2 de Reyes 9: Jehú es ungido rey de Israel

2Re 9:1 Jehú es ungido rey de Israel

Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: «Ciñe tu cintura, toma esta redoma de aceite[d] en tus manos y ve a Ramot de Galaad.

Jehú poseía las cualidades básicas para que tuviera gran éxito. Es más, desde la perspectiva humana fue un rey exitoso. Su familia fue la que más gobernó en el reino del norte. Dios se valió de él como instrumento para castigar la malvada dinastía de Acab, y atacó valientemente la adoración a Baal. Se acercó mucho a ser el tipo de rey que Dios quería, pero imprudentemente fue más allá de los mandamientos de Dios y no pudo seguir siendo obediente. Cuando tenía la victoria al alcance de sus manos prefirió resignarse a la mediocridad.

Jehú fue un hombre que actuó rápidamente, pero sin tener un propósito supremo. Su reino avanzaba, pero su destino no era claro. Eliminó una forma de idolatría, la adoración a Baal, sólo para continuar con otra: la adoración de los becerros de oro que Jeroboam había instalado. Podría haber hecho grandes cosas para Dios si hubiera permanecido obediente al Unico que lo hizo rey. Aun cuando cumplió con las instrucciones de Dios, Jehú demostró que no estaba completamente consciente de quién lo dirigía.

Así como lo hizo con Jehú, Dios da a cada persona la fortaleza y las habilidades que sólo hallarán su máxima utilidad bajo su control. Fuera del control de Dios no alcanzan lo que podrían, y a menudo se convierten en instrumentos del mal. Una forma de asegurarse de que esto no suceda es pidiéndole a Dios estar bajo su control. Su presencia en nuestra vida hará que nuestras fuerzas naturales y habilidades sean utilizadas plenamente y para lo mejor.

Puntos fuertes y logros :

— Tomó el trono que tenía la familia de Acab y destruyó su malvada influencia
— Fundó la dinastía más larga del reino del norte
— Fue ungido por Elías y confirmado por Eliseo
— Destruyó la adoración a Baal

Debilidades y errores :

— Tuvo una visión imprudente acerca de la vida que lo hizo temerario y propenso al error
— Adoró a los becerros de oro de Jeroboam
— Se dedicó a Dios sólo hasta el punto donde servía a sus propios intereses

Lecciones de su vida :

— Un compromiso valiente necesita control porque puede acabar en imprudencia
— La obediencia incluye tanto la acción como la dirección

Datos generales :

— Dónde: El reino del norte de Israel
— Ocupaciones: Comandante del ejército de Joram, rey de Israel
— Familiares: Abuelo: Nimsi. Padre: Josafat. Hijo: Joás
— Contemporáneos: Elías, Eliseo, Acab, Jezabel, Joram, Ocozías

Versículo clave :

“Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel”.

2Re 9:2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat[f] hijo de Nimsi. Entra, haz que se levante de entre sus hermanos y llévalo a otra habitación.

2Re 9:3 Toma luego la redoma de aceite, derrámala sobre su cabeza y di: “Así dice Jehová: Yo te he ungido como rey de Israel”.[g] Entonces abre la puerta y echa a correr sin detenerte».

Elías había profetizado que mucha gente sería asesinada cuando Jehú llegara a ser rey. Por lo tanto, Eliseo aconsejó al joven profeta que saliera del área tan pronto como entregara su mensaje, antes de que comenzara la masacre. Las acciones de Jehú parecen terribles al matar a los parientes y amigos de Acab, pero el culto, fuera de control, a Baal estaba destruyendo a la nación. Si Israel debía sobrevivir, los seguidores de Baal tenían que ser eliminados. Jehú tomó las medidas necesarias del momento: justicia.

2Re 9:4 Partió, pues, el joven profeta hacia Ramot de Galaad.

2Re 9:5 Cuando llegó, los jefes del ejército estaban reunidos. Entonces dijo:

–Jefe, tengo que decirte una palabra.

–¿A cuál de todos nosotros? –preguntó Jehú.

