2 de Reyes 2: Eliseo sucede a Elías

2 de Reyes 2: Eliseo sucede a Elías

2 de Reyes 2:1 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.

Gilgal estaba al este de Jericó, cerca de río Jordán.

2 de Reyes 2:2 Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.

De alguna manera Eliseo sabía que Elías pronto partiría de este mundo, y estaba determinado a seguirle hasta el final. Elías había llamado a Eliseo para que asumiera sus responsabilidades como profeta (véase la nota a 1Ki_19:19). Eliseo había decidido seguirle porque a menudo los moribundos impartían bendiciones y no quería perder esa preciosa oportunidad (véase Gn 49). La determinación de Eliseo fue probada en tres ocasiones por Elías. Los hijos de los profetas alude aquí a que éstos pertenecían a una orden profética, no a que eran descendientes de los profetas.

2 de Reyes 2:3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.

«Los hijos de los profetas» formaban parte de algo así como una escuela, un conjunto de discípulos reunidos alrededor de un profeta reconocido como lo eran Elías o Eliseo. Estas compañías de profetas estaban localizadas a lo largo de la nación, para ayudar a contener la marea de decadencia espiritual y moral que comenzó bajo el gobierno de Jeroboam. Los estudiantes en Bet-el fueron testigos oculares de la sucesión del ministerio profético de Elías a Eliseo.

2 de Reyes 2:4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.

2 de Reyes 2:5 Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.

2 de Reyes 2:6 Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.

2 de Reyes 2:7 Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al Jordán.

2 de Reyes 2:8 Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.

La división del Jordán fue la última señal profética de Elías.

El manto de Eliseo era un símbolo de su autoridad como profeta.

2 de Reyes 2:9 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción(A) de tu espíritu sea sobre mí.

Eliseo requirió de Elías una última cosa, una doble porción de su espíritu . Como la doble porción era el privilegio de los primogénitos, se ha sugerido que Eliseo estaba solicitando ser el sucesor de Elías. Era una simple petición de convertirse en el sucesor de Elías, porque esto ya se había decidido. Eliseo se dio cuenta que no sería capaz de llevar adelante la obra de Elías. Como su sucesor, Eliseo invocó el principio de la primogenitura para solicitar su herencia espiritual. Ella se describe como el espíritu de Elías (versículos 9, 15), y es una referencia tanto directa como indirecta al Espíritu Santo. La palabra hebrea para «espíritu» posee una gran variedad de significados (puede referirse al espíritu humano, al Espíritu Santo, a un espíritu maligno, a un don profético o hasta al viento). Aquí probablemente se refiere al poder del espíritu profético que acompañó a Elías durante su vida. El don profético de Elías procedía del Espíritu Santo y también el poder que animaba su ministerio. Para más información sobre el Espíritu Santo, véase la introducción a 2 Reyes: «El Espíritu Santo en acción».

Eliseo pidió una doble porción del espíritu de Elías (ministerio profético). Deuteronomio 21:17 nos ayuda a explicar la petición de Eliseo. De acuerdo con la costumbre, el primogénito recibía una doble porción de la herencia del padre. Eliseo estaba pidiendo ser heredero de Elías, o sucesor, el que continuaría con el trabajo de Elías como líder de los profetas. Pero la decisión de conceder la petición de Eliseo dependía de Dios. Elías sólo le mencionó cómo se daría cuenta si esa petición era otorgada.

Dios le concedió a Eliseo su petición porque sus motivos eran puros. Su meta principal no era la de ser mejor o más poderoso que Elías, sino lograr más para Dios. Si nuestros motivos son puros, no debemos tener miedo de pedir a Dios grandes cosas. Cuando le pedimos a Dios gran poder o habilidad, necesitamos examinar nuestros deseos y deshacernos de cualquier egoísmo que encontremos. A fin de tener la ayuda del Espíritu Santo, debemos estar dispuestos a pedirla.

2 de Reyes 2:10 El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.

2 de Reyes 2:11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.

De acuerdo con el relato bíblico, solamente Enoc (Genesis 5:24) y Elías partieron directamente a encontrarse con el Señor, obviando la muerte.

