2 de Crónicas 5: Salomón traslada el Arca al Templo

2 de Crónicas 5:1 Así se acabó toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová. Luego metió Salomón las ofrendas que David, su padre, había consagrado:[a] la plata, el oro y todos los demás utensilios, y lo puso todo en los tesoros de la casa de Dios.

¿Por qué se hace tanto énfasis en el templo en el Antiguo Testamento?

(1) Era un símbolo de autoridad religiosa. El templo era la forma en la que Dios centralizaba la adoración en Jerusalén para poder asegurar que la creencia correcta se mantuviera intacta a lo largo de las generaciones.

(2) Era un símbolo de la santidad de Dios. La hermosa atmósfera del templo inspiraba respeto y temor reverente hacia Dios. Fue el entorno de muchas de las grandes visiones de los profetas.

(3) Era un símbolo del pacto de Dios con Israel. El templo mantenía al pueblo con los ojos puestos en la ley de Dios (las tablas de los Diez Mandamientos se guardaban en el templo), y no en las hazañas de los reyes. Era el lugar donde Dios estaba especialmente presente en su pueblo.

(4) Era un símbolo de perdón. El diseño del templo, el mobiliario y las prácticas eran grandes lecciones objetivas para todo el pueblo, recordándoles la seriedad del pecado, el castigo en el que incurría el pecador, y su necesidad de perdón.

(5) Preparó al pueblo para el Mesías. En el Nuevo Testamento, Cristo dijo que venía a cumplir la ley, no a abolirla. Hebreos 8:1-2 y 9.11, 12 usan las prácticas del templo para explicar lo que Cristo hizo cuando murió por nosotros.

(6) Era un testimonio del esfuerzo y creatividad humanos. Inspiradas por la belleza del carácter de Dios, las personas se dedicaron a alcanzar grandes logros en ingeniería, ciencia y arte, para poder alabarlo.

(7) Era un lugar de oración. En el templo, la gente podía pasar tiempo orando a Dios.

La construcción del templo tomó siete años. En 1 de Reyes 6:38 dice que el templo fue terminado en el undécimo año del reinado del rey Salomón (959 a.C), en el mes octavo. Debido a que 5.3 establece que las ceremonias de dedicación se llevaron a cabo en el mes séptimo, debieron haber ocurrido un mes antes u once meses después de terminado el templo.

2 de Crónicas 5:2

Salomón traslada el Arca al Templo Entonces Salomón reunió en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los príncipes de las tribus, y a los jefes de las familias de los hijos de Israel, para que trasladaran el Arca del pacto de Jehová desde la Ciudad de David, que es Sión.[b]

2 de Crónicas 5:3 Y se congregaron junto al rey todos los hombres de Israel, para la fiesta solemne del mes séptimo.

Un relato similar sobre la colocación del arca en el templo y el discurso inaugural de Salomón está en 1 de Reyes 8:1-21.

«La fiesta solemne del mes séptimo» se refiere a la Fiesta de los Tabernáculos que celebraba la protección de Dios para con Israel cuando este vagó en el desierto. El propósito de estas fiestas anuales era el de renovar el compromiso de Israel con Dios y su confianza en su guía y protección. La fiesta coincidió maravillosamente con la dedicación del templo. A medida que el pueblo recordaba el peregrinaje en el desierto, cuando sus antepasados vivieron en tiendas, aumentaba su agradecimiento por la permanencia de este templo glorioso.

2 de Crónicas 5:4 Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los levitas tomaron el Arca,

2 de Crónicas 5:5 y la llevaron, junto con el Tabernáculo de reunión y todos los utensilios del santuario que estaban en el Tabernáculo. Los sacerdotes y los levitas los llevaron.[c]

2 de Crónicas 5:6 El rey Salomón y toda la congregación de Israel que se había reunido con él delante del Arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por ser tantos no se pudieron contar ni calcular.

2 de Crónicas 5:7 Los sacerdotes metieron el Arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la Casa, en el Lugar santísimo, bajo las alas de los querubines;

Los sacerdotes salieron del Lugar Santo, luego de haber colocado el arca en el Lugar Santísimo del templo. El Lugar Santo era el cuarto exterior, donde se guardaban el pan de la presencia, el altar del incienso y el candelabro. Por lo común, el sumo sacerdote sólo podía entrar al Lugar Santísimo una vez al año en el Día de la Expiación. En esta ocasión única, sin embargo, varios sacerdotes tenían que entrar a ese lugar para poder trasladar el arca a su nuevo lugar. Los levitas alabaron a Dios cuando estos sacerdotes salieron del Lugar Santo porque fue entonces cuando supieron que Dios había aceptado el nuevo hogar del arca

2 de Crónicas 5:8 pues los querubines extendían las alas sobre el lugar del Arca, cubriendo así tanto el Arca como sus barras por encima.