–A ti, jefe –respondió el profeta.

2Re 9:6 Jehú se levantó y entró en la casa.[h] Entonces el otro derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo:

–Así dijo Jehová, Dios de Israel: “Yo te he ungido como rey del pueblo de Jehová, de Israel.[i]

2Re 9:7 Herirás la casa de Acab, tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas y la sangre de todos los siervos de Jehová, derramada por la mano de Jezabel.[j]

La declaración de Eliseo cumplió la profecía de Elías hecha veinte años antes: toda la familia de Acab sería destruida. La muerte de Jezabel, predicha por Elías.

2Re 9:8 Toda la casa de Acab perecerá y exterminaré a todo varón de Acab en Israel, tanto al siervo como al libre.

2Re 9:9 Trataré a la casa de Acab como a la casa de Jeroboam hijo de Nabat y como a la casa de Baasa hijo de Ahías.

La dinastía de Acab terminaría como la de Jeroboam y Baasa. Ahías había profetizado el fin de la dinastía de Jeroboam, y esto se cumplió por medio del rey Baasa. El profeta Jehú-no el rey Jehú-habló luego del fin de la familia de Baasa, y esto también se cumplió. El fin de la familia de Acab, por lo tanto, era seguro, Elías lo había predicho y Dios lo haría realidad.

2Re 9:10 A Jezabel se la comerán los perros en el campo de Jezreel y no habrá quien la sepulte”.

En seguida abrió la puerta y echó a correr.

Dio su vida por las misiones

Raimundo Lulio, nacido en Palma de Mallorca en 1232, después de llevar una vida de pecado se convirtió a Cristo y desde ese momento dedicó el resto de su vida a hablar a los demás de su fe en Cristo. Según él, tres cosas eran necesarias para la conversión de los moros: El dominio del idioma y el conocimiento de la fe del pueblo; poseer literatura apologética competente, y un valiente y firme testimonio entre los paganos, aun a costa de la vida misma. Siempre creyó que aun el martirio podría servir para la conversión del pueblo. Fundó escuelas de idiomas orientales para misioneros en varias ciudadades de Europa. A la edad de 56 años se dirigió al norte de áfrica donde predicó, estuvo encarcelado y fue expulsado del país. En su tercer viaje, a los 83 años, después de predicar en el mercado de la ciudad de Bugía, fue apresado y golpeado hasta que murió. Aquel valiente testigo de Jesucristo se despidió de este mundo cumpliendo su responsabilidad misionera.

2Re 9:11 Cuando Jehú salió a reunirse con los siervos de su señor, estos le dijeron:

–¿Todo va bien? ¿Para qué vino a verte ese loco?[l]

–Vosotros conocéis a ese hombre y lo que dijo –respondió él.

2Re 9:12 –Mentira; cuéntanoslo ahora –dijeron ellos.Jehú respondió:

–Esto y esto me ha hablado: “Así ha dicho Jehová: ‘Yo te he ungido como rey de Israel’ ”.

2Re 9:13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto y lo puso debajo de Jehú en un trono alto.[m] Luego tocaron la bocina y gritaron: «Jehú es el rey».[n]

2Re 9:14

Jehú mata a Joram

Así conspiró Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram defendiendo a Ramot de Galaad con todo Israel, a causa de Hazael, rey de Siria.

2Re 9:15 Pero el rey Joram había vuelto a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho cuando peleaba contra Hazael, rey de Siria.) Y Jehú dijo: «Si esta es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad para ir a dar la noticia en Jezreel».

2Re 9:16 Jehú cabalgó entonces y se fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba allí Ocozías, rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram.[ñ]

2Re 9:17 El atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jehú que venía, y dijo:

–Veo una tropa.

Joram dijo:

–Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos y les pregunte: “¿Vienen en son de paz?”.

2Re 9:18 Fue, pues, el jinete a reconocerlos y les preguntó:

–El rey dice: “¿Vienen en son de paz?”.