Elías fue llevado a los cielos sin morir. Es la segunda persona en las Escrituras que tuvo esa experiencia. Enoc fue el primero (Genesis 5:21-24). Quizá los otros profetas no vieron a Dios llevarse a Elías, o quizá fue difícil para ellos creer lo que vieron. En cualquier caso, quisieron buscar a Elías. El no encontrar una huella física de Elías confirmaría lo que sucedió y fortalecería su fe. La única persona llevada a los cielos en cuerpo fue Jesús, después de su resurrección.

2 de Reyes 2:12 Viéndolo Eliseo, clamaba: !!Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!(B) Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.

Desgarrarse la ropa simbolizaba luto; Eliseo y el pueblo de Dios habían acabado de perder a uno de sus héroes espirituales.

2 de Reyes 2:13 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.

El manto del profeta era un símbolo de la autoridad que había recibido de Dios.

Estos tres incidentes fueron testimonios de la comisión de Eliseo como profeta de Dios. Son registrados para demostrar el nuevo poder y autoridad de Eliseo como jefe de los profetas de Israel bajo el poder y autoridad supremos de Dios.

2 de Reyes 2:14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.

Eliseo repitió el milagro de dividir el Jordán y ahora purifica las aguas de una ciudad que se piensa haya sido Jericó.

Cuando Eliseo golpeó el agua, no fue por falta de respeto a Dios o a Elías. Fue una súplica a Dios para que confirmara que El lo había designado sucesor de Elías.

2 de Reyes 2:15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

2 de Reyes 2:16 Y dijeron: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.

2 de Reyes 2:17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron.

2 de Reyes 2:18 Y cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?

2 de Reyes 2:19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril.

2 de Reyes 2:20 Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron.

2 de Reyes 2:21 Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.

2 de Reyes 2:22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.

2 de Reyes 2:23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: !!Calvo, sube! !!calvo, sube!

Estos versículos parecen presentar a Eliseo como un hombre implacable. Sin embargo, según los usos del idioma y la cultura de la época, la palabra muchachos aludía a gente idólatra y no simplemente a jóvenes inocentes. Aun más, la frase que repetían, sube . . . sube , parece una referencia a la ascensión de Elías. En efecto, se burlaban del Dios de Elías y Eliseo, por lo que fueron prontamente castigados.

Estos muchachos que se burlaban eran de Bet-el, el centro religioso de la idolatría en el reino del norte, probablemente estaban advirtiendo a Eliseo que no hablara de su inmoralidad como Elías lo había hecho. No sólo estaban molestando a Eliseo por ser calvo, sino que estaban mostrando una gran falta de respeto por el mensaje de Eliseo y por el poder de Dios. Además también debieron haberse burlado debido a su incredulidad acerca del carro de fuego que se había llevado a Elías. Eliseo los maldijo pero no llamó a los osos que fueron enviados como juicio de Dios.

Estos jóvenes se burlaron del mensajero de Dios y pagaron por ello con sus vidas. El burlarse de los líderes religiosos ha sido un deporte popular a través de los tiempos. El levantarse a favor de Dios significa ser diferente al mundo y vulnerable al abuso verbal. Cuando somos cínicos y sarcásticos contra los líderes religiosos, estamos en peligro de burlarnos no sólo del hombre, sino de su mensaje espiritual. Necesitamos orar por nuestros líderes, no reírnos de ellos. Se debe escuchar, respetar y alentar a los verdaderos líderes que siguen a Dios en su ministerio.

2 de Reyes 2:24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos.

2 de Reyes 2:25 De allí fue al monte Carmelo, y de allí volvió a Samaria.

La ida de Elías al cielo y el inicio del ministerio profético de Eliseo

El fin misterioso y enigmático del ministerio profético de Elías se asemeja el desenlace sorprendente de Enoc (Genesis 5:24) y secreto de Moisés (Deuteronimo 34:5-6). Se aproximaba su ida, porque ya Jehová le llevaría al cielo en un torbellino. Salió de Gilgal para Betel con Eliseo hijo de Safat cuando éste insistió en acompañarlo; no solamente él sabía que Jehová iba a llevar a su padre y líder espiritual, sino también la comunidad de profetas en Betel lo sabía. Asimismo, después de dar rodeos en la ruta, Elías llegó con Eliseo a Jericó cuando éste rehusó quedarse atrás. También lo sabían los 50 profetas de Jericó (versículo 7), que servirían como testigos de la sucesión de Eliseo a Elías. En el AT existen 11 referencias a los hijos de los profetas y, excepto por la primera, siempre ocurren en relación con Eliseo. Probablemente hijo designa a un aprendiz en una hermandad en vez de un descendiente de un profeta. De manera que se trata de personas llamadas a ser entrenadas para ser profetas, como lo fue Eliseo.

