1 de Crónicas 1: Descendientes de Adán

1 de Crónicas 1: Descendientes de Adán

Los primeros nueve capítulos de 1 Crónicas constituyen un importante fundamento para la historia de la dinastía davídica de Judá, al seguir la genealogía de David hasta el mismo Adán. El cronista es algunas veces selectivo, incluyendo en su relación sólo aquellos individuos que para él tienen relevancia. Así, divide la dinastía de David en cinco diferentes secciones. La primera sección ofrece la genealogía desde Adán hasta Jacob y sus hijos. La segunda sección selecciona la tribu de Judá y relaciona sus genealogías, ya que es la tribu de David. En la tercera sección , se hace un recuento de las genealogías def las otras tribus, con especial mención de los levitas. La cuarta secciónx bosqueja las genealogías del remanente que retornó a Jerusalén. La sección final se refiere a la familia del rey Saúl.

1Cr 1:1 Adán, Set, Enós,

1Cr 1:2 Cainán, Mahalaleel, Jared,

1Cr 1:3 Enoc, Matusalén, Lamec,

1Cr 1:4 Noé, Sem, Cam y Jafet.

Descendientes de los hijos de Noé

1Cr 1:5 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras.

1Cr 1:6 Los hijos de Gomer: Askenaz, Rifat y Togarma.

1Cr 1:7 Los hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim.

1Cr 1:8 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán.

1Cr 1:9 Los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedán.

Hijos puede también significar descendientes. De ahí que una genealogía bíblica pueda saltar varias generaciones. La razón de estas listas no era proveer detalles exhaustivos, sino dar una información adecuada acerca de varias líneas familiares.

1Cr 1:10 Cus engendró a Nimrod; éste llegó a ser poderoso en la tierra.

1Cr 1:11 Mizraim engendró a Ludim, Anamim, Lehabim, Naftuhim,

1Cr 1:12 Patrusim y Casluhim; de éstos salieron los filisteos y los caftoreos.

Los filisteos habían sido constantes enemigos de Israel desde los días de los jueces. El rey David finalmente los debilitó y por estos tiempos ya no representaban una amenaza.

1Cr 1:13 Canaán engendró a Sidón su primogénito, y a Het,

1Cr 1:14 al jebuseo, al amorreo, al gergeseo,

1Cr 1:15 al heveo, al araceo, al sineo,

1Cr 1:16 al arvadeo, al zemareo y al hamateo.

Canaán era el antepasado de los cananeos, quienes habitaron en la tierra prometida (también llamada Canaán) antes de que llegaran los israelitas bajo el liderazgo de Josué. Dios ayudó a los israelitas a sacar a los cananeos, que eran un pueblo malvado e idólatra. El nombre de la tierra fue entonces cambiado al de Israel. El libro de Josué relata esa historia.

1Cr 1:17 Los hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud, Aram, Uz, Hul, Geter y Mesec.

1Cr 1:18 Arfaxad engendró a Sela, y Sela engendró a Heber.

1Cr 1:19 Y a Heber nacieron dos hijos; el nombre del uno fue Peleg, por cuanto en sus días fue dividida la tierra; y el nombre de su hermano fue Joctán.

La expresión «fue dividida la tierra» se refiere al momento en que la tierra fue dividida en grupos de diferentes idiomas. En un momento, todos hablaban una sola lengua. Pero algunas personas se volvieron soberbias por sus logros y se reunieron para construir un monumento para sí mismos: la torre de Babel. El proyecto de construcción concluyó abruptamente cuando Dios hizo que el pueblo hablara lenguas diferentes. Sin la habilidad de comunicarse entre sí, el pueblo no pudo mantenrse unido. Dios les mostró que sus grandes esfuerzos eran inútiles sin El. Enorgullecernos por nuestros logros no debe guiarnos a la conclusión de que ya no necesitamos a Dios.

1Cr 1:20 Joctán engendró a Almodad, Selef, Hazar-mavet y Jera.

1Cr 1:21 A Adoram también, a Uzal, Dicla,

1Cr 1:22 Ebal, Abimael, Seba,

1Cr 1:23 Ofir, Havila y Jobab; todos hijos de Joctán.

Descendientes de Sem

1Cr 1:24 Sem, Arfaxad, Sela,

1Cr 1:25 Heber, Peleg, Reu,

1Cr 1:26 Serug, Nacor, Taré,

1Cr 1:27 y Abram, el cual es Abraham.

Descendientes de Ismael y de Cetura

1Cr 1:28 Los hijos de Abraham: Isaac e Ismael.