Jehú le dijo:

–¿Qué tienes tú que ver con la paz? Ponte detrás de mí.

Luego el atalaya avisó diciendo:

–El mensajero llegó hasta ellos, pero no vuelve.

2Re 9:19 Entonces el rey envió otro jinete, que al llegar adonde estaban ellos, dijo:

–El rey dice así: “¿Vienen en son de paz?”.

Y Jehú respondió:

–¿Qué tienes tú que ver con la paz? Ponte detrás de mí.

Los jinetes encontraron a Jehú y le preguntaron si venía en son de paz. Pero Jehú respondió: “¿Qué tienes tú que ver con la paz?” Esta cualidad, propiamente entendida, viene de Dios. No es genuina a menos que tenga su fundamento en la creencia en Dios y el amor por El. Jehú sabía que los hombres representaban a un rey desobediente y malvado. No busque paz y amistad con aquellos que son enemigos del bien y de la verdad. La paz duradera sólo pueden llegar cuando se conoce al Dios que la otorga.

2Re 9:20 El atalaya volvió a decir:

–También este llegó hasta ellos, pero no vuelve, y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, pues viene impetuosamente.

2Re 9:21 Entonces dijo Joram:

–Unce el carro.

Cuando estaba uncido su carro, salieron Joram, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro, y partieron al encuentro de Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot, el de Jezreel.

2Re 9:22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo:

–¿Vienes en son paz, Jehú?

Él respondió:

–¿Qué paz puede haber con las fornicaciones de Jezabel,[o] tu madre, y sus muchas hechicerías?

Las fornicaciones de Jezabel no tenían que ver con la vida sexual sino con la espiritual dedicada a Baal, ya que la evidencia existente sugiere que fue leal a su esposo. El uso del término sugiere menosprecio hacia las prácticas paganas mezcladas con la prostitución ritual y sagrada y la magia imitativa de los amuletos de la diosa de la fertilidad del baalismo.

2Re 9:23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, mientras le gritaba a Ocozías:

–¡Traición, Ocozías!

2Re 9:24 Pero Jehú tensó su arco e hirió a Joram por la espalda; la flecha le atravesó el corazón y él cayó en su carro.

2Re 9:25 Dijo luego Jehú a Bidcar, su capitán: «Levántalo y échalo a un extremo de la heredad de Nabot, el de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab, su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él:

2Re 9:26 “Yo he visto ayer la sangre de Nabot[p] y la sangre de sus hijos, dijo Jehová, y en esta misma heredad te daré tu paga,[q] dijo Jehová”. Levántalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová».

Darte la retribución en el v. 26 aclara el sentido de paz (shalom), porque sugiere la restauracion de la paz entre Dios y su pueblo que ha sido destruida por los actos sangrientos de Acab y las fornicaciones y hechicerías de Jezabel. De modo que la paz verdadera no tiene que ver con la paz en Jezreel sino que se trata de la vida espiritual misma del pueblo y si ellos hacen la voluntad de Dios. Pero mientras viviera esa mujer, seguiría corrompiendo el país. La tragedia en el caso de Joram y Jehú fue querer restaurar la paz de Dios por medio de la violencia desastrosa de una revolución política.

2Re 9:27

Jehú mata a Ocozías

Al ver esto Ocozías, rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Pero Jehú lo persiguió diciendo: «Herid también a este que va en el carro».

Lo hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Pero Ocozías huyó a Meguido, y allí murió.

2Re 9:28 Sus siervos lo llevaron en un carro a Jerusalén y allá lo sepultaron con sus padres, en su sepulcro de la ciudad de David.

2Re 9:29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab comenzó a reinar Ocozías sobre Judá.

El rey Joram de Israel fue tan malvado como su padre y madre, Acab y Jezabel. Por lo tanto, su cuerpo fue lanzado al campo que sus padres obtuvieron ilegalmente. La reina Jezabel arregló el asesinato de Nabot, el dueño anterior porque no quiso vender su viña, la que Acab quería como jardín. Acab ni siquiera se imaginó que ese campo sería la tumba de su hijo malvado.