2 de Crónicas 5:9 E hicieron salir las barras, de modo que se vieran las cabezas de las barras del Arca delante del Lugar santísimo,[d] pero no se veían desde fuera; y allí están hasta el día de hoy.

Bajo la inspiración de Dios, algunos libros de la Biblia fueron recopilados y editados de otras fuentes. Debido a que los dos libros de Crónicas cubren muchos siglos, fueron recopilados de diversas fuentes por una sola persona. La frase, «y allí están hasta hoy» fue tomada del material escrito antes del exilio de Judá en 586 a.C. Aun cuando 1 y 2 Crónicas fueron compilados después del exilio, y después de que el templo de Salomón fue destruido, el escritor pensó que era mejor dejar esta frase en la narración.

2 de Crónicas 5:10 En el Arca no había nada más que las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb,[e] las tablas del pacto que Jehová había hecho con los hijos de Israel cuando salieron de Egipto.

2 de Crónicas 5:11 Cuando los sacerdotes salieron del santuario (porque todos los sacerdotes que se hallaban presentes habían sido santificados, sin tener en cuenta su distribución por turnos),

2 de Crónicas 5:12 los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán y los de Jedutún, junto con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos, salterios y arpas al oriente del altar. Con ellos había ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas.

2 de Crónicas 5:13 Hacían sonar, pues, las trompetas y cantaban al unísono, alabando y dando gracias a Jehová. Y sucedió que mientras ellos alzaban la voz al son de las trompetas, de los címbalos y de los otros instrumentos de música, y alababan a Jehová diciendo: «Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre»,[f] una nube llenó la Casa, la casa de Jehová.[g]

Nube : Esto es posiblemente una referencia al Espíritu Santo.

El poder unificador de la alabanza. La senda de la alabanza. Este texto demuestra el poder unificador del agradecimiento, la alabanza y la música:

1) los trompetistas y los cantores eran como si fueran uno;

2) hacían sonar sus instrumentos en agradecimiento y alabanza al Señor, diciendo: «Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre»;

3) la casa (el templo) se llenó de una nube (la gloria de la presencia de Dios).

Recordemos que aun en la alabanza y en la acción de gracias «Dios no es Dios de confusión». Cualquier cosa dicha o hecha que llame la atención hacia quien adora y no hacia Dios, Jesús y el Espíritu Santo, necesita reconsiderarse.

El primer servicio en el templo comenzó honrando a Dios y reconociendo su presencia y bondad. De la misma forma, nuestra adoración debe comenzar con un reconocimiento del amor de Dios. Primero alabe a Dios, luego usted estará preparado para presentar sus necesidades ante El. Recordar el amor y la misericordia de Dios le inspirará a adorarlo diariamente. El Salmo 107 es un ejemplo de la forma en la que David recordó el amor protector de Dios.

2 de Crónicas 5:14 Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.

El traslado del arca al templo, la dedicación del templo, la oración de Salomón y el pacto

La instalación del arca en el lugar santísimo daba solemnidad a la continuación de este templo en línea de los santuarios previos donde se había ubicado el arca (5:2-10). Cuando la gloria (shekinah) del Señor llenó el templo, Dios confirmó el lugar escogido para su morada. Engratitud, como adoración, Salomón dio un breve testimonio reafirmando la fidelidad de Dios (6:1-11). Luego, siguió una larga oración de dedicación, invocando la intervención de Dios para bendecir a Israel cuando el pueblo orara en su presencia. Dios confirmó el acto de súplica enviando fuego sobre el nuevo altar, lo cual dio inicio a dos semanas de festividades y sacrificios (7:1-10). Luego, por la noche, Jehová apareció a Salomón en su propio palacio para confirmarle todas sus promesas, bajo la condición de que su pueblo le fuera fiel. En el pacto el exilio y la destrucción del templo fueron prometidos si el pueblo se volvía tras otros dioses. El pasaje paralelo se encuentra en 1 Reyes 8:1-9:9.

El traslado del arca al templo

Salomón quiso expresar el carácter solemne de este evento congregando en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los jefes de las casas paternas, para hacer subir el arca del pacto de Jehová desde la Ciudad de David, que es Sion. Según 1 de Reyes 8:1-10, los que tomaron el arca en sus manos para transportarla fueron los ancianos y los sacerdotes, aunque aquí se menciona a los levitas, la casta sacerdotal. Dios los había consagrado para las tareas sagradas como transportar el arca y el resto del tabernáculo. David había aprendido la amarga lección de no violar esta función sagrada asignada solo a los levitas. Los levitas, siguiendo la línea de Aarón, formaban parte de esta casta sacerdotal; así, los hijos de Aarón eran levitas y sacerdotes, quienes recibieron la ayuda de otros levitas en tan sagrada tarea.

El tabernáculo había sido traído desde Gabaón, ciudad ubicada a unos 11 km. al noroeste de Jerusalén. Ya en el templo, fueron los sacerdotes quienes colocaron el arca en el lugar santísimo, bajo las alas extendidas de los querubines.