Una vez más, en Jericó, Eliseo rehusó quedarse atrás cuando Elías cruzó el río Jordán en seco (versículo 8); esto nos recuerda del éxodo con Moisés (Éxodo 14:21) y la entrada en Cananán con Josué (Josue 3:17; Josue 4:18). Se prueba la lealtad de Eliseo tres veces y tres veces promete y demuestra su compromiso con su padre espiritual (versículos 2, 4, 6). (Demuestra tener la misma lealtad de Rut [Ruth 1:16-17], y sus tres pruebas anticipan las de Simón Pedro [Juan 21:15-17] y del Hijo del Hombre [Mateo 4:1-11].) Su lealtad perseverante, que expresaba con la triple repetición del juramento o promesa poderosa de !Vive Jehová!, indicaba su determinación inquebrantable de seguir a su maestro hasta el final de su jornada —costara lo que costara— y presagiaba un premio especial.

Cuando Elías preguntó a Eliseo qué quería, éste le dijo que quería una doble porción de tu espíritu (versículo 9), la herencia legal del primogénito o del hijo mayor (Deuteronomio 21:17). La palabra espíritu (ruaj) se refiere a la energía vital que equipaba a uno con poder, sabiduría, valentía, fuerza y habilidad. De modo que Eliseo deseaba ser el legítimo sucesor como encargado de los profetas y tener un ministerio que se caracterizara con el poder enérgico de Elías. Elías reconoció que le pedía mucho y que no estaba dentro de su poder concedérselo, pero le dijo que Dios le concedería ese honor solo si alcanzaba a ver a su padre espiritual subir al cielo.

Efectivamente, fue un testigo ocular, rasgó su ropa en profundo pesar (comp. Genesis 37:34; 2Samuel 1:11, 2Samuel 13:31; Job 1:20) y gritó como en desesperación, dolor y congoja (versículo 12). Probablemente fuego aquí simboliza la presencia de Dios. El carro y sus caballos de fuego que separaron a los dos hombres de Dios nos recuerdan de la columna de fuego que guiaba a los peregrinos del éxodo. Con frecuencia el torbellino se asocia con la venida de Jehová como el momento cuando Dios habló con Job (Job 38:1, 40:6). Esta ida misteriosa de Elías nos prepara para su presencia en la transfiguración de Jesús (Marcos 9:2-9) y para el ministerio profético parecido de Juan el Bautista como precursor del Mesías (Malaquis 4:4-6), que conlleva una misión celosa de la predicación del arrepentimiento.

El grito de Eliseo: !Padre mío, padre mío! !Carro de Israel, y sus jinetes! (versículo 12) refleja el carro y caballo de fuego que acaba de ver y sugiere que Dios por medio del profeta fue el arma secreta nacional contra los carros de Siria (comp. Deuteronomio 20:1, Deuteronomio 20:11-12; Deuteronomio 17:16, Isa_31:1). Indica que Elías, como representante de fuerzas espirituales invisibles, era de más valor para la defensa del país que todos sus armamentos de guerra. Además, está claro que Eliseo completaría la misión de Elías, y como sucesor sería el arma secreta nacional también (2Ki_6:8 al 7:20 y 13:14). Otros sugieren que la parte final del grito de Eliseo se trata de un título o un sobrenombre para Elías.

Usando la capa de Elías para partir las aguas del río Jordán, Eliseo regresó a la comunidad de profetas de Jericó. Este acto de cruzar el río de la misma manera que Elías y Eliseo habían cruzado, fue la primera confirmación pública de que el segundo era el heredero del poder y autoridad del primero. (Contrasta el rey desobediente sin heredero con el profeta de Dios con uno.) La capa que Elías usó para señalar la selección de Eliseo como discípulo y sucesor (1 de Reyes 19:19) y para abrir paso por el Jordán (1 de Reyes 2:8) no era mágica, pues fue el poder o el Espíritu de Dios que dividió el río como efectivamente lo declararon los profetas (versículos 15, 16). Al arrodillarse delante de él, lo reconocieron como su legítimo sucesor y líder. La capa simbolizaba su sucesión. Como Elías, se vería obligado a continuar la confrontación entre los dioses ajenos y el Dios vivo en Israel.

