2 de Reyes 5: Eliseo y Naamán

2 de Reyes 5: Eliseo y Naamán

2 de Reyes 5:1 Naamán, general del ejército del rey de Siria,[a] era un hombre que gozaba de gran prestigio delante de su señor, quien lo tenía en alta estima, pues por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este un hombre valeroso en extremo, pero leproso.

Aparentemente, los sirios no ponían en cuarentena a los leprosos. Naamán, el general sirio, era un buen hombre, y aparentemente su lepra no fue resultado de injusticia alguna que hubiera cometido. De ahí que este episodio nos ofrezca algunas nociones prácticas sobre el proceso de la sanidad divina, cuando la persona afectada no es culpable de desobediencia o acción alguna que la haya expuesto a su aflicción.

1) Véase la importancia de compartir la esperanza de la sanidad divina con otros. La puerta para la sanidad de Naamán fue abierta por una sirvienta judía que le recomendó buscar al profeta Elías. Los creyentes hacen bien cuando testifican a otros tanto del poder salvador como del poder sanador de Jesús.

2) Véase cómo Dios sabe qué hacer con cada persona. A Naamán se le dijo que se lavara siete veces en el río Jordán y esto le molestó. Su soberbia y orgullo oculto salieron a la luz, y la obediencia y la sumisión le abrieron el camino de la sanidad. Nosotros podríamos afrontar un llamado similar, ya que a veces la acción obediente constituye un requisito para recibir sanidad. Por ejemplo, Jesús les dijo a los 10 leprosos que se mostraran al sacerdote y fueron sanados luego de haber obedecido. En ocasiones, algunas personas por las que se ora para que reciban sanidad se rinden cuando no ven sanidad inmediata, en lugar de buscar a Dios, no sea que haga falta dar un paso de sumisión que fortalezca su fe.

La lepra, muy similar al SIDA de hoy, era una de las enfermedades más temidas de la época. Algunas formas eran extremadamente contagiosas y, en muchos casos, incurables. En su peor forma, la lepra llevaba a la muerte. Muchos leprosos eran forzados a salir de las ciudades a campos de cuarentena. Ya que Naamán todavía conservaba su puesto, probablemente tenía una forma leve de la enfermedad, o quizá estaba aún en las primeras etapas. En cualquier caso, su vida se vería trágicamente acortada por su enfermedad.

2 de Reyes 5:2 De Siria habían salido bandas armadas que se llevaron cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual se quedó al servicio de la mujer de Naamán.

Esta muchacha ofrece un ejemplo impresionante de la importancia de vencer el miedo y conducir a otros al Señor.

Siria era el vecino de Israel al noroeste, pero las dos naciones rara vez estuvieron en términos amigables. Bajo el gobierno del rey David, Siria pagó tributo a Israel. En los días de Eliseo, Siria estaba creciendo en poder y condujo incursiones frecuentes en Israel, tratando de frustrar al pueblo y traer confusión política. Los israelitas a menudo eran llevados cautivos a Siria luego de las incursiones exitosas de estos. La sierva de Naamán era una israelita, secuestrada de su casa y de su familia. Irónicamente, la única esperanza para Naamán de ser curado venía de Israel.

2 de Reyes 5:3 Esta dijo a su señora: –Si rogara mi señor al profeta que está en Samaria,[b] él lo sanaría de su lepra.

La fe de la pequeña y la petición de Naamán contrastan con la terquedad del rey de Israel. Un líder de la poderosa Siria buscó al Dios de Israel. El propio rey de Israel no lo hizo. No conocemos el nombre de la niña ni mucho acerca de ella, pero sus breves palabras a su señora trajeron sanidad y fe en Dios a un poderoso capitán sirio. Dios la había colocado allí con un propósito, y ella fue fiel. ¿Dónde lo ha puesto Dios a usted? No importa cuán humilde o pequeña sea su posición, Dios puede utilizarlo para difundir su Palabra. Busque las oportunidades para decirle a otro lo que Dios puede hacer. Nunca se sabe quién puede prestar atención a su mensaje.

2 de Reyes 5:4 Naamán fue y se lo relató a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel».

