Introducción al libro de Levítico

Cristo revelado

Cristo (el Mesías) no es específicamente mencionado en el libro de Levítico. Sin embargo, el sistema de sacrificios y la labor del sumo sacerdote en el texto de Levítico son cosas que anticipan la obra de Cristo. El libro de Hebreos se refiere a Cristo como Sumo Sacerdote y utiliza el texto de Levítico como base para ilustrar su obra. Algunos han usado formas extremas de alegorización del libro de Levítico para referirse a Cristo, pero este método de interpretación debe emplearse con suma cautela a fin de asegurar que el significado histórico y cultural original del libro no se pierda. Este tiene como tema central la vida y el culto del antiguo Israel.

Aunque el término «Espíritu Santo» no se menciona en el libro de Levítico, la presencia de Dios se percibe a todo lo largo del texto. La santidad del carácter de Dios se reitera constantemente cuando se habla de la santidad en la conducta y el culto del pueblo. No se ve a Dios como sucedía con los ritos paganos de aquella época donde se veneraban ídolos, sino como Aquel que moraba en medio del pueblo mientras éste le rendía culto. Ellos debían ser santos al igual que su Dios.

«DIOS parece tan lejano … si tan sólo pudiera verlo o escucharlo …» ¿Se ha sentido alguna vez así, luchando con la soledad, lleno de desesperación, atacado por el pecado, agobiado por los problemas? Hechos a la imagen de Dios, fuimos creados para tener una relación íntima con Él; y cuando se rompe el compañerismo, quedamos incompletos y necesitamos restauración. La esencia de la adoración es la comunión con el Dios viviente. Es vital, pues toca el centro de nuestras vidas. Quizá por esto sea que se dedica un libro completo de la Biblia al culto de adoración. Después de la dramática salida de Israel de Egipto, la nación acampó al pie del monte Sinaí durante dos años para escuchar a Dios (Éxodo 19 a Números 10). Era un tiempo de descanso, de enseñanza, de edificación y de encontrarse con Él cara a cara. En Éxodo, la redención es el fundamento para la limpieza, la adoración y el servicio en Levítico.

El mensaje abrumador de Levítico es la santidad de Dios: «Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios» (19.2). ¿Pero cómo un pueblo impío podía acercarse a un Dios santo? La respuesta: primero había que tratar con el pecado. Por eso, los primeros capítulos de Levítico dan instrucciones detalladas para ofrecer sacrificios, que eran los símbolos activos de arrepentimiento y obediencia. Fueran toros, grano, cabras u ovejas, las ofrendas para el sacrificio tenían que ser perfectas, sin defectos o magulladuras: tipo del sacrificio último que vendría, Jesús, el Cordero de Dios. Jesús ha venido y ha abierto el camino hacia Dios como el sacrificio último al dar su vida como el sacrificio final en nuestro lugar. La verdadera adoración y la unidad con Dios comienzan cuando confesamos nuestro pecado y aceptamos a Cristo como el único que puede redimirnos del pecado y ayudarnos a acercarnos a Dios.

En Levítico, los sacrificios, los sacerdotes y el sagrado Día de la Expiación abrieron el camino para que los israelitas llegaran a Dios. El pueblo de Dios tenía que adorarlo también con sus vidas. Por eso, leemos de leyes de pureza (11–15) y reglas para la vida diaria concernientes a las responsabilidades familiares, la conducta sexual, las relaciones, la mundanalidad (18–20) y los votos (27). Estas instrucciones incluyen un caminar santo con Dios, y los patrones de vida espiritual se siguen aplicando hoy día. Por lo tanto, la adoración, tiene un aspecto horizontal; es decir, Dios es honrado por nuestras vidas al relacionarnos con los demás.

El énfasis final de Levítico es la celebración. El libro da instrucciones para las fiestas. Estas eran ocasiones especiales, regulares y comunitarias para recordar lo que Dios había hecho, para darle gracias y rededicar las vidas a su servicio (23). Nuestras tradiciones cristianas y nuestras fiestas son diferentes, pero son ingredientes necesarios de la adoración. También nosotros necesitamos días especiales de adoración y celebración con nuestros hermanos y hermanas para recordar la bondad de Dios en nuestras vidas.

Al leer Levítico, dedique su vida nuevamente a la santidad, y adore a Dios en confesión privada, en culto público y en celebración en grupo.

Dios proveyó las instrucciones especiales para la clase de adoración que le agradaría a Él. Estas instrucciones nos enseñan de la naturaleza de Dios y pueden ayudarnos a desarrollar una actitud correcta hacia la adoración. Por medio de las ofrendas aprendemos de la seriedad del pecado y la importancia de llevar nuestros pecados ante Dios para su perdón.

Dios dio a los israelitas normas claras para vivir una vida santa. Tenían que ser apartados y distintos del resto de las naciones paganas alrededor de ellos. De igual manera, todos los creyentes deberían estar separados del pecado y dedicados a Dios. Dios todavía quiere quitar el pecado de la vida de su pueblo.

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