A los que hoy somos padres

Recordamos, o ya lo tenemos olvidado aquel ayer cuando fuimos hijos, y nos dolía y nos quejábamos al no ser escuchados, al no ser comprendidos por nuestros padres.

Con seguridad, sí recordamos lo responsables y dueños de la razón que nos sentíamos. Recordamos cuánto dolor e incomprensión sufrimos ante alguna observación, ante algún reproche que nos hubieran hecho nuestros papás. ¿Cómo no nos entendían? O era que nosotros no sabíamos o no interpretábamos las razones o los temores que los llevaban a proceder así?

Y hoy como padres ¿cómo nos comportamos? Escuchamos, comprendemos, aceptamos la responsabilidad y la razón que sienten tener nuestros hijos? O nuestros temores, nuestras dudas, nuestras inseguridades, nuestro orgullo, nos limitan y no nos dejan recordar.

Sabemos y, de saberlo hemos aceptado, que el Señor nos da los hijos en custodia para que los criemos y eduquemos, respetándolos y así dejarlos desarrollar libremente su personalidad. Los hijos no son dados a los padres en propiedad; no deben ser lo que querramos que sean, no deben ser como a nosotros nos parece mejor. Estas imposiciones avasallarían su libertad.

Entonces, en ese mañana de ellos, sabremos nosotros, aceptarlos, comprenderlos, aconsejarlos, sin desesperar, porque ellos, en lugar de escucharnos, quieren y necesitan hacer sus propias experiencias.

Ayer, hoy, mañana. Todo tiempo llega a su tiempo. Aprendamos a aceptarlos y a respetarlos tal cual son, así como nosotros quisimos haber sido escuchados comprendidos aceptados. A ti que hoy eres hija o hijo y sientes no ser comprendido por tus padres, ten presente que todo llega a su tiempo y un día, un día cualquiera, llegará tu día.

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