2 de Reyes 5:5 Y el rey de Siria le respondió: –Está bien, ve y yo enviaré una carta al rey de Israel. Salió, pues, Naamán, llevando consigo diez talentos de plata, seis mil piezas de oro y diez mudas de vestidos,

2 de Reyes 5:6 y también le llevó al rey de Israel una carta que decía: «Cuando recibas esta carta, sabrás por ella que yo te envío a mi siervo Naamán para que lo sanes de su lepra».

2 de Reyes 5:7 Luego que el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidos y dijo: «¿Acaso soy yo Dios, que da vida y la quita, para que este me envíe a un hombre a que lo sane de su lepra? Considerad ahora y ved cómo busca ocasión contra mí».

Joram se alarmó a causa del pedido de Naamán y de la carta de Ben-adad, porque parecía una provocación de los sirios.

2 de Reyes 5:8 Cuando Eliseo, el varón de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: «¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».

La historia de Naamán ofrece un paralelo de lo que ocurre a aquellos que vienen a Jesús en busca de salvación.

2 de Reyes 5:9 Llegó Naamán con sus caballos y su carro y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.

Naamán, un gran héroe, estaba acostumbrado a recibir respeto y se sintió agraviado cuando Eliseo lo trató como a una persona común. Como hombre de orgullo, esperaba un trato preferencial. El bañarse en un gran río era una cosa, pero el Jordán era pequeño y sucio. Lavarse en el Jordán, pensó Naamán, era indigno de un hombre de su jerarquía. Pero tuvo que humillarse y obedecer los mandatos de Eliseo para poder sanarse.

La obediencia a Dios comienza con la humildad. Debemos creer que su camino es mejor que el nuestro. Quizá no entendamos su manera de trabajar, pero al obedecerlo humildemente, recibiremos sus bendiciones. Debemos recordar que

(1): Los caminos de Dios son mejores;

(2) Dios quiere más nuestra obediencia que cualquier otra cosa; y

(3) Dios puede utilizar cualquier cosa para alcanzar sus propósitos.

2 de Reyes 5:10 Entonces Eliseo le envió un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán; tu carne se restaurará y serás limpio».

2 de Reyes 5:11 Naamán se fue enojado diciendo: «Yo que pensaba: “De seguro saldrá enseguida, y puesto en pie invocará el nombre de Jehová, su Dios, alzará su mano, tocará la parte enferma y sanará la lepra”.

2 de Reyes 5:12 Abana y Farfar,[c] ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavo en ellos, ¿no quedaré limpio[d] también?». Y muy enojado se fue de allí.

Naamán se fue enfurecido debido a que la cura de su enfermedad parecía demasiado simple. El era un héroe y esperaba una cura heroica. Lleno de soberbia y de egocentrismo no pudo aceptar la simple cura por la fe. En algunas ocasiones la gente reacciona de la misma manera al ofrecimiento de perdón de parte de Dios. Sólo creer en Jesucristo de alguna manera no parece ser lo suficientemente significativo para alcanzar la vida eterna. Seguir el consejo de Dios no parece heroico. Lo que Naamán tuvo que hacer para limpiarse de su lepra es similar a lo que tenemos que hacer para que nuestro pecado sea limpiado: aceptar con humildad la misericordia de Dios. No permita que su reacción ante el camino de la fe le evite curarse de lo que más necesite.

2 de Reyes 5:13 Pero sus criados se le acercaron y le dijeron: –Padre mío, si el profeta te mandara hacer algo difícil, ¿no lo harías? ¿Cuánto más si solo te ha dicho: “Lávate y serás limpio”?

2 de Reyes 5:14 Descendió entonces Naamán y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios, y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

2 de Reyes 5:15 Luego volvió con todos sus acompañantes adonde estaba el hombre de Dios, se presentó delante de él y le dijo:

–Ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas un presente de tu siervo.

2 de Reyes 5:16 Pero él dijo: –¡Vive Jehová, en cuya presencia estoy!, que no lo aceptaré. Y aunque le instaba a que aceptara alguna cosa, Eliseo no quiso.