Los profetas pidieron el permiso de Eliseo para buscar a Elías al otro lado del río, porque no lo vieron ascender y sabían que en otras ocasiones dicho profeta solitario e incomunicativo había desaparecido (1de Reyes 18:12) solo para reaparecer después. Al principio Eliseo les rehusó permiso, pero debido a su insistencia sintió vergüenza y les permitió. Sin embargo, cuando regresaron y admitieron que no lo habían encontrado, el regaño de Eliseo no fue muy duro. Elías se había ido definitivamente. Esta búsqueda infructuosa sirvió para una segunda confirmación del nuevo liderazgo. Así se cumplió la palabra profética y quedó establecido Eliseo como el líder y padre espiritual de los profetas de Jehová.

El proceso de la transformación de Eliseo en líder es muy notable. Al principio depende totalmente de las decisiones y acciones de Elías (versículos 2, 4, 6); es temeroso y tímido hacia el futuro que está por abrirse (versículos 3, 5); reacciona con profundo pesar y desesperación cuando desaparece su maestro (versículo 12). Aun después, al regresar al Jordán, reclama ayuda del Dios de Elías y según el heb. golpea el agua dos veces (versículo 14). También fue indeciso cuando cedió a la insistencia de los 50 profetas en su empeño de buscar al profeta desaparecido (1 de Reyes 2:15-18). Todas estas características de inseguridad desaparecen posteriormente, excepto posiblemente en una ocasión cuando espera al mensajero del rey detrás de la puerta cerrada (2 de Reyes 6:32-33). De hecho, las dos subsiguientes narraciones sugieren que él tuvo una transformación total, y sirvió para acreditar aún más a Eliseo ante los ojos de la gente como un hombre decisivo de Dios, investido con poder por el Espíritu y un digno sucesor del intrépido Elías. Sin lugar a duda los tres milagros (incluyendo el cruce del río Jordán) demostraron y confirmaron tres veces (definitivamente) la sucesión legítima de Eliseo. Además, las últimas dos vislumbran dos de las características sobresalientes de su ministerio: ayudaría a los necesitados y desamparados de todas las clases sociales y demandaría profundo respeto para Dios y su representante.

Esta narración de la sucesión de un profeta es la única en todo el AT. Todo el proceso estaba bajo la dirección y voluntad de Dios. Eliseo fue llamado a pesar de que no pertenecía a los hijos de los profetas; su llamamiento como sucesor fue un don verdadero de Dios y dependía si Dios le concedía o no su petición. Además, este relato introduce el ministerio profético sobresaliente de Eliseo. A ningún otro profeta o persona en el AT le acompañaban tantos actos milagrosos. No fue así el ministerio de ninguno de los grandes profetas canónicos como Amós, Oseas, Isaías, Miqueas, Jeremías, Ezequías o Daniel. ¿Se debe esta singularidad en su ministerio en gran medida a la amenaza espíritual durante la época de la monarquía desleal en Israel? Los actos no envolvieron la magia, porque era el poder de Jehová mismo el que obraba para libertarlos de las influencias malignas. De todas formas, estos acontecimientos en los cuales se envolvieron Elías y Eliseo y que nos recuerdan el éxodo y a Moisés, sugieren una continuidad en la lucha por la libertad. Como Moisés, estos dos profetas son verdaderos libertadores que defendieron a los necesitados, a los pobres y desamparados de los gobernantes opresivos y sus dioses ajenos.

Eliseo

Eliseo significa “Dios es Salvación”, hijo de Safat de Abelmejola, pueblo del valle del Jordán (1 de Reyes 19:16), su ministerio se extiende desde el rey Joram (852-841 a. de J.C.), y abarca los reinados de Jehú, Joacaz hasta Joás (798-783 a. de J.C.), reyes de Israel. Eliseo fue llamado en los últimos años del ministerio de Elías. Elías echó su manto encima de Eliseo.

El manto simboliza, en el Antiguo Oriente, la personalidad y los derechos de su dueño. Cuando se atestiguaba en un juicio que una determinada suma de dinero pertenecía a alguien, se ligaba al borde de su manto.