La muerte del rey Ocozías

El segundo paso fue el asesinato despiadado del rey Ocozías de Judá que estaba en Jezreel visitando a su pariente real enfermo. Al escuchar el grito de peligro y ver el asesinato de su tío, huyó en su carro hacia el sur, probablemente con la esperanza de encontrar leales a la casa real, pero en Bethagan, fue herido junto a Ibleam y murió en Meguido. Luego fue enterrado en Jerusalén. De esa manera se eliminó a Ocozías como fuente de venganza por el asesinato de su familia.

2Re 9:30

Muerte de Jezabel

Después se fue Jehú a Jezreel. Al enterarse Jezabel, se pintó los ojos con antimonio, atavió su cabeza y se asomó a una ventana.

2Re 9:31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo:

–¿Todo le va bien a Zimri, asesino de su señor?[r]

2Re 9:32 Alzó él entonces su rostro hacia la ventana y dijo:

–¿Quién está conmigo? ¿quién?

Se inclinaron hacia él dos o tres eunucos.

Los eunucos

9:32; 20:18; 23:11

En la Biblia encontramos varias referencias a los eunucos. En el sentido griego, eunuco significa “cuidador de lechos”. Este es el uso más frecuente en la Biblia. Era el trabajo de esclavos en las cortes reales; algunos estaban a cargo del harén real. La reina Ester tenía un eunuco a su servicio llamado Hatac. Para realizar este trabajo, los hombres eran castrados. Esta era una práctica de los pueblos paganos, aunque la perversa reina Jezabel tenía eunucos a su servicio. El etíope a quien evangelizó y bautizó Felipe era un eunuco servidor en el palacio de la reina Candace. Algunos eunucos, además de cuidar el harén real, servían en la educación de los niños del rey. Daniel en Babilonia fue servido por varios eunucos; p. ej. Melsar estaba a cargo del cuidado de Daniel.

Otros eunucos estaban a cargo de las puertas. Otros eran mensajeros. Otros al servicio exclusivo del rey. En este sentido, el concepto hebreo saris significa “militar comisionado” “y allegado al rey”, como Potifar. Había siete eunucos al servicio del rey Asuero y otros de Naducodonosor.

Otros eunucos servían como sacerdotes para realizar oficios religiosos, como los sacerdotes de la diosa Diana de Efeso. Un eunuco es el que intercede por el profeta Jeremías ante el rey Sedequías. Isaías le profetiza al rey Ezequías que servirían como eunucos en Babilonia si no se volvían a Dios.

Jesús menciona tres clases de eunucos. Los que lo eran por nacimiento; por enfermedad o deformaciones físicas no podían tener relaciones sexuales. Los hechos por los hombres; estos eran los castrados en las cortes reales de los pueblos paganos. Y en tercer lugar están los que se hacen eunucos por causa del reino; son aquellos que renuncian a una vida sexual y matrimonial para dedicarse al servicio de la obra de Dios. No es porque las relaciones sexuales sean consideradas malas sino porque el soltero no tendrá más preocupación que servir a Dios. La castración era prohibida en Israel y los eunucos eran excluidos de la congregación. El profeta Isaías proclamó que los eunucos también serán recibidos por Dios.

2Re 9:33 Y Jehú les ordenó:

–Echadla abajo.

Ellos la echaron, y parte de su sangre salpicó la pared y los caballos. Y él la atropelló.

2Re 9:34 Entró luego Jehú, y después que comió y bebió, dijo:

–Id ahora a ver a aquella maldita y sepultadla, pues es hija de rey.

2Re 9:35 Pero cuando fueron a sepultarla no hallaron de ella más que la calavera, los pies y las palmas de las manos.

2Re 9:36 Entonces regresaron a comunicárselo. Y él dijo:

–Esta es la palabra que Dios pronunció por medio de su siervo Elías, el tisbita: “En la heredad de Jezreel[s] se comerán los perros las carnes de Jezabel.