Aunque para el momento cuando el cronista registra su información el templo ya había sido destruido, se observa su cuidadosa preocupación de mantenerse fiel a sus fuentes. El arca del pacto contenía solamente las dos tablas de piedra de los Diez Mandamientos que Moisés había puesto en Horeb. La referencia en Hebreos 9:4 de que también se encontraban en el arca “el vaso de oro que contenía el maná” y “la vara de Aarón que reverdeció”, debe entenderse no como dentro sino delante del arca.

El maná y la vara de Aarón eran recordatorios para los israelitas de cómo habían sido liberados de la esclavitud en Egipto: eran objetos para ilustrar lo que Dios quería enseñarles en cuanto a la confianza y la obediencia. Las dos tablas eran también recordatorios de lo que Dios esperaba de su pueblo, moral y espiritualmente afectado por las acciones redentoras de Dios. Israel tenía que compartir la historia de la salvación, según Exodo 25:21-22, al recordar el mandamiento: “…Y dentro del arca pondrás el testimonio que yo te daré. Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, de en medio de los querubines que están sobre el arca del testimonio, hablaré contigo de todo lo que te mande para los hijos de Israel”.

Luego de haber sido trasladada del monte Horeb y colocada en el templo, el arca deja de ser mencionada. Es posible que el rey egipcio Sisac la sacara del templo, pero que pudo haber estado en su lugar en los días de Jeremías, pero destruida cuando los babilonios saquearon Jerusalén en el 586 a. de J.C. Después de esta fecha, los judíos tenían conocimiento de los Diez Mandamientos, y depositaron su fe en Dios sin tener que depender de un mobiliario exterior. En el santuario de la fe cristiana el tesoro es Jesús y no se puede vivir sin él. Jesús es la única evidencia indestructible del amor de Dios.

Cuando los sacerdotes salieron del santuario ya santificados, cuando los mismos levitas estaban en pie al este del altar y los 120 sacerdotes tocaban las trompetas cantando: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia, el cronista afirma que …la casa de Jehová se llenó con una nube… porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.

Los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo. Esta afirmación indica el propósito del ministerio, que es traer gloria y honra al nombre del Señor. Lo que frena este propósito es la apatía de los adoradores. El culto de adoración es fácilmente afectado por el calibre espiritual de los adoradores. El creyente tiene el mandato de regocijarse «siempre en el Señor». Solo así la presencia de Jehová será una realidad en el culto de adoración, y la tarea de proclamar su nombre con cantos y afirmaciones de su misericordia será una experiencia gloriosa.

En la vivencia de la iglesia, esta shekinah es el preludio de la segunda venida de

Cristo, indicando la presencia de Dios entre su pueblo. Esta nube era la misma que cubrió a Dios cuando se reveló a Moisés y a los israelitas en su éxodo triunfante de Egipto. Cuando Moisés y el pueblo veían que la nube se levantaba del tabernáculo, partían hacia otro día de jornada en el desierto. Así, la nube indicaba no sólo la presencia de Dios entre ellos sino un método de instrucción, protección, guía y santificación.

La visita de Dios Dios no habita en templos hechos de manos humanas, por el hecho de que es un templo. Dios no existe a causa del templo, sino a la inversa. Dios está con los suyos en el templo, cuando los suyos viven haciendo su voluntad cada día. A tal efecto, el siguiente cuento de la India ilustra esta verdad.

Era un brahmán muy piadoso. Al despertarse cada mañana tomaba un baño ritual y se dirigía al templo con su ofrenda. Repetía su culto tres veces al día. Un día rezó con todo fervor: “Señor, ya ves que yo vengo a tu casa todos los días… ¿Por qué no vienes tú a la mía?” A lo que Dios respondió: “Mañana iré a tu casa”.

Aquel hombre, en el colmo de su dicha, limpió y adornó su casa. Puso guirnaldas en la puerta y preparó la mesa con una suculenta comida. Todo estaba a punto para recibir a Dios. Por la mañana, un niño vagabundo vio a través de la ventana aquellos manjares y pidió algo para saciar su hambre. Furioso el brahmán ante tal pretensión, lo despachó diciendo: “¿Cómo te atreves a pedir lo que está preparado para Dios?” Pero Dios no llegaba todavía.

Continuando la espera, vio a un mendigo pidiendo limosna. Rápidamente lo echó, y limpió el rastro de las pisadas del mendigo.

Por la tarde continuó esperando la llegada de Dios. Solo apareció un peregrino que pedía descansar un rato en el banco frente a su casa: “¡Imposible, este banco está reservado para Dios!”

Al día siguiente, al presentar la ofrenda de la mañana, el brahmán se quejó ante Dios, entre lágrimas: “Señor, ¿por qué no viniste a mi casa como me habías prometido?” Entonces una voz le respondió: “fui tres veces y las tres me rechazaste.”

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