Eliseo perteneció a una familia rica (1 de Reyes 19:19). Su partida no fue inmediata, pero sí total y definitiva. Al destruir sus instrumentos de trabajo expresó su renunciamiento a esa vida y su total consagración al ministerio profético.

En el segundo libro de Reyes vemos a Eliseo como “un hombre de Dios”. Fue un profeta que realizó muchos milagros: curó las aguas y la tierra (2 de Reyes 2:19-21); predijo la victoria de Israel y Judá contra Moab (2 de Reyes 3:4-27); multiplicó el aceite para la viuda (2 de Reyes 4:1-7); resucitó al hijo de la sunamita (2 de Reyes 4:8-37); sanó la comida envenenada (2 de Reyes 4:38-41); multiplicó los panes (2 de Reyes 4:42-44); realizó la curación de Naamán el general de Siria (2 de Reyes 5:1-27); recuperó el hacha perdida (2 de Reyes 6:1-7). Fue un profeta comprometido con su pueblo y sus intereses.

La capa y el manto judíos

El vestido exterior que los aldeanos palestinos usaban era una capa larga, fabricada de lana, pelo de cabra, algodón, y en algunos casos fabricada de lino. A veces se dejaba la tela con su color natural, pero el uso de las tinturas era muy recuente. Otras veces se usaban diferentes técnicas para blanquear las capas. Se utilizaba como abrigo contra el viento y la lluvia, y como cobertor por las noches. Fue este vestido el que usó Elías para abrir las aguas del río Jordán. Cuando fue transportado al cielo, esta capa llegó a ser de Eliseo (2:8-13). Los tres jóvenes hebreos que fueron arrojados al horno ardiente estaban ataviados con sus mantos (Daniel 3:21). Debido al uso que se le daba por las noches es que en la ley de Moisés se mandaba a no tomar por garantía esta parte del vestido cuando se hiciera un préstamo (Exodo 22:26-27). También era utilizado para llevar algunas cosas (Ruth 3:15); nuestro Señor Jesucristo se refirió a esta parte del vestido en más de una ocasión (Mateo 5:40; Lucas 6:29), enseñando a sus seguidores que dieran su capa a quienes les pidieran la túnica, como una muestra de total entrega y servicio al prójimo.

Cómo Eliseo soluciona problemas de personas que pertenecen a diferentes niveles socioeconómicos

(1) La purificación del manantial de Jericó

Los habitantes de Jericó acudieron a Eliseo para presentarle su problema con el agua, el líquido preciado necesario para la vida. Contrario a lo que hizo Ocozías (2 de Reyes 1:2), pidieron ayuda de la persona indicada. (Aun la madre de Jesús sabía a quien acudir en un momento de gran necesidad, Juan 2:1-11.) Algo había contaminado el agua del manantial cerca de Jericó, por eso no era saludable para la gente o para el riego. Probablemente el versículo 19 sugiere que el agua del manantial causaba el aborto a las mujeres, a los animales a parir prematuramente y a la fruta a caerse de los árboles antes de madurar. Aunque se desconoce la causa, algunos han sugerido la maldición de Josué (Josue 6:26; 1 de Reyes 16:34) y otros la radioactividad debido al subsuelo. (La maldición de Josué fue sobre cualquiera que hiciera el esfuerzo de reedificar la ciudad de Jericó. En 1 de Reyes 16:34 se muestra que se cumplió la maldición. En ninguna de las otras referencias se mencionan específicamente las aguas contaminadas.) Se oyó la palabra profética en esta necesidad del pueblo como en la enfermedad del rey Ocozías. Fue definitivamente una palabra de sanidad y de vida para el pueblo, pero de juicio y muerte para el rey (2 de Reyes 1:4, 2 de Reyes 1:16).

Conforme a la orden del hombre de Dios, le llevaron una vasija nueva con sal, la cual arrojó en el agua diciendo palabras proféticas. Como resultado, fueron purificadas las aguas. De manera que Eliseo los mandó a suplir las cosas necesarias y, por medio de su obediencia y participación activa en la solución de su problema, aumentó su fe. Evidentemente, en vez de causar el saneamiento del manantial, la sal, representando preservación de la corrupción, se usó como símbolo de la purificación divina. Nueva (versículo 20) sugiere que la vasija no estaba deteriorada o contaminada para el uso ritual. Aquí el milagro no es lo más importante sino el testimonio que da de Eliseo como el nuevo líder. Por primera vez se presenta a Eliseo como el proveedor de sus seguidores, pero no es la única vez (2 de Reyes 4:38-41; 2 de Reyes 4:42-44). Todo este acontecimiento es semejante a la sanidad de las aguas de Mara por Moisés (Exodo 15:23-25) y fue Jehová Dios el que sanó las aguas en ambos casos.