Eliseo rechazó el dinero de Naamán para mostrar que el favor de Dios no podía comprarse. Nuestro dinero, como el de Naamán, es inútil cuando nos enfrentamos a la muerte. No importa cuánta riqueza acumulemos en esta vida, se evaporará cuando estemos de pie delante de Dios, nuestro Creador. Será nuestra fe en Jesucristo la que nos salvará y no nuestras cuentas bancarias.

2 de Reyes 5:17 Entonces Naamán dijo: –Te ruego, pues, ¿no se dará a tu siervo de esta tierra la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.[e]

2 de Reyes 5:18 En esto perdone Jehová a tu siervo: cuando mi señor, el rey, entre en el templo de Rimón[f] para adorar allí, y se apoye sobre mi brazo, si yo también me inclino en el templo de Rimón, si hago tal cosa, que Jehová perdone en esto a tu siervo.[g]

Rimón : Considerado dios de la lluvia y la tempestad, era la deidad local de Damasco. Aunque Naamán tenía la responsabilidad de asistir a Ben-adad en los actos de idolatría de Siria, buscó el perdón de Dios porque reconoció que sólo el Señor era el verdadero Dios.

¿Cómo podía ser perdonado Naamán al inclinarse ante un ídolo pagano? Naamán no estaba pidiendo permiso de adorar al dios Rimón, sino de hacer su deber civil, ayudar al rey a agacharse y a enderezarse cuando se inclinara. Conocido además como Hadad-Rimón el dios de Damasco era considerado el dios de la lluvia y los truenos. Naamán, a diferencia de sus contemporáneos, mostró una aguda conciencia del poder de Dios. En vez de añadir a Dios a la colección de ídolos de su nación, reconoció que sólo había un único Dios verdadero. No intentó adorar otros dioses. El pedir perdón en esta área muestra el contraste marcado entre Naamán y los israelitas, los que constantemente adoraban muchos ídolos.

2 de Reyes 5:19 Eliseo le respondió: –Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra.

2 de Reyes 5:20 Entonces Giezi, criado de Eliseo, el varón de Dios, pensó: «Mi señor ha dejado marchar a este sirio, Naamán, sin aceptar de sus manos las cosas que había traído. ¡Vive Jehová, que correré tras él a ver si obtengo alguna cosa!».

En contraste con la liberalidad de Naamán, Reyes habla de la avaricia de Giezi.

2 de Reyes 5:21 Siguió Giezi a Naamán, y cuando Naamán vio que venía corriendo detrás de él, se bajó del carro para recibirlo, y le preguntó: –¿Va todo bien?

2 de Reyes 5:22 –Todo bien –respondió él–. Pero mi señor me envía a decirte: “Acaban de venir a verme de los montes de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata y dos vestidos nuevos”.

2 de Reyes 5:23 Naamán dijo: –Toma, por favor, los dos talentos. Le insistió y ató los dos talentos de plata en dos bolsas, junto con dos vestidos nuevos, y lo dio todo a dos de sus criados para que lo llevaran a cuestas delante de Giezi.

2 de Reyes 5:24 Cuando llegó a un lugar secreto, lo tomó de manos de ellos y lo guardó en la casa. Luego mandó a los hombres que se fueran.

2 de Reyes 5:25 Entonces entró y se presentó ante su señor. Eliseo le dijo: –¿De dónde vienes, Giezi? –Tu siervo no ha ido a ninguna parte –respondió él.

2 de Reyes 5:26 Pero Eliseo insistió: –Cuando aquel hombre descendió de su carro para recibirte, ¿no estaba también allí mi corazón?[h] ¿Acaso es tiempo de tomar plata y tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?

2 de Reyes 5:27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de su presencia leproso, blanco como la nieve.

Giezi vio una oportunidad perfecta para enriquecerse al pedir egoístamente la recompensa que Eliseo había rechazado. Desafortunadamente, había tres problemas en este plan:

(1) gustosamente aceptó el dinero por algo que él no había hecho;

(2) dejó entender erróneamente que el dinero podía ser cambiado por el regalo de Dios de sanidad y misericordia;

(3) mintió y trató de encubrir sus motivos para aceptar el dinero. A pesar de que Giezi había sido un siervo útil, el beneficio personal había llegado a ser más importante para él que el servir a Dios.

