1 Timoteo 4: Al servicio de Dios o al de satanás

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El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos desertarán de la fe por prestar atención a espíritus que no pueden hacer otra cosa que descarriarlos, y a enseñanzas que vienen de los demonios, enseñanzas de hombres falsos que se caracterizan por la insinceridad, cuya conciencia lleva la impronta de Satanás, enseñanzas de los que prohíben casarse, y que mandan a las personas abstenerse de alimentos que Dios creó a fin de que se puedan tomar con gratitud en la compañía de los que son creyentes y que conocen de veras la verdad; porque todo lo que Dios ha creado es bueno, y no hay por qué rechazar nada; pero se ha de recibir con acción de gracias; porque se santifica mediante la palabra de Dios y la oración.

La Iglesia Cristiana había heredado de los judíos la creencia . de que las cosas se pondrían en este mundo mucho peor antes de ponerse mejor. Los judíos siempre pensaban acerca del tiempo en términos de dos edades. Estaba esta edad presente que era totalmente mala y estaba en las garras de poderes malignos; y estaba la edad por venir, que había de ser la edad de oro de Dios y de la bondad. Pero no se pasaría de la una a la otra sin una terrible lucha convulsiva. Entre las dos edades vendría El Día del Señor. Ese día el mundo sería sacudido desde sus mismos cimientos; tendría lugar una última batalla suprema con el mal, un último juicio universal, y entonces amanecería el nuevo día.

Los autores del Nuevo Testamento asumieron esta perspectiva. Como eran judíos, se los había educado en ella. Uno de los aspectos que se esperaban en los últimos tiempos eran herejías y falsos maestros. «Surgirán muchos falsos profetas, que descarriarán a muchos» (Mateo 24:11). « Se levantarán falsos cristos y falsos profetas que obrarán señales y maravillas para descarriar, si fuera posible, hasta a los elegidos» (Marcos 13:22). En estos últimos días Pablo esperaba que surgiera «el hombre de pecado, el hijo de perdición,» que se enfrentaría a Dios mismo (2 Tesalonicenses 2:3).

A la iglesia de Éfeso tales falsos maestros ya habían llegado. La manera como se presenta en este pasaje su enseñanza fraudulenta nos debe hacer pensar muy en serio. En aquel entonces se creía en espíritus malignos que asediaban el aire y se proponían destruir a las personas. Era de ellos de quienes procedía esta falsa enseñanza. Pero, aunque venía de los demonios, venía por medio de hombres. Hombres que se caracterizaban por una hipocresía halagüeña, y cuyas conciencias habían sido marcadas por Satanás. Algunas veces sucedía que se marcaba a los esclavos con hierro candente para identificarlos como propiedad de un cierto amo. Estos falsos maestros llevaban en su conciencia el sello del mismo Satanás que los marcaba como su propiedad.

Aquí hay una cosa terrible y amenazadora. Dios está siempre buscando personas para que sean sus instrumentos en el mundo; pero el hecho terrible es que las fuerzas del mal también están buscando personas para usarlas. Aquí radica la terrible responsabilidad de la humanidad. Cada uno puede aceptar el servicio de Dios o el servicio del diablo. ¿Cuál de los dos escogerá?

Dictadores y blasfemos

Los herejes de Éfeso estaban prepagando una herejía que tenía unas consecuencias muy definidas en la vida. Como ya se ha visto estos herejes eran gnósticos; y la esencia del gnosticismo era que el espíritu es totalmente bueno y la materia totalmente mala. Una de sus consecuencias era que había hombres que predicaban que todo lo que tuviera que ver con el cuerpo era malo, y que todo lo del mundo era malo. En Éfeso esto desembocó en dos errores definidos. Los herejes insistían en que las personas debían, hasta donde fuera posible, abstenerse de comer, porque la comida era material y por tanto mala; los alimentos servían al cuerpo, y el cuerpo era malo. También insistían en que hay que abstenerse del matrimonio; porque los instintos del cuerpo eran malos y por tanto debían reprimirse.

Esta era una herejía que siempre estaba volviendo a la Iglesia; en cada generación surgían quienes trataban de ser más estrictos que Dios. Cuando se escribieron los Cánones Apostólicos, fue necesario ponerlo en blanco y negro: « Si un supervisor, sacerdote o diácono, o cualquiera que esté en la lista sacerdotal, se abstiene del matrimonio y de la carne y del vino, no sobre la base del ascetismo (es decir por causa de disciplina), sino por aborrecimiento de ellos como malos en sí mismos, olvidando que todas las cosas son buenas y que Dios ha hecho al hombre varón y hembra, sino blasfemando y vilipendiando la obra de Dios, si no se enmienda que sea depuesto y expulsado de la iglesia. Igualmente con los laicos» (Cánones Apostólicos 51). Ireneo, escribiendo hacia finales del siglo II, dice que ciertos seguidores de Saturnino «declaraban que el matrimonio y la procreación procedían de Satanás. Muchos semejantemente se abstienen de la comida animal, y desvían a multitudes con una fingida temperancia de esta clase» (Ireneo, Contra Herejes, 1,24,2). Esta clase de cosa se manifestó en los monjes y los anacoretas del siglo IV. Se separaban y vivían en el desierto de Egipto totalmente desvinculados de las demás personas. Pasaban la vida mortificando su carne. Uno de ellos no comía nunca alimentos cocinados y era famoso por su abstinencia de la carne. Otro pasaba toda la noche junto a una sima amenazadora que le hacía imposible dormir. Otro se hizo famoso porque dejaba que su cuerpo estuviera tan sucio y descuidado que se le caían los parásitos conforme andaba. Otro comía aposta sal en pleno verano y se abstenía de beber agua. « Un cuerpo limpio decían quiere decir por necesidad un alma sucia.»

La respuesta que se daba a estos hombres era que estaban insultando a Dios, porque Él es el Creador del mundo, Que varias veces nos dice que Su creación era buena. «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis, 1:31). «Todo lo que se mueve y está vivo os servirá de alimento» (Génesis 9:3). «Dios creó al hombre a su propia imagen… varón y hembra los creó. Y Dios los bendijo, y les dijo: «Llevad fruto y multiplicaos y henchid la Tierra» (Génesis 1:27s).

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