2 de Reyes 3: El reino malo de Joram en Israel

2 de Reyes 3: El reino malo de Joram en Israel

2 de Reyes 3:1 Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.

Cuando Joram (1.17) comenzó a reinar en Israel, Mesa rey de Moab rehusó pagarle tributo. Moab era hijo de Lot, sus descendientes se convirtieron en vecinos de Israel y vivían al este del Mar Muerto. Esta gente había sido subyugada por Omri y pagaba tributo a los reyes de Israel.

2 de Reyes 3:2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho.

A pesar de que 1.17 menciona que Joram era rey de Judá, 3.1 manifiesta que Josafat era rey de Judá. Cuando el rey envejecía, era común que su hijo gobernara junto a él. Josafat, cerca del final de su reinado, designó a su hijo Joram para que gobernara junto a él. Joram sirvió como cogobernador junto con Josafat durante cinco años (853-848 a.C.; se vuelve a mencionar en 8.16-24). Los reyes de Israel y de Judá entonces tenían el mismo nombre: Joram. Joram, rey de Israel, era el hijo de Acab y hermano de Ocozías (1.17). Tanto Acab (1 Reyes 16.29-22.40) como Ocozías (1.2-18) sirvieron como reyes antes de Joram.

2 de Reyes 3:3 Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.

Los pecados de los reyes de Israel se comparan a menudo con «el pecado de Jeroboam». Jeroboam fue el primer gobernante del reino del norte de Israel. Su gran pecado fue la institución de la idolatría a lo largo de su reino, originando que el pueblo se apartara de Dios. Al ignorar a Dios y permitir la idolatría, Joram continuó con el pecado de Jeroboam.

2 de Reyes 3:4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.

Israel y Judá mantenían algunas de las tierras más fértiles y las posiciones más estratégicas del antiguo Medio Oriente. No necesitamos preguntarnos por qué las naciones vecinas como Moab envidiaban y constantemente intentaban capturar la tierra. Moab quedaba justo al sudeste de Israel. El país había estado bajo el control de Israel durante algún tiempo debido al gran liderazgo militar del rey Acab. Cuando Acab murió, Mesa, el rey moabita, aprovechó la oportunidad para rebelarse. Si bien Ocozías, el siguiente rey de Israel, no hizo nada acerca de la revuelta, su sucesor, Joram, decidió tomar medidas al respecto. Unió fuerzas con Josafat, rey de Judá, y fue a pelear con los moabitas. Juntos, Israel y Judá llevaron a los moabitas a la rendición. Pero cuando vieron que el rey de Moab sacrificó a su propio hijo y sucesor, se echaron atrás aun cuando habían ganado la batalla. Moab luchó muchas otras batallas con Israel y Judá. Algunas de ellas, están registradas por Mesa (c. 840 a.C) que grabó sus hazañas en una placa llamada la Piedra Moabita (descubierta en 1868).

2 de Reyes 3:5 Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.

2 de Reyes 3:6 Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista a todo Israel.

Joram solicitó la ayuda de Josafat rey de Judá y del rey de Edom para someter a Mesa, pero marcharon hacia un área estéril que carecía de agua. Por medio de Eliseo el Señor les proveyó milagrosamente de agua y les dio la victoria sobre los moabitas.

2 de Reyes 3:7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos.

2 de Reyes 3:8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Edom.

2 de Reyes 3:9 Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, les faltó agua para el ejército, y para las bestias que los seguían.

2 de Reyes 3:10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.

Edom estaba bajo el control de Judá, de modo que serían tres los reyes que marcharían juntos contra Moab.

2 de Reyes 3:11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías.

La pregunta de Josafat: «¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos?» nos muestra cómo habían decaído la verdadera adoración y la experiencia religiosa tanto en Israel como en Judá. En los días de David, tanto el sumo sacerdote como los profetas daban consejo al rey. Pero la mayoría de los sacerdotes habían abandonado Israel, y los profetas de Dios eran vistos como mensajeros del mal. Este milagro predicho por Eliseo afirmó el poder y la autoridad de Dios y revalidó el ministerio de Eliseo. En 2 de Crónicas 18, el rey Josafat de Judá y el rey Acab de Israel hicieron al profeta Micaías un requerimiento similar. Pero ellos ignoraron el consejo de Dios, y tuvieron resultados desastrosos.

