2 de Crónicas 34: El reinado de Josías y sus reformas

2 de Crónicas 34:1  Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén.

El perfil de Josías se encuentra en 2 Reyes 24

2 de Crónicas 34:2  E hizo lo recto ante los ojos del Señor y anduvo en los caminos de su padre David; no se apartó ni a la derecha ni a la izquierda.

2 de Crónicas 34:3  Porque en el octavo año de su reinado, siendo aún joven, comenzó a buscar al  Dios de su padre David; y en el año doce empezó a purificar a Judá y a Jerusalén de los lugares altos, de las Aseras, de las imágenes talladas y de las imágenes fundidas.

En los días de Josías, se consideraba que los muchachos llegaban a ser hombres a la edad de doce años. A los dieciséis, Josías comprendió la responsabilidad de su oficio. Aun a esta corta edad, mostró más sabiduría que muchos de los reyes más adultos anteriores a él, debido a que decidió buscar a  Dios y a su sabiduría. No permita que su edad lo descalifique para servir a  Dios.

2 de Crónicas 34:4  Y derribaron en su presencia los altares de los baales; destrozó los altares del incienso que estaban puestos en alto, encima de ellos; despedazó también las Aseras, las imágenes talladas y las imágenes fundidas y las redujo a polvo, y lo esparció sobre las sepulturas de los que les habían ofrecido sacrificios.

2 de Crónicas 34:5  Entonces quemó los huesos de los sacerdotes sobre sus altares y purificó a Judá y a Jerusalén.

2 de Crónicas 34:6  Y en las ciudades de Manasés, Efraín, Simeón y hasta en Neftalí, y en sus ruinas alrededor,

2 de Crónicas 34:7  derribó también los altares y redujo a polvo las Aseras y las imágenes talladas, y destrozó todos los altares de incienso por todas las tierras de Israel. Y regresó a Jerusalén.

2 de Crónicas 34:8  Y en el año dieciocho de su reinado, cuando había purificado la tierra y la casa, envió a Safán, hijo de Azalía, y a Maasías, un oficial de la ciudad, y a Joa, hijo de Joacaz, escriba, para que repararan la casa del Señor su  Dios.

2 de Crónicas 34:9  Y vinieron ellos al sumo sacerdote Hilcías y le entregaron el dinero que había sido traído a la casa de  Dios, y que los levitas guardianes del umbral habían recogido de Manasés y de Efraín y de todo el remanente de Israel, y de todo Judá y Benjamín y de los habitantes de Jerusalén.

2 de Crónicas 34:10  Y lo entregaron en manos de los obreros que estaban encargados de la casa del Señor; y los obreros que trabajaban en la casa del Señor lo usaron para restaurar y reparar la casa.

2 de Crónicas 34:11  Ellos a su vez lo dieron a los carpinteros y a los constructores para comprar piedra de cantería y maderas para trabazones, y hacer vigas para los edificios que los reyes de Judá habían dejado que se arruinaran.

2 de Crónicas 34:12  Y los hombres hicieron el trabajo fielmente con capataces sobre ellos para dirigirlos: Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari, y Zacarías y Mesulam, de los hijos de Coat, y de los levitas, todos los que eran hábiles con instrumentos musicales.

2 de Crónicas 34:13  También estaban sobre los cargadores y dirigían a todos los obreros en cualquier clase de trabajo; y algunos de los levitas eran escribas, oficiales y porteros.

2 de Crónicas 34:14  Y mientras ellos sacaban el dinero que habían traído a la casa del Señor, el sacerdote Hilcías encontró el libro de la ley del Señor dado por Moisés.

2 de Crónicas 34:15  Entonces Hilcías dijo al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa del Señor; e Hilcías dio el libro a Safán.

2 de Crónicas 34:16  Y Safán llevó el libro al rey y le dio más noticias, diciendo: Todo lo que fue encomendado a tus siervos, lo están haciendo.

El libro de la Ley de  Dios que Hilcías encontró era probablemente el libro de Deuteronomio, que se había perdido durante el gobierno de los reyes malvados. Ahora que se había encontrado, Josías se dio cuenta de que debían llevarse a cabo cambios drásticos para poder llevar a la nación de regreso a la línea de mandamientos de  Dios.

2 de Crónicas 34:17  También han tomado el dinero que se encontraba en la casa del Señor, y lo han entregado en manos de los encargados y de los obreros.