Este pasaje no enseña que el dinero sea malo o que los pastores no debieran ser remunerados. Por el contrario, nos advierte contra la avaricia y el engaño. El verdadero servicio es motivado por el amor y la devoción a Dios y no busca un beneficio personal. Cuando sirva a Dios, analice sus motivos: no puede servir a Dios y al dinero.

Eliseo

Pocos «sustitutos» en las Escrituras fueron tan efectivos como Eliseo, quien sucedió a Elías como profeta de Dios en Israel. Eliseo tuvo un gran ejemplo al seguir al profeta Elías. Permaneció con su maestro hasta los últimos momentos de la vida en la tierra. Estuvo dispuesto a seguirlo y a aprender para obtener poder para hacer el trabajo al que Dios lo había llamado.

Tanto Elías como Eliseo, concentraron sus esfuerzos en las necesidades particulares de la gente que los rodeaba. El valiente Elías confrontó y expuso la idolatría, ayudando así a crear una atmósfera donde la gente podría adorar a Dios libre y públicamente. Después le tocó el turno a Eliseo para demostrar la naturaleza poderosa, y amorosa, de Dios para todos los que vienen a El en busca de ayuda. Pasó menos tiempo en conflicto con la maldad y más tiempo en dar cuidado compasivo a la gente. La Biblia registra dieciocho encuentros de Eliseo con gente necesitada.

Eliseo vio más en la vida que la mayoría de la gente porque reconoció que con Dios había más para vivir. El sabía que todo lo que somos y tenemos proviene de Dios. Los milagros que ocurrieron durante el ministerio de Eliseo pusieron a las personas en contacto con el Dios personal y todopoderoso. Elías habría estado orgulloso de su sustituto.

También nosotros tenemos grandes ejemplos para seguir: los personajes de la Biblia y los que han influido positivamente en nuestra vida. Tenemos que resistir la tendencia de pensar en las limitaciones que nuestros antecedentes familiares o ambiente crea para nosotros. En vez de eso, debemos pedirle a Dios que nos utilice para su propósito. Quizás, como Elías, debamos tomar una postura en contra del error o, como Eliseo, mostrar compasión por las necesidades diarias de aquellos que nos rodean. Pídale a Dios que lo use como sólo El pude hacerlo.

Eliseo fue Sucesor de Elías como profeta de Dios; Tuvo un ministerio que duró aproximadamente cincuenta años; Tuvo un gran impacto en cuatro naciones: Israel, Judá, Moab y Siria; Fue un hombre íntegro que no trató de enriquecerse a costa de los demás; Realizó muchos milagros para ayudar a los necesitados

A los ojos de Dios, la medida de nuestra grandeza es la disponibilidad para servir al pobre así como al poderoso

Un sustituto eficaz no sólo aprende de su maestro, sino que además edifica sobre los logros de su maestro

La sanidad de Naamán de la lepra

En medio de la grandeza de Naamán, un comandante del ejército de Siria, cuyo nombre quiere decir «agradable, afable, favorable», existía la tragedia conmovedora de su condición de leproso. Como un hombre muy importante ostentaba una alta posición social que le permitía asociarse con el rey; como tenido en gran estima era de gran influencia y respetado por todos, aun el rey; como guerrero valiente era dueño de tierras y propiedades cuyo comportamiento, riqueza y valor personal lo destinaban para un puesto alto en el servicio militar de su país. Como jefe del ejército llevaba a Siria de victoria en victoria bajo la soberanía de Jehová.

En el AT había una variedad amplia de enfermedades clasificadas como lepra. La de Naamán era una de las que creaba menos barreras para el intercambio social. Evidentemente, se trataba de una enfermedad temporaria de la piel que no le exigía cuarentena.

Una de las criadas de la esposa de Naamán, probablemente una prisionera de guerra o guerrilla fronteriza, le comentó a su ama de un profeta en Samaria que podría curar a Naamán.