2 de Reyes 3:12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.

2 de Reyes 3:13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.

2 de Reyes 3:14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera.

2 de Reyes 3:15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo,

La frase, la mano de Jehová , se utilizaba como una fórmula para referirse a la inspiración divina de los profetas. El Espíritu de Dios era el que permitía a aquellos hombres y mujeres profetizar

En el Antiguo Testamento, la música a menudo acompañaba a la profecía

2 de Reyes 3:16 quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques.

2 de Reyes 3:17 Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados.

2 de Reyes 3:18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos.

2 de Reyes 3:19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.

2 de Reyes 3:20 Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó de aguas.

El sacrificio de la mañana era uno de los dos sacrificios que los sacerdotes debían ofrecer cada día.

2 de Reyes 3:21 Cuanto todos los de Moab oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían ceñir armadura en adelante, y se pusieron en la frontera.

2 de Reyes 3:22 Cuando se levantaron por la mañana, y brilló el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre;

2 de Reyes 3:23 y dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su compañero. Ahora, pues, ¡Moab, al botín!

2 de Reyes 3:24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de delante de ellos; pero los persiguieron matando a los de Moab.

2 de Reyes 3:25 Y asolaron las ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los honderos la rodearon y la destruyeron.

2 de Reyes 3:26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para atacar al rey de Edom; mas no pudieron.

Para Mesa, la derrota en la batalla indicaba que su dios Quemos estaba disgustado con Moab. En consecuencia, Mesa ofreció a su propio hijo en sacrificio para agradar a Dios. Hubo grande enojo contra Israel : Esto puede significar que la acción de Mesa fue tan repulsiva que los israelitas detuvieron su ataque o que la batalla súbitamente se volvió contra Israel. Otra posibilidad es que los israelitas dejaron de atacar porque de alguna manera Dios estaba disgustado con ellos.

2 de Reyes 3:27 Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron a su tierra.

El reino malo de Joram en Israel

Joram, el noveno rey de Israel e hijo de Acab y Jezabel, heredó el trono luego del corto reinado trágico de Ocozías (1:1-18), quien era su hermano de padre y madre. Desobedeció a Dios durante su reinado de 12 años, pero no al mismo grado que sus padres, porque quitó uno de los ídolos construidos por Acab y años más tarde Jehú quitó el otro. Piedra ritual (versículo 2) puede referirse a un pilar cúltico colocado por Acab o la erección de una estela conmemorativa puesta por Acab en honor de Baal. No obstante, Joram continuaba las prácticas de Jeroboam, auspiciando la adoración en la capilla de Betel (y Dan) donde estaba el becerro de oro. De modo que siempre fue un rey apóstata, aunque en parte por motivaciones políticas. ¿Fue esa la razón para su derrocamiento por medio de Moab? La continuación de su reinado se narra en el cap. 8; allí se hace claro que durante esos años el predominio de su madre Jezabel ejercía influencia contra Jehová y en favor de la apostasía.

La lucha por la recuperación del poder en Moab. Al morir Acab, Mesa, el rey de Moab y vasallo de Israel, como claramente demuestra la Piedra Moabita (no se puede determinar sin lugar a duda que dicha piedra necesariamente se refiere a la guerra de este capítulo), rehusó seguir pagando el enorme tributo a su vecino. Así demostró sus intenciones claras de rebelarse contra Israel, país que lo había dominado como territorio desde los tiempos de David o posiblemente desde su conquista por Omri unos 40 años antes. La pérdida ecónomica fue algo serio para Israel.

Contrario a Ocozías, Joram actuó inmediatamente y con gran seriedad, primero inspecionando todo su ejército y segundo haciendo contacto con su aliado Josafat, rey de Judá. Este estaba dispuesto a acompañarlo en la guerra para someter de nuevo a Moab. Se determinó que la ruta de ataque no sería la más directa, lo que les hubiera requerido cruzar el río Jordán y pasar por el territorio de los amonitas. Probablemente en parte esta decisión se debió a las fortificaciones de los moabitas en la frontera norteña; optaron por la ruta más larga y difícil al sur del mar Muerto a través de Edom. Esto a la vez les permitiría incrementar su poder militar con refuerzos del otro aliado, Edom.