Esta sección ofrece una lista general de los descendientes de Adán hasta Abraham.

1Cr 1:29 Y estas son sus descendencias: el primogénito de Ismael, Nebaiot; después Cedar, Adbeel, Mibsam,

1Cr 1:30 Misma, Duma, Massa, Hadad, Tema,

1Cr 1:31 Jetur, Nafis y Cedema; éstos son los hijos de Ismael.

1Cr 1:32 Y Cetura, concubina de Abraham, dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Los hijos de Jocsán: Seba y Dedán.

1Cr 1:33 Los hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda; todos éstos fueron hijos de Cetura.

Antes de seguir consignando los descendientes de Isaac Crónicas menciona a otros descendientes de Abraham.

Descendientes de Esaú

1Cr 1:34 Abraham engendró a Isaac, y los hijos de Isaac fueron Esaú e Israel.

Israel es otro nombre para Jacob porque los doce hijos de Jacob llegaron a ser la nación de Israel. Los descendientes de Esaú llegaron a ser la nación de Edom, un enemigo constante de Israel. Para conocer más acerca de las vidas de Isaac y de sus dos hijos, Jacob y Esaú.

1Cr 1:35 Los hijos de Esaú: Elifaz, Reuel, Jeús, Jaalam y Coré.

1Cr 1:36 Los hijos de Elifaz: Temán, Omar, Zefo, Gatam, Cenaz, Timna y Amalec.

Amalec, nieto de Esaú, fue el hijo de la concubina de su padre. Fue el antepasado de la malvada tribu conocida como los amalecitas, el primer pueblo que atacó a los israelitas cuando iban camino a la tierra prometida.

1Cr 1:37 Los hijos de Reuel: Nahat, Zera, Sama y Miza.

1Cr 1:38 Los hijos de Seir: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, Disón, Ezer y Disán.

1Cr 1:39 Los hijos de Lotán: Hori y Homam; y Timna fue hermana de Lotán.

1Cr 1:40 Los hijos de Sobal: Alván, Manahat, Ebal, Sefo y Onam. Los hijos de Zibeón: Aja y Aná.

1Cr 1:41 Disón fue hijo de Aná; y los hijos de Disón: Amram, Esbán, Itrán y Querán.

1Cr 1:42 Los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván y Jaacán. Los hijos de Disán: Uz y Arán.

1Cr 1:43 Y estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel: Bela hijo de Beor; y el nombre de su ciudad fue Dinaba.

1Cr 1:44 Muerto Bela, reinó en su lugar Jobab hijo de Zera, de Bosra.

1Cr 1:45 Y muerto Jobab, reinó en su lugar Husam, de la tierra de los temanitas.

1Cr 1:46 Muerto Husam, reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad fue Avit.

1Cr 1:47 Muerto Hadad, reinó en su lugar Samla de Masreca.

1Cr 1:48 Muerto también Samla, reinó en su lugar Saúl de Rehobot, que está junto al Eufrates.

1Cr 1:49 Y muerto Saúl, reinó en su lugar Baal-hanán hijo de Acbor.

1Cr 1:50 Muerto Baal-hanán, reinó en su lugar Hadad, el nombre de cuya ciudad fue Pai; y el nombre de su mujer, Mehetabel hija de Matred, hija de Mezaab.

1Cr 1:51 Muerto Hadad, sucedieron en Edom los jefes Timna, Alva, Jetet,

1Cr 1:52 Aholibama, Ela, Pinón,

1Cr 1:53 Cenaz, Temán, Mibzar,

1Cr 1:54 Magdiel e Iram. Estos fueron los jefes de Edom.

El descendiente más relevante de Isaac fue Israel . Pero antes de hablar de Israel y de sus hijos, 1 Crónicas inserta en el relato los descendientes de Ismael y Esaú.

Este registro de nombres demuestra que Dios no sólo está interesado en las naciones, sino además en los individuos. Aunque desde Adán hasta hoy han vivido billones de personas, Dios sabe y recuerda la cara y el nombre de cada una de ellas. Cada uno de nosotros es algo más que un nombre en una lista. Nosotros somos personas especiales a los que Dios conoce y ama. A medida que reconocemos y aceptamos su amor, descubrimos tanto nuestra singularidad como individuos como nuestra solidaridad con el resto de su familia.