Naamán comunicó esta esperanza al rey de Siria, quien indicó su disposición de ayudarle por medio de una carta dirigida al soberano de Israel. En seguida, Naamán emprendió un viaje llevando consigo la carta y una fortuna millionaria para el profeta por su sanidad. Dar obsequios a un profeta era una práctica frecuente. El rey en Samaria se asustó al recibir la orden de sanidad e interpretó todo como un acto destinado a provocar una confrontación bélica, ya que la carta no mencionaba a un profeta. Atribuía falsas motivaciones al otro. Su mala interpretación consistía en torcer la intención y motivación benéfica y buena de Benhadad en algo despiadado. No vio la ocasión como una oportunidad sino como algo oneroso y amenazante. Pero cuando Eliseo se dio cuenta del dilema del rey, le comunicó su disposición como profeta de socorrerlo y a la vez así el rey aprendería de la existencia de un profeta en Israel. No es muy frecuente que el texto sagrado en heb. llame a Eliseo profeta, pero aquí lo hace dos veces. Es muy notable que una pequeña prisionera en el extranjero sabía más de los profetas de Jehová en Israel y tenía más fe que el mismo rey.

Al llegar Naamán a la casa de Eliseo, en vez de recibirlo personalmente, el profeta envió a un mensajero con órdenes para que Naamán se lavara o se sumergiera siete veces en el río Jordán (comp. el uso del número siete en 4:35). Estas simples instrucciones demostraron con claridad que no era Naamán quien controlaría su liberación de la lepra aun con todo su gran poder, influencia y riqueza, sino Dios. Las leyes sobre la lepra en Levítico 13-14 se reflejan más en el vocabulario aquí que en las instrucciones, aunque el lavado era parte de una limpieza ritual y simbólica, mientras aquí su baño aceleró o apresuró la limpieza. Tanto las órdenes del profeta como la falta de protocolo en el recibimiento de un alto funcionario con caballos y carrozas enfurecieron al rico guerrero valiente. Después de todo consideraba al profeta como uno inferior en lo social. De momento perdió esperanzas y creyó que todos sus planes cuidadosamente formulados habían sido frustrados o malogrados sin suficiente explicación. Esperaba que el profeta actuara como un mago o exorcista que en su presencia pronunciara unos encantamientos, pero al no hacerlo se sintió ofendido y como buen patriota pensó en los ríos cristalinos de su propio país. El flujo del río Abana atravesaba la ciudad de Damasco, y el Farfar fluía paralelo a una corta distancia al sur. Por otro lado, las aguas del río Jordán, normalmente de color oscuro, corrían llenas de lodo entre barrancas lodosas. Su primera objeción fue egocéntrica y la segunda etnocéntrica o nacionalista.

Sin embargo, el noble Naamán estaba dispuesto a humillarse y por segunda vez con renuencia escuchó los buenos consejos de sus humildes siervos. Se convenció de que valdría la pena tragarse el orgullo y la arrogancia; se sumergió siete veces en el Jordán. Como consecuencia, conforme a la palabra profética, su piel se restauró como la de un jovencito. (Se nos recuerda la inocencia de la niñacriada de su esposa, la portadora de la buena noticia.)

En seguida toda su comitiva regresó a la casa de Eliseo, que esta vez le recibió personalmente. Naamán había pasado la prueba de la fe. Se dio cuenta que de verdad era el Dios de Israel y no un profeta con un encanto mágico quien había restaurado su salud. Ahora confesó su fe en Jehová, el único Dios existente, y ofreció bendecir a Eliseo con una recompensa generosa. El varón de Dios enfáticamente rehusó recibirla; quería demostrarle que las bendiciones de Jehová no se compran. Su sanidad y la negativa del profeta de recibir paga dieron lugar a la conversión del sirio a un monoteísmo que le exigía la adoración a ese Dios verdadero. Como consecuencia, Naamán pidió permiso para llevar tierra de Israel a Siria para poderla usar en la adoración de Jehová. Según el henoteísmo de la época, la gente creía que los dioses tenían poder solo en su propia área geográfica y que eran impotentes sin su tierra. Llevar tierra de Israel a Siria permitiría que Jehová ejerciera su poder y jurisdicción también en Siria. Un cambio de parecer es evidente: hace poco despreciaba los ríos de Israel, ahora pidió permiso para llevar tierra a su país. Asimismo pidió comprensión de parte de Eliseo cuando se viera obligado a participar con su soberano en la adoración del dios nacional de Siria. De esa manera, con anticipación pero con un habla verbosa, divagadora y vacilante, pidió perdón por un arreglo que sabía que era imperfecto. No podría practicar una adoración exclusiva a Jehová en Siria debido a la lealtad a su rey, aunque para él no sería un acto de reverencia para Rimón, “el tronador”, dios de la tempestad, el trueno y la lluvia.