2Re 9:37 El cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: ‘Esta es Jezabel’ ”.

El tercer paso en la consolidación del poder real en manos de Jehú fue el asesinato de Jezabel, la reina madre de Israel. Cuando le llegó en Jezreel la noticia de la muerte de su hijo y rey, orgullosamente y con frialdad se adornó para su muerte segura a manos de Jehú. Algunos creen que su asociación con la fornicación;  indicaría que se adornó con la esperanza de atraer a Jehú para un encuentro sexual, para evitar que la asesinara. Pero esa interpretación no concuerda con la acusación odiosa que le gritó por la ventana. Probablemente ella creía que la condición del cuerpo en el momento de morir caracterizaría la naturaleza de su existencia después de la muerte. No obstante, con cinismo evidente antes de su muerte insultó a Jehú y predijo equívocamente un reinado corto para él, pues el reinado de siete días de Zimri fue un fracaso que terminó con su furibundo suicidio. Sus propios ayudantes la tiraron por la ventana, evidentemente de una segunda planta. Al caer, su sangre salpicó la pared y a los caballos, los cuales la pisotearon. Sin preocuparse por su cadáver y con evidente desprecio e insensibilidad, Jehú comió y bebió tranquilamente. Así demostró que había algo de verdad en el insulto de Jezabel acerca de él y vislumbró un régimen tan cruel como el anterior. Luego, pensando en la descendiente real como princesa de Fenicia, la mandó enterrar, pero solo encontraron el cráneo, los pies y las palmas de las manos de ella. Así también se cumplió la profécía pronunciada por Elías sobre el desenlace final de la enemiga número uno de Jehová y sus siervos.

La consagración de Jehú como rey de Israel según la palabra profética, y la consolidación de su poder. Este capítulo y el subsiguiente demuestran el cumplimiento implacable e inevitable de la palabra de juicio pronunciada sobre la casa de Acab, hijo de Omri, el fundador de la dinastía; el papel de Eliseo no es muy prominente.

Se cumple la profecía

En conformidad con el plan de Dios, el profeta (así se le designa en el texto sagrado, aunque no es normal para el cronista) Eliseo envió uno de los profetas jóvenes de la comunidad profética a Ramot de Galaad, con el fin de ungir como rey de Israel a Jehú, nieto de Nimsi. Tanto el nombre Jehú, que posiblemente quiere decir, “Jehová es uno” o “Jehová, él es Dios”, como también el de su padre Josafat (“Jehová juzgará”) sugiere como probable que tuviera un origen devoto al Señor. El profetamensajero tenía instrucciones para ungirlo con aceite en un departamento privado y después huir a toda velocidad. Las obedeció al pie de la letra. La necesidad de consagrarlo en una habitación privada probablemente se debía a que era esencial mantener todo en secreto del rey en Jezreel. Además, una coronación secreta tenía sus precedentes en los casos de Saúl, David, Salomón y Joás. Aunque una unción era la práctica normal en ambos reinos, solo se menciona cuando se funda una dinastía o la sucesión está en cuestión. La unción en Israel por un líder religioso señalaba la aprobación divina del rey y su posición como el “ungido de Jehová.”

Al derramar el aceite sobre la cabeza de Jehú, un símbolo de bendición de Dios y de comisión, el único rey en el norte en ser honrado así, el hombre de Dios pronunció unas palabras proféticas que reiteraron la esencia de la predicción de Elías. Primero, lo consagró como rey del verdadero pueblo de Jehová, sugiriendo que algunos habitantes en Israel serían excluidos. Segundo, como rey haría justicia por los profetas asesinados por Acab y Jezabel al eliminar cien por ciento de esa familia y así exterminar toda la descendencia suya e incluso a los enfermizos (como se hizo en el caso de la familia real anterior de Jeroboam I). Además, Jezabel no sería enterrada, ya que los perros (literalmente) se la comerían en el campo de Jezreel. Dicha sentencia significaba, según una creencia popular, que su espíritu estaría destinado a vagar sin fin. Todo el acto sirvió para legitimizar el reino de Jehú.