(2) La falta de respeto hacia Eliseo, el profeta de Dios

Al subir hacia Betel desde Jericó, algunos muchachos detrás de Eliseo le gritaron insultos. Al maldecirlos, 42 fueron despedazados por dos osas. Elías continuó su viaje al monte Carmelo y luego a Samaria.

La falta de fe en Jehová y en su profeta entre la comunidad israelita se transmitió de los adultos a sus hijos jóvenes, que irrespectuosamente insultaron a Eliseo solo para sufrir serias consecuencias. Permitar a muchachos burlarse del profeta recientemente autorizado, y por ende blasfemar al Dios que lo selecionó, sería equivalente a decir que Dios no tenía poder. La falta de respeto hacia Dios y su causa sería contagiosa. Se extendería esta rebeldía y después del enfrentamiento en el monte Carmelo y el reto del rey Ocozías (Exodo 1:9-15), el hijo de Acab, para el bien del pueblo de Israel no se podría permitir esa clase de impiedad en ningún nivel de la sociedad. Deshonrar al profeta de Dios significaba insultar a Dios mismo y Jehová no permitiría que sus siervos fueran ridiculizados sin castigar a los culpables. Era esencial hacer evidente a esta turba las credenciales auténticas de Eliseo como el sucesor legítimo de Elías.

Las palabras de desprecio sugieren que Eliseo era calvo. Algunos insisten en que calvo era un insulto en los países orientales, y que no necesariamente la persona era calva. Si es que era calvo, no sabemos la causa de su calvicie: si era algo natural y prematuro (definitivamente no era la vejez) o si se trataba de un recorte especial, aunque la calvicie artificial o ritual estaba prohibida por la ley (Deuteronomio 14:1; Levitico 19:27, Levitico 21:5). Pero evidentemente era algo insólito y posiblemente una señal vergonzosa o de desgracia, especialmente si su calvicie incluía también la barba (compare el incidente vergonzoso en 2Sa_10:4-5). Además, le gritaron, diciéndole: !Sube…! !Sube…! (versículo 23). ¿Se trata de mofarse de él diciendo que suba al cielo en un torbellino como Elías (el mismo verbo en heb.-’alah- se usa en el versículo 11) o (lo que es más probable) una expresión como “vete de aquí” ya que el camino hacia Betel ascendía?

Hay que tener mucho cuidado en juzgar la moralidad de este pasaje desde el punto de vista de las enseñanzas de Cristo y de este siglo. De la narración se desconocen muchos detalles, como la edad exacta de los jóvenes, el número total de los atacantes, sus intenciones y la clase de heridas sostenidas por ellos, pues no nos dice que murieron. (La palabra niños -yeled- del versículo 24 puede indicar niños o jóvenes de cualquier edad, aunque por el muchachos -ne’urah- del versículo 23 parecen ser jóvenes responsables por lo que hacían.) Pero está claro que la pandilla de pícaros mofadores que amenazaba al hombre de Dios fue dispersada y como consecuencia aumentaría el respeto para el profeta y para Jehová. El texto no afirma que Eliseo hizo venir las osas; pero se destaca que la falta de reverencia y respeto para la autoridad espiritual y el menosprecio por parte de la juventud traen desastres. El uso especial y efectivo de Eliseo del nombre poderoso de Jehová es una clara evidencia de la confirmación de él como el padre de la comunidad profética y sucesor de Elías.

Positivamente, este episodio señala la necesidad imperiosa de tomar con seriedad la autoridad de un profeta en vez de burlarse de él o reacionar con liviandad. Para el autor sagrado no es una mera coincidencia que las osas salieran del bosque en ese preciso momento; para él son agentes citados inescrutablemente para implantar la palabra profética de maldición. Del incidente se aprende la lección que hay que aceptar con seriedad la autoridad profética, ominosa e inescrutable, del hombre de Dios.

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