Esta larga lista de nombres fue compilada después de que el pueblo de Judá (reino del sur) fue llevado cautivo a Babilonia. Mientras los cautivos esperaban con ansias que llegara el día de regresar a su tierra natal, uno de sus más grandes temores era que los registros de su herencia estuvieran perdidos. Los judíos daban gran importancia a su herencia porque cada uno de ellos quería ser capaz de probar que era un descendiente de Abraham, padre de la nación judía. Sólo así podía disfrutar de los beneficios de las bendiciones especiales que Dios prometió a Abraham y a sus descendientes. Esta lista reconstruía el árbol genealógico de Judá (el reino del sur) e Israel (el reino del norte) anterior al cautiverio y servía como prueba para aquellos que decían ser descendientes de Abraham.

En esta larga genealogía hay más de lo que se ve a simple vista. Es importante para nosotros hoy, ya que prueba las afirmaciones del Antiguo Testamento de que Jesús, el Mesías, sería un descendiente de Abraham y David.

¿Por qué se nos da aquí información acerca de esta genealogía de los descendientes de Edom que eran enemigos de Israel? Esaú, antepasado de los edomitas, fue el hijo mayor de Isaac y por lo tanto un descendiente directo de Abraham. Como primer nieto de Abraham merecía un lugar en los registros judíos. Sin embargo, fue a través de los matrimonios de Esaú con mujeres paganas, que comenzó la nación de Edom. Esta genealogía muestra el linaje de las naciones enemigas, que no fueron parte del linaje directo del rey David, y por lo tanto del Mesías. Esta lista identificó aun más el papel y la identidad especial de Israel.

Las genealogías

Descendientes de Adán hasta Abraham

Sería muy difícil encontrar una barrera más imponente para el lector moderno que los nueve capítulos de genealogías encontrados al principio de Crónicas. El leer nombre tras nombre de personas de otro modo desconocidas, no tan sólo parece muy cansador para algunos, sino que también se les escapa la razón que hubiera para tales listas de nombres. Precisamente aquí es donde entran algunas normas de sana hermenéutica. Hay que reconocer que estas largas listas de nombres no fueron puestas por el Cronista simplemente porque sí. Más bien, para su medio y su contexto, estas listas aportaban grandes significados. En nuestro medio de gran individualismo, sólo unos cuantos se dedican a trazar sus “árboles genealógicos” para así conocer más a fondo sus raíces. Precisamente el individualismo es uno de los factores que nos separan del mundo antiguo y del hebreo en particular. En lugar del individuo, lo que contaba eran las unidades sociales: la familia inmediata, el clan, la tribu, la nación. No es que el individuo no tuviese importancia; más bien, es que el individuo cobraba importancia mayormente en relación con el grupo mayor. Para el Cronista, pues, era muy pertinente demostrar mediante registros sagrados (en este caso el libro de Génesis) que las personas y grupos especialmente importantes para él, los levitas y la familia davídica, tenían un lugar legítimo y necesario en la comunidad postexílica para la cual escribía. Es de notarse que en estos nueve capítulos poco se menciona a Moisés, el mediador de la alianza en el Sinaí, se hace casi todo el énfasis en David quien fuera el agente de la alianza más reciente con su centro en Jerusalén y el templo.

Ejemplo digno de imitar

El hecho de que el Cronista haya redactado un escrito pertinente para su época, aplicando la revelación a su propio contexto nos deja un ejemplo a imitar. En efecto, Dios le concedió la inspirada habilidad de «traducir» los hechos de la historia salvífica de tal forma que el pueblo pudiera comprenderla. La lucha de nuestros pastores, misioneros y líderes latinos debe apuntar hacia ese mismo blanco. El evangelio debe presentarse hoy teniendo en cuenta que grandes núcleos de población están bajo la influencia de la pobreza, y tantos otros sufren debido a injusticias de todo tipo. El mensaje debe llegar, esto es un imperativo desde que Jesús nos lo comisionara, pero deberá hacerlo en una forma que penetre y afecte íntegramente nuestro medio.

Se observa que el Cronista no indica relación entre todos estos nombres; sólo nos da los nombres lo cual indica que daba por sentado que sus lectores estarían familiarizados con la descendencia tal y como reza en Génesis. No es de sorprenderse que se omite el nombre de Caín, el primer asesino, y además realizador de un sacrificio imperfecto. Por nuestra lista en Crónicas, no es nada claro que Sem, Cam y Jafet fueran hijos de Noé.