2 de Crónicas 34:18  El escriba Safán informó también al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me ha dado un libro. Y Safán leyó de él en la presencia del rey.

2 de Crónicas 34:19  Y sucedió que cuando el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos.

Es inherente a la naturaleza humana el tomar el pecado a la ligera: dar excusas, culpar a alguien más, o minimizar el daño hecho. No fue así con Josías. Estaba tan consternado por el rechazo del pueblo hacia la Ley que desgarró su ropa para expresar su dolor. La verdadera comprensión de nuestro pecado nos debe llevar a un arrepentimiento sincero, y ayudarnos a producir «arrepentimiento para salvación». ¿Está disculpando siempre su pecado, culpando a otros o dando a entender que no es tan malo?  Dios no toma el pecado a la ligera, y quiere que respondamos como lo hizo Josías.

2 de Crónicas 34:20  Entonces el rey ordenó a Hilcías, a Ahicam, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Micaía, al escriba Safán y a Asaías, siervo del rey, diciendo:

2 de Crónicas 34:21  Id, consultad al Señor por mí y por los que quedan en Israel y en Judá, acerca de las palabras del libro que se ha encontrado; porque grande es el furor del Señor que se derrama sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no han guardado la palabra del Señor, haciendo conforme a todo lo que está escrito en este libro.

2 de Crónicas 34:22  Entonces fue Hilcías con los que el rey había dicho a la profetisa Hulda, mujer de Salum, hijo de Ticva, hijo de Harhas, encargado del vestuario; y ella habitaba en Jerusalén en el segundo sector, y hablaron con ella acerca de esto.

2 de Crónicas 34:23  Y ella les dijo: Así dice el Señor,  Dios de Israel: «Decid al hombre que os ha enviado a mí:

2 de Crónicas 34:24  así dice el Señor: ‹He aquí, voy a traer mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las maldiciones escritas en el libro que ellos han leído en presencia del rey de Judá.

2 de Crónicas 34:25  ‹Por cuanto me han abandonado y han quemado incienso a otros  Dioses para provocarme a ira con todas las obras de sus manos, por tanto mi furor se derramará sobre este lugar, y no se apagará.›»

2 de Crónicas 34:26  Pero al rey de Judá que os envió a consultar al Señor, así le diréis: «Así dice el Señor,  Dios de Israel: ‹En cuanto a las palabras que has oído,

2 de Crónicas 34:27  porque se enterneció tu corazón y te humillaste delante de  Dios cuando oíste sus palabras contra este lugar y contra sus habitantes, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste delante de mí, ciertamente te he oído–declara el Señor.

2 de Crónicas 34:28  ‹He aquí, te reuniré con tus padres y serás recogido en tu sepultura en paz, y tus ojos no verán todo el mal que yo voy a traer sobre este lugar y sobre sus habitantes.›» Y llevaron la respuesta al rey.

2 de Crónicas 34:29  Entonces el rey mandó reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.

2 de Crónicas 34:30  Y subió el rey a la casa del Señor con todos los hombres de Judá, los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde el mayor hasta el menor, y leyó en su presencia todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa del Señor.

2 de Crónicas 34:31  Después el rey se puso en pie en su lugar e hizo pacto delante del Señor de andar en pos del Señor y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo su corazón y con toda su alma, para cumplir las palabras del pacto escritas en este libro.

Cuando Josías leyó el libro que encontró Hilcías, respondió con arrepentimiento y humildad y prometió seguir los mandamientos de  Dios como estaban escritos en el libro. La Biblia es la Palabra de  Dios para nosotros, «es viva y eficaz», pero no podemos saber lo que  Dios quiere que hagamos si no la leemos. Incluso, no basta con leer la Palabra de  Dios, debemos estar dispuestos a hacer lo que ella dice. No hay gran diferencia entre el escrito escondido en el templo y la Biblia escondida en un librero. Una Biblia que no es leída es tan inútil como una que se ha perdido.

2 de Crónicas 34:32  Además, hizo suscribir el pacto a todos los que se encontraban en Jerusalén y en Benjamín. Y los habitantes de Jerusalén hicieron conforme al pacto de  Dios, el  Dios de sus padres.

2 de Crónicas 34:33  Y Josías quitó todas las abominaciones de todas las tierras que pertenecían a los hijos de Israel, e hizo que todos los que se encontraban en Israel sirvieran al Señor su  Dios. Mientras él vivió no se apartaron de seguir al Señor,  Dios de sus padres.

