Job-3-Aflición-física

Job 3: Aflición física

Job 3:1 Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.

La respuesta de Job a esta segunda prueba (aflicción física) estuvo en severo contraste con su actitud después de la primera prueba (1.20-22). Job continuó sin maldecir a Dios, pero maldijo el día de su nacimiento. Sentía que hubiera sido mejor no haber nacido que ser desechado por Dios. Job estaba luchando de manera emocional, física y espiritual. Su miseria era profunda e intensa. Nunca subestime lo vulnerable que somos durante tiempos de sufrimiento y dolor. Debemos asirnos fuerte de nuestra fe aun cuando no tengamos alivio.

Job 3:2 Y exclamó Job, y dijo:

Job 3:3 Perezca el día en que yo nací, y la noche en que se dijo: Varón es concebido.

Job 3:4 Sea aquel día sombrío, y no cuide de él Dios desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca.

Job 3:5 Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado que lo haga horrible como día caliginoso.

Job 3:6 Ocupe aquella noche la oscuridad; no sea contada entre los días del año, ni venga en el número de los meses.

Job 3:7 ¡Oh, que fuera aquella noche solitaria, que no viniera canción alguna en ella!

Job 3:8 Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan para despertar a Leviatán.

En los días de Job, se contrataba gente para echar maldiciones. Job dice que le habría gustado que los adivinos hubiesen llamado a Leviatán, el monstruo del mar, para que se lo tragara el día que había nacido.

Job 3:9 Oscurézcanse las estrellas de su alba; espere la luz, y no venga, ni vea los párpados de la mañana;

Job 3:10 Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la miseria.

Job 3:11 ¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre?

Job estaba experimentando un dolor físico extremo así como también el dolor de haber perdido a su familia y sus posesiones. No se le puede culpar por desear estar muerto. El dolor de Job colocó su fe en una encrucijada, al desbaratar muchas de las ideas erróneas que tenía acerca de Dios (tales como: lo hará rico, siempre le evitará problemas y dolor, o protege a sus seres queridos). Su desesperación más profunda lleva a Job de regreso a los fundamentos de su fe en Dios. Sólo tenía dos opciones:

(1) maldecir a Dios y rendirse, o

(2) confiar en Dios, obtener su fortaleza y continuar adelante.

Job 3:12 ¿Por qué me recibieron las rodillas? ¿Y a qué los pechos para que mamase?

Job 3:13 Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría; dormiría, y entonces tendría descanso,

Job 3:14 Con los reyes y con los consejeros de la tierra, que reedifican para sí ruinas;

Job 3:15 O con los príncipes que poseían el oro, que llenaban de plata sus casas.

Job 3:16 ¿Por qué no fui escondido como abortivo, como los pequeñitos que nunca vieron la luz?

Job 3:17 Allí los impíos dejan de perturbar, y allí descansan los de agotadas fuerzas.

Job 3:18 Allí también reposan los cautivos; no oyen la voz del capataz.

Job 3:19 Allí están el chico y el grande, y el siervo libre de su señor.

Job 3:20 ¿Por qué se da luz al trabajado, y vida a los de ánimo amargado,

Job 3:21 Que esperan la muerte, y ella no llega, aunque la buscan más que tesoros;

Job 3:22 Que se alegran sobremanera, y se gozan cuando hallan el sepulcro?

Job 3:23 ¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir, y a quien Dios ha encerrado?

Job había tenido cuidado de no adorar a sus posesiones materiales sino únicamente a Dios. Ahora estaba abrumado por todas estas calamidades que se burlaban de su precaución, y se quejó de las pruebas que habían llegado, a pesar de su vida recta. Todos los principios bajo los cuales había vivido estaban desmoronándose, y Job comenzó a perder su perspectiva. Las pruebas y el sufrimiento, ya sean temporales o duraderos, no destruyen el propósito real de la vida. La vida no se nos da simplemente para una felicidad o una realización personal, sino para servir a Dios y honrarle. El valor y el significado de la vida no se basan en lo que sentimos, sino en la única realidad que nadie nos puede quitar: el amor de Dios hacia nosotros. No suponga que porque Dios lo ama, le evitará sufrimientos. Es más, lo opuesto puede ser cierto. El amor de Dios no puede ser medido o limitado por lo mucho o poco que podamos sufrir. Romanos 8:38-39 nos enseña que nada nos puede separar del amor de Dios.

Job 3:24 Pues antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas.

Job 3:25 Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía.

No hace falta especular sobre si los temores de Job dieron lugar a este dilema. Lo anterior del relato aclara que la tragedia tuvo su origen en la iniciativa de Satanás, no en las vacilaciones o temores de Job (1.6-12; 2.1-7). Sin embargo, Job reconoce sus temores, una tendencia innata a nuestra condición humana. Ellos no reflejan su incomprensión de la naturaleza de Dios, sino su comprensión de lo impredecible del devenir humano.

Job 3:26 No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado; no obstante, me vino turbación.

Con una maldición (versículos 3-13) y un lamento (versículos 14-26), Job derrama un torrente de dolor y amargura, y se considera a sí mismo una víctima de la ira de Dios. Ansía descansar. No maldice a Dios, como Satanás quiso que hiciera, pero sí maldice la hora en que él mismo fue concebido y nació. Este exabrupto puede ser considerado una forma de apelar a la compasión y la simpatía de sus amigos.

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