Después de siete días de viaje se les acabó el agua. Probablemente el desvío forzoso los atrasó más de lo que habían calculado. Mientras Joram culpaba a Jehová por el dilema, Josafat quería consultar a uno de sus profetas, ya que en el pasado ellos habían suplido agua en momentos de necesidad. La fe de Joram y Josafat era muy diferente. Joram no dudaba del poder de Dios, únicamente de su buena voluntad hacia ellos. Josafat tenía fe en un Dios que revelaba sus propósitos cuando se le preguntaba y que daba dirección para vencer en la vida.

Un oficial de Joram le informó de la presencia de Eliseo, el cual se identificó como el ayudante o siervo de Elías. La descripción es el que solía verter agua en las manos de Elías (versículo 11), y el acto en sí fue un gesto de deferencia, respeto y servicio debido a la costumbre de lavar las manos antes y después de comer. En seguida los dos reyes de los reinos divididos fueron a ver al profeta; el rey de Edom, que en realidad probablemente fue un virrey nombrado por el rey de Judá, no los acompañó. Por primera vez Eliseo se envuelve en asuntos políticos jugando un papel crítico como mediador de la palabra de Jehová. También es la única narración bíblica de un profeta junto con los soldados en un campamento militar. Al principio Eliseo se dirigió solo al rey de Israel, respondiendo como Jesús respondió a su madre en Caná de Galilea. Así, con desprecio y con palabras cortantes, el varón de Dios indicó que no estaba dispuesto a atenderle en su petición, por el apoyo de su familia a Baal y a sus profetas. No obstante, Joram insistió en que había que consultar a Jehová debido a que era el Señor quien había preparado una trampa para destruir a los tres reyes; por eso tendría que ser él quien les resolviera su situación peligrosa. ¿Sugiere él que Baal sería impotente contra el poder de Jehová y que el Señor es un Dios que solo sirve para castigar?

Solo por la presencia de Josafat, Eliseo consintió en buscar de Dios una solución al dilema. Obviamente, para el profeta el joven rebelde ya se encontraba fuera de la ayuda de Dios. Con la ayuda de una música, que probablemente era monótona y rítmica, hizo contacto con Dios. Aunque algunos interpretan la presencia de un músico como evidencia de que los profetas solían inducir un estado estático, es posible que debido a las circunstancias trágicas Eliseo quería música suave y calmada para sentirse tranquilo delante de Dios, y como consecuencia inspirar un estado de ánimo conducente a que Dios le revelara su voluntad. Cuando el poder (la mano) de Dios le sobrevino, pronunció la palabra profética con sus dos promesas: primera, los aliados tendrían una superabundancia de agua sin presenciar tempestad alguna, pero tendrían que hacer muchos estanques; segunda, su misión militar en Moab tendría éxito y dejaría la tierra abrasada o chamuscada.

La palabra profética se cumplió la siguiente mañana. Con una superabundancia de agua dondequiera (evidentemente debido a inundaciones repentinas causadas por una lluvia torrencial en los montes distantes), se llenaron los estanques y debido a los rayos del sol de la madrugada que reflejaban el color rojo, los moabitas se convencieron de que los tres aliados que en otros tiempos eran enemigos, se habían destruido entre ellos en una batalla sangrienta. La hora del flujo del agua fue al momento del amanecer, el momento de la oblación de la manaña y también de la guerra santa. El color rojo (Edom) probablemente se relacionaba con el color de la piedra caliza.

Los moabitas atacaron el campamento israelita solo para descubrir su equivocación y por ende sufrieron la derrota. Los aliados siguieron una política de arrasarlo todo en violación a las normas de la ley hasta que solo quedó en manos moabitas la ciudad capital de Quirjaréset, que se encontraba sitiada por fuerzas superiores a las suyas. En desesperación, Moab lanzó un ataque contra Edom, el aliado menos convencido, sin lograr una victoria. Como último recurso, el desalentado Mesa sacrificó al príncipe heredero a su dios Quemós a la vista de todos, incluso de la tropa de los tres aliados. La ira resultante produjo la secuela de la retirada de los ejércitos de Israel, Judá y Edom de la lucha contra Moab.

