Apocalipsis 16: Las siete copas de la ira de Dios

(ii) Las ranas y los sapos son animales inmundos. Aunque no se mencionan por nombre, se incluyen por definición en la lista de las cosas inmundas del agua y el mar que empieza en Levítico 11:10. Representan una influencia inmunda.

(iii) Las ranas son famosas por su constante y molesto croar -brekekekex lo llamaba Aristófanes. « La rana -decía Agustín-es el más locuaz de los vanidosos» (Homilía sobre el Salmo 77: 27). El croar de la rana se considera universalmente como un símbolo del hablar sin sentido.

(iv) En el zoroastrismo, la religión de los persas, las ranas son las transmisoras de plagas y las agentes de Ahrimán, el dios de las tinieblas, en su lucha contra Ormudz, el dios de la luz. Es bastante probable que Juan conociera estos detalles de la mitología persa.

Así que el decir que las ranas salieron de las bocas del dragón, la bestia y el falso profeta es decir que sus palabras eran como plagas inmundas, vanidades vacías, y aliadas del poder de las tinieblas.

El falso profeta

El siguiente problema es el de la identificación del falso profeta. El dragón se identifica con Satanás (12:3,9). La bestia, con el Imperio Romano y con su culto al emperador, que ya ha aparecido en 13:1. Pero esta es la primera vez que aparece en escena el falso profeta. Como no considera necesario presentarle, podemos asumir que Juan cree que el lector ya tiene la clave de su identidad.

El falso profeta era una figura que el pueblo de Dios estaba advertido de que se presentaría, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento se les prohibía a los fieles escuchar al falso profeta aunque produjera señales impresionantes, y se establecía que su castigo era la pena de muerte (Deuteronomio 13:1-5). Era una de las obligaciones del sanedrín el juzgar al falso profeta y condenarle a muerte. A la Iglesia Cristiana se le advirtió que surgirían falsos cristos y profetas para seducir a los cristianos (Marcos 13:22). H. B. Swete dice de estos falsos profetas que su nombre abarca a toda una clase -«magos, impostores, fanáticos, engañadores y engañados, considerados como personas que interpretaban falsamente la mente de Dios. La verdadera religión no tiene peores enemigos, ni Satanás mejores aliados.»

El falso profeta se menciona aquí y en 19:20 y 20:10; si ponemos juntos estos pasajes encontraremos la clave de su identidad. 19:20 nos dice que al final fue capturado el falso profeta al mismo tiempo que la bestia, y se le describe como una persona que realizó milagros delante de la bestia y engañó a todos los que tenían la señal de la bestia y adoraban su imagen. En 13:13s tenemos una descripción de la segunda bestia, la que surgía de la tierra; se dice que hace grandes maravillas… y que engaña a los habitantes de la tierra por medio de los milagros que se le concede hacer en presencia de la bestia. Es decir: las obras del falso profeta y las de la segunda bestia son idénticas; así es que el falso profeta y la bestia de la tierra son uno mismo.

Ya hemos visto que esa bestia se ha de identificar con la organización provincial para obligar al culto al emperador. Así pues, el falso profeta representa la organización que trata de imponer a los cristianos el culto al emperador apartándolos de la obediencia a Cristo.

Una persona que trata de introducir el culto a otros dioses y de hacer que los cristianos hagan componendas con el Estado o con el mundo, que trata de apartar del culto exclusivo al único Dios, es un falso profeta.

Armagedón

Todavía nos queda otro problema por resolver en este pasaje. Los espíritus malos salieron a inquietar a todos los reyes de toda la tierra para llevarlos a la batalla. La idea de un conflicto final entre Dios y las fuerzas del mal es muy antigua. La encontramos en el Salmo 2:2: «Se levantarán los reyes de la tierra y conspirarán los príncipes contra el Señor y contra Su Ungido.»

Esta batalla había de librarse en un lugar que la versión Reina-Valera llama Armagedón, y otras Harmagedón. Hasta el nombre es incierto.

Magedón se puede relacionar con Megido o Meguido o Megiddó en la llanura de Esdrelón, que se encontraba en la gran calzada que iba de Egipto a Damasco. Desde los más remotos tiempos hasta la Primera Guerra Mundial de 1914-18 ha sido uno de los grandes campos de batalla del mundo. Esta fue la llanura en la que Barac y Débora derrotaron a Sísara y su caballería (Jueces 5:19-21); donde Ocozías murió alcanzado por las flechas de Jehú (2 Reyes 9:27; donde el buen rey Josías murió en una batalla con el Faraón Necao (2 Reyes 23:29s), una tragedia que se grabó indeleblemente en la memoria de los judíos (Zacarías 12:11). Era un campo de batalla, como dice H. B. Swete, «familiar a los estudiantes de historia de Israel.»

Leave a Comment