El reinado de Josías y sus reformas

En contraste con su padre, Josías llegó a ser un buen gobernante para Judá, y reinó durante 31 años en el trono entre el 640 y el 609 a. de J.C. Dando lustre a su nombre que significa “el Señor sana”, Josías buscó la sanidad de su pueblo.

Como su bisabuelo Ezequías, Josías se acercaba mucho a David en carácter. Entre sus reformas, Josías hizo que el pueblo volviera a depositar su fe en la palabra de  Dios, hecho que sostuvo a Judá en el exilio y por casi una centuria, y durante el siglo de la restauración.

Fue la convicción de Josías en cuanto a las Escrituras lo que mantuvo al pueblo de  Dios en pie durante los 400 años de silencio, hasta la aparición de Juan el Bautista quien anunció la venida del Mesías, la Palabra de  Dios encarnada.

En los dos capítulos que cubre la historia de Josías, el cronista trata los siguientes temas: Primero, las primeras fases de sus reformas, Mateo 34:1-7; segundo, la gran reforma que tuvo lugar a los 18 años de su reinado, empezando con la reparación del templo en Jerusalén. Se culmina con el descubrimiento del libro de la Ley, Mateo 34:8-33; tercero, la celebración de la Pascua, Maeo 35:1-19; cuarto, su muerte trágica, Mateo 35:20-27. El pasaje paralelo se encuentra en 2 Reyes 22:1-23:30.

Josías hizo lo recto ante los ojos de Jehová y anduvo en los caminos de su padre David, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. En esencia, el cronista provee la explicación en el siguiente versículo. En el octavo año de su reinado, 632 a. de J.C., siendo un adolescente de 16 años de edad, Josías empezó a buscar a Jehová. A la edad de 20 años, después de haber reinado por 12 años (628 a. de J.C.), empezó a purificar a Judá y a Jerusalén.

El avivamiento espiritual tuvo lugar en una situación geopolítica muy singular para el Medio Oriente. Entre el 628 y el 626 a. de J.C. se levantaron unos jinetes nómadas bárbaros del norte que arrasaron con casi todo el Cercano Oriente hasta ser detenidos por los egipcios.

Estas hordas bárbaras originaron dos grandes preocupaciones en Judá: En lo religioso, dieron lugar al surgimiento de profetas como Jeremías y Sofonías; fueron causantes del avivamiento espiritual encabezado por Josías. En lo político, tuvieron éxito combatiendo contra los asirios y sus dominios en Judá.

Después de la muerte de Asurbanipal, y como resultado de la ola de agresión bárbara, el camino quedó libre para que Josías restableciera el reino unido de Israel, después de casi tres siglos de división.

Delante de él derribaron los altares de los Baales, dando a entender que ninguna forma de adoración pagana quedó en pie. Su campaña contra la idolatría se extendía a todo el reino del sur y gran parte del reino del norte, al punto de incluir a Neftalí, en Galilea; esto puede también indicar que Josías tuvo éxito en sus campañas contra Asiria en el norte de Israel.

Josías tuvo por fin éxito en su campaña contra la idolatría que había llegado a formar parte del estilo de vida del pueblo judío. Los árboles rituales de Asera y los altares de incienso en toda la tierra de Israel fueron completamente destrozados.

Después de purificar la tierra y el templo, Josías nombró una comisión para reparar la casa de Jehová. Estaba formada por el escriba Safán, el alcalde de Jerusalén Maasías y el cronista Jóaj. Estos entregaron al sumo sacerdote Hilquías el dinero recolectado del pueblo, quien lo dejó en las manos de los levitas que guardaban la puerta del templo. Las demás comisiones nombradas para el proyecto de reparación fungieron tan bien que el cronista usa una encomiable expresión: Estos hombres procedían con fidelidad en la obra y no necesitaron de supervisión, sino de inspiración musical, ya que se incluyeron a expertos en los instrumentos de música. Es natural que cuando hay un avivamiento espiritual, el corazón desea expresar su alegría cantando al Señor.

Mientras se hallaba ocupado en sus tareas contables, el sumo sacerdote Hilquías halló el libro de la Ley de Jehová. Este hallazgo tuvo lugar en el año 622 a. de J.C. Se estimaba que contenía éxodo 19-24 o Levítico 26, y Deuteronomio 28. Pero ya que más adelante este libro de la Ley se identifica con el libro del pacto, no hay duda alguna que fuera el libro de Deuteronomio, conocido como «el pacto» y que había sido extraviado durante los años de apostasía de Manasés y Amón. La evidencia interna indica que el libro de Deuteronomio fue compuesto por Moisés y que perteneció al período de este gran legislador.