Algunos teólogos sugieren que hay que entender el desenlace en términos de la indignación y consternación personales de Israel. Perdieron, pues, ánimo y valentía por los horrores prolongados y espantosos de la batalla y en especial del sitio. Otros lo ven como la causa para estimular a los moabitas a desatar un ataque con fuerzas renovadas. Algunos intérpretes prefieren la otra alternativa de atribuir la ira a Quemós que hizo que los israelitas abandonaran el país con pánico, porque, según la creencía de su época, era el dios que controlaba la tierra de Moab. Pero la palabra para enojo o ira en heb. -quetsef- normalmente describe la visitación de Jehová sobre los malhechores. La situación se parece a lo ocurrido en la protección divina de Samaria y Jerusalén. En cada caso, se presenta a Dios como el soberano de la historia; está claro que Jehová controla los eventos tanto adentro como afuera de la tierra prometida. ¿Vislumbraba esta operación militar, alentada por el profeta de Dios, pero fracasada, el juicio final de Dios sobre la apostasía de la familia de Acab?

La música y el uso profético

La música era una parte importante en la vida diaria de los judíos. Las bodas y los funerales eran acompañados por música, también durante la guerra se hacían tocar instrumentos para llamar a la batalla.

La Biblia menciona que la música además del uso religioso, también fue utilizada como un medio para apartar espíritus malos. El rey Darío, después de que Daniel fuese encerrado en el foso de los leones, se negó a que le trajeran los músicos para calmar su angustia.

Otro uso frecuente de la música en el pueblo hebreo era en la profecía. Samuel dijo a Saúl: “Encontrarás un grupo de profetas descendiendo del lugar alto, precedidos de liras, panderos, flautas y arpas; y ellos profetizando”.

Con respecto al profeta Eliseo, la Biblia dice que ante el pedido de la profecía de los tres reyes, mandó que le trajeran un músico, y cuando el músico comenzó a tocar el Señor se posesionó de Eliseo y profetizó. Los profetas revestían sus enseñanzas con imágenes y utilizaban los géneros póeticos corrientes: canciones de peregrinación e himnos.

Los sacrificios humanos en el pueblo azteca

Una de las contribuciones más notables del pueblo azteca a la civilización mundial fue su calendario. Los aztecas tenían dos calendarios, uno religioso de 260 días y uno civil de 365. Después del primer año los calendarios no estaban sincronizados, tardaban 52 años en volver a coincidir en sus respectivas fechas para año nuevo. Los aztecas creían que al final de cualquier ciclo de 52 años era posible que el mundo llegara a su fin o que los dioses le concedieran un nuevo ciclo. Para determinar cuál sería su destino celebraban la ceremonia del fuego.

En la última noche del año número 52, los sacerdotes aztecas subían al cerro de la estrella, en el valle de México. Allí vigilaban la marcha de los astros para ver si la constelación llamada “Las cabritas” llegaría a su cenit. Creían que si así sucedía el mundo no terminaría por lo menos en otros 52 años más.

Cinco días antes se había apagado todo fuego en todo el imperio azteca. Ni casa ni templos tenían luz, por cinco noches reinaba la oscuridad. Pero estaban listos para encender el fuego otra vez. Al observar que “Las cabritas” habían alcanzado el cenit del cielo, los sacerdotes sujetaban a una víctima humana sobre el altar. Con un cuchillo de piedra volcánica le sacaban el corazón. Luego un guerrero empezaba a frotar dos palos secos hasta producir una hoguera en el pecho de la víctima sacrificada.

Al encenderse la hoguera, empezaban a acercarse corredores, cada uno con un pedazo de ocote en la mano. Encendían sus ocotes en el fuego sagrado que ardía en el pecho de la víctima sacrificada para luego partir a sus pueblos para encender de nuevo el fuego en los templos y en los hogares.

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