Pidió este segundo favor porque se convirtió en un hombre con dos lealtades: una hacia Dios y la otra para con su rey, y este le exigiría participación en ritos paganos. Este ruego demostraba que su altanería se había transformado en humildad. Lo expresó con vacilación, como lo indica la repetición del verbo “postrarse” tres veces. Debido a que su lealtad era para su soberano y no para el dios Rimón, su petición no socavaba una fe monoteísta. Su dilema fue retener el alto puesto con el favor del rey y continuar sirviéndole como su señor humano.

Eliseo le concedió su petición. La breve o parca respuesta de Eliseo, la despedida tradicional, es un shalom, que le indicó una aprobación tácita que a la vez reflejaba una actitud reservada sin emitir un juicio final. En parte se parece a la respuesta de Pablo a los corintos que agonizaban sobre el problema de comer carne ofrecida a los ídolos. El problema esencial era cuáles arreglos se permitían y cuáles traicionaban la fe. La respuesta de Eliseo no estableció una regla invariable, más bien, permitió a Naamán decidir bajo la dirección del Dios soberano según el leal saber y entender de uno. Se parece a la solución paulina al retener la aprobación clara y a la vez rehusar juzgar al otro; sencillamente le tocaba a Naamán vivir su fe lo mejor que podía bajo el dominio y voluntad de Jehová dentro de una sociedad donde la mayoría era incrédula. Pero lo que le tocaba a Eliseo en su ministerio era pronunciar con claridad y sencillez el simple mensaje de salvación y no emitir reglas para la conducta.

El siervo de Eliseo estaba descontento porque su jefe no había despojado al acomodado enemigo. Al iniciar Naamán el viaje de regreso a su país, con una resolución firme Guejazi decidió tomar ventaja de la buena disposición de Naamán y a la vez enriquecerse. El deseo de Guejazi de explotar a un extranjero estaba en plena violación de la ley de Israel. El espíritu nacionalista del siervo contrasta con el espíritu internacionalista del profeta. Los dos emitieron un juramento.

A corta distancia de la casa del profeta, Guejazi hizo detener a Naamán y le mintió afirmando tener una petición de Eliseo. Su deslealtad le llevó además a aserverar que la mentira avara procedía de su jefe. Su traición y perfidia era aún más malvada al contrastarla con la generosidad de Naamán. Guejazi pidió un talento o 3.000 monedas y dos vestidos nuevos, lo cual el agradecido y generoso Naamán pensó que era poco. Por lo tanto le duplicó las monedas y la ropa, y mandó dos personas para llevar lo concedido. Guejazi no perdió tiempo en esconderlo él mismo. Fue infiel y avaro mientras que Naamán fue fiel y generoso. ¿Nos anticipan la traición de Judas, el tesorero de Jesús, al posesionarse personalmente del dinero de su Señor? ¿Nos recuerda también la avaricia de Acán y de Ananías y Safira y su castigo más severo en momentos críticos para el pueblo de Dios? Es triste cuando uno usa su posición de confianza y de privilegio para explotar a otros con el fin de enriquecerse personalmente. La religión no es para ganancia personal. El ejemplo de Cristo al resistir la tentación de explotar su poder en beneficio propio nos sirve como una gran lección.

No obstante el esfuerzo de Guejazi de hacer todo a escondidas y tratar de encubrirlo, Eliseo le descubrió, demostrando así el don de Dios de percibir o intuir las cosas secretas aunque no siempre le fue dada esta presciencia. Por segunda vez Guejazi mintió. Una mentira le lleva a una cadena de ellas. Al regañar y castigar a su siervo, Eliseo le aclaró que había momentos apropiados para que un profeta recibiera remuneración y había otros cuando no era apropiado. Se administró la justicia divina de verdad cuando la lepra del franco y honesto guerrero se pegó al tramposo y avaro religioso; salió de la presencia del profeta blanco como la nieve. Cuando Dios estaba obrando para sanar y convertir a uno, ese no era un momento para la avaricia o el engaño para el beneficio propio. Su desenlace, sin embargo, no es tan severo como el de Judas, el discípulo de Cristo.