Los otros militares querían saber a qué se debía la llegada repentina del extraño religioso al campamento. ¿Significaba un augurio bueno o malo? La designación de loco para referirse al profeta señalaba a uno que sufría éxtasis. Jehú contó poco a poco a sus compañeros, reunidos posiblemente en ese momento para discutir un levantamiento debido a su descontento con todas las derrotas militares recientes, que el profeta le había consagrado como rey. Como una junta militar le dieron reconocimiento como tal con evidente entusiasmo, usando los símbolos tradicionales de realeza y sumisión para ella: un trono hecho de sus mantos, la corneta y una aclamación. Evidentemente el establecimiento militar estaba harto de seguir a reyes que habían perdido la unción o bendición de Dios y siempre se encontraban en la derrota. Esto muestra la tradición de la confederación sacral del norte, que reconocía la posesión de la bendición espiritual como una característica necesaria de los líderes, tanto los jueces como los reyes.

La consolidación de su poder

Después de conspirar con los comandantes militares de todo el ejército de Israel en Ramot de Galaad, con el fin de fundar la cuarta dinastía, Jehú cruelmente pero con sagacidad política tomó unos siete pasos violentos para asegurarse el poder real y la eliminación de todos los rivales potenciales.

La revolución requería dos empujones sistemáticos, la purga de la familia real extendida y la eliminación del baalismo. Su propósito de matar a todos los varones fue doble: asegurar la sucesión de su propia familia y prevenir una contienda sangrienta entre familias.

Con cada paso de la revolución iban en aumento la violencia y la brutalidad. Primero, tres personas o gobernantes influyentes fueron asesinados, seguidos por grupos de personas asociados con el poder real y religioso anterior. En varios casos, los actos violentos se presentan como cumplimiento de la palabra profética y con frecuencia lo señala el mismo Jehú que demuestra ser una persona tramposa, brutal e impasible. Aunque el cronista indica explícitamente en el texto que Jehú hacía la voluntad de Dios y que también se señala con la cooperación de Jonadab, sin embargo al final de la narración su evaluación no es de total aprobación.

En el primer paso de la revolución, Jehú asesinó al rey Joram que se encontraba en Jezreel recuperándose de heridas sostenidas en la batalla en Ramot de Galaad. Después de asegurar el secreto de la conspiración, Jehú mismo emprendió un viaje inmediato de unos 64 km. hacia el lado oeste del río Jordán, con unos cuantos soldados, para tomar por sorpresa al hijo de Acab. Al acercarse a Jezreel con su séquito, el atalaya en el lado este de Jezreel los vio y el rey envió dos mensajeros para enterarse de las noticias sobre la paz (shalom) con Siria en Galaad, pero Jehú no los dejó regresar con un mensaje.

Las respuestas de Jehú a los dos mensajeros y al rey sugieren una definición diferente de la paz; para él incluía la armonía del pueblo de Jehová con Dios que resulta en la prosperidad del pueblo. Además, se nota un ciclo de tres en el cual con el tercero se alcanza el punto culminante como en otras ocasiones. Cuando el atalaya le informó a Joram de que venía Jehú, salió repentinamente en su carro junto con el de su pariente Ocozías rey de Judá —pero en carros separados— con la esperanza de recibir buenas noticias de la batalla en Ramot de Galaad. Sin embargo, tuvo un encuentro fatal con Jehú en la propiedad de Nabot de Jezreel, pues la flecha de Jehú atravesó el corazón del rey, y éste cayó dentro de su carro.

Para que se cumpliera la palabra profética pronunciada en su presencia hacía tiempo, Jehú ordenó que el cadáver sangriento de Joram fuera arrojado en la propiedad de Nabot. Ya que esta palabra profética no aparece en ningún otro lugar, Jehú se convirtió en la persona que la emitió y la cumplió mientras Bidcar, el encargado del escudo y las armas del guerrero, sirvió de segundo testigo.

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