyentes hacen bien cuando testifican a otros tanto del poder salvador como del poder sanador de Jesús.

2) Véase cómo Dios sabe qué hacer con cada persona. A Naamán se le dijo que se lavara siete veces en el río Jordán y esto le molestó. Su soberbia y orgullo oculto salieron a la luz, y la obediencia y la sumisión le abrieron el camino de la sanidad. Nosotros podríamos afrontar un llamado similar, ya que a veces la acción obediente constituye un requisito para recibir sanidad. Por ejemplo, Jesús les dijo a los 10 leprosos que se mostraran al sacerdote y fueron sanados luego de haber obedecido. En ocasiones, algunas personas por las que se ora para que reciban sanidad se rinden cuando no ven sanidad inmediata, en lugar de buscar a Dios, no sea que haga falta dar un paso de sumisión que fortalezca su fe.

La lepra, muy similar al SIDA de hoy, era una de las enfermedades más temidas de la época. Algunas formas eran extremadamente contagiosas y, en muchos casos, incurables. En su peor forma, la lepra llevaba a la muerte. Muchos leprosos eran forzados a salir de las ciudades a campos de cuarentena. Ya que Naamán todavía conservaba su puesto, probablemente tenía una forma leve de la enfermedad, o quizá estaba aún en las primeras etapas. En cualquier caso, su vida se vería trágicamente acortada por su enfermedad.

2 de Reyes 5:2 De Siria habían salido bandas armadas que se llevaron cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual se quedó al servicio de la mujer de Naamán.

Esta muchacha ofrece un ejemplo impresionante de la importancia de vencer el miedo y conducir a otros al Señor.

Siria era el vecino de Israel al noroeste, pero las dos naciones rara vez estuvieron en términos amigables. Bajo el gobierno del rey David, Siria pagó tributo a Israel. En los días de Eliseo, Siria estaba creciendo en poder y condujo incursiones frecuentes en Israel, tratando de frustrar al pueblo y traer confusión política. Los israelitas a menudo eran llevados cautivos a Siria luego de las incursiones exitosas de estos. La sierva de Naamán era una israelita, secuestrada de su casa y de su familia. Irónicamente, la única esperanza para Naamán de ser curado venía de Israel.

2 de Reyes 5:3 Esta dijo a su señora: –Si rogara mi señor al profeta que está en Samaria,[b] él lo sanaría de su lepra.

La fe de la pequeña y la petición de Naamán contrastan con la terquedad del rey de Israel. Un líder de la poderosa Siria buscó al Dios de Israel. El propio rey de Israel no lo hizo. No conocemos el nombre de la niña ni mucho acerca de ella, pero sus breves palabras a su señora trajeron sanidad y fe en Dios a un poderoso capitán sirio. Dios la había colocado allí con un propósito, y ella fue fiel. ¿Dónde lo ha puesto Dios a usted? No importa cuán humilde o pequeña sea su posición, Dios puede utilizarlo para difundir su Palabra. Busque las oportunidades para decirle a otro lo que Dios puede hacer. Nunca se sabe quién puede prestar atención a su mensaje.

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