Aquí Dios hizo dos milagros, uno fue la sanidad y el otro la transferencia de una aflicción al religioso. En contraste con los milagros del capítulo anterior donde los milagros de Eliseo fueron motivados por las necesidades humanas, aquí las intenciones son apologéticas. Tenía la intención de comprobar que había un profeta en Israel y demostrar que Eliseo era ese profeta. Además, para las narraciones los efectos de los milagros eran más importantes que el procedimiento usado para efectuarlos. No hay que pensar que la lepra de Guejazi era peor que la de Naamán; sin duda podría continuar su contacto social, porque no era la lepra reglamentada por Levítico 13-14, ya que es evidente que en el 8:1-6 sigue su contacto social. El pecado del robo por medio del engaño y la avaricia tiene sus malas consecuencias que puede incluir aflicciones físicas. De manera que la enfermedad y la salud a veces depende de la fe de uno en la palabra de Dios, que es un mensaje mediado por el profeta de Dios. Es muy notable que la sanidad fue un regalo; ni siquiera la fe fue una precondición para buena salud. Aquí se le dio la sanidad con el fin de crear fe, no como condición de ella. Solo después de la sanidad se hace confesión pública de fe.

El profeta, el hombre de fe, ejerce poder con atrevimiento mientras el rey de Israel, el poder político que no tiene fe en el verdadero Dios, le manifiesta una graciosa impotencia. La burocracia política no administra el poder de sanar. Está claro que la simple obediencia a la palabra profética trae sus bendiciones, y el esfuerzo desobediente de deshacer la promesa del profeta trae sus maldiciones.

El incidente señala también la diferencia entre la magia de un milagrero y el poder de Dios ejercido por su profeta: el profeta ni siquiera tiene que acercarse a Naamán para su sanidad. Además, enseña que uno no debe usar el poder de Dios o la oficina profética para obtener beneficios personales. Más bien, la reacción de Naamán es la manera apropiada para recibir las bendiciones de Dios: por medio de la fe en el único Dios verdadero y la disposición de dar a otros en forma de sacrificio.

Se nota una reorientación revolucionaria en la vida de Naamán: primero, por su confesión explícita en el monoteísmo; segundo, por un cambio radical de actitud y carácter de la arrogancia a la humildad, y tercero, por sus peticiones contritas en relación con la tierra de Israel y el perdón de Jehová. El hombre que al principio estaba sumido en una fe pagana después exhibe las virtudes de un creyente genuino: agradecimiento, reverencia y humildad. Se le contrasta con Guejazi, que gozaba de todos los privilegios del ejemplo vivo del profeta pero que no aprendió de esas experiencias y conocimientos exclusivos. Eso nos recuerda al hermano mayor del hijo pródigo y a Simón Pedro, quien a pesar de compartir la compañía privilegiada del Mesías también cayó en tentación. Cabe señalar que se curó a un pagano por un acto de obediencia y se maldijo a un israelita por un acto de deshonra. Además, se subraya que los dones de Dios no son para la venta.

El favor misericordioso de Jehová señala la iniciativa de Dios desde el comienzo. Desde el principio Naamán es el objeto de la gracia de Dios, que le propicia crecimiento hacia una fe profunda. El Dios de Israel es también Dios de otros pueblos y desea bendecirlos; a la vez, él es superior a los otros dioses, pues estos no tenían poder para sanar. Jehová no es un Dios racista o exclusivo de ninguna persona o pueblo, como recalcan las narraciones de Rut y de Jonás, pero sí exige que todos se le acerquen con humildad. De modo que esta narración refleja el universalismo divino, una idea que aparece una y otra vez en las narraciones acerca de Elías y Eliseo, pues por medio de sus profetas Jehová obraba en el extranjero, donde fue reconocido como el único Dios. Esta creencia no es todavía una fe misionera, pues Dios está limitado a la tierra santa.

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