Hilquías fue al rey con un informe que le agradó y con otro que le entristeció: la obra de reparación del templo se había finalizado y el libro de la Ley había sido encontrado abandonado. Sin duda alguna, al escuchar la lectura de Deuteronomio 28:36, el rey no pudo hacer otra cosa más que arrepentirse, rasgando sus vestidos.

El rey envió una comisión para consultar con la profetisa Hulda si las palabras de maldición contra Judá estaban por materializarse o no. El mensaje que la profetisa les entregó para el rey tenía dos partes: primero, por causa de los pecados del pueblo,  Dios traería el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, es decir, todas las maldiciones mencionadas en el libro; segundo,  Dios no ejecutaría su juicio en los días de Josías, porque Josías se había arrepentido cuando oyó la lectura de la Ley.

Como en el caso de Ezequías, por haberse humillado,  Dios lo perdonó: Serás reunido en tu sepulcro en paz. Lo que causaría gran perturbación en el alma del rey sería ver la caída desastrosa de Judá y que fuera llevada al cautiverio. En efecto, esta paz no se aplicaría a la forma violenta en que Josías encontró su muerte. No obstante, la póliza de seguro por parte de  Dios contra esta calamidad era suya.

Inspirado por este acto de gracia, Josías convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén, a pequeños y grandes (v. 29), y desde el templo leyó a oídos de ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido hallado en la casa de Jehová.

El pacto que Josías hizo con Jehová fue el que ya se había hecho con Israel y que estaba registrado en el libro del pacto. Según 2 de Reyes 23:3, el rey se puso de pie junto a la columna, sugiriendo quizá que como las columnas sostenían la estructura del templo, así mismo la palabra de Jehová sostendría la fe de su pueblo.

Acto seguido, Josías quitó todas las abominaciones. De acuerdo con la información provista en 2 de Reyes 23:4-14, Josías ordenó al sumo sacerdote Hilquías y a todo el plantel sacerdotal que sacaran del santuario los objetos del paganismo cananeo y los quemaran en los campos del Quedrón. Además destituyó a los sacerdotes idólatras; sacó de la casa de Jehová el árbol ritual de Asera; lo pulverizó y esparció sus cenizas sobre los sepulcros de los que los habían adorado; destruyó los prostíbulos instalados en la casa de Jehová; prohibió los sacrificios humanos a Moloc; quemó en el fuego los carros del sol; quemó los santuarios de Acaz y de Manasés; y mató a todos los sacerdotes de los lugares altos en Samaria.

David es siempre el punto de referencia para enjuiciar el buen comportamiento de un rey. El nombre de David es citado como padre, en el sentido de fundamento de la dinastía, porque él recibió la aprobación divina como rey.

Dieciséis años tenía el rey Josía, cuando, llevado por un ardiente celo, se entregó a la limpieza a fondo de todo vestigio idolátrico.

De forma esquemática y resumida, esto es lo que hizo el rey Josías.

Se halla el libro. El descubrimiento del libro de la Ley puede ser la recompensa por la devoción de Josías, pero si lo es, es bastante incómoda. No sabemos durante qué período de abandono se perdió el libro y ni siquiera se sabe qué clase de libro era exactamente, aunque la opinión de la mayoría es que era parte de Deuteronomio. (los caps. 12, 16, 27 y 28 se parecen mucho a lo que sigue). Quizá también estaban incluidos más de la Torah, los primeros cinco libros de la Biblia.

Otro rasgo del excelente carácter de Josías es que busca activamente una palabra de Jehovah. La respuesta por parte de la profetisa Hulda es rara porque las maldiciones que el libro anuncia se refieren a pecados cometidos antes del tiempo de Josías y el castigo caerá después de su tiempo. Josías murió por heridas sufridas en la guerra, pero al menos no vivió para ver la caída de Jerusalén como sería la experiencia de la nación. El corazón del pueblo no era como el corazón de su rey. Todos los hombres de Judá -la frase utilizada frecuentemente en reinados anteriores para mostrar la disposición unida de la gente- ahora deben ser obligados a comprometerse al servicio de  Dios.

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