Es obvio que el Cronista abrevia las genealogías en Génesis, ya que hablan de los descendientes de Jafet, sólo se nombran a dos de sus hijos. En general las genealogías de los tres hijos de Noé siguen a las de Génesis, pero mucho material se omite o se abrevia según el propósito del Cronista. Se sabe, no obstante, que el historiador postexílico comienza con los pueblos que no formarían parte del pacto, o sea los descendientes de Jafet. Estos irían a poblar lo que hoy se conoce como el continente europeo. Los descendientes de Cam ocuparían territorios africanos, sobre todo su parte norteña. Estos mismos ocuparían las costas de Asia Menor. El alude a Nimrod donde se nos dice que era grande por ser un poderoso militarpolítico y por ser un buen cazador. El Cronista sólo agrega: … quien comenzó a ser poderoso en la tierra. Adrede deja el término ambiguo para que el lector forme su propia opinión en base a la lectura en Génesis. Algunos opinan que comenzó a ser debe leerse más bien “fue el primero en ser”.

Se menciona a Peleg (“división”) cuya etimología pretende basarse en una división de las tierras según poblaciones. Con todo, su significado no es nada claro dentro del contexto.

Aunque los descendientes de Sem nos llevan a Abraham, es claro que, para los propósitos del Cronista, el primer patriarca hebreo no cobraba gran importancia, pues no se hace comentario alguno respecto a su persona sino que sólo se alude al cambio que sufrió su nombre. Según otros textos bíblicos, se sabe que los hijos de Sem irían a poblar Asia Menor, pero yéndose hacia el oriente. Hoy identificamos a los semitas como los asirios, los sirios, los caldeos, los árabes y sobre todo los hebreos.

¿Pastor ejecutivo o, pastor siervo?

El Cronista vivía esperanzado en un Israel espiritual, sus intereses iban mucho más allá de lo material. En una parte de un test del tipo «orientación vocacional» realizado en un seminario teológico, se presentó al alumnado una tarea interesante. La técnica consistía en realizar un dibujo vislumbrando la situación personal de cada uno al finalizar un período de tiempo de cuatro años. Uno de ellos presentó el siguiente cuadro: una persona con saco y corbata sentado en un escritorio, trabajando en una computadora. Además de esto, a través de la ventana podía verse un automóvil estacionado, supuestamente propiedad de la persona sentada en la oficina. Aparentemente, su interés estaba centrado mayormente en ser un «pastor ejecutivo». Si bien es cierto que en muchos casos nuestros pastores y misioneros latinos pueden acceder a estos elementos, lo principal debe ser el interés espiritual, el bienestar de aquellos a los que ministramos.

Desde Abraham hasta los demás patriarcas

Llama la atención cómo el Cronista “se deshace” primero de los descendientes de Ismael y los de Quetura, la concubina de Abraham. Estos no representan para nada la línea de la que ha de venir David ni los levitas. Se apresura a ver los descendientes de Isaac, el otro hijo de Abraham, porque mediante ellos sí vendrá la línea davídica con todas sus contribuciones espirituales para el pueblo del tiempo del Cronista. Parece un tanto raro que no se mencionen los nombres de las madres sino sólo el de la concubina.

El escritor quiere terminar toda esta sección en base a Israel y sus hijos, porque estos son los progenitores de las 12 tribus. Es por esto que, siguiendo la misma táctica, “se deshace” de los descendientes de Esaú que a la postre se identificarán con los edomitas; esto lo hace para poder llegar a Israel. Es de notarse que el Cronista en forma consecuente emplea este nombre y no el de Jacob. Es posible que insista en el nombre Israel, porque estaba convencido de que si el Israel de su día hubiese querido ser leal a su historia, se habría compuesto de descendientes de las doce tribus completas, y no habría dejado fuera a ninguno proveniente de las tribus “apóstatas” del antiguo Reino del Norte. En esto se muestra mucho más abierto que Esdras y Nehemías.

Para la reflexión

Es común que los creyentes de hoy encuentren tedioso el hecho de repetir las mismas historias y enseñanzas bíblicas a sus hijos a través de los años. A esto se suma la continua recepción de sermones que utilizan textos clave de la Escritura en forma reiterada. ¿Cómo mitigar esta rutina? ¿Cómo refrescar nuestro cristianismo por medio de una nueva lectura de la Palabra? Quizás el Cronista tenga la respuesta. Al reinterpretar el Pentateuco, los escritos de Samuel y Reyes, además de otros materiales canónicos y extracanónicos, nos enseña un nuevo camino: es posible leer y releer el texto sagrado sin caer en una monotonía destructiva o estanca. La posibilidad de hallar las misericordias nuevas de Dios cada mañana va a depender de nuestra forma de acercarnos al texto, y de la disposición de ser inspirados creativamente por el Espíritu Santo. ¡El Cronista, quienquiera que haya sido, nos desafía a redescubrir nuestra Biblia en la